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Blood Crown

Summary:

Amélie de Valois, es heredera de una antigua familia de sangre pura francesa, llega a Inglaterra para cursar su último año en Hogwarts como estudiante de intercambio tras abandonar Beauxbatons.

Severus Snape, un brillante estudiante de Slytherin, necesita desesperadamente dinero para los materiales de su último año.

Lo que comienza como un simple trabajo terminará cambiando mucho más su último año en Hogwarts.

Notes:

Hola chic@s bienvenid@s aquell@s que vienen de tiktok. Para quienes encontraron la historia directamente en Ao3, me alegra muchísimo que el título haya despertado su curiosidad. L@s invito a seguirme en mi página de tiktok (@nightfall._k); Ahí estaré compartiendo dibujos, profile boards, escenas, pequeños adelantos y algunas curiosidades sobre la historia. Y bueno para terminar, esta historia será una terapia para Severus y para nosotr@s JAJAAJ Sin nada más que decir, disfruten.

Chapter 1: El tutor

Chapter Text

Severus paseaba por las calles del Callejón Diagon. Lucía distraído, aturdido; faltaba menos de un mes para que las clases en Hogwarts comenzaran y aún no había comprado ni un solo libro de todos los que necesitaba para su último año. El día era cálido y el suéter ajustado que llevaba puesto no hacía más que aumentar la incomodidad que sentía. Con un suspiro, se recargó en la pared de uno de los tantos locales del pueblo. Fue entonces cuando una familia un tanto peculiar pasó frente a él.

Una chica de piel pálida con lentes, que parecía de su misma edad caminaba con gracia, con una elegancia casi innata, a su lado un hombre de vibra imponente llevaba en su mano izquierda una lechuza de color café. Ambos vestían túnicas confeccionadas con telas tan finas que, incluso a la distancia, resultaba evidente que pertenecían a una familia adinerada.

Sin embargo, no fue aquello lo que captó por completo el interés de Severus.

Detrás de ellos avanzaba un elfo doméstico cargando una enorme pila de libros. No eran libros cualesquiera: eran exactamente los que Hogwarts exigía para el séptimo año. Los mismos que él llevaba semanas deseando poder comprar.

Esto le hizo arquear una ceja pues jamás había visto a esa chica en Hogwarts: <<sería imposible no haberla vista nunca>> pensó.

Y tenía razón. Alguien como ella difícilmente habría pasado desapercibido entre los pasillos del castillo.

Su aspecto era difícil de olvidar. La piel pálida hacía resaltar aún más sus ojos color hazael, ocultos parcialmente tras unas gafas de montura delgada. El cabello castaño, un tanto rebelde, enmarcaba un rostro de facciones delicadas, donde una nariz recta terminaba de darle un aire distinguido. No poseía la fragilidad que muchos asociaban con las jóvenes de familias adineradas; por el contrario, su complexión atlética y la firmeza con la que caminaba transmitían una confianza silenciosa. Vestía con la elegancia propia de su linaje, pero no parecía incómoda entre aquellas ropas refinadas, como si hubieran formado parte de ella desde siempre.

Cuando volvió en sí, apenas unos segundos después, la familia ya había desaparecido entre la multitud.

Un deje de envidia le revolvió el estómago. Le resultaba irritante pensar que para algunos todo pareciera tan sencillo: los mejores libros, túnicas nuevas y una vida sin preocupaciones económicas. Él, en cambio, ni siquiera había reunido el dinero suficiente para comprar los materiales del próximo curso.

Pensó en regresar a casa, pero la sola idea de encontrarse con su padre hizo que un escalofrío le recorriera la espalda, pese al calor de aquella tarde. En lugar de eso, caminó hasta una vieja banca situada frente a una tienda de especias y plantas, aunque no lo admitía, le gustaba irse a sentar allí de vez en cuando para aclarar sus pensamientos; o simplemente para no llegar a casa antes de tiempo. Severus dejó escapar un largo suspiro y apoyó los codos sobre las rodillas, sin imaginar que, a tan solo unos metros de distancia, una conversación estaba a punto de cambiar por completo el rumbo de su último año en Hogwarts.

A unos cuantos locales de distancia, el bullicio del Callejón Diagon se mezclaba con las conversaciones que llenaban el interior del Caldero Chorreante. Como de costumbre, el establecimiento estaba abarrotado de magos que hacían una pausa entre compra y compra.

Ray, un viejo tabernero, secaba una jarra detrás de la barra mientras hablaba con Horace Slughorn: "si se le puede decir hablar a cotillear de todo aquel que entraba al local". No paso mucho cuando una familia cruzó la puerta. Y como de costumbre no pasaron ni diez segundos cuando Horace habló al verlos sentarse en una mesa.

- ¡Por las barbas de Merlín! -se giró más de lo necesario como si aquello le sirviera para ver mejor los rostros de aquellos que se habían sentado unas mesas después de la barra principal del lugar- ¿Acaso son quienes creo que son?

Horace Slughorn dejó su taza sobre la mesa y entrecerró los ojos. Una sonrisa satisfecha apareció en su rostro.-Vaya... ¡los De Valois!

Ray arqueó una ceja y miró hacía la mesa donde su amigo observaba con tanta emoción.- ¿Los conoces?

-Personalmente, no. Pero cualquiera que se interese un poco por las familias de sangre pura europeas conoce ese apellido.

El profesor se acomodó el chaleco con un gesto casi automático y alisó las mangas de su túnica. Aquella era una oportunidad demasiado buena como para dejarla escapar.

-Si me disculpas.-Sin esperar respuesta, se levantó de la mesa y caminó directamente hacia la familia con una sonrisa que mostraba su interés y curiosidad por la familia.

-Perdonen la interrupción.

El hombre levantó la vista. Debía rondar los cincuenta años. Su cabello castaño, impecablemente peinado hacia atrás, apenas dejaba entrever algunas hebras plateadas en las sienes. Vestía una túnica azul marino confeccionada con una calidad excepcional, adornada con discretos bordados plateados en los puños y el cuello en forma de cuervos. Todo en él transmitía refinamiento: la forma en que sostenía la espalda recta, la tranquilidad con la que permanecía sentado e incluso el ligero movimiento de su mano al acomodar el bastón apoyado junto a la mesa. No había arrogancia evidente en sus gestos; bastaba su presencia para dejar claro que estaba acostumbrado a ocupar un lugar de privilegio.

-¿Sí?

-Horace Slughorn, profesor de Pociones y jefe de la casa Slytherin en Hogwarts.

Una sonrisa cordial apareció en el rostro del hombre. El gesto reservado de Armand se relajó apenas unos segundos. Al parecer, el cargo de Slughorn había bastado para despertar su interés.

-Armand de Valois. Es un placer, profesor.

Armand se levantó de la mesa y ambos estrecharon sus manos.

-El placer es mío. Debo admitir que me sorprendió ver a una familia francesa por aquí.

Armand asintió.-Mi hija Amélie comenzará su último año en Hogwarts mediante un intercambio con Beauxbatons.- señalo a la chica que en todo ese tiempo solo había sido espectadora de la conversación.

Slughorn dirigió entonces la mirada hacia la joven.-Así que tú debes de ser la señorita de Valois.

Amélie respondió con una leve inclinación de cabeza.

-Es un honor conocer a uno de los profesores de Hogwarts.

Aquella respuesta educada hizo que Slughorn sonriera con evidente satisfacción.-Los modales franceses nunca decepcionan.-rió levemente.

Tras intercambiar algunas palabras sobre Beauxbatons y el viaje desde Francia, Armand dejó escapar un suspiro.

-La verdad es que aún tenemos un pequeño inconveniente.

- ¿Ah, sí?

-El sistema educativo de Hogwarts es muy diferente al de Beauxbatons. Me preocupa que mi hija llegue con cierta desventaja, especialmente en Pociones.

Slughorn asintió lentamente.

-Comprensible.

-Había pensado contratar un tutor durante las vacaciones. O, en su defecto, pedir ese favor a algunos de los amigos que hemos hecho desde nuestra llegada a Inglaterra. Mantenemos una estrecha relación con los Black y los Potter.

Una sonrisa se dibujó en el rostro del profesor.

-Desde luego. Conozco muy bien a ambas familias. James Potter y Sirius Black son alumnos míos; de hecho, compartirán curso con la señorita de Valois este año.

Dirigió una mirada amable hacia Amélie, pero, tras unos segundos de reflexión, negó levemente con la cabeza.

-Son jóvenes muy brillantes, no me malinterprete. Sin embargo, temo que ninguno de los podría ser el indicado para un trabajo como ese.

Armand arqueó ligeramente una ceja.

-¿Y por qué no?

-Necesita a alguien que pueda enseñar y con un dominio excepcional de la materia. James y Sirius son excelentes magos, pero poseen un carácter... bastante impetuoso.-Una risa breve escapó de sus labios.-Me sentiría halagado de ofrecerme, pero temo que sería poco apropiado que uno de los profesores de Hogwarts impartiera clases particulares a una futura alumna antes del inicio del curso.

Amélie, que hasta entonces había permanecido en silencio, apoyó un brazo sobre la mesa.

-¿Y conoce a algún alumno que pueda hacerlo? - preguntó con extrema curiosidad y un tono melodioso.

Su padre la observó de reojo y entrecerró los ojos levemente como si supiera las intenciones de esa pregunta.

Ella sonrió con absoluta naturalidad y miró a su padre por unos segundos, luego volvió a mirar a Slughorn.

-Si además resulta agradable a la vista, tampoco me voy a quejar.

-Amélie.

El tono de Armand bastó para hacerle comprender que se había pasado con sus comentarios.

Ella levantó ligeramente las manos como si se rindiera al ser regañada por su padre, pero la risa que soltó mientras lo hacía le quitaba seriedad al regaño.-Solo intento hacer más entretenidas mis vacaciones.

Slughorn soltó una sonora carcajada.-Me temo que no acostumbro a recomendar alumnos por su apariencia.-Hizo una breve pausa, llevándose dos dedos al mentón.-Pero sí por su talento.

Su expresión cambió por completo.

-Hay un muchacho... Severus Snape, en mi opinión el chico posee un talento extraordinario para las pociones. Francamente, hacía años que no veía a un estudiante con semejante capacidad.

Armand mostró interés de inmediato.

-Severus...-dijo Amélie como si estuviera digiriendo el nombre del muchacho.

-¿Snape? -repitió Armand, como si intentara recordar si lo había escuchado antes, pero le fue imposible-. No me resulta familiar.

-No me sorprende -respondió Slughorn con una sonrisa-. No proviene de una familia particularmente conocida. Sin embargo, puedo asegurarle que no encontrara mejor persona para lo que pide. Es uno de los estudiantes más brillantes que ha pasado por mi clase. Posee una habilidad excepcional para las pociones y una facilidad poco común para comprender la teoría mágica. Es reservado, bastante serio para su edad y, si soy sincero, no destaca precisamente por ser el joven más sociable del castillo.

Armand asintió lentamente como si lo último le hubiera convencido del muchacho. miro a Amelie como si le diera a entender que no era para nada el tipo de muchachos con los que salía.

Amélie sonrió apenas.

-Suena espantoso.

Slughorn rio por lo bajo.-Créame, señorita de Valois, si realmente desea destacar en Pociones, difícilmente encontrará un tutor mejor que él.

Armand guardó silencio unos instantes antes de formular la pregunta que realmente le interesaba.

-¿Dónde podría encontrarlo?

El profesor dirigió la vista hacia la ventana. Frunció ligeramente el ceño y cerró los ojos unos instantes, como si rebuscara entre sus recuerdos.-.Si la memoria no me falla, suele sentarse frente a la tienda de especias y plantas cuando viene al Callejón Diagon. Es un hábito curioso que tiene. Si continúa allí, no debería ser difícil encontrarlo.

Armand volvió ligeramente la cabeza.

-Deek

El elfo doméstico apareció inmediatamente a su lado con una leve reverencia.

-¿Sí, señor?

Armand extrajo la varita de su túnica.-Ve a buscar al joven Severus Snape. Dile que Armand de Valois desea hablar con él. Si acepta, dale esta dirección y pídele que nos visite mañana a medio día.-Con un elegante movimiento de varita, una pequeña tarjeta de pergamino apareció entre sus dedos. Escribió unas líneas con tinta negra y la entregó al elfo.

-Como ordene, señor.

El elfo desapareció y la conversación entre los Valois y Slughorn parecía también haber acabado. Slughorn se despidió cordialmente de ambos y salieron del caldero chorreante.

-Espero que tomes esto con seriedad Amelie, quiero que traigas orgullo al nombre de los Valois.

Termino aquel paseo su padre con tremenda frase mientras caminaban por el Callejón Diagon.

-Lo sé padre.

Amelie torno un rostro sereno y serio, incluso un poco confiada de que su padre no pedía demasiado.

 

...

 

La mañana siguiente el ambiente era algo frío al sureste de Londres; Richmond, Surrey era donde Armand había comprado una antigua mansión inglesa.

Después de desayunar el cálido silencio en la mansión de Valois fue interrumpido por James Potter, el cual llegó con los merodeadores en busca de Amélie, pues saldrían ese día para pasear por todo Londres, Amelie quería conocer los mejores lugares para divertirse en vacaciones.

Uno de los elfos domésticos acudió de inmediato a abrir.

-Hola, soy James Potter.-dijo con un tono de voz despreocupado-Venimos a buscar a la señorita de Valois.

El elfo los observó, eran cuatro chicos que parecían rondar la misma edad que Amélie. El elfo desaprecio no sin antes hacer una reverencia a los presentes.

-¿Crees que diga algo? nos tardamos media hora más en llegar-Remus Lupin, se acerco a los barrotes y los agarro esperando que lo que dijo no fuera a pasar.

-Si la señorita de Valois decide echarnos un sermón, Potter puede encargarse de distraerla.

James arqueó una ceja.

-¿Ah, sí? ¿Y cómo exactamente?

-No sé... eres tú el que tiene fama de conquistar a cualquiera con una sonrisa.

James soltó una carcajada y Petter le siguió. 

Cinco minutos después apareció Amélie por el sendero que conducía a las rejas del patio, Amélie caminaba con paso tranquilo. Vestía una túnica ligera de color crema y llevaba el cabello sujeto de manera despreocupada. Al llegar frente a ellos, cruzó los brazos.

-Llegan tarde...-dijo con seriedad mientras observa a cada uno. Lo cierto era que ninguno le agradaba tan bien.

-Perdónanos -dijo Sirius antes de que James pudiera abrir la boca-. Nosotros salimos con tiempo, pero Potter decidió que su cabello necesitaba otros diez minutos de atención.

James le dio un codazo en las costillas.

-No inventes, no hables por hablar...

-¿Entonces vas a decir que no te miraste tres veces en el espejo?-lo empujó levemente con pecho hacía Amélie.

James rodó los ojos-Fueron dos.

Remus dejó escapar una risa por lo bajo.

Amélie observó al grupo durante unos segundos. Con más calma pensó; Eran ruidosos, hablaban unos encima de otros y parecían disfrutar molestándose constantemente. No podía decir que le desagradaran... pero tampoco terminaban de convencerla.

-¿Podemos irnos ya? -preguntó con calma.

James sonrió.

-Claro. Londres nos espera.

Toda la mañana que paso con los merodeadores fue algo pesado para ella. James y Sirius parecían pelear por ver quién acaparaba más la conversación con sus logros. sus bromas. deporte y una que otra anécdota que solo ellos encontraban divertidas. Peter solo se limitó en todo el paseo a estar detrás de ellos y ser el encargado de reírse de las estupideces de James y Sirius. En cambio, Amélie se dio cuenta que las conversaciones con Remus eran agradables. A diferencia de sus amigos, lo cual se le hacía tan extraño aquel cuarteto, pues los únicos que tenían cosas en común eran ese par de dos.

Pero para Amélie era una lástima que Remus fuera mestizo.

La sangre pura le era muy importante. Pues en su familia estaba muy arraigado el tema de la pureza. No por nada eran una familia tan importante.

Llegando el medio día Amélie prefirió volver a casa pues el paseo se había convertido un tanto tedioso. En lugar de acompañarla hasta la mansión, los cuatro se despidieron de ella cerca de una estación, asegurándole que desde allí no tendría problemas para regresar. Amélie no le dio demasiada importancia; agradeció la compañía y emprendió sola el camino de vuelta. Cuando Amélie estaba por llegar a casa logro ver a lo lejos que alguien estaba fuera de su casa. Y si su mente no le fallaba era Deek quien hablaba con la persona. 

Al llegar a una distancia más cercana, Amélie le hablo a su elfo.

-Hola Deek!-él volteo a verla y el chico se giró con cierto temor al escuchar una voz detrás de él-¿Pasa algo?-.Dijo mientras observaba a detalle a aquel muchacho.

Severus se puso rígido, su cuerpo larguirucho se encorvó instintivamente como para pasar desapercibido. Era muy consciente de su aspecto: la grasa en su cabello y la opacidad de su piel que delataba largas noches de hambre; también unas cuantas marcas del mal genio de su padre si se era muy detallista al verlo. 

Tragó saliva con dificultad, sintiendo la garganta seca y oprimida. Metió la mano en su bolso, sus dedos rozando el trozo de papel, lo sacó, era un pergamino arrugado.

Amélie reconoció de inmediato la letra y entonces supo que él era Severus Snape.

-Este elfo el día de ayer me entrego esta dirección dijo que-, comenzó Severus, con la voz un poco más ronca de lo que pretendía. Se aclaró la garganta, intentando recuperar algo de dignidad pues a su mente llegó aquel pensamiento sobre ella y su familia cuando los vio pasar por el Callejón Diagon.

Claro que Severus la había reconocido.

Incluso desde antes pues había identificado al elfo cuando habló con él en el Callejón Diagon.

Era la misma muchacha de piel pálida, gafas y ojos color avellana que había visto desaparecer entre la multitud.

Apretó con fuerza la correa de su bolso, con los nudillos pálidos. Sabía que parecía un mendigo frente a semejante residencia, un marcado contraste con la refinada elegancia de la casa.-Soy Severus...-hizo una pequeña pausa-. Severus Snape.

Pronunció su apellido con una frialdad casi calculada, como si aquel tono distante pudiera ocultar la incomodidad que sentía.

Amélie río levemente, le pareció curioso como hablaba Severus. Intentaba hablar tan formal que su incomodidad era evidente para cualquiera.

-Se quién eres Severus Snape.-dijo su nombre completo con algo de énfasis, imitando con sutileza la solemnidad con la que él acababa de presentarse.

Fue entonces cuando Severus cambio ese rostro y postura incomoda por una defensiva. Amélie se dio cuenta de inmediato y dedujo que tal vez no había comprendido su pequeña broma.

-Perdona no lo dije con mala intención.-Amélie lo miró con una media sonrisa y luego se rió de nuevo-Es solo que... parece que tenemos la misma edad. No hace falta que me hables con tanta formalidad.

Severus movió levemente la cabeza hacía un lado, como si no entendiera a que se refería exactamente, solamente se había presentado. Su risa logró desconcentrarlo. No era la risita burlona y aguda de las chicas de Hogwarts que susurraban al verlo pasar, ni el rugido estruendoso y despectivo de los Merodeadores. Era... genuina. Era un sonido que no parecía tener una punzante intención oculta, y eso lo hizo sentir increíblemente vulnerable.

-Pasa. El profesor Slughorn me conto algunas cosas de tí.-Amélie atravesó la reja y Severus la siguió con cierta vacilación. Detrás de ellos, Deek la cerró con cuidado antes de desaparecer en dirección a la mansión.-Deek te comentó ¿Por qué mi padre quiere verte?-Amélie volteó a ver a Severus.

Este estaba disperso sus ojos oscuros se abrieron ligeramente al contemplar el tamaño de la mansión. Era un mundo aparte del ambiente estrecho y sofocante de Spinner's End. Mientras que su propia casa olía a cerveza rancia y humedad, ese lugar irradiaba una opulencia silenciosa y abrumadora. Fue entonces cuando se tardó más tiempo en responder y sacudió levemente su cabeza.

-Dijo algo, no demasiado. -miró a Amélie, Sus ojos se cruzaron con los de ella apenas un instante antes de desviarse de nuevo. -mencionó que buscan un tutor para pociones. Solo eso.

Amélie sonrió y asintió miró que el camino hacia la puerta se estaba acercando.

-Y... ¿Tienes diecisiete también?-.Se giró a verlo.

-Sí, diecisiete-repitió en voz baja, más para sí mismo que para ella. Cambió de postura, sintiendo de nuevo la incomodidad de sus largas extremidades-.Voy a empezar el último año.

La miró intentando descifrar la lógica de su actitud informal. La mayoría de la gente en su entorno, tanto en casa como en el colegio, mantenía cierta distancia, ya fuera por miedo o por jerarquía social. Su falta de precaución la desconcertaba.

-Entonces estaremos en el mismo curso!-dijo animada, Amélie esta entusiasmada un poco de que no estaría del todo sola al inicio del  curso.

Amélie asintió al decirlo, cuando llegaron a la puerta no había pasado ni un segundo cuando Deek les abrió la puerta para que no detuvieran su paso.

-Sígueme te llevaré al despacho de mi padre.-la chica ni siquiera volteó a verlo para la indicación.

Caminaba con un andar torpe y desgarbado, intentando seguirle el ritmo, mientras sus ojos recorrían el opulento pasillo. Cada marco dorado y cada cortina de terciopelo parecían una crítica silenciosa a su existencia. Se sentía pequeño, no por estatura, sino por importancia.

En cuanto Amélie abrió la puerta, Armand dejó de observar los papeles que tenía en la mano.

-Hola padre, ¡volví!

Amélie camino a paso apresurado hacía su padre y fue a abrazarlo. Armand se levantó soltando los papeles que leía con tanto interés y abrazo a Amélie.

-¡Hola preciosa!, ¿Qué tal tu paseo con tus amigos? -Armand apretujó levemente a su hija. 

-Todo bien. -Un comentario muy cortó para la emoción con la que había entrado.

Su padre detuvo el abrazo y la miró con los ojos un poco achinados. 

Severus permaneció junto al umbral, sin atreverse a avanzar más de lo necesario. Mantuvo los brazos pegados al cuerpo y la mirada baja durante unos segundos. Aquel despacho era más grande que toda la planta baja de Spinner's End. Permaneció inmóvil mientras observaba la escena frente a él, con la incómoda sensación de estar presenciando algo que no le correspondía.

-No suena tan bien...-Armand arqueo una ceja. - O simplemente hay algún muchacho que quiera robarme tu atención y por eso no me cuentas a detalle...- Mantuvo un rostro serio al decirlo, pero en cuanto acabo sonrió y se río.

Amélie comenzó a reír también -Que tonto eres...

La calidez entre ellos era casi asfixiante. Jamás había visto a un padre mirar a un hijo con un afecto tan puro y espontáneo. En su mundo, la presencia de Tobias era fuente de tensión, una sombra que se cernía amenazante con un castigo severo o una palabra hiriente. Ver a un hombre reír, verlo jugar, verlo demostrar cariño... era como observar a una especie completamente distinta. 

Sintió una punzada repentina y aguda de amargura, no hacia Amélie, sino hacia la absoluta injusticia de todo aquello. Ella lo tenía todo: riqueza, elegancia y un padre que no la hacía inmutarse cuando actuaba con demasiada rapidez. Severus fue sustraído de sus pensamientos por la voz de Amélie.

-Padre, él es Severus Snape. Me lo encontré en la entrada.-Amélie se separó un poco de Armand y se encaminó hacía Severus.

Severus sintió el impulso de retroceder, de esconderse tras la seguridad de su cabello oscuro y su expresión hosca. La presencia del hombre era imponente, irradiando esa autoridad natural que solo se consigue tras toda una vida de control.

-Es un gusto conocerte Severus. El profesor Slughorn nos habló muy bien de tí.

El padre de Amélie se acercó a él y estrechó su mano contra la de él. Tragó saliva, esforzándose por mantenerse erguido a pesar del irresistible impulso de encorvarse. No dejaría que su incomodidad se notara; no dejaría que aquel hombre viera lo fuera de lugar que se sentía.

-El gusto es mío, señor -respondió, con un tono de voz más formal y firme. Sostuvo la mirada del hombre, intentando proyectar seguridad.

-Bueno Severus, toma asiento para poder hablar del motivo por el cual estas aquí.-Armand le mostró el asiento frente a su escritorio. Amélie fue a sentarse al sofá que estaba no muy lejos del escritorio de su padre y Aramand tomó asiento en su lugar. -Amélie se unirá a Hogwarts este ciclo escolar, ella estaba inscrita en Beuxbatons. pero por cuestiones de trabajo tuvimos que venir a Inglaterra. 

Severus asintió en silencio. Aquello explicaba por qué jamás la había visto en los pasillos del castillo.

-Y aunque ambos colegios comparten muchas asignaturas, considero que sus programas no son exactamente iguales.- miró a su hija, quien veía con atención la interacción. - No quiero que llegue al inicio del curso con problemas, especialmente en Pociones.

Armand hizo una breve pausa antes de continuar.

-Ayer tuve la oportunidad de conversar con el profesor Slughorn y le pregunté si conocía a alguien capaz de ayudar a mi hija durante las vacaciones. Naturalmente, el trabajo sería remunerado. - acompleto para que no se mal interpretará.

La mirada de Severus permaneció fija sobre el escritorio.

-Tu nombre fue el primero que mencionó.

Severus levantó la vista, sorprendido. Sostuvo la mirada del hombre, intentando proyectar la seguridad de un erudito en lugar de la desesperación de un muchacho que había pasado la mañana contando sus últimas sickles.

-Nos comentó que eras uno de los estudiantes con más talento que había pasado por su clase. Que poseías una comprensión excepcional de las pociones y que, si alguien podía ayudar a Amélie a adaptarse al nivel de Hogwarts, eras tú.

Por un instante, Severus volteó hacia el sofá y Amélie le regalo un asentimiento. Miro de nuevo a Armand.

No estaba acostumbrado a escuchar elogios sobre sí mismo, y mucho menos pronunciados por un adulto. Una sonrisa leve, casi invisible apareció de un lado.

Armand observó su reacción antes de continuar.

-Así que pensé que lo mejor sería conocerte personalmente antes de tomar una decisión.

El despacho quedó en silencio durante unos segundos. Y aquella sonrisa, más parecida a una mueca desapareció.

-Dime, Severus... -preguntó Armand con tranquilidad-. ¿Te interesaría un trabajo como tutor durante el resto de las vacaciones?

Severus se sorprendió, alguien le estaba ofreciendo una salida. Era como si el universo hubiera manejado todo para que él llegará ese lugar. Había dudado de venir antes de salir de su casa, pero su intuición lo había traicionado. Luego recordó como había sentido celos por Amélie el día de ayer y ahora si aceptaba probablemente trabajaría para ella; después imagino la paga.

Sus orejas ardían. Intentó recuperar su dignidad, echando los hombros hacia atrás y adoptando su expresión más seria y académica, aunque las puntas de sus orejas seguían delatándolo, rojas como el fuego.

-Sí.-aquella respuesta sonó con urgencia. Aclaró su garganta al notar con el volumen que había salido de sus labios la respuesta. -Si me interesa. -se movió nervioso en su asiento. -Y si la joven Amélie lo permite...- Miró brevemente a Amélie, sus ojos oscuros con un raro y fugaz destello de calidez antes de volver a mirar a su padre.-Le aseguro, le garantizo que su éxito académico será impecable. Pociones es una materia que requiere disciplina, y si está dispuesta a esforzarse, le garantizo que no se quedará atrás.

Se mantuvo firme, con la mandíbula apretada, esperando el veredicto que determinaría si regresaría a las grises calles de Spinner's End o encontraría la manera de sobrevivir al próximo año.

-Me gusta lo que dices Severus y no dudo de tus aptitudes si un profesor de Hogwarts confía en ellas.-Miró a su hija-Pero...

Ese "pero" fue un punto de quiebre para Severus. 

-Me gustaría saber un poco más de ti.- Armand sintió la mirada fulminante de su hija.

Amélie se levantó de su lugar sus brazos se tensaron.

<<No de nuevo...>>

Pensó Amélie. Conocía demasiado bien aquel tono de voz.

No era una simple conversación.

Era la misma calma con la que su padre empezaba a medir a las personas, la misma que tantas veces había terminado convirtiéndose en algo mucho más peligroso y que siempre los delataban. Habían abandonado Francia precisamente porque Armand no había sabido detenerse a tiempo.

-Padre no es necesario.

Armand ni siquiera la miró.

-Solo serán un par de preguntas.

Volvió toda su atención a Severus.

-Dime... no conozco muy bien por aquí. Cuéntame más sobre ti Severus, sobre tu familia. Entenderás que esto es por seguridad.

Severus sintió que su estómago giraba.

<<No. No esa pregunta.>>

Durante un segundo imaginó decir la verdad.

"Mi padre es un muggle."

La imagen desapareció tan rápido como llegó.

Apretó con fuerza los dedos sobre la tela desgastada de su pantalón.

-Vivo en Spinner´s End... y bueno la familia de mi padre prefiere mantener un bajo perfil.-Severus vio una escapatoria a aquel interrogatorio.-Pero siendo sincero... a mí, en cambio me gustaría ser reconocido próximamente, creo tener las capacidades para ser uno de los mejores magos. 

-¿De los mejores?- pregunto curioso Armand.-Me imagino que te apasionan las pociones ¿no?

Severus dudo en decir la verdad, pero ansiaba por contar de aquello que le fascinaba.

-Son una parte... pero- miró al padre de Amélie a los ojos- tengo cierta inclinación a ciertas prácticas incomprendidas.

Amélie inclino el rostro levemente y con las cejas un poco apretadas. No había imaginado que la platica se tornará tan interesante para su padre. Miró a Armand y al ver el gusto en su rostro intuía que sus pensamientos no eran erróneos.

Era obvio que Severus hablaba de las Artes oscuras.

-¿Incomprendidas? A que rama de la magia te refieres específicamente...

Un leve brillo apareció en los ojos de ambos.

-Las artes oscuras.

Severus habló con serenidad. Amélie abrió los ojos ahora con un brillo igual de intenso como el de los dos. 

-No me interesan por ser oscuras. Me interesan porque todavía hay mucho que entender sobre ellas.

Amélie sintió que la curiosidad reemplazaba por completo la indiferencia con la que había recibido al muchacho. Ella también dedicaba parte de su tiempo libre a estudiar ramas de la magia que la mayoría prefería ignorar. Aunque por razones evidentes jamás hablaba de ello con desconocidos, encontrar a alguien de su edad con inquietudes semejantes resultaba... inesperado.

Armand permaneció callado. La sala lo estaba.

Observó al muchacho durante varios segundos, como si estuviera terminando de encajar una pieza que llevaba tiempo buscando

Una leve sonrisa apareció en el rostro del aristócrata.

-Me agrada tu forma de pensar Severus.

Armand hizo una breve pausa.

-¿Puedes empezar mañana?

Severus pensó que tal vez por haber dicho tales cosas sobre sus creencias el padre de Amélie lo echaría de casa. Tal vez un grito, un insulto. Pero por primera vez había sentido que sus palabras habían tenido un peso positivo en la opinión de alguien con poder. Tragó seco y sus ojos se abrieron levemente con emoción.

-Sí.

Armand tomó su pluma del escritorio y comenzó a escribir unas líneas sobre un pergamino.

-Perfecto.

Amélie se levantó del sofá y corrió a ver lo que su padre escribía, era un contrato. Soltó una risa; a veces su padre se pasaba un poco con las formalidades. Miró a Severus y le regalo una sonrisa. 

Severus parpadeo más de lo debido, aquello no era común para él.

Que alguien le sonriera con tanta naturalidad... eso sí era nuevo.

-Respecto a tu pago... ¿prefieres recibirlo en galeones o que me encargue de tus libros y materiales para el próximo curso en Hogwarts?

Durante un segundo, Severus dejó de escuchar.

La lista que llevaba semanas doblada dentro de su bolso acudió inmediatamente a su memoria. Había calculado el precio decenas de veces, una y otra, buscando una forma imposible de reunir aquel dinero.

No respondió enseguida.

Aquella oferta valía mucho más de lo que Armand podía imaginar. 

-Preferiría los libros y el material para el último año señor, muchas gracias.-Severus respondió con cierta emoción que no era tan vista en él.

Y así Armand cerró el contrato para que Severus ayudará a Amélie. Un trato que beneficiaría a todos los presentes.

Y que cambiaría la vida de todos.

Especialmente la de Severus y Amélie.

 

Capítulo 1 [14/07/2026]