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Ash speck in a green eye

Summary:

Well, there's an ash that burns in beauty's fire
Another fawning light lost in its night
I'm an ash that burns in beauty's fire
And I fall
And I fall upon its fragile knife...

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: Platillo uno

Chapter Text

La primera vez que se conocieron, los dos estaban vomitando.




No es la clase de primer recuerdo que esperas tener con una pareja, al menos no es lo más convencional, pero tampoco es que desde el principio uno reconozca una historia de amor.



Como sea, Latte y Kim se conocieron vomitando en los baños de un bar de esos donde también te sirven comida, y los dos estaban en cubículos contiguos así que perfectamente podían escuchar el chapoteo del agua a cada descarga de sus estómagos, aunque el motivo y los mecanismos son completamente diferentes,lo  que nos lleva a conocer un poco sobre quiénes son ellos dos incluso antes de que se vean cara a cara, porque es interesante lo mucho que puedes descubrir sobre alguien gracias a su vómito.



Aunque nosotros no estamos escuchando ni viendo sus tripas vaciarse, así que debemos recurrir a lo tradicional para saber el trasfondo, primero de Latte, un estudiante de medicina de veinticinco flamantes años, que se está especializando en forense, porque su padre siempre quiso eso para él, y no es que él quiera contrariar a quien le dio todas las posibilidades económicas, pero en este no oponerse no encuentra su felicidad, y es cierto que su única manera de hacerle frente es coquetear con el alcoholismo y una que otra sustancia para soportar el hedor a muerte, los mecanismos de los cuerpos apagados y las inclemencias de todo lo que conlleva dejar de existir, los miles de fluidos, la carne podrida…



Entonces, Latte fue a este bar a beber con unos amigos que se marcharon temprano y lo dejaron solo, porque mañana tienen prácticas en la morgue, y él siguió bebiendo, bebiendo hasta que llegar al baño sin tropezarse fue imposible, y llamó la atención de los meseros que de por sí ya estaban alertas y listos para pedirle que se marchase después de pagar la cuenta.

 

Llegó al baño, con los pantalones orinados porque la dignidad se le perdió en alguna botella hace mucho, y apenas alcanzó a sujetarse del retrete antes de comenzar a vomitar todo el alcohol, la cena, la comida, incluso el dulce que la jefa de enfermeras le regaló en ese gesto coqueto que incomodó visiblemente a nuestro Latte, que es abiertamente homosexual pero que nunca sabe cómo rechazar a nadie.



Comenzó a vomitar con ese sonido apagado de la gente borracha que no tiene el dominio de sí mismo, hasta quedar con la frente contra la taza, completamente mareado, y fue cuando escuchó a alguien más entrar al cubículo de al lado.



Ahora tenemos a Kim, la rosa favorita del jardín de Dios.




Kim nunca fue especialmente esbelto, siempre tuvo uno o dos kilitos de más, pero, desde que comenzó su relación con su actual novio, hace tres años, ha ganado cerca de treinta kilos por encima de lo recomendado para una persona de su estatura y complexión, lo que lo ha sumido en un círculo vicioso donde el hombre se burla de él, lo ridiculiza, amenaza con dejarlo, y Kim le ruega porque ¿Quién lo va a querer con ese sobrepeso? y entonces, la ansiedad y la depresión se traducen en atracones que se le salen de las manos, y es justo lo que pasó hoy, en esta cena supuestamente romántica, donde hizo su mejor esfuerzo por arreglarse y verse bonito para su novio, que, sin ningún tacto, se levantó a mitad de la cena porque la camisa de Kim se rasgó un poquito en su cintura, y ese bastardo dijo que esa escena tan asquerosa le había quitado por completo el apetito, y Kim, para no ponerse a llorar, se comió su plato, se terminó el de su novio, y pidió otro platillo, uno más, un postre…



Y la culpa, la capacidad de su propio estómago, lo arrastraron al inodoro, donde comenzó a vomitar, pero no salía toda la comida, así que se puso de rodillas y se comenzó a meter los dedos de perfecta manicura hasta la garganta, haciéndose vomitar hasta que de su boca no salía más que bilis y sangre, pero la sensación de rabia, de tristeza, seguían ahí, entre la laringe y el esófago.

 

Latte escucha a Kim comenzar a sollozar, y se limpia la boca con la manga de su camisa, mucho más mareado ahora, con un ardor asqueroso, pero igual se compone lo mejor que puede para tocar la puerta del baño. Escucha a Kim ponerse de pie, titubear un poco, quizá alisarse el cabello o arreglarse el rostro antes de abrir.



Se quedó sin palabras, sin aire, sin concepto de la realidad ante ese rostro de húmedas mejillas rojas y ojos hinchados, de labios carnosos. La camisa manchada de comida y vómito, las manos temblorosas al igual que las piernas, no hacen más que darle un aspecto tan trágico que lo hace incluso más hermoso, más irreal, una pesadilla que te recuerda que estás vivo, un golpe que te acompañará el resto de tu vida. No es una belleza de portada, es una belleza de ruina, de derrumbe, tan maravillosa, tan engañosa en esa piel blanca que se expande, porque la verdadera belleza es una explosión, un ataque, no una breve y tímida silueta que se disculpa por ocupar espacio.



 

— Qué bonito eres.



 

Latte no tiene la culpa realmente de haber dicho algo tan estúpido, su cerebro es un caos entre el alcohol y el mareo, si hasta es una proeza que haya logrado hablar, aunque es evidente que Kim no se toma esto como un halago, sino como una especie de burla, dando su propio contexto personal y el hecho de que quien se lo diga sea un hombre con vómito en la cara y los pantalones orinados.



 

 

— No te vayas, por favor. En serio, nunca había visto a alguien tan bonito.



 

 

Insiste sin tocarlo, suplicando cuando Kim lo pasa de largo dispuesto a lavarse la cara, y entonces lo mira fijamente. Latte sí es una belleza más hegemónica, de músculos perfectos en esa camisa negra, de rostro armonioso y exótico, a pesar de los ojos vidriosos, sigue siendo evidentemente precioso. Y es el modo en que lo mira también, como una aparición santa, como la última bocanada de aire antes de sumergirte, algo que te va a salvar la vida, o que te va a recompensar en la siguiente. Kim se cohíbe cuando Latte lo comienza a circundar cautelosamente, mirándolo de pies a cabeza, como si intentara explicar su existencia, como si quisiera convencerse de que lo que tiene delante es una persona real y no una especie de delirium tremens. 

 

Le tiemblan los dedos cuando los acerca a su aterciopelada mejilla, para darle tiempo a Kim de desaparecer o de manifestar que no quiere ser tocado, pero esta bonita gotita de nieve sí quiere que estas manos lo mapeen, lo  vuelvan visible, real, que lo que sus ojos vean coincidan con lo que sus manos exploren, y entonces Latte le acaricia la mejilla, segundos, milenios, lo que sea que le tome darse cuenta de que es real. La garganta está totalmente seca, puede ser la expectativa, el miedo, el deseo que no se atreve a formular, porque la borrachera se le ha ido entre el impacto de esta belleza y el haber vaciado sus entrañas, y ahora está demasiado consciente de sí mismo, avergonzado.

 

 

 

— Ojalá hubiera traído una pasta dental para poder pedirte un beso sin temor a dejarte apestando a vómito.



— Yo también vomité.



 

 

Qué voz tan dulce, tan tímida, Latte se está volviendo loco por la ternura con que Kim se sonroja, agachando el rostro, para después volver a mirarlo, y esos ojos oscuros profundamente amielados se fijan en él otra vez, esperando desde antes una negativa, un cruel rechazo.



 

 

— No vivo muy lejos de aquí ¿Te gustaría ir a mi casa a darte un baño? Lamento haberlo notado, pero tus pantalones…





 

 

Latte traga saliva, dos segundos el mundo pierde cualquier lógica porque ¿Cuándo una rosa se ha ofrecido a un simple gusano?



Kim siente una piedrita menos en el pecho, un punto subir en su autoestima, porque Latte parece a punto de llorar por lo profundamente feliz que está por esta invitación. Tanto así, que no siente las miradas asqueadas de la gente, no presta atención a los murmullos, solamente siente la calidez de la mano de Latte cuando toma la suya, dejando que lo guíe hasta su departamento, donde lo invita a pasar, y Latte sonríe embobado, viviendo su sueño mientras Kim le ofrece un té en lo que se calienta el baño y comienzan a hablar un poco, comenzando por sus nombres, por ¿Qué hace alguien tan bello como tú soltero? y Kim se muerde los labios y miente, diciendo que realmente no tiene novio porque no quiere, y Latte no sabe lo que provoca en él cuando asegura que hace bien al no conformarse con cualquiera, porque una estrella no merece poco.



Si Latte está tan desesperado por conseguir sexo que se conformaría con él, si lo que está diciendo son desvaríos de borracho, a Kim realmente no le importa mucho justo ahora. Está tan desesperado por un poco de ternura, por un poco de respeto, que está listo para conformarse él también. Así que le susurra a Latte que entre al baño mientras él se termina su té, pero su invitado niega  y le dice como si fuera la lógica irrefutable que deben bañarse juntos. Kim otra vez siente las mejillas calientes mientras Latte lo conduce al baño, como si fuera su propio departamento, y el corazón se le acelera por la confianza con que este hombre se comienza a desnudar, dejando para deleite de sus ojos, su cuerpo esculpido perfectamente, de dieta y ejercicio constantes, de una piel color nata apetecible que le da mariposas en el estómago, a la vez que lo hacen vulnerable en sus ojos, en sus inseguridades.



 

 

— ¿Necesitas que te ayude a quitarte la ropa?



 

 

Lo dice con una evidente coquetería, con una sonrisa ladeada, visiblemente más sobrio mientras se acerca y Kim intenta calmarse un poco cuando siente las manos de Latte comenzar a desabotonar su camisa, el pantalón, hasta dejarlo completamente expuesto, y entonces se siente todavía más tímido porque Latte lo está mirando en serio, con el deseo tatuado en todo el rostro, en el modo en que se lame los labios mirando su cuerpo, dejándose llevar al quitarse el pantalón, la ropa interior, y Kim, en ese pudor suyo, no puede evitar apartar la mirada al notar la erección de Latte, a pesar de que siente en serio una especie de halago de ser capaz de provocar esa reacción en alguien sin necesidad de tocarlo.



Latte lo lleva bajo la regadera que los envuelve, pero Kim salió corriendo una vez que Latte le puso las manos en la cintura, porque uno no pierde sus inseguridades de la noche a la mañana. Lo dejó pasar la noche ahí, eso sí, y al día siguiente charlaron un poco durante el desayuno. Intercambiaron información de contacto y las cosas se fueron dando solas.



Kim terminó con su novio, le contó a Latte sobre su pésima experiencia amorosa, y él jamás lo presionó para absolutamente nada, nunca apuró las cosas ni lo obligó a ponerle una etiqueta a nada, así que esta gotita de nieve que más bien es un cachorrito al que han pateado demasiado, paga su paciencia con ternura, sus atenciones con detalles, y es así que ya estamos en la etapa en que se ha abierto por fin a él, en la que ha encontrado en el amor y la devoción de Latte una cura, porque…



¿Por qué?



Este hombre mira a Kim como si estuviera descubriendo el secreto de las olas, el lenguaje secreto que tiene el cielo. Lo mira recostado en el sofá mientras mira algo en la pantalla, mordisqueando con elegancia su pastel de fresas, y Latte se queda sin aire para que ni siquiera eso ensucie la divina belleza que tiene delante. Kim está entretenido en lo que sea que esté ocurriendo en la pantalla, Latte está perdido en sus labios moviéndose, llenándose de pastel, en sus mejillas rojas y en el brillo que siempre tienen sus ojos cuando come algo que en serio le gusta, y está tan relajado que ni ha notado que la camisa que eligió se le sube un poco en la cintura, no está consciente del modo en que los shorts de su pijama se agarran a sus muslos casi como si le fueran a cortar la circulación porque está a nada de subir una talla más, y Latte está babeando, ojalá fuera una metáfora, pero debe tragar saliva mientras se acerca, sigiloso, hambriento, hasta quedar frente a su maravilla, que lo mira con curiosidad, sobre todo por el modo en que se acuclilla frente a él, y otra vez esa pesada mirada de miel oscura le repasa desde la coronilla hasta la punta de los pies, y esta ocasion Kim no es tan tímido como la primera vez, pero sigue teniendo cierto grado de pudor que no le permite dar el primer paso, y solamente se queda quietecito, la cucharilla entre sus dientes, y Latte tiembla cuando le pregunta sin palabras si tiene permitido tocarlo, y Kim se lo permite, aunque es verdad que se sobresalta cuando siente sus dedos justo en su cintura descubierta, subiendo por su costado, y Latte se relame los labios mientras le desabotona la camisa del pijama, no se interpone cuando Kim se pone un cojín en el vientre, no porque no esté viviendo el mejor momento de su vida viendo la desnudez de esta belleza, sino porque no quiere incordiar, así que busca otra vía, le quita el short, y sus muslos redondos, no de miel, no de tallo de rosa, sino de duro roble, de cimiento, con bordes irregulares y suavidad, sus pantorrillas. 



Le acaricia desde el tobillo hasta la cadera porque Kim ha puesto esta barrera hacia más arriba, y él lo respeta, así que va a su otro muslo, esta vez con los labios, queriendo que se quede en ellos por siempre la suavidad de nube de su piel, la delicia de nata y nácar que tiene ahí, y que se multiplica, que lo bendice cuando Kim se relaja y deja caer el cojín, y Latte sube sus dedos por su cintura, los dedos se le hunden entre sus pliegues, se mojan en sus charquitos de sudor, y es el mejor testimonio de un cuerpo conformado por zonas naturales, por accidentes geográficos que hablan de un espacio que ha crecido, que ha mutado y que ha vivido, y a Latte le fascina la vida, la necesita tanto, la extraña tanto en su cobardía de apegarse a una carrera que odia, pero la tiene presente aquí, en este cuerpo que no es un montón de nombres por recordar, sino un cielo inabarcable con una mano, así que sube la otra mano por su cadera mientras se entretiene en su pecho con los labios, y Kim ya está gimiendo, el pastel colgando de su mano, los ojos nublados.

 

Toma lo que queda de pastel entre los dedos, que le introduce en la boca a Kim, que se distrae con la comida, y Latte aprovecha para tomarlo en brazos, porque el sillón no es un sitio digno de lo que quiere hacerle. 



Kim parece querer quejarse, protestar, pero Latte lo recuesta en la cama y lo besa, le lame los restos de pastel de las mejillas, sonríe porque siempre hay comida al lado de la cama y ahí encuentra un paquete de galletas que abre, dándole una mitad a Kim, masticando él la otra mientras se desliza hacia sus muslos, mordiendo, gruñendo porque es un deleite tener la boca llena de esa piel, de esa carne cuando lo toma en la boca, el sabor dulce, la masa, lo salobre se mezclan, le erizan hasta el último rincón, se siente abrumado cuando Kim abre más las piernas, las acomoda en su espalda, y él ya no puede, se chupa dos dedos que llena de saliva con masa de las galletas, y los entierra en su interior, lo escucha gritar, lo siente arañarle la espalda pero no para que pare, sino porque esto es justo lo que necesitaba.



Le jadea en el oído, le besa con gula, le aprieta el cuello mientras le saca los dedos y se deja llevar demasiado porque se entierra sin miramientos en él, porque no puede pensar en nada, todo es un ruido seco, todo es una marea de miel en su vientre, una brisa de bosque mientras  se mueve en su interior, le obliga a rodearle las caderas con las piernas, porque es obvio que lo quiere más adentro, más profundo, y cómo se atreve a creer que él no es capaz, lo castiga jalando su cabello, y Kim le escupe en la cara, porque nadie había leído en él ese deseo callado de violencia, y Latte sonríe, extasiado por la saliva en su rostro, y sale de Kim para ponerse bajo él, sujetando su cintura, obligándolo a montarse encima de sus caderas, sin darle tiempo a protestas ni inseguridades porque lo penetra de nuevo y Kim se debe sujetar de su pecho para no caerse, para decidir que el mundo va a seguir girando incluso si decide dejarse llevar, y se balancea sobre Latte, busca los ángulos donde se siente mejor, se inclina para besarlo, y quiere detenerse porque el rostro completamente enrojecido de Latte le hace pensar que lo está aplastando.



Latte no va a perder el mejor polvo de su vida, no va a ceder este orgasmo, y por eso le toma las caderas a su amante, obligándolo a chocar contra él más , gimiendo más alto, más animal ante el sonido de su carne contra la suya, porque siente el sudor, el semen de Kim que se pierde ante esto y se balancea más, lo deja maniobrar con él a su placer, hasta que Latte le clava las uñas, casi gritando, y entonces se deja caer a su lado, abrazándolo, recuperando el aire mientras Latte le besa la frente, todo el rostro.



 

 

— Debimos al menos usar protección, es decir, no llevamos saliendo tanto tiempo como para esto.

 

 

— ¿No te gusta sentirte como un pastel relleno? Eres mi perfecto pastelito relleno. Quita esa cara, estoy bromeando. Sabes que me hago exámenes seguido por el hospital, y yo confío en que tú también lo hagas.



— Nunca me he hecho uno, mis exes y yo jamás lo hicimos así, por lo que pensé que no era necesario.



— Mañana iremos al doctor, si eso te hace sentir mejor.



— ¿Podemos pasar primero a esa cafetería que está junto a tu facultad? Adoro el cheesecake de mora azul con limón que venden ahí.



— Y yo te adoro a ti, pastelito. Te venero, te amo.




 

Y Kim descubrió, con el pasar de los meses, que Latte no era un hombre de palabras al aire, sino de profundas promesas que nunca lanzaba al azar, porque a cada paso dejaba en claro que realmente vivía para venerar cada respiro de su gotita de nieve, que no había en el mundo nada que lo hiciera apartar los ojos de su sagrada belleza, que nada en el mundo lo hacía sonreír tan embobado como él, que estaba listo para ser su brazo para sostenerse, su sombra al caminar por el sol. Que para Latte no había absolutamente ningún placer mayor a tenerlo entre sus brazos, porque sus sesiones de sexo eran salvajes, tan largas que a veces no salían en todo el día, porque Latte ha descubierto algo sobre sí mismo, lo mucho que disfruta hacerle el amor a Kim mientras come, lo loco que lo vuelve cuando Kim le embarra comida por el cuerpo y parece querer devorarlo, y entonces él le pide que lo muerda, que lo lastime, y las cosas se descontrolan y los dos acaban mojados y cubiertos de mordidas, con las piernas tan temblorosas que ninguno de los dos puede caminar dignamente, y entonces se ríen porque recuerdan el día que se conocieron, compartiendo la sorpresa de ¿Quién hubiera pensado que ahora, casi cinco meses después, estarían tan enamorados que incluso Latte se ha mudado con Kim, porque no tolera tenerlo lejos más de cinco minutos?



Es un amor sincero, explosivo, de mutuo apoyo, porque incluso si Latte continúa estudiando, Kim lo ha convencido de que busque algo que disfrute, y lo ha apoyado para comenzar clases de repostería, porque ha descubierto que en verdad ama cocinar, y su gotita de nieve es su comensal número uno, siempre listo para probar sus creaciones, animándolo, dándole su sincera opinión, que Latte toma como verdades absolutas, que lo han ayudado gratamente. 



Esta noche, por ejemplo, Latte intentó recrear el cheesecake de moras azules con limón que tanto le gusta, y aunque Kim se lo comió con ganas, de pronto se quedó en silencio, haciendo que el chef tuviera miedo de algún descuido, una cáscara de huevo que no coló, una parte que no se coció como debía.



 

— Latte…¿Crees que soy atractivo?



 

El mencionado se queda en silencio un par de segundos, porque quiere convencerse a sí mismo que esta pregunta proviene de las inseguridades de su amado, no de su incapacidad de mostrarle que en verdad lo tiene totalmente a sus pies, así que repasa sus palabras en su mente, porque no quiere lastimarlo.



 

— Eres la persona más hermosa que he visto en mi vida, lo digo en serio. 



— ¿Crees que tenga lo necesario para llamar realmente la atención?



 

Nuestro chef esta vez realmente no comprende, y Kim, tímidamente, deja la cuchara que ya está totalmente limpia por todas las veces que la lamió, y se dirige a su recámara, volviendo con un pequeño volante que evidentemente ha tenido guardado durante mucho tiempo, dándoselo con tanta fragilidad que Latte se lo toma en serio, a pesar de la sorpresa porque es un volante de una escuela de modelaje.



 

— Desde que era niño, siempre quise ser modelo, pero en casa se opusieron cuando lo dije porque ya sabes, los modelos suelen ser delgados. Más adelante se lo planteé a mi ex, y él se burló tanto que no lo volví a pensar, pero es algo que realmente me gustaría intentar.



— No puedo prometerte que no me voy a poner celoso de que otras personas te miren, pastelito, pero por supuesto que cuentas con mi total apoyo. 



 

Latte le besa la frente, le sonríe, no hace una fiesta ni es hipócrita, le da la justa naturalidad a este evento para hacer que Kim tenga confianza, tenga fe en sí mismo, y al día siguiente sin demoras, ambos están de camino a la escuela, y por la noche están durmiendo abrazados, aferrándose cada uno a su sueño, a la promesa de que uno está para el otro.




Pero nunca compres el cuento de que lo único que necesitas para ser verdaderamente feliz es tener amor, porque la sociedad siempre está lista para recordarte dónde está la herida que te hace ocultar el rostro.



¿Es predecible, cierto?



Que Kim es precioso como las lágrimas de la Virgen, que ver ese rostro es un regalo, que su piel, que sus modales…Pero la sociedad consume, no analiza, compra, no disfruta, y esta belleza no está hecha para comerse sin masticar, no es un rápido y olvidable, plástico encanto, por lo que debe soportar los comentarios pasivoagresivos sobre que es una lástima que no pierda peso, que tiene tanto potencial escondido bajo esas llantitas, comentarios que Kim envuelve en postres y grasa para ocultarlos de su amado, que parece tan entusiasta al preguntar por sus clases, al compartirle el contacto de uno u otro fotógrafo, al soñar para él alguna campaña, sin usar jamás la palabra modelo plus size, xxl, ni nada de eso, no porque Latte no sea consciente, sino porque le parece una necedad, porque a sus ojos, a sus manos, la suavidad de nube, la cálida pradera extensa, es mil veces superior que los cardos espinosos, que los tallos delicados y quebradizos, y en su lógica todos opinan lo mismo.




Kim no dice nada, intenta soportar, resiste y él sí justifica su propio valor ante las maestras de la academia, ante sus compañeros, mencionando que estos son otros tiempos, que la diversidad de cuerpos ya es más aceptada, que hay modelos plus sizes revolucionando el concepto de modelaje, y recibe miradas condescendientes que duelen más que un insulto, o burlas abiertas que se le clavan en la piel, más profundo, le van macheteando sus duras raíces con tanta insistencia que un día simplemente lo derrumban, y, a escondidas de su novio, acude a una farmacia cualquiera preguntando por esas famosas inyecciones para bajar de peso.



Kim volvió a casa con medicamento para cinco meses, tiempo en que le prometían bajar al menos el treinta por ciento de su peso corporal, y si había o no efectos secundarios, ya no le importaba un carajo, porque ya no se sentía tan seguro en su discurso de que la talla no define la belleza. 



Latte estaba lavando los trastes, y fue extraño el modo apurado en que Kim fue directo a la nevera sin saludarlo, guardando algo en una pesada bolsa oscura que por supuesto inspeccionó, sintiendo que el mundo se le rompía al leer el nombre del medicamento, siguiendo a Kim a la recámara.



 

 

— Dime que se las estás guardando a alguien a quien se le descompuso el refrigerador, Kim.

 

— Te prometo que cuando alcance mi peso ideal…



— No me salgas con esa mierda, te lo ruego. Si quieres perder peso, si quieres cambiar de hábitos, nunca voy a juzgarte, estoy para apoyarte, pero sabes que usar un medicamento diseñado para controlar la diabetes con intención de bajar de peso te puede generar muchos efectos secundarios, además que a la larga es más perjudicial. 



— El fotógrafo de la academia dice que soy su modelo más bello, pero que solamente me puede incluir en la pasarela de noviembre si peso menos de noventa kilos. Me sobran cuarenta kilos para eso.



— ¿Y en verdad crees que bajar cuarenta kilos en cinco meses es saludable, pastelito? Amor, en verdad, si quieres bajar de peso, podemos encontrar otras alternativas, no te hagas esto.

 

— Voy a posar en esa pasarela, pase lo que pase.



 

 

Kim dictamina, y Latte se muerde los labios, sin saber qué puede hacer para evitar que la persona que más ama se lastime.



Pero el veneno ya estaba en la nevera, y fue un segundo el que le tomó para disolver los cimientos de este amor que se aferraba con tanta ilusión el uno al otro.



Porque Kim comenzó a inyectarse, a cambiar comidas sólidas por líquidas dos veces al día, porque comenzó a ejercitarse casi dos horas diarias, volcándose religiosamente en sus clases de modelaje donde todos lo comenzaron a alabar cuando perdió sus primeros diez kilos y entonces sí lo volteaban a ver en serio, a pesar de que en casa Latte cada vez se mostraba más preocupado, más ansioso, y las peleas comenzaron, porque Kim llamaba celos a lo que era una genuina y bien fundamentada preocupación por su salud, y estas peleas se volvieron guerras que Kim se empeñaba en ganar, hasta que Latte no pudo más, porque amaba demasiado a Kim, y la sola idea de verlo morir por aferrarse a una talla menos, le dolía tanto que era insoportable.



La burbuja se rompió después de once meses de relación, Latte volvió a su departamento y bloqueó a Kim de todos lados, volviendo a su gris rutina en el hospital, donde estaba a nada de terminar las prácticas, pero ya no le importaba mucho, porque, una vez que terminara su curso de repostería francesa, estaba planeando abrir una cafetería, incluso si ya no tiene al lado a su gotita de nieve para apoyarlo.




Porque, lo cierto, es que la verdadera historia no comenzó sino hasta después de la ruptura, tres meses después, una fresca tarde en la que nuestro chef volvía a su gris departamento, y, esperando que la luz del semáforo cambiara a verde, fijó sus ojos en un espectacular nuevo en la avenida, y la bolsa con los insumos para las galletas de chocolate rosa que estaba planeando preparar se le resbaló de las manos.



No hay manera alguna de confundir ese rostro, ni en un millón de años, ni entre un millón de personas, pero, el cambio es tan evidente que fue un golpe doloroso. 



Se ve maravilloso, todo un sueño de champán y perlas, envuelto en ese fino traje blanco de dos piezas, con un croptop que deja a la vista su vientre plano, adornado incluso con joyería, y el maquillaje que resalta la delicia de sus facciones, esa sonrisa cálida, esa mirada dulce, sosteniendo el brillo de labios que está anunciando.



Por muchos filtros o modificaciones que le puedan agregar, sabe que es impensable que adelgacen tanto a alguien, pero, se aferra a la esperanza de que lo está confundiendo, que es un truco publicitario, y, por primera vez en todo este tiempo, se plantea desbloquearlo de alguna red social, descubriendo que ahora es una figura pública, no un perfil personal, y el mundo se le cae cuando corrobora que Kim borró todas y cada una de sus fotos viejas, dejando solamente aquellas de menos de tres meses, donde descubre que ahora pesa apenas sesenta y cinco kilos.



En menos de un año ha perdido más de la mitad de su peso, y es imposible que haya sido únicamente por las inyecciones, pero, por más que busca en las fotografías donde aparece en croptops, no ve ninguna marca que indique que tuvo alguna cirugía, además, tampoco tiene lógica incluso si se sometió a un balón gástrico.

 

Le duele tanto que se asfixia, que el estómago se le revuelve y corre al baño a vomitar, aferrándose a la taza de baño a falta de un abrazo, porque la certeza de que su pastelito se está torturando de un modo tan cruel a sí mismo, saber que está acortando de un modo salvaje su vida, es tan abrumadora que siente que se va a morir.

 

Latte grita, rompe el espejo del baño, golpea las paredes en una rabia que no puede dirigir a nadie más que a él mismo, porque debió detenerlo, debió decirle más veces o con más ahínco que era la persona más hermosa del mundo, que no escuchara a la gente necia que entiende la belleza desde un sólo parámetro inalcanzable, que por favor no se mirara en otros ojos, que no se midiera con otros cuerpos, porque él estaba muy por encima de cualquier banal estándar humano.



Porque se arrepiente de haberlo dejado, aunque no está seguro de haber sido capaz de detenerlo a tiempo, y entonces le duele más cuando la gente se acerca a él con esas frases envenenadas de cajón alabando no su belleza, sino su delgadez, dándole un valor ahora que su cintura es visible, atacándolo por haberlo dejado ir, echando sal en la herida porque no debió romper su relación, y Latte se hunde otra vez en el alcoholismo, y el mundo es redondo para que volvamos a tropezarnos con la misma piedra, o el destino es una mierda, lo que sea, pero, una noche, Latte está en su práctica, abriendo el cadáver de alguien que tuvo un nombre, quitándole una costilla para descubrir sus secretos, y, de pasada, casi como un brillo pasajero en el rabillo del ojo, detecta la silueta de Kim, y efectivamente, su santa majestad está caminando por el pasillo, del lado de un médico que no puede evitar la sonrisa embobada que él tanto conoce.



Es un impulso razonable abandonar todo y salir en estampida, cortándole el paso a medio pasillo, sin importarle un carajo la mirada ofendida del médico, casi ignorando también la sorpresa en los bellos ojos de Kim, tocando sus brazos, su vientre, abrazándose a sus rodillas que ya no son sus árboles que cobijaban sus sueños, sino delicados cardos que parecen romperse entre sus brazos, así como él rompe en llanto, mientras Kim se muerde los labios, intentando ponerlo de pie.



El médico que iba a su lado se marcha, y Kim se disculpa, poniéndose de cuclillas para susurrarle que se componga, que se ponga de pie, y Latte se incorpora, sí, pero lo abraza contra su pecho, pidiéndole perdón de un modo tan roto que Kim no puede evitarlo, y también se pone a llorar.

 

Latte lo invita a su casa, a su mesa, donde le sirve un té de arándano y una porción de cheesecake de limón con mora azul.



 

— Lo empecé a vender en el hospital, la jefa de enfermería me encarga al menos uno a la semana,por eso siempre tengo una reserva.

 

 

Kim pestañea confundido por la amabilidad con que Latte le acomoda el platito y la cuchara, acariciando su mejilla antes de sentarse frente a él para también comer del cheesecake, mientras le pregunta cómo le ha ido estos meses.

 

Es una magia que ocurre cuando compartes un lazo significativo con otra persona, es natural retomar el contacto como si nunca hubiera habido un punto y aparte, y es así que ya se están riendo por alguna anécdota, es así que la nostalgia se diluye en el té, y Latte no puede evitar sentir algo parecido al orgullo porque Kim se ha comido la rebanada completa.



 

— Extrañé mucho tu comida. Te extrañé mucho a ti.



Es una invitación sencilla, infalible en su sinceridad, que Latte, sin embargo, no se atreve a tomar porque hay algo en esta nueva fragilidad de Kim que no le llena, que no le seduce a pesar de todo, no por lo que es sino por lo que representa, por lo que conlleva. Aún así le sonríe mientras le ofrece más té, y Kim lo rechaza, preguntando si puede tener otra rebanada.




Es el hambre en sus ojos lo que le da esa punzada en el vientre mientras saca del refrigerador el cheesecake restante, poniéndolo delante de sus ojos, en el centro de la mesa, y Kim lo mira, brillantes ojos hambrientos, la saliva que se lame de los labios, la timidez que lo abandona porque el hambre, el hambre el hambre, y los modales se van al carajo cuando se abalanza sobre el cheesecake, tomando con las manos llenas que se lleva a la boca, y Latte no puede consigo, se comienza a masturbar ahí, sintiendo lava caliente a cada gemido de gusto de Kim, a cada bocado satisfecho, y está tan duro y caliente, tan desesperado que casi avienta la silla al ponerse de pie, poniéndose detrás de Kim, bajándole el pantalón, embarrando dos dedos en el cheesecake, metiéndolos en el suave interior de su gotita de nieve, que intenta girarse, protestar, pero Latte lo mantiene fijo contra la mesa, masturbándolo, suplicándole que siga comiendo, y Kim obedece, abre las piernas, acomoda los codos en la mesa, más desesperado por el postre mientras siente las manos de Latte corriendo locas, una en su interior, abriéndolo, la otra masturbándolo pero también tocando su vientre, sintiendo cómo se expande a cada nueva engullición, cómo se hincha mientras él devora la masa, el relleno, las moras y los trozos de limón, bebiendo té para que le sea más fácil deglutir, y entonces Latte se lo mete con rabia, con la facilidad de haberlo dilatado y tener el pene lleno de cheesecake en su interior, taladrando, lastimando al principio porque es violento, porque también lo está mordiendo, le está apretando el estómago, lo hace vomitar, y en lugar de asquearse, Latte le mete los dedos en la garganta, lo hace vomitar más, le jala el cabello y le mete el último trozo de cheesecake a la boca, para finalmente eyacular en su interior.



Así es como volvieron, sin pedirse perdón ni mencionar nada sobre la preocupante pérdida de peso de Kim, aunque Latte no pudo pasar por alto el hecho de que efectivamente ya no se inyectaba nada, había vuelto a comer como antes, y aún así no aumentaba ni un gramo.



Pero el temor a volver a perderlo lo hizo quedarse callado,queriendo centrarse únicamente en que lo tiene entre sus brazos, que a su vida volvió la luz y por qué va a voluntariamente sacarse los ojos indagando en un tema tan delicado si su pastelito todavía no está listo para hablar al respecto. Teniéndolo cerca puede cuidar mejor de él, y es así que se asegura de que beba agua, que coma balanceado y que no se exceda con el deporte, monitoreando el azúcar en su sangre, sus signos vitales, y Kim se siente tan mimado y feliz, tan a salvo que baja la guardia y deja de ocultarse, porque, eventualmente, su amado lo va a descubrir de todos modos.



Por eso le prepara a Latte el café de la mañana y lo recibe con una sonrisa cálida, un beso en la frente, y un frasco de pastillas sin ninguna etiqueta. 



 

— No me has preguntado, pero, no quiero que volvamos a tener malos entendidos, amor. Por eso necesito que sepas que ese médico con el que me viste cuando nos reencontramos, es quien me consigue estas pastillas para adelgazar. Comencé a tomarlas una semana después de que terminamos, me las ofreció él mismo, debes saber que es quien también consigue la semaglutida sin receta médica, aunque a un precio mayor. Estas pastillas son muchísimo más caras, pero más efectivas ¡Y sin efectos secundarios!

 

 

— ¿El doctor Ratti? Pero él es forense, no se especializa en esa área.



— Precisamente por eso es él quien me consigue las medicinas…Estas pastillas…Estas pastillas están hechas de ceniza humana, amor.




 

El café deja una mancha caliente y oscura en la mesa, se extiende por todo el mantel, casi tan profunda como el silencio entre ellos, en medio del barullo de la mañana allá afuera.

Notes:

LatteKim sí merecen más atención, gente, ojalá próximamente nos den una serie suya :(

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