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Buen chico

Summary:

Shidou lleva tanto tiempo esperando esa cita con Sae que no dudará en aceptar cualquier cosa que le pida.

Notes:

Decidí subir esto hoy porque el 7 es mi número favorito y porque me podían las ganas después de no publicar nada desde 2025 y resulta que es el cumple de Shidou!! Es el destino!!

Ni siquiera estoy activa en el fandom de Blue Lock, solo he visto el anime así que me disculpo si hay errores o inconsistencias. Desde el primer momento en que vi a estos dos estuve deseando escribir esto. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto como cuando vi la 2ª temporada. El fic se sitúa en algún momento después de Blue Lock. Y es que se me hace bastante imposible que pase nada mientras están ahí metidos, así que por exigencias del guion esto sucede después cuando ya son libres de hacer lo que quieran jaja. 

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Gracias a  Procellariidae por hacer de beta reader de un fic cuyo fandom no conoce.

Buen chico

Shidou entró detrás de Sae. Lo vio soltar las llaves en el mueble del recibidor y pasar a la cocina. No intercambiaron ninguna palabra, aunque eso no impidió que Shidou continuara hasta la sala de estar, dejara la bolsa de deporte en el suelo y se sentara en el sofá como si fuese su casa, apoyándose cómodamente en el respaldo y poniendo los pies sobre la mesa de café.

Echó un vistazo a su alrededor y, con genuina curiosidad, trató de fijarse en los detalles mientras Sae trasteaba al otro lado de la barra americana que separaba la cocina del salón. Era un lugar elegante, con la decoración justa, colores claros y mucha luz.

Así que aquel era el apartamento del chico más jodidamente difícil sobre la faz de la tierra. Y no lo decía solo por el carácter, sino porque de veras le había costado la vida conquistarlo. Si es que a aquello se le podía llamar conquistar…

A veces le daba la impresión de que había terminado accediendo a tener una cita con él solo por puro hartazgo y porque había apuestas con testigos de por medio y no porque realmente le atrajera. Pero luego recordaba que Sae Itoshi no iba apostando citas con cualquiera, y el sentimiento de exclusividad le hacía venirse arriba de nuevo.

Al poco, Sae apareció con un par de vasos de refresco. Se detuvo en seco al verle repantigado en el sofá y no ocultó su desagrado encogiendo la nariz.

—Baja esos pies ahora mismo.

—¡Va, va! —exclamó Shidou alzando las manos en son de paz. No es que no hubiera supuesto que le molestaría a Don Estirado, más bien lo había hecho para tantear los límites.

Sin decir nada más, Sae colocó las bebidas sobre unos posavasos y se sentó en el sofá a su lado.

—¡Posavasos! ¡Qué nivel!

Sae se limitó a mirarlo. Tampoco dijo nada. Buena señal. Casi seguro que le gustaba.

Shidou dio un sorbo al refresco y se entretuvo en dar vueltas al posavasos entre los dedos mientras observaba a Sae y su perfecto apartamento. ¿Por qué quedarse con la duda? Llegados a ese punto no tenía nada que perder.

—¿Te gusto? —se atrevió.

Sae resopló y miró hacia otro lado. Esa vez sí habló.

—No me hagas arrepentirme de haberte traído.

—¡Eso es un sí! ¡Admítelo!

Sae lo observó de reojo. Shidou se había pegado tanto a él… había invadido su campo de visión para llamar su atención y ahora lo tenía delante echándole el aliento en la cara.

Sí, lo admitía, podría ser peor. Podría decir que, si la idea de tener sexo con él le resultara desagradable, no estaría ahí. De hecho, era el candidato perfecto. Allí estaba, excitado con simples migajas como un perrito moviendo la cola. Era justo eso, una bola de energía, juguetona y salvaje como un cachorro gigante. Si le tirara la pelota, iría corriendo a por ella y se la traería babeando y buscando atención sin parar.

A veces podía ser molesto e intenso, pero cumplía todos sus requisitos. Por eso estaba allí. Y era hora de darle su recompensa, como a los perritos buenos.

—No me hagas arrepentirme —repitió, esta vez mirándolo.

Fue curioso ver cómo algo tan simple era capaz de hacerle reaccionar así, abriendo aquellos extraños ojos con sorpresa conforme se percataba de lo que significaba que Sae se fuera acercando; como si el tiempo que tardó en acortar la distancia hasta besarle hubiese durado horas.

Era tan inocente, tan simple, tan fácil, tan leal, justo lo que necesitaba. Lo tenía comiendo de su mano.

Tal y como esperaba, el beso no tardó en calentarse. Shidou no iba a perder el tiempo, por si el espejismo se esfumaba. Y él nunca tuvo intención de evitarlo. Al contrario, quería dejar claro que estaba dispuesto a cumplir con la apuesta.

Shidou prácticamente lo estaba devorando, le comía la boca con ansias hasta el punto de que a Sae, acostumbrado a ser frío y distante, le costaba mantenerse en su papel. No iba a negar que había deseado que esto ocurriera desde que lo vio por primera vez, con su aspecto imponente y su aura indómita. Que había fantaseado con cómo sería en la cama y cómo lo embestiría contra la pared sujetándolo con aquellos brazos fuertes.

La lengua de Shidou demandaba y la de Sae dominaba, el juego de poder perfecto, justo como le gustaba. Tanto que se le escapó un gemido cuando Shidou le fue ganando terreno hasta tumbarlo en el sofá para abandonar su boca y descender por su cuello, besarle hasta dejarle marcas y romperle los botones de la camisa.

—¿Qué haces? —alzó la cabeza para protestar y se encontró el rostro de sonrisa boba de Shidou apoyado en su pecho, observándole como lo más preciado del universo. Algo se le removió al verlo. Con suerte, no se le notaría el rubor en sus mejillas—. Esa camisa cuesta más que tu sueldo.

—Yo te la pagaré.

—¿Ah, sí? ¿Cómo? ¿Con goles? —provocó Sae usando su tono cínico.

Shidou soltó una carcajada. Se incorporó un poco para quitarse la camisa y empezó a desabrocharse el pantalón.

Siendo futbolistas verse sin ropa era algo natural y obviamente no era la primera vez que lo hacía, pero sí era la primera en que se podía permitir recrearse la vista.

Cuando bajó el pantalón lo suficiente, se llevó la mano al paquete y lo apretó con fuerza.

—Podría ser, aunque ya había pensado que mejor con esto.

Sae puso los ojos en blanco. Intentó ignorar que Shidou estaba medio duro. ¿Cómo se sentiría aquella polla dentro?

—¿Al señorito le da vergüenza? ¿Acaso no es a lo que habíamos venido? —insistió Shidou y acabó susurrándole al oído—. Creía que deseabas mi polla…

Se le erizó la piel. Sí, claro, por supuesto que la deseaba. Aunque había algo que tenían que aclarar, cuanto antes mejor.

—No te lo creas tanto —le paró los pies, levantándose hasta quedar sentado frente a él, tomándolo de improvisto para alzarse dominante.

Shidou sonrió y relajó el cuerpo permitiéndoselo, gesto que Sae aprovechó para cambiar las tornas y colocarse a horcajadas. Una fugaz expresión de sorpresa cruzó el rostro de Shidou cuando en aquel movimiento rozó con el trasero su dureza, que asomaba por el pantalón a medio bajar, aún cubierta por la ropa interior.

—Uff, baby… —dejó escapar Shidou mordiéndose los labios, agradecido por ser el centro de atención.

Reprimió las ganas de tomar a Sae de las caderas e invitarlo a moverse más, pero sabía que preferiría ir a su ritmo y no quería asustarlo, así que se dejó caer en el sofá con los brazos detrás de la cabeza en una invitación a entregarse a lo que Sae quisiera hacer con él.

Una invitación que fue aceptada con gusto. Su cuerpo vibrando por la anticipación de ver a Sae inclinarse sobre él, haciendo a propósito más directo el roce con su entrepierna, sin dejar ya lugar a dudas de su excitación. Y mientras Sae se acercaba, le pareció ver un atisbo de sonrisa. ¿O quizás fuera una alucinación?

—Ven aquí, baby  —repitió con énfasis, creyendo que aquel apelativo le había gustado.

—¿Quieres ser mi perro?

Casi se ríe por la ocurrencia. La primera vez que se refería a lo que había entre ellos, ¿y tenía que ser de esa manera? Lo hubiera sobrepensado de no ser porque las manos de Sae acariciando su pecho y reconociendo su existencia solo para él, le distrajeron enseguida.

—Yo seré lo que tú quieras que sea —descruzó los brazos para rodearle con ellos. Tenía su boca cerca y la buscó para besarle, con la sorpresa de encontrarse que Sae lo besó primero, como si respondiera a su afirmación.

Con Sae arriba y dominando, el beso pronto volvió a ser muy demandante para ambos y no le extrañó que, en mitad de la acalorada situación, Sae la interrumpiera para proponerle que fueran al dormitorio.

El apartamento era pequeño y no había mucha pérdida. Aun así, Shidou se dejó guiar por Sae en un trayecto breve que fue llenado por más besos que no estropearon el momento. En un abrir y cerrar de ojos se encontró al borde de la cama, siendo tumbado por el peso de Sae encima de él, en la misma posición que habían estado antes en el sofá.

—Ven aquí que te muerda —bromeó, metido en su papel, para continuar con lo que habían dejado a medias.

Se hundió en su cuello y le marcó los dientes, tanteando el terreno. Sae no se quejó, incluso por cómo respondía parecía que aquel juego un poco rudo era lo que buscaba.

Sae estiró el torso y el cuello para permitirle un mejor acceso y, agradecido ante aquella ofrenda, no dudó en aceptarla. Después de haber fantaseado muchas veces con tenerle, jamás imaginó que llegaría el día en que vería esa parte de él entregada y desinhibida.

Siguiéndole el juego, lamió y mordió, como si se tratara de un animal, todo lo que tenía a su alcance mientras descendía. Alentado por cómo reaccionaba a sus atenciones, no escatimó en gruñidos y un poco de rudeza al recorrer su cuerpo también con las manos, que no encontraron oposición para introducirse dentro del pantalón de Sae hasta agarrar su trasero.

Y allí se detuvo.

Simplemente habían quedado, algo casual y sin compromiso que ni siquiera habían calificado como cita, aunque se sintiera como tal por cómo habían evolucionado las cosas.

Primero fue su número de teléfono. Luego siguieron varias quedadas en lugares públicos como ir a entrenar juntos o ver algún partido. Estaba claro que de desagradarle su compañía no hubiera repetido. Incluso parecían divertirle sus salidas de tono, cada vez más exageradas al ver que le motivaban. Tensaba la cuerda con su descaro, rozando el límite entre la broma y la seriedad, pero siempre dejando el balón en lado de Sae para que él fuera quien decidiera cómo tomarlo.

Hasta que un día le invitó a su apartamento. Sin más detalles, la proposición se veía obvia. Shidou tampoco se había atrevido a preguntar qué esperaba Sae de él o del encuentro porque mientras Sae estuviera conforme, él también lo estaría. Solo no quería asustarlo.

Y, hasta el momento, le había permitido todo, siendo él quien decidía y dirigía el encuentro. Le estaba tocando directamente bajo la ropa interior. Incluso lo había notado duro cuando, al inclinarse a buscar algo en el cajón de la mesita de noche, se rozó casualmente con su entrepierna. Tenía razones evidentes para pensar que Sae Itoshi estaba disfrutando de todo aquello.

Se animó a internarse un poco más entre sus nalgas a la vez que trató de desviar la atención lamiendo sus pezones. Notó complacido cómo se ponían duros entre sus dientes, cómo se le tensaba cuerpo.

Tal vez porque estaba sumergido en venerar el cuerpo de Sae, en admirar las reacciones que era capaz de provocarle y en las sensaciones que él mismo sentía, no reparó en lo que se traía entre manos hasta que notó algo frío y rígido alrededor de su cuello y, antes de que pudiera siquiera pensar qué podía ser, sintió el tirón que lo separó de su cuerpo hasta tenerlo frente a frente.

Sae sujetaba una cadena atada al collar alrededor de su cuello. Lejos de sentir miedo o intimidación, le respondió con una sonrisa pícara.

—Así que lo de ser tu perro era literal.

Sae lo miró satisfecho. No llegaba a sonreír, pero no podía ocultar que le gustaba lo que veía, y eso era más que suficiente. Sae se acercó hasta que rozó su nariz y sus alientos se mezclaron.

—¿Qué es lo que quieres que haga por ti? —preguntó Shidou, que aprovechó la cercanía para besarlo con agresividad. Un beso que fue bien recibido.

Sin soltar la cadena, Sae se dejó arrastrar junto al beso hasta tenerle encima, como una mascota que derriba a su amo y le lame toda la cara entusiasmada por jugar. Tras besarle, lo observó descender hambriento por su cuerpo y, temeroso de que llegara demasiado pronto a su objetivo, tensó la cadena de nuevo para detenerlo.

Cruzaron miradas y Sae sonrió, deslizando entre los dedos un par de eslabones con los que pudiera alejarse un poco más.

Tal vez fuera una tontería, pero reconocer que tenía ese poder le excitó demasiado. Podría tener a Shidou a su merced para lo que deseara, como atarle y no dejarle salir. Sin embargo, era más el control simbólico que el físico lo que le atraía, aunque necesitaba de algo físico para expresarse.

Soltó varios eslabones más hasta permitirle llegar a la altura de su entrepierna, donde su regia erección se elevaba aún cubierta por su ropa interior.

—Realmente esto te pone, ¿eh? —comentó Shidou con ojos ávidos.Sonó orgulloso por ser parte de su excitación y, como atraído magnéticamente, se inclinó relamiéndose por saborearle cuanto antes. Casi podía oírlo jadear como un perro ansioso cuando enganchó sus dedos en el elástico del calzoncillo para bajárselos.

Solo se lo permitió hasta que asomó su vello púbico, por el puro placer de recrearse en su reacción al detenerlo tirando de la cadena.

—Shhh. ¿Desde cuándo los perros hablan y van vestidos? —comentó dirigiendo la mirada hacia la ropa interior de Shidou, que ocultaba una buena erección y comenzaba humedecer la tela—. A los perros que ladran mucho hay que ponerles bozal…

Shidou alzó una mirada traviesa y dijo «Guau, guau» mientras se bajaba lo que quedaba de ropa.

Sae tuvo que contenerse, aunque debió ser evidente, porque Shidou se estiró sobre sus rodillas y exhibió toda su bronceada desnudez frente a él, provocándole con un «¿Te gusta lo que ves?»

No contestó. Era más que obvio que le gustaba lo que veía. Que era la primera vez que podía mirarlo todo lo que quisiera porque todo aquel cuerpo le pertenecía.

—Los perros no hablan. Los perros van a cuatro patas en el suelo —ordenó tirando de la cadena hasta tenerlo de frente de nuevo.

Shidou sonrió burlón y le contestó con un lametón en la boca que se transformó en un beso breve y profundo. Sae agitó la cadena para recordarle la orden y Shidou la acató divertido.

Desnudo de rodillas junto a la cama esperaba nervioso como un perro obediente la siguiente orden de su amo.

Sae se incorporó y se sentó al borde del colchón con las piernas ligeramente abiertas en una invitación clara. Shidou hizo el ademán de alargar las manos para liberar su erección, pero Sae negó con la cabeza tensando la cadena.

—¡Sit! Las cuatro patas en el suelo.

Y dio un tirón hasta acercar su cara a su entrepierna. Shidou comprendió y, metido en su papel, no dijo nada, solo llevó su boca hasta la ropa interior y con los dientes tiró de ella. Sae no reprimió el jadeo que le produjo ver la fascinación en el rostro de Shidou cuando su miembro saltó en todo su esplendor al ser liberado de aquella manera tan morbosa.

—Buen chico.

Como recompensa, enredó los dedos en su cabello, deteniendo el impulso de introducirse en su boca. Y mientras le hacía esperar colmándolo de atenciones, con la otra mano abrió el cajón de la mesita de noche y sacó una caja de preservativos.

Estaba nueva y se aseguró de que Shidou lo supiera al retirar el envoltorio frente a él. Sacó una tira con varias unidades y se la ofreció.

—Puedes usarlo si quieres.

Shidou dudó antes de usar las manos. En su lugar, lo tomó con cuidado entre los dientes y lo lanzó lejos para, acto seguido, meterse la polla de Sae en la boca como si fuese lo único que hubiese deseado desde que todo empezó.

Sae dejó escapar un débil jadeo como recompensa e incentivo, y observó sus consecuencias en el desempeño de Shidou. Mantuvo el torso erguido para seguir acariciando su pelo y ver aquel espectáculo desde su posición. Al principio intentó contenerse y dar solo las muestras justas de satisfacción, pero pronto se le hizo difícil debido a la postura y a una respiración cada vez más agitada que le obligaban a contraer los músculos. Aquellos abdominales marcados y el rostro encendido por la tensión debían ser para Shidou una motivación mejor que un hat-trick, quien dobló sus esfuerzos sin dejar de mirarle, sonriéndole al creer haber descubierto su punto débil.

Merecía un pequeño recordatorio de quién mandaba.

Con la mano que descansaba sobre la cabeza de Shidou y acompañaba con suavidad sus movimientos, lo agarró con firmeza y lo empujó para que se la metiera más adentro. Aunque se detuvo un segundo antes de seguir para evaluar su reacción. En su caso, que forzaran cualquier tipo de dinámica en la que estuviera por debajo en la escala de poder le causaba un rechazo terrible. Pero algo le decía que Shidou era lo bastante experimentado y abierto de mente como para no molestarse.

La espera fue corta. Enseguida Shidou, por su propia iniciativa, continuó incluso con más énfasis. Y Sae, conforme con el nuevo cariz que había tomado, prefirió no despegar la mano de su cabeza y seguir guiándole en ritmo y profundidad.

Se encontraba tan satisfecho por cómo se había ido sucediendo todo que decidió seguir adelante.

Shidou era tan efusivo con sus deseos, los exponía de manera tan transparente y derrochaba una pasión tan arrolladora que no le cabía la menor duda de que una vez dado a probar, no iba a querer parar.

Se había propuesto introducir el pet play de forma paulatina y así ir explorando esa faceta suya en la práctica por primera vez y descubriendo si Shidou resultaba ser la persona adecuada para mostrarse por completo.

Pero resultó que en la teoría todo era más controlable que en la vida real, ya que en ningún momento había contemplado que él tampoco iba a querer parar y todo su plan se iría al traste.

Realmente lo deseaba. Y lo que lo hacía más excitante era que se trataba de un deseo compartido con alguien, de algo que jamás hubiera querido compartir y que se salía por completo de sus cuadriculados planes.

Por eso, llegada la hora de la verdad, Sae no pudo echar marcha atrás y, aunque ni comprendiera por qué, también sentía que Shidou lo merecía.

Sae alcanzó del cajón un bote de lubricante y acomodó un poco su postura. Vio en los ojos de Shidou el brillo travieso de quien sabe lo que tiene que hacer tan solo con aquel pequeño gesto.

Los mejores perros son los que se adelantan a los deseos de su amo y no necesitan órdenes, pensó Sae para sí, confirmando que su elección había sido un éxito.

Sin ningún rodeo, Shidou esparció un poco de gel en sus dedos y comenzó a prepararle.

La destreza y dedicación que Shidou le ponía era una gran ventaja. Sabía dónde y cómo tocar y a la vez le hacía sentir cómodo, tan cómodo que por momentos se le olvidaba lo que estaban compartiendo. Y esto también era un inconveniente, porque supo enseguida que no duraría mucho si seguía así.

—Basta —le agarró con fuerza del pelo y le alzó la cabeza para que le mirara. Sus dedos también obedecieron. Parecía haber captado bien la dinámica—. Eres un perro listo y obediente —Sae se incorporó un poco para mirar hacia el suelo, donde Shidou seguía arrodillado. Entre sus piernas, una erección que no merecía desperdiciarse—. Y los perros listos y obedientes que complacen a su amo obtienen su recompensa.

Sae se dio la vuelta y se subió de rodillas en la cama, una posición sugerente que no necesitaba de palabras. Se abstuvo de dar ninguna orden y simplemente dio un firme tirón a la cadena para animarle a actuar.

Cerró los ojos y contuvo la respiración esperando el momento. No podía flaquear, pero Shidou estaba demasiado bien dotado y albergaba dudas de su capacidad para permanecer impasible. Dolor, placer, aguante… eran miedos que inconscientemente nublaban una primera experiencia que no debía ser empañada.

Tras unos eternos segundos, sintió primero el peso de Shidou en el colchón y luego sobre él.

Se estremeció bajo su cuerpo cálido. Una desafortunada asincronía de milésimas de segundo antes de que Shidou se alineara con su entrada, que confió en que podría pasar por anticipación. Luego, la fría humedad del látex y el lubricante rozándole le borró cualquier gana de seguir pensando.

Quizá fue demasiado cuidadoso. No podía negar que desde que conoció a Shidou había fantaseado innumerables veces con cómo sería follar con él o, mejor dicho, ser follado por él. Multitud de escenarios, posturas y maneras habían pasado por su cabeza y en la mayoría de ellas había sido mucho más rudo y agresivo que esta. Aunque viendo cómo había sido de atento y servicial no le sorprendió tanto. Tal vez simplemente estuviera siendo cauto para agradarle o porque iniciarse en una dinámica tan peculiar requería su adaptación.

Fuera como fuese, Sae agradeció el tiento. Cuanto más lento mejor pudo apreciar cada milímetro de su longitud quemándole y abriéndose paso. No había nada comparable a la mezcla perfecta de dolor y deseo de la primera embestida.

Todavía seguía procesando la experiencia cuando notó la envergadura de Shidou cubriéndolo por completo y luego su aliento en el cuello. Era más joven, aunque más alto y fornido, y conforme se introducía en él había ido acoplando su cuerpo hasta apoyar las palmas de las manos en el colchón junto a las suyas.

Shidou esperó un instante, dejándole acomodarse, antes de comenzar a moverse.

A Sae ya solo la postura y la situación le habían puesto tan caliente que dudaba de ser capaz de aguantar, mucho menos en movimiento. Shidou empezó con un ritmo lento de embestidas profundas que le hicieron tantear el terreno hasta dar con el ángulo perfecto. Para entonces, Sae había cedido, bajando su torso hasta apoyar la cara en la almohada y ofreciendo su culo como la perra en celo que era.

A esas alturas le importaba poco, porque en cada estocada, Shidou le recordaba al rozar su próstata, que bajarse del pedestal a veces merecía la pena.

Eso no significaba que hubiera bajado la guardia. Cuando Shidou hacía algún ruido, Sae lo mandaba a callar tirando de la cadena. Cuando trató de masturbarlo para compartir su placer, también lo reprendió. Porque a Sae no le hizo falta tocarse siquiera para correrse de una manera tan bestial que le dio igual salpicar todas las sábanas con el vaivén, pues para eso tenía un perro que lamiera todo lo que hubiera que limpiar… después.

Shidou había demostrado ser un buen perro que no se perdía en la egoísta búsqueda del placer propio ni había reclamado la más mínima atención, y por eso le permitiría disfrutar de su merecido orgasmo.

No tuvo que esperar mucho. Estaba claro que, al igual que él o incluso más, Shidou también había estado esperando ese momento. Lo sintió temblar y palpitar en su interior hasta terminar. Tras esa breve tregua, tiró enseguida de la cadena para anunciar que el tiempo había terminado y con ella condujo su cabeza hasta el colchón manchado. No necesitó decirle nada antes de que empezara a lamerlo con ganas.

Mientras lo observaba olisqueando y metido en su papel, le retiró con cuidado el condón usado. Un gesto y una cercanía que de repente se sintieron demasiado íntimas, demasiado incómodas. Extrañas. Lo anudó y lo tiró al suelo con intención de deshacerse de él más tarde.

Hasta entonces no había adquirido plena conciencia de la transformación que se había llevado a cabo, donde la inquietud y el recelo acumulados habían dado paso a algo muy gratificante. Podía sentir una profunda relajación hormigueando en su cuerpo, que junto a las endorfinas liberadas con los coletazos del orgasmo le hicieron convencerse de que la experiencia había sido extremadamente satisfactoria.

Había habido buena química, y eso se había notado en ese tránsito tan orgánico en el que poco a poco ambos se habían desinhibido, entrando en la dinámica e incluso dejándose arrastrar por ella.

Los ojillos vivos de Shidou se encontraron con los suyos al alzar la cabeza de las sábanas. Entre ellos, un pacto, un oscuro secreto. El mejor de los confidentes. El perro perfecto.

Tiró de la cadena con suavidad para que se acercara y en lugar de seguir tirando para aproximarlo, fue el propio Sae quien se inclinó buscando sus labios para besarlo.

Notó un débil titubeo que interpretó como falta de instrucciones sobre cómo proceder una vez acabara la sesión. Quizás dudara si debía esperar órdenes antes de volver a actuar como humano. O, tal vez, fueran dudas acerca de su desempeño en aquel registro desconocido.

Pensó que para la próxima —porque habría próxima— tendría que ser más claro con la dinámica o incluso establecer una palabra de seguridad. Si pretendía continuar con aquello, tendría que conseguir que Shidou se encontrara cómodo.

Aunque solo fueran suposiciones, Sae quiso acallarlas con sus labios. Un beso ofrecido voluntariamente como recompensa. Un beso lento y profundo con el que volvía a dominar estableciendo una jerarquía y una condición: si te portas bien, me tienes y eso debe ser suficiente.

Tras dar por finalizado el beso sacó del cajón una pequeña llave con la que abrió el collar. Shidou, efusivo, casi se abalanzó sobre él para besarlo, como si al retirar el collar hubiera liberado toda su energía contenida durante su interpretación. Antes de que consiguiera alcanzar su boca posó la yema de un dedo sobre sus labios. Y ese simple roce tuvo la fuerza suficiente para detenerlo.

—Habrá que dejar algo para la próxima vez —le advirtió—. ¿Estás de acuerdo?

Unas breves palabras de validación, suficientes para hacerle entender que había aprobado con nota. Necesarias para compensar la vuelta a la realidad.

Shidou inspiró y miró a su alrededor sin hacer contacto visual.

—¿Y el baño? —preguntó sin pedir permiso para usarlo. Un halo de resignación en su voz.

Sae le indicó dónde estaba. No haría falta advertirle que no usara la ducha. Shidou había demostrado ser un chico listo que no se tomaría esas libertades en un momento como aquel.

Cuando salió, Sae le esperaba con su ropa en la mano y se la entregó con un golpe en el pecho. Sin intercambiar palabras lo condujo hasta el salón, donde los vasos con el hielo derretido habían quedado olvidados al igual que el resto de sus pertenencias, y allí lo observó recogerlas, mientras esperaba de brazos cruzados a que acabara.

Shidou captó el mensaje implícito en su presencia y no se entretuvo más de lo necesario ya que ni siquiera se sentó para ponerse las zapatillas de deporte. Las sostuvo como pudo al igual que lo demás, mientras Sae avanzaba guiándole hacia la salida, donde al menos logró ponerse la ropa interior haciendo equilibrios contra la puerta.

—Vamos hablando —dijo Sae a modo de despedida, abriendo la puerta para invitarle sutilmente a abandonar el apartamento.

De repente, encontrarse semidesnudo en aquel descansillo, donde momentos antes había seguido al chico de sus sueños, hizo que el peso de lo ocurrido cayera sobre él. El portazo a sus espaldas había marcado un claro antes y un después.

Continuará...


 

Notes:

N/A: Os ha gustado? Comentarios y kudos son bienvenidos!!! (y gratis!!)

Este fic surgió para una actividad hace 2 años para una actividad de escritura rápida que no terminé. Se quedó a medias y al retomarlo me di cuenta de que quería profundizar más en esta historia. Lo malo es que como adulta la vida no me deja tiempo y no sé si lo conseguiré y decidí publicarlo como oneshot porque la idea me gusta mucho y creo que mejor eso que nada. Recorté algunas cosas que debían estar aquí pero que si añadía más capítulos deberían ir más adelante, me disculpo si algo quedó confuso o sentisteis que faltó información, probablemente estuviera pero la omití por el bien de la trama (qué trama?? XD). 

Así que si queréis leer una posible continuación, os aconsejo que os suscribáis a la historia o mi perfil para que os avise si los astros se alinean a mi favor XDD. 

Muchas gracias por leer. 

Ak