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Lobo Domesticado

Summary:

Guillermo Ochoa estaba convencido de que, después de un divorcio amistoso, criar a un cachorro omega tan inquieto como Gilberto Mora y sacar adelante su pequeña cafetería, la vida ya no tenía más sorpresas reservadas para él.

Estaba equivocado.

Porque el nuevo vecino no solo resulta ser el profesor de su hijo, sino también un alfa demasiado atento, demasiado amable... y demasiado decidido a conquistar al omega que le robó el aliento desde el primer vistazo.

Tras el fracaso de su relación, Memo prometió que nadie volvería a entrar en su corazón, su prioridad era Gilberto, su cafetería y la tranquila vida que tanto esfuerzo le costó construir.

Pero Acevedo no busca ocupar el lugar de nadie, solo quiere ganarse un espacio en esa pequeña familia, demostrarle a Memo que el amor también puede llegar sin prisas y convertirse en la razón de esa sonrisa que aparece cada noche, justo antes de cerrar la puerta de casa.

Porque enamorar a un omega nunca ha sido sencillo.

Pero enamorar a un omega que ya encontró su hogar... significa convencerlo de que nunca es tarde para una nueva oportunidad

Notes:

Me pidieron este fanfic y amé la idea desde el primer instante pero no estaría completa sin Julián y Raúl, si tienen algún otro ship al que les gustaría ver por aquí son libres de comentarlo :)

Chapter 1: Alfa enamorado termina atarantado

Chapter Text

Guillermo terminó de limpiar la mesa cuando Raúl entró cargando un ramo fresco de rosas y gerberas. 

El omega colocó las flores con cuidado sobre la barra del comedor, ajustando los tallos como si fueran lo más importante del día.

—Estas van a quedar bonitas aquí, junto a la ventana irán los girasoles–dijo Raúl con esa sonrisa tranquila que siempre tenía—Morita los adora y le prometí que le traería más si se portaba bien en la escuela–

Para Memo, el divorcio había sido un poco difícil al principio pero entre su hijo y Raúl había logrado encontrar un poco de equilibrio y paz.

—Te dejo un ratito, voy por Morita a la escuela, no tardo–murmuró Memo, mirando el reloj mientras apresuraba el paso.

El camino a la primaria era corto y se sentía tan familiar, Memo caminaba con las manos en los bolsillos, pensando en qué hacer de cenar.

Al llegar al patio, los niños empezaban a salir, buscó con la mirada a su cachorro de nueve años y lo vio corriendo hacia él, con la mochila rebotando y las mejillas sonrojadas por el calor.

—¡Papá!–gritó Morita, lanzándose a abrazarlo.

Memo lo levantó un momento, inhalando ese olor dulce a omega pequeño que siempre lo calmaba—¿Cómo te fue hoy, campeón?–

Antes de que Morita pudiera responder, una voz amable y desconocida interrumpió al pequeño—¡Gil, espera! Olvidaste tu botella de agua en el salón–

Memo levantó la vista solo para encontrarse a un alfa a su vuelo, de cabello oscuro ligeramente despeinado por el viento del patio, sostenido por una banda negra que se acercaba con una botella en la mano, su aroma llegó casi al instante, olía a canela con café, justo como un café de olla.

—Gracias–dijo Memo tomando la botella y entregándosela a su hijo sin prestarle tanta atención al hombre frente a él.

Carlos Acevedo lo miró un segundo más de lo necesario, el omega frente a él tenía una presencia tranquila, casi cansada, pero cargada de una calidez que lo tocaba directo en el pecho, sus ojos cafés eran tan bonitos que sentía la necesidad de suspirar y ese tenue aroma a vainilla hizo que su instinto alfa se removiera. 

Sintió un flechazo limpio, profundo, de esos que no se ven venir y es por eso que se vuelven más irrevocables.

—Soy Carlos Acevedo, el nuevo profesor de educación física–se presentó extendiendo la mano con una sonrisa natural—Gilberto es muy bueno en los juegos, tiene mucha energía–dice sonriente en busca de alargar la plástica 

Memo estrechó la mano brevemente—Guillermo Ochoa, su papá, gracias por devolverle la botella, Morita, despídete—le pide al cachorro con rapidez después de sentir su celular vibrar sabiendo que probablemente Raúl no encontró a uno de los gatos.

—Adiós, profe Carlos–dijo el niño con entusiasmo— ¡Mañana jugamos fútbol!–

Carlos sonríe, chocando los cinco con el niño pero sus ojos seguían fijos en Memo—Fue un gusto conocerlo, Guillermo, que tengan buena tarde–

Memo se despide con una media sonrisa educada para después tomar la mano de su hijo, sin darle más vueltas al asunto, para él, Acevedo era solo el profesor nuevo de su cachorro, ya tendría tiempo en alguna junta para conocerlo mejor.

Al entrar al departamento, Raúl estaba acomodando un nuevo ramo de flores en un jarrón junto a la ventana, eran unos girasoles tan bonitos que llamaron la atención de Gil al instante.

—¡Raúl!–gritó Morita y corrió hacia él, quien lo recibió con un abrazo fuerte y lo sentó en la barra de la cocina, como siempre.

—¿Qué tal la escuela hoy?–pregunta y Morita empezó a hablar sin parar mientras Raúl fruncía el ceño al recordar que originalmente estaba buscando a uno de los gatos que por accidente se había escapado.

—El profe Julián nos dejó una tarea para Ciencias Naturales, tenemos que germinar un frijol en algodón y agua para ver cómo crece la planta, dijo que es para aprender el ciclo de la vida y que lo cuidemos todos los días ¡Voy a poner el mío en la ventana de mi cuarto!–dice el cachorro con entusiasmo

—Obvio voy a ayudarte, a tu papá se le mueren hasta los cactus–dice con diversión sin entender muy bien cómo habían terminado con más jarrones y flores que platos y cubiertos.

Memo observaba la escena sonriendo con ternura al ver a su hijo tan emocionado ya Raúl tratándolo como si fuera suyo.

Ellos siempre serán su familia y no necesitaban nada más.

—Hueles a café–dice Raúl con curiosidad, mirando a Memo de reojo

—Así huele el profe Carlos–respondió Morita con el gato blanco entre manos que tanto buscaba el mayor—Es divertido y corre mucho, se le quedó viendo a papá cuando fue por mi–

Memo se encogió de hombros ligeramente restándole importancia—Parece buena persona, solo lo vi un momento cuando fui por Morita, no es nada del otro mundo—insiste bajo la atenta mirada entrecerrada de Raúl.

Por su parte, aún en la escuela, mientras guardaba el material deportivo, Carlos se quedó un momento sentado en el pasto del patio, el encuentro había sido breve, casi insignificante para el omega, pero para él había sido suficiente.

Ese bonito aroma a vainilla y canela se le había quedado pegado, la forma tranquila en que Guillermo cuidaba de su hijo, la calidez contenida en su mirada, la naturalidad con la que había seguido su camino sin prestarle más atención… todo eso lo había dejado completamente flechado.

Sonrió para sí mismo, sacudiendo la cabeza, como alfa, supo reconocer cuando algo lo movía de verdad y Guillermo Ochoa acababa de hacerlo.

—¿Tan rápido te enamoraste?–le pregunta Julián sacándolo de sus pensamientos 

—Tu que sabes de amor–suspira Acevedo haciendo que el alfa pusiera los ojos en blanco

Esa misma noche, al regresar al edificio de departamentos donde acababa de mudarse, Carlos subió las escaleras cargando una última caja, al llegar al segundo piso se detuvo un instante, el departamento de al lado tenía un aroma familiar que se escapaba por debajo de la puerta.

Sonrió de nuevo, más grande esta vez.

El destino, al parecer, tenía sus propios planos.