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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-07-14
Completed:
2026-07-19
Words:
19,916
Chapters:
6/6
Comments:
15
Kudos:
348
Bookmarks:
24
Hits:
4,847

Rivales

Summary:

Habían estado en un ir y venir durante años, en un juego de miradas indiscretas en los vestuarios y roces de piel que duraban un segundo más de lo aceptable.

"—Cuando lleves a Noruega a cuartos de final, podemos hablar sobre esto, grandulón”

Bellingham había olvidado esa pequeña broma que había hecho mientras coqueteaba ligeramente con el rubio en los vestuarios, no era nada personal, solo le gustaba ver al otro alfa fuera de lugar y nervioso.

Chapter Text

En la noche antes del partido que marcaría el destino de ambas selecciones.

Jude estaba sentado al borde de la cama, solamente disfrutando del silencio en su mente mientras se distraía de pensar en lo importante que sería el partido de mañana. Un golpe seco y rítmico en la puerta lo devolvió a la realidad.

Al abrir, solo pudo mirar con sorpresa lo que encontró al otro lado de la puerta.
Erling estaba allí, con la mirada fija y una expresión neutral. Jude lo miró fijamente sin aún poder entender que diablos hacía el jugador ahí en ese momento, y más aún ¿cómo logró entrar al hotel sin ser visto?.

Y es que vamos, aunque iba vestido con una sudadera negra y un gorro, aún era imposible pasar desapercibido con sus 1,96 de altura.

—¿Puedes dejarme entrar antes de que alguien nos fotografié?—dijo Erling, su voz resonando grave en el pasillo vacío.
Jude sintió cómo el corazón se le aceleraba. Y aún sintiendo que todo esto era un sueño , se hizo a un lado para que el noruega pudiera pasar, respirando enseguida su aroma caracterizó a Sándalo con un toque cítrico,en cuanto pasó a su lado.
Al cerrar la puerta tras él, el mundo exterior —la presión, los estadios, la rivalidad y las cámaras— se desvaneció.
Esta vez no había cámaras, ni árbitros, ni compañeros de equipo. Solo quedaban ellos dos, frente a frente, después de tanto tiempo.

Jude solo miraba al alfa mientras este se acercaba y dejaba su gorro en la mesita de noche que estaba justo al lado de su cama. Justo después de dejarlo se volteó y camino hacia el mientras lo miraba fijamente, y Jude puede jurar que vio como sus pupilas se dilataban en el momento en que fue consciente de que el otro alfa solo llevaba una bata de baño que lo cubriera.

A unos centímetros de distancia, el olor de Halaand se intensificó lo que logró que el de Jude a su vez aumentará su intensidad al entender la presencia del otro alfa en su territorio como un desafío a su dominio.

—Pareces bastante sorprendido de verme—dijo el noruego bajando la voz hasta que solo se escuchó un susurro grave seguido de una inspiración violenta mientras curveaba ligeramente su boca en una sonrisa al sentir la intensidad de su olor a cacao—No entiendo porque estarías sorprendido de verme Jude, ya cumplí mi parte del trato, Noruega llegó a cuartos finales después de todo,no?. Ahora dime…¿no recuerdas lo que me prometiste?

Su mano, grande y firme, se cerró sobre la nuca de Jude, obligándolo a inclinar la cabeza. Ese contacto, junto con la intensidad del aroma de sus feromonas, provocó que un recuerdo olvidado golpeara a Jude.

De pronto, todo volvió a él de manera abrumadora: el calor después del partido, los cuerpos amontonados en el vestuario, el y Halaand frente a frente en las fichas y su voz baja en un susurro coqueto mientras le robaba la toalla al alfa rubio.
"—Cuando lleves a Noruega a cuartos de final, podemos hablar sobre esto, grandulón—“

Había sido una broma, un juego de palabras que Jude había olvidado fácilmente al estar cargado de un partido tras otro.

Pero ahí estaba Erling, real, imponente y peligrosamente cerca, reclamando una apuesta que el moreno ni siquiera recordaba haber aceptado.

Sus ojos se encontraron en un duelo silencioso. La sorpresa inicial de Jude se transformó en una chispa de desafío puro, una que encajaba perfectamente con la expresión del noruego.

—Lo recordaste —murmuró Erling, su voz un eco oscuro en la habitación, mientras su pulgar trazaba un círculo lento sobre la piel del cuello de Jude que solo lo hacían estremecer.

Jude apretó los labios, sintiendo cómo el aroma de Halaand lo asfixiaba y al mismo tiempo lo excitaba. Si no se encontrara tan abrumado y distraído con el rubio frente a el estaría entrando en pánico sinceramente.

¿Desde cuándo se excitaba con el aroma a alfa?

—Lo recuerdo —admitió Jude, con la respiración entrecortada por la cercanía del alfa—. Pero solo fue una broma de compañeros hombre, relájate.

Pese a intentar mantener un tono de voz despreocupado para restarle importancia al asunto, Erling soltó una risa baja al escucharlo, un sonido lleno de confianza que hizo erizar a Jude.

Erling no hizo caso omiso a su intento de parecer despreocupado; simplemente se inclinó hacia adelante, invadiendo el último centímetro de espacio que los separaba. Su nariz rozó la curva de su cuello, aspirando profundamente, y Jude sintió cómo el vello de sus brazos se erizaba y sus piernas temblaban ligeramente. El noruego se detuvo un instante, su aliento caliente golpeando la piel sensible de Jude, antes de que una sonrisa se dibujara en su rostro.

—Dices que es una broma —susurró Erling contra su piel, su voz cargada de burla—, pero tu aroma y tu cuerpo dicen otra cosa cariño. Si tanto te parece un chiste esto, por qué hueles así alfa?.

La mención de Erling sobre su propio aroma descontrolado —ese aroma a cacao que ahora le resultaba traicionero— lo dejó completamente expuesto. No había forma de negar la reacción de su cuerpo ante la proximidad del otro
alfa.

Jude apretó los dientes, sintiendo cómo el calor le subía por el cuello. Erling seguía allí, invadiendo su espacio, con esa sonrisa burlona que demostraba lo mucho que disfrutaba tener el control de la situación.
—¿Te crees muy listo, no? —logró articular Jude, aunque su voz sonó más como una susurro entrecortado que como un desafío. Sus manos, que antes temblaban levemente, ahora se cerraron con firmeza sobre los hombros de Erling, no para empujarlo, sino para atraerlo aún más—. Mi cuerpo reacciona a un alfa porque te consideras un desafío Erling. Es un simple instinto de dominio, no significa nada más.

Erling soltó un gruñido bajo, un sonido que vibró contra la piel de Jude que le erizó cada centímetro de piel. El noruego se separó apenas unos milímetros, lo suficiente para que sus miradas se cruzaran de nuevo, y Jude pudo ver que las pupilas de Erling estaban prácticamente dilatadas, consumiendo el iris azul.

—Pero cariño, si esto fuera instinto estarías saltando sobre mi cuello para atacarme—replicó Erling, su voz ahora era un susurro áspero,mientras se acercaba y lamía lentamente la piel caliente y achocolatada frente a él — No me vengas a decir esas estupideces para tratar de convencerte a ti mism cuando los dos sabemos que esto es personal.
La honestidad en las palabras de Erling fue el golpe definitivo. Jude sintió cómo sus defensas se desplomaban. El alfa noruego no solo estaba oliendo su excitación; estaba leyendo sus intentos de alejarlo.

Jude exhaló un suspiro largo y tembloroso, soltando la tensión de sus hombros. Ya no tenía fuerzas para seguir mintiendo.
—Entonces deja de hablar tanto —respondió Jude, con un hilo de voz que finalmente abandonaba cualquier pretensión de superioridad—. Y dime si vas a cumplir tu parte del trato o si vas a seguir torturándome hasta que sea la hora del partido.

Erling sonrió levemente y Jude apenas pudo reaccionar cuando el alfa se lanzó a por su boca y comenzó a besarlo bruscamente, el moreno gimió levemente en medio del beso mientras sus dientes chocaban en su prisa por devorarse mutuamente. La mano del noruego se cerró sobre sobre su nuca con fuerza, acercando a Jude más en un intento por consumirlo, el otro alfa tenía sus manos entrelazadas sobre el cuello de la sudadera del alfa.

El aroma de Erling estaba comenzando a marearlo ligeramente, era tan intenso que estaba saturando sus sentidos. El alfa inglés soltó otro gemido entrecortado que pareció encender aún más (si eso era posible) al rubio, que lo empujó hacia logrando que retrocediera hasta que sus piernas tocaron el borde la cama obligándolo a caer semisentado sobre la cama.

Erling se tomó un momento para observar al moreno, sus labios estaban rojos e hinchados, con restos de saliva que los hacían lucir más grandes, brillantes y tentadores, sus pupilas dilatadas y su respiración acelerada solo alternaba más a Halaand.

—No tienes idea de cuánto tiempo he esperado para hacer esto —gruñó Erling antes de besarlo de nuevo buscando desesperadamente el sabor mentolado de su aliento.

La realidad del partido de mañana, los entrenadores, las cámaras y las expectativas del mundo entero se desvanecieron por completo. En esa habitación de hotel, en esa penumbra, solo existía el hambre que ambos se tenían y la certeza de que, pasara lo que pasara en el campo, aquella noche les pertenecía.

Con un movimiento decidido, las manos grandes del noruego comenzó a subir a desatar su bata de baño, revelando la piel bronceada que se erizaba bajo su contacto, el calor que emanaba de Erling lo hacía sentir como si estuviera apunto de ser consumido por un incendio.

Sus labios bajaron, trazando una línea de besos desde la mandíbula de Jude hasta su clavícula, deteniéndose allí para succionar un pequeño moretón logrando que Jude arqueara la espalda, soltando un jadeo quebrado y frotando su erección apenas cubierta contra el muslo del alfa rubio.

—Eres tan hermoso, joder —susurró Erling contra su pecho, antes de dejar un beso marcado en el centro de su esternón, justo encima de donde el corazón de Jude martilleaba apresuradamente .

Jude, completamente abrumado, sintió que sus manos temblaban mientras se enredaban en el cabello rubio del noruego. No podía ni quería pensar en todas las razones por las que esto estaba mal. Cada caricia, cada zona de piel que Erling reclamaba con sus labios, disparaba una nueva oleada de excitación que lo dejaba al borde del colapso.

Erling volvió a subir, atrapando sus labios en un beso más profundo, más húmedo, esta vez saboreando no solo la boca de Jude, sino que también liberando la erección del moreno y envolviendo su mano grande, fuerte y ligeramente áspera alrededor de su pene, comenzando a moverla de arriba abajo con una presión asfixiante y una rapidez provocaba una sensación pura y exagerada de placer.

Jude solo gemía en medio del beso mientras dejaba que el otro alfa hiciera lo que quisiera con el.

—Mira lo húmedo que estás cariño— el alfa acarició su glande mientras apretaba su pene sonriendo al ver la cantidad de líquido preseminal que salía del alfa— Si hubiese sabido que serías así de fácil habría venido mucho antes a por ti.

Jude, con la cabeza echada hacia atrás contra el cabecero de la cama, sentía cómo su autocontrol se desintegraba con cada movimiento de Erling. El comentario del noruego, lejos de ofenderlo, actuó como una descarga eléctrica que lo encendió aún más.

Dejó escapar un gemido largo y gutural que pareció complacer enormemente a Erling. El noruego, lejos de apresurarse, se tomó un segundo para observar el efecto que sus manos tenían sobre el moreno; disfrutaba viendo cómo Jude se retorcía bajo su tacto, entregándose al placer tan fácilmente.

—Ha-hazlo más rápido por favor—jadeó Jude entrecortadamente, con la mirada nublada por la excitación.

Erling, observando la súplica en los ojos de Jude, no pudo evitar que una sonrisa se curvara en sus labios. Le encantaba verlo así: vulnerable, fuera de control, despojado de toda la arrogancia que solía lucir en el campo de juego.
—¿Más rápido? —murmuró Erling, su mano deteniéndose un instante solo para aumentar la tortura— Pero cariño, si lo hago más rápido te correras sobre mi mano en un segundo.

Sin esperar a que el moreno pudiera procesar la respuesta, Erling se posicionó entre sus piernas, su cuerpo imponente ejerciendo una presión perfecta contra el de Jude y acercando su boca al grande del moreno soplo ligerandomente sobre el observando el escalofrío que recorrió al otro alfa, y sin esperar su reacción abrió su boca y tomó toda su erección dentro seccionándola fuertemente. El gemido-grito que dejó salir Jude solo lo motivó aún más y continuó con la succión mientras que con sus manos acariciaba y apretaba sus testículos.

El moreno se sentía en el cielo, nunca en su vida había experimentado algo tan placentero, continuo gimiendo y desordenando el cabello de Halaand, mientras las chispas de placer lo obligaban a cerrar sus ojos y a arquear su espalda.

Con un movimiento calculado, usando un poco de su saliva y el líquido preseminal que Jude había producido en su excitación, el noruego introdujo acaricio lentamente su orificio ocasionando que el otro alfa se tensará levemente antes de relajarse de nuevo cuando Halaand acarició su glande con la lengua y succiono ligeramente solo esa área.

—Este orificio está tan pequeño cariño— murmuró con sus labios rojos besando la cabeza del pene de Jude—Lo has estado guardando para mi,verdad?.

La voz de Erling, ronca y cargada de una posesividad que le erizaba cada poro de la piel, terminó de quebrar la poca compostura que le quedaba a Jude. El moreno soltó un jadeo ahogado, con las manos aferradas a las sábanas hasta que sus nudillos se pusieron blancos, mientras el contraste entre el aire frío de la habitación y el calor húmedo de la boca del noruego le provocaba un escalofrío que le recorrió toda la columna vertebral.

—No... no digas estupideces —logró articular Jude, aunque su voz sonó rota.

Estaba a merced del noruego, y el hecho de que Erling estuviera estimulando tantas zonas de su cuerpo con tanta insistiendo lo hacía sentirse peligrosamente expuesto.
Erling, lejos de molestarse por la negativa, volvió a lamer la base de su pene, ejerciendo una presión suave pero firme con la lengua que hizo que las caderas de Jude dieran un salto involuntario. El alfa noruego disfrutaba cada pequeña reacción, cada temblor que recorría el cuerpo del inglés.
Con un movimiento deliberadamente lento, su dedo comenzó a profundizar en su interior lentamente.

Jude sentía cómo su cuerpo, rebelándose contra su voluntad, se preparaba para recibir al otro alfa. Sus feromonas de cacao se desbordaban, llenando la habitación con un aroma pesado que parecía encender aún más la lujuria de Erling. Jude cerró los ojos con fuerza, dejando que su cabeza cayera hacia atrás, mientras un gemido lastimero se escapaba de su garganta al sentir el primer dedo de Erling deslizarse dentro de él, estirándolo con una maestría que no le dejó espacio para la resistencia y dejando una sensación de ardor.

—Mírate... —susurró Erling contra su piel, subiendo la mirada para observar la expresión de puro abandono en el rostro de Jude—. Estás ardiendo por dentro, solo imagina lo bien que se sentirá mi verga en este pequeño agujero hambriento que tienes.

Jude no pudo responder; no tenía aire suficiente para hacerlo. Solo pudo asentir levemente, con el pecho subiendo y bajando con una velocidad frenética mientras sentía la lengua de Erling trazar círculos en el lugar exacto donde pronto sería llenado. La sensación de ser reclamado por otro alfa lo llevó a un estado de éxtasis casi insoportable, donde la única realidad era la mano de Erling y la promesa del contacto absoluto que estaba a punto de ocurrir.

La doble estimulación que estaba recibiendo impulsaron un orgasmo que lo dejo mareado mientras largas cuerdas de semen caían sobre su propio abdomen y las sábanas, su pecho subiendo y bajando con una urgencia que no le daba tregua.
Erling, sin embargo, no se detuvo. Con determinación, sus dedos continuaron moviéndose con insistencia.
El roce constante contra su glande, ahora peligrosamente sensible y en carne viva por la fricción, se volvió una tortura exquisita que superaba su umbral de tolerancia.
—Para... por favor, alfa, detente —gimió Jude, sollozando mientras intentaba apartar la mano del noruego con manos temblorosas y débiles—. Duele...joder.
Erling finalmente se detuvo, aunque no se alejó. Con una calma inquietante, comenzó a despojarse de su propia ropa. Jude lo observaba desde la cama, con la mirada perdida y el cuerpo relajado en ese estado de semi inconsciencia.
La visión de Erling, desvistiéndose con movimientos lentos y calculados, y dejando ver su piel blanca, con músculos marcados y suaves, parecía irreal a través de su vista nublada por las lágrimas.
El noruego, ya desnudo, se acercó a la cama, su presencia imponente proyectando una sombra sobre el cuerpo tembloroso del moreno. Se posicionó entre sus piernas, admirando el estado en que había dejado a Jude:, sensible y completamente a su merced.
—Mira lo que haces conmigo, Jude —susurró Erling, su voz grave y llena de una posesividad asfixiante mientras acariciaba lentamente su propia erección que reposaba sobre su vientre bajo—Te he dejado destrozado, pero apenas estamos empezando.
Jude ni siquiera tuvo fuerzas para protestar cuando sintió el peso de Erling sobre él. Estaba tan abrumado por la sobreestimulación que cada roce de la piel del noruego le enviaba descargas eléctricas, obligándolo a arquearse de nuevo, incapaz de ocultar que, a pesar del dolor y el agotamiento, su cuerpo seguía respondiendo al alfa con una desesperación ciega.
Halaand lo besó lentamente mientras abría sus piernas y se ubicaba entre ellas.

—Debería prepararte mejor pero ya no aguanto ni un segundo más sin sentirte—gruñó el alfa contra el lóbulo de su oreja mordiéndolo ligeramente.

Jude intentó enfocar la vista, pero el mareo post-orgásmico lo mantenía en un estado de duermevela. Se sintió pequeño, expuesto, pero sobre todo, poseído.
El noruego, notando cómo el moreno se estremecía ante su proximidad, se detuvo un instante para acariciar sus mejillas con sus pulgares grandes y ásperos, trazando los contornos de un rostro que había deseado ver así de destrozado desde hacía que lo conocía. Erling sabía que Jude estaba demasiado sensible por la estimulación, y por eso se tomó el tiempo de lubricar su propio pene con el rastro que el inglés había dejado en las sábanas.
—Mírame, cariño —ordenó Erling en voz baja, esperando a que el moreno conectara sus ojos con los suyos—. No voy a ser amable, pero te prometo que lo disfrutaras, quiero verte destrozado.
Sin esperar una respuesta que Jude probablemente no habría podido articular, Erling apoyó su miembro contra la entrada preparada y temblorosa del moreno. Con un movimiento decidido, comenzó a avanzar, haciendo que Jude soltara un quejido agudo y ahogado mientras sus uñas se enterraban en la espalda del noruego.
—Du-duele—solloza Jude mientras trata de alejarse de la intromisión-Detente Halaand, se va-a a romper.

Jude intentó alejarlo, pero sus manos, débiles por el orgasmo previo, apenas pudieron empujar los hombros del noruego. Erling aprovechó ese instante de debilidad para dar un empujón firme, ignorando los gemidos de dolor del moreno.

—Relájate —ordenó el alfa, suavizando el tono pero sin dejar de avanzar—. Deja de luchar contra mi, ábrete para tu alfa, bonito.

Erling se hundió unos centímetros más, obligando a Jude a arquearse mientras el inglés soltaba un grito ahogado contra el hombro del rubio.

—No llores —susurró Erling contra su oído, mientras empezaba a moverse con una lentitud castigadora que provocaba oleadas de dolor y, al mismo tiempo, unas chispas de placer—. Tus lágrimas solo me ponen más duro.

Jude lanzó un grito sordo que se perdió en la almohada cuando Erling lo penetró completamente , llenándolo de una manera que le quitó el aliento. El alfa se quedó quieto por un momento, dejando que el cuerpo de Jude se adaptara, sintiendo cómo los músculos internos del inglés se contraían alrededor de él fuertemente.

—Tan estrecho... —jadeó Erling, cerrando los ojos mientras se obligaba a controlar el impulso de embestir—. Eres mío, Jude Bellingham.

Jude sentía que su cuerpo estaba siendo reclamado por completo por el otro alfa.
Sus dedos se hundieron con desesperación en la espalda del noruego , tratando de encontrar un ancla en medio de la tormenta que Erling había desatado en su interior.

Erling, manteniendo sus caderas firmes contra las de Jude, comenzó a moverse lentamente, calculador y profundo que obligó a Jude a soltar un gemidos continuos. El noruego se deleitaba con cada cambio en la expresión del rostro de Jude.

Jude, con las mejillas húmedas y el labio inferior temblando, forzó sus ojos a encontrarse con el azul intenso de los del noruego. Erling tenía una expresión salvaje que hizo que a Jude se le cortara la respiración.

—¿Sientes eso? —susurró Erling, aumentando el ritmo de sus embestidas, haciendo que cada golpe impactara directamente contra el punto de máximo de placer dentro de Bellingham—. Eres tú, mi amor. Tu cuerpo sabe que me perteneces, recuperado siempre Jude, cada que vez que salgas con tus chicas estúpidas y cada vez que tus compañeros te abrazan y te toquen innecesariamente, recuerda que todo tu cuerpo me pertenece a mí y solo a mi.

La forma en que Erling lo llenaba, la posesividad con la que agarraba sus caderas para marcar el ritmo.

—Dilo —exigió Erling, deteniéndose apenas un instante para rozar sus labios contra los de Jude—Dilo, Jude. Dime a quién le perteneces desde hoy.
Jude se sentía abrumado por la mezcla de placer y dolor. Su aroma a cacao se volvió casi insoportablemente dulce, impregnando cada rincón de la habitación.
—Tuyo —logró susurrar, una confesión que salió de su garganta como un desgarro—. Soy... soy tuyo, Erling.
Erling soltó un rugido de satisfacción que hizo vibrar el cuerpo de ambos y, olvidando cualquier rastro de paciencia, empezó a embestir con una ferocidad que convirtió el resto de la noche en un torbellino de puro deseo y sin sentidos.

Cada embestida golpeaba el punto más profundo de Jude, obligándolo a arquearse contra las sábanas una y otra vez, mientras el sudor de ambos se mezclaba sobre su piel. Jude ya no intentaba ocultar nada; sus gemidos eran una melodía rota.
—Eso es, así, Jude... —rugía Erling, su voz volviéndose más gruesa y gutural, perdiendo cualquier rastro de compostura. Sus manos, que sujetaban las caderas del morena con una fuerza casi dolorosa, le impedían escapar de la intensidad del momento.
La conexión entre ellos se volvió eléctrica, una sobrecarga sensorial que los llevaba al límite. Jude sentía cómo su pulso latía en cada centímetro de su cuerpo, un martilleo que se sincronizaba perfectamente con el movimiento de Erling. Sus visiones se nublaban, el mundo exterior se reducía únicamente al roce, al calor y al olor a pino y cacao que saturaba el aire.
—No... no me sueltes —suplicó Jude, con los ojos cerrados, buscando el rostro del noruego mientras su cuerpo empezaba a tensarse, apunto de alcanzar el orgasmo mientras se sentía insoportablemente lleno y extasiado.

Erling respondió con un gruñido posesivo, acelerando el paso, sus embestidas volviéndose más profundas, buscando reclamar cada rincón del interior de Jude. El alfa noruego estaba al borde del orgasmo solo con el aroma de Jude y su estrechez y si a eso le sumaba la expresión del alfa y sus sonidos, estaba a punto de volverse loco, su respiración se convirtió en jadeos pesados contra el cuello del inglés buscando llenarse del delicioso aroma. La presión en su mandíbula se volvió insoportable, con una necesidad primitiva de marcar y de unirse al otro alfa.
—Vengamos juntos —gruñó Erling, y con un empujón final, más feroz que todos los anteriores, ambos alcanzaron el límite.

El orgasmo de Jude fue un choque violento que le recorrió desde la punta de los pies hasta la nuca, un espasmo largo y agudo que lo dejó temblando incontrolablemente contra el pecho del noruego. Al mismo tiempo, Erling soltó un gemido profundo, enterrando su rostro en el cuello de Jude, liberando todo el peso de su tensión mientras sus cuerpos seguían convulsionando unidos en un clímax intenso.

Por varios segundos, lo único que se escuchó en la habitación fue el sonido de sus respiraciones desesperadas y sus corazones galopando al unísono. Erling no se apartó; se dejó caer sobre Jude, manteniendo la conexión, todavía respirando profundamente contra su piel, todavía reclamándolo incluso cuando el placer comenzaba a disiparse, dejando tras de sí un silencio pesado y cargado de una intimidad devastadora.