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"Mi Gringa Azolana

Summary:

Un fan común con un secreto imponente (una BBC enorme y poderosa) asiste a un concierto de Katie Angel en Madrid. Lo que empieza como un encuentro casual entre bastidores se transforma en una adictiva y lujuriosa relación secreta.

Katie Angel, la gringa azolana famosa por su imagen dulce y sexy, descubre por primera vez el placer extremo de ser completamente dominada y estirada por una verga negra masiva.

Entre viajes, escenarios, hoteles de lujo y momentos públicos de alto riesgo, ambos se entregan a una pasión intensa, explícita y sin límites.

Work Text:

*CAPÍTULO 1: El Primer Encuentro** 

La multitud en el WiZink Center de Madrid rugía como un animal enjaulado. Luces de neón rosadas y moradas barrían el estadio mientras Katherine Angel Correia, conocida como Katie Angel, dominaba el escenario con una presencia imposible de ignorar. Su cabello largo teñido de rosa y rubio brillaba bajo los focos, moviéndose salvajemente mientras bailaba. Llevaba un top corto que apenas contenía sus pechos firmes y redondos, y una falda plisada que subía peligrosamente cada vez que giraba, dejando ver sus muslos tonificados y ese culo que miles de seguidores adoraban.

 

Tú estabas en primera fila, justo frente al centro del escenario. Medías casi 1.90, complexión fuerte, piel oscura y una presencia que hacía que la gente a tu alrededor te mirara de reojo. Pero nadie imaginaba lo que ocultaba tu pantalón negro ajustado.

 

Katie cantaba uno de sus temas más populares, moviendo las caderas con ese estilo mezcla de inocencia y provocación que la había hecho famosa. En un momento del coro, sus ojos se cruzaron con los tuyos. No fue una mirada casual. Se detuvo un segundo más de lo normal, mordiéndose el labio inferior mientras seguía cantando. Sentiste cómo tu BBC empezó a despertar, engrosándose lentamente contra tu muslo.

 

El concierto terminó entre aplausos ensordecedores y confeti. Cuando las luces bajaron, un guardia de seguridad se acercó a ti entre la multitud.

 

—¿Eres tú el de la camiseta negra? Katie quiere verte backstage. Ahora.

 

Tu corazón latió con fuerza, pero mantuviste la calma. Siguiendo al guardia a través de pasillos estrechos y llenos de cables, llegaste a la zona VIP. La puerta del camerino principal estaba entreabierta. Dentro se escuchaba música suave y risas.

 

—Pasa —dijo una voz femenina dulce pero ronca.

 

Entraste. Katie Angel estaba de pie frente a un espejo grande, quitándose el micrófono inalámbrico del top. Su piel brillaba por el sudor del show. Se giró hacia ti y sonrió de medio lado, esa sonrisa traviesa que había visto mil veces en sus videos.

 

—Hola… —dijo, mirándote de arriba abajo sin disimulo—. Te vi en primera fila. No podías pasar desapercibido. Eres… grande.

 

Cerró la puerta detrás de ti con llave. El clic resonó en la habitación.

 

—Soy Katie. Bueno, Katherine Angel Correia para los documentos —rió suavemente—. Pero puedes llamarme como quieras esta noche.

 

Se acercó lentamente. Olía a vainilla, sudor limpio y perfume caro. Sus ojos bajaron un momento a tu entrepierna, donde ya se marcaba claramente el bulto grueso.

 

—Joder… —susurró en voz baja, casi para sí misma.

 

Tú no dijiste nada. Solo la miraste. Ella levantó la vista y, sin previo aviso, se puso de puntillas y te besó. Sus labios eran suaves, calientes y hambrientos. Su lengua entró en tu boca con curiosidad, explorando. Respondiste agarrándola por la cintura estrecha, atrayéndola contra tu cuerpo. Katie gimió bajito al sentir tu erección presionando contra su vientre.

 

—Eres muy directo… me gusta —jadeó contra tus labios.

 

Tus manos bajaron hasta apretar su culo firme por encima de la falda. Era más pequeño y redondo de lo que parecía en fotos. Perfecto para agarrar. Katie soltó un gemido más fuerte y frotó su cuerpo contra ti.

 

—Quiero verlo —dijo de repente, con voz entrecortada—. Quiero ver qué es eso que siento.

 

Se arrodilló lentamente frente a ti, sus ojos grandes y brillantes mirándote desde abajo. Sus manos temblaban ligeramente de excitación mientras desabrochaba tu cinturón y bajaba la cremallera. Cuando liberó tu BBC, esta saltó pesada y gruesa, golpeando suavemente contra su mejilla.

 

Katie abrió la boca, sorprendida. Sus ojos se abrieron como platos.

 

—Dios mío… —susurró—. Esto es… enorme. Es negra, gruesa… y todavía está creciendo.

 

La cabeza gruesa y brillante ya estaba goteando precum. Katie la miró fascinada, respirando agitada. Sacó la lengua y lamió lentamente desde la base hasta la punta, saboreando tu sabor. Un gemido vibró en su garganta.

 

—No creo que me quepa toda… pero voy a intentarlo —dijo con determinación.

 

Abrió la boca todo lo que pudo y metió la cabeza dentro. Sus labios rosados se estiraron obscenamente alrededor de tu grosor. Solo había entrado un tercio y ya tenía las mejillas hinchadas. Empezó a mover la cabeza, chupando con ganas, usando una mano para masturbar la parte que no le cabía en la boca. La saliva empezó a correr por su barbilla.

 

—Mmmph… gluck… —los sonidos húmedos llenaban el camerino.

 

Tú sujetaste su cabello rosa con una mano, guiándola con suavidad pero firmeza. Katie te miró a los ojos mientras intentaba bajar más. Llegó a la mitad y tuvo arcadas, pero no se apartó. Lágrimas de esfuerzo aparecieron en sus ojos, pero siguió chupando con más entusiasmo.

 

—Nunca había tenido una tan grande… —jadeó cuando la sacaste un momento para que respirara—. Me estás mojando toda solo con esto.

 

Te quitaste la camiseta, mostrando tu torso fuerte y oscuro. Katie se levantó, se quitó el top de un tirón y dejó caer su falda. Quedó solo con un tanga negro diminuto. Sus tetas eran perfectas, redondas y naturales, con pezones rosados endurecidos.

 

Te empujó suavemente hasta que te sentaste en el sofá del camerino. Se subió a horcajadas sobre ti, frotando su coño caliente y mojado contra tu BBC a través del tanga. Empezó a moverse, deslizándose arriba y abajo por toda tu longitud sin meterla todavía.

 

—Quiero que me abras… —susurró en tu oído, mordiéndote el lóbulo—. Quiero sentir cómo me destrozas poco a poco.

 

Bajó una mano y apartó el tanga. La cabeza gruesa de tu BBC presionó contra su entrada empapada. Katie tembló.

 

—Despacio… por favor… —pidió, aunque su voz sonaba desesperada.

 

Bajó lentamente. Solo la cabeza entró y ya soltó un grito ahogado.

 

—¡Ahh! ¡Joder, es demasiado gruesa!

 

Siguió bajando. Centímetro a centímetro, su coño se estiraba visiblemente alrededor de tu verga negra. Cuando llegó a la mitad, sus piernas temblaban y respiraba entrecortado.

 

—No puedo creer que esté entrando tanto… —gimió.

 

Tú la sujetaste de las caderas y empujaste hacia arriba con fuerza. Otros cinco centímetros entraron de golpe.

 

—¡Sí! ¡Así! —gritó Katie, echando la cabeza hacia atrás.

 

Empezaste a moverte, follándola desde abajo mientras ella se agarraba a tus hombros. Sus tetas rebotaban frente a tu cara. Las agarraste y chupaste sus pezones con fuerza mientras tu BBC entraba y salía cada vez más profundo.

 

El camerino se llenó de sonidos húmedos de carne contra carne y los gemidos cada vez más altos de Katie.

 

—Más… dame más de esa BBC… —suplicaba.

 

Estabas a punto de llegar al fondo cuando alguien tocó la puerta.

 

—¡Katie! ¡El coche te espera para el hotel!

 

Ella te miró con ojos vidriosos de placer y sonrió con picardía.

 

—Que esperen… —susurró, y siguió cabalgándote con más fuerza.