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Language:
Español
Stats:
Published:
2013-09-29
Completed:
2013-12-08
Words:
84,145
Chapters:
12/12
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147
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193
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4,904

Vacaciones inesperadas

Summary:

DRARRY

La vida es un caos y lo que creen que los puede ayudar solo les hace más daño.

Harry y Draco coinciden por accidente en una de las islas más paradisíacas del mundo, y las consecuencias de ese encuentro serán inesperadas…

Chapter Text

 

I

 

“Harry Potter es suspendido de los Chudley Cannons por 3 semanas”

El día viernes Harry Potter fue sorprendido, nuevamente, en un local de fiesta a las cinco de la mañana, con signos de haber ingerido alcohol (y no sabemos si otras sustancias) y en compañía de un par de chicos en igual o peor condición que él. Supuestamente Potter habría escapado de las instalaciones de los Chudley Cannons, donde el equipo estaba concentrado, preparándose para el partido que tienen que enfrentar contra Wanderers Wigtown, líderes de la liga de Quidditch de este año.  

 

Como es sabido, el rendimiento de Potter en los últimos meses (aunque consideramos que desde hace más de un año) ha bajado vertiginosamente; nadie niega que sea un jugador extraordinario, tal vez eso es lo que más molesta a Virgilio Lloyd, entrenador de los Chudley Cannons (y quien llevó a cabo toda la negociación para contratar a Potter cuando este terminó la escuela, hace cuatro años), que Potter esté desperdiciando su talento por vivir lo que él mismo denomina “la vida loca”. 

 

Particularmente, y es mi pensamiento, vemos que Potter no es más que otro muchacho descarriado al que la fama se le ha subido a la cabeza. Desde que se ofreciera para participar en el torneo de los tres magos, con solo doce años, podíamos ver venir esto. Que es un héroe que merece ser honrado por habernos librado de ya-saben-quien es cierto, pero tal vez la falta de padres y autoridades durante su formación escolar han hecho que este muchacho piense que finalmente puede hacer lo que quiera sin recibir ninguna reprimenda. El castigo de su entrenador es todo un ejemplo de alguien que no se deja amilanar o deslumbrar por su fama.  

 

“Hemos hablado largo y tendido con él y sabe que no le daremos más oportunidades, hemos dejado pasar antes algunas cosas, pero todo tiene un límite y él lo ha sobrepasado”, declaró el entrenador Lloyd a este diario. 

Por su lado, Harry Potter ha desaparecido desde el día de ayer; “probablemente esté en su departamento meditando seriamente lo que ha hecho y buscando la manera de reivindicarse”, dijo la presidenta del club de Fans de los Chudley Cannons: Melissa Scott.  

 

En tanto los Chudley Cannons se quedan sin su buscador estrella por tres semanas, tiempo en el que tendrán que enfrentar tres partidos importantes. ¿Estará Potter animándolos desde las gradas o metido en alguna discoteca festejando el tiempo libre?  

 

Ya lo veremos…  

 

Rita Skeeter

 

 

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Harry abrió los ojos cuando escuchó sonidos similares a unos golpes en la puerta. Se giró un poco y se encontró con el cuerpo de un chico desnudo a su lado.  

 

—Ah… Kenny —susurró, recordando algo de lo pasado la noche anterior.  

 

El sonido se repitió con más insistencia y Kenny se removió un poco, mientras Harry saltaba de la cama y buscaba algo con qué cubrirse, siendo al fin consciente de lo que pasaba.  

 

—Es temprano —gruñó Kenny, tapándose con las mantas hasta la cabeza —, ¿por qué golpean así?  

 

Harry se rascó la cabeza ausentemente.  

 

—Son las tres de la tarde —respondió luego de un momento —, y debe ser mi abogada… duerme, ahora mismo hago que se detenga.  

 

Kenny murmuró algo y se acurrucó más dentro de las sábanas.  

 

Harry levantó unos pantalones vaqueros del piso y les dio una rápida mirada, no parecían tan sucios, se los puso y al salir cerró la puerta de la habitación. No quería que Kenny escuchara lo que seguía a continuación.  

 

Tomó una bocanada de aire, su cabeza aún daba un poco de vueltas y se sentía enfermo. Abrió la chimenea y una muy furiosa Hermione, seguida de un sonrojado Ron, pareció, traía entre las manos un diario y Harry reconoció su imagen en la portada.  

 

—Chicos, qué agradable sorpresa —masculló Harry, retrocediendo un poco cuando Hermione estampó el diario contra su pecho.  

 

—¿Qué hay, compañero? —preguntó Ron casi en un susurro, Ron tendía a hacer eso cuando Hermione estaba demasiado molesta como para admitir cordialidades.  

 

Harry se encogió de hombros mientras Hermione daba una mirada alrededor.  

 

—¿Cuándo pensabas decirme esto? —increpó Hermione, girando hacia él. Harry retrocedió un paso y Ron, tal vez por miedo aunque no fuera culpable, lo hizo también.  

 

—¿Te refieres a la suspensión? 

 

—No, Harry —replicó Hermione con los dientes apretados —me refiero a tu gusto por los chocolates.  

 

—Bueno, en realidad he descubierto que los chocolates amargos…  

 

Ron negó con la cabeza lentamente. 

 

—¡Harry James Potter! —gritó ella, interrumpiéndolo y haciéndolos saltar a ambos —, esto no es un chiste. Tu contrato de trabajo está en juego por esto, ¿acaso no fui lo suficientemente específica contigo la última vez?  

 

—Pero, Hermione, ¡es aburrido estar allí descansando y no haciendo nada! y…  

 

—¡Y nada! —negó ella —, no sé qué demonios te pasa, he tratado de ser muy paciente contigo, de verdad que sí, pero esto… Esto es…   

 

Harry arqueó una ceja, ¿paciente? Sí, claro, ¿qué más? 

 

—Harry —le dijo Ron cuando Hermione se quedó sin palabras —, Hermione tiene razón, todo tiene un límite y tú pues… estás pasándote.  

 

—¿Pasándome? —Harry negó con la cabeza —, solo me estoy divirtiendo un poco, tengo derecho a hacerlo.  

 

—Nadie dice que no —habló Hermione —, hay fines de semana libres, ¡tienes hasta semanas enteras sin tener que jugar!, ¿por qué no puedes quedarte en donde te dicen cuando tienes la responsabilidad de hacerlo? 

 

—Es que…  

 

—Escúchame bien, Harry, he tenido una larga y tediosa reunión esta mañana con mucha gente, primero los del club: ellos están dispuestos a cancelar tu contrato en este mismo momento…  

 

—Pero dijeron que me suspenderían, no que terminarían con mi contrato.  

 

—Eso dijo el entrenador, pero el área legal está considerando que eres demasiado costoso para ellos, sobre todo por la publicidad negativa.  

 

—¿Me van a sacar? —preguntó Harry, sentándose en el sofá y mirando hacia el titular con más seriedad.  

 

—Aun no, después de una larga conversación, hemos llegado a un acuerdo. Si te ves envuelto en cualquier escándalo más, cualquier escándalo negativo que implique fiestas, alcohol, que te detengan o algo que dañe la imagen el equipo, terminarán tu contrato y serás demandado ante el Wizengamott no solo por incumplimiento de contrato sino también por perjudicar al club y su imagen.  

—Cretinos —negó Ron, sentándose junto a Harry —, después de todo lo que les has hecho ganar.  

 

—Eso no importa, no para ellos al menos, solo lo mal que se ven ahora con sus jugadores escapando y juergueando cuando deberían estar tratando de mejorar su juego.  

 

Harry le dio una mirada incrédula a Hermione, que negó con la cabeza antes de continuar.  

 

—Ellos te demandaran por una gran cantidad de oro, creo, si no me equivoco, que es superior a la que tienes en tu cámara de Gringotts; y no solo eso, los auspiciadores tampoco están contentos, amenazan con quitarte los contratos si es que surge algún problema más…  tendríamos el mismo problema de demandas que con el Club. Para cuando esto acabe, no importa que ganes o pierdas, no habrá ningún club en el país que te quiera contratar. Es más, Las Flechas de Appleby han escrito y dicen que retiran su oferta de contrato… 

 

—¿Ibas a firmar para ellos? —preguntó Ron, de manera brusca.  

 

—Solo era para mejorar el contrato del año que viene —garantizó Harry.  

 

—Pues ni eso quedará si no te concentras y dejas de… —Hermione dejó de hablar de pronto, observando el torso desnudo de Harry y luego las dos camisetas en el piso, camino a la habitación; como si todo encajara finalmente, sus mejillas se tornaron rosadas, mientras sus ojos empezaban a brillar con furia.  

 

—Hermione… —intentó explicar Harry, pero ella no lo dejó.  

 

—Te fuiste de fiesta anoche.

 

—Es que…  

 

—Ellos te suspenden, ¿y para meditar te vas de fiesta?  

 

—Igual y hoy no tenía que ir a entrenar y pensé que…  

 

—¡Merlín! —jadeó Hermione, Harry se preocupó porque nunca la había visto tan sonrojada y alterada —, dime que no te tomaron fotografías o…  

 

Y en ese momento un sonido dentro de su túnica la hizo saltar. Era un aviso de su oficina.  

 

Harry se encogió un poco más en su sitio y cuchicheó con Ron acerca de a donde había ido la noche anterior y de que no estaba seguro de que no le hubieran tomado fotografías, mientras Hermione se inclinaba en la chimenea para contactar con su oficina.  

 

—Señorita Granger —dijo la asistente de Hermione —están aquí unos periodistas y quieren saber si hay alguna declaración acerca de la… desenfrenada— dijo con fastidio —fiesta en la que estuvo el señor Potter, en “El Elfo Desquiciado”, donde bailó hasta casi el amanecer con un par de chicos, con los cuales salió sin rumbo conocido… Hay imágenes.  

Harry cerró los ojos y se preparó para ser el objeto de la furia de su abogada y mejor amiga, aunque se preguntó dónde habría quedado Ben, el otro chico con el que Kenny y él habían estado bailando y con el cual salieron de la discoteca. 

 

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Draco miró una vez más hacia la información que tenía sobre su escritorio. Delante de él, el detective que había contratado lo observaba un poco nervioso.  

 

—¿Cuándo parten? —preguntó Draco mientras seguía pasando los pergaminos.  

 

—Esta noche, señor —el detective señaló hacia uno de los pergaminos —, a las diez de la noche; compraron primera clase, por lo que no tienen que ir a la estación de trasladores; partirán desde casa.  

 

—Entiendo…  

 

—También revisé los movimientos bancarios… es el señor Milo quien se encargó de hacer todos los trámites.  

 

—Comprendo —Draco cerró la carpeta y agitó una mano —Te puedes marchar, el oro estará en tu cuenta en unos minutos.  

 

El hombre pareció dudar un instante, antes de asentir y retroceder.  

 

Solo cuando el hombre por fin cerró la puerta de la oficina, Draco soltó el aire y se dejó caer en el respaldo de su silla, mirando al techo unos instantes antes de abrir nuevamente la carpeta.  

 

Milo y Nick se veían bastante contentos, tomando un desayuno tardío en una de las cafeterías más caras del Londres mágico.  

 

Algo en su pecho se agitó y tuvo que cerrar la carpeta para no sentirse peor.  

 

Milo le había dicho que él y Nick se separarían. Draco y Milo habían hecho planes sobre vivir juntos y viajar luego del divorcio, pero entonces… unas semanas después, le decía que tal vez debería tomarse las cosas con más calma, que terminaría con Nick, pero que aún le tomaría un poco más de tiempo.  

 

Draco no le había creído y le había exigido que deje a Nick en ese instante o sino todo terminaría entre ellos. Y el muy miserable había osado dejarlo.  

 

Nadie nunca dejaba a Draco Malfoy.  

 

Tal vez esa era la razón por la que había dolido tanto.  

 

Sin detenerse a pensarlo, se puso en pie y llamó a Olivia, su secretaria.   

 

—Un traslador sin fecha de retorno, primera clase, para Jost Van Dyke, para esta misma noche —pidió, sin levantar la mirada.  

 

—Claro, señor… —la muchacha dudó un instante y Draco levantó una ceja —, es solo que mañana… hay una junta con su padre y unos inversionistas italianos…   

 

—Ya se encargará mi padre de todo, le avisaré antes de irme —mintió Draco.  

 

—De acuerdo, señor —asintió la chica, antes de salir.  

 

Draco siguió observando la fotografía en donde Milo y Nick aparecían tomados de la mano sobre la mesa del fino restaurante y algo se revolvió en su estómago.  

 

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—¿No están siendo un poco exagerados? —preguntó Kenny, mientras observaba a Harry ir y venir por toda la habitación.  

 

—Pienso que un poco, sí, pero no me queda de otra, no puedo dejar que me demanden y todas esas cosas que dice Hermione.  

 

Kenny frunció el ceño y miró alrededor. 

 

—¿Y de verdad piensas que yendo a Italia todo será mejor?  

 

—No lo sé.  

 

—¿Y qué harás allá? —preguntó Kenny mientras le pasaba un par de pantalones oscuros que estaban sobre la cama.  

 

—Ni idea, Hermione quiere que me quede con una amiga suya, de la universidad, ahora vive allá, está casada y tiene dos niños. 

 

—En Italia hay muchas discotecas…  

 

—Sí, pero seguro que Hermione me manda a vigilar, le encanta hacer eso.  

 

—No deberías dejar que haga eso, es decir, es tu amiga y todo lo que quieras, pero… controlar así tu vida.  

 

—Supongo que solo trata de ayudar —replicó Harry, cierto que no le gustaba que Hermione controlara su vida, pero tampoco le gustaba que nadie se metiera con ella.  

 

—En todo caso, si lo que quieres es irte de aquí por lo que dura tu castigo, deberías intentar con otro sitio diferente, donde puedes pasarla genial y nadie te moleste o vigile.  

 

—¿Queda en este planeta? —preguntó Harry, mientras trataba de recordar si le habían dicho que lleve ropa abrigada o si es que no era necesario que lleve ropa abrigada. 

 

—¿Por qué no vas a Jost Van Dyke? —Kenny, al ver la cara de desconcierto de Harry, frunció el ceño —, son las islas vírgenes británicas —Harry arqueó una ceja y Kenny puso los ojos en blanco —, son cuatro islas y quedan en el Caribe, una de ellas, Jost Van Dyke es casi completamente mágica, las otras tres tienen algunos negocios mágicos, pero no tantos… El tema es que allí puedes ir y nadie te molestará, es un lugar que tiene como regla no dejar que lo que pasa allí se sepa. Además siempre hace calor, es juerga todo el día.

 

—¿Te refieres a que es un lugar de juerga y además reservado? 

 

—Bueno, también puedes hacer otras cosas, pasarla genial en la playa, desayunar frente al mar, ver el amanecer y el atardecer, bucear… en fin, muchas cosas más relajantes que solo ver correr a los dos niños de la hija de tu amiga.  

 

A Harry le tomó medio segundo decidirse.  

 

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Harry fue recibido en el lobby de un hotel que parecía bastante rústico; el olor a mar se sentía desde el primer instante, así como el sonido de las olas golpeando suavemente.  

 

Una mujer vestida con una falda diminuta y una camiseta ajustada salió del mostrador para recibirlo, sonriendo de oreja a oreja, le dijo en un inglés que a Harry le sonaba raro, que era bienvenido al Hotel “Costa Sol”, mientras que con un pase de varita hacía que sus maletas desaparecieran. Un chico bastante guapo apareció entonces por una de las puertas con un azafate y una bebida que parecía, de solo verla, extremadamente dulce. Aunque a Harry le gustó más la sonrisa que le dio el chico, en tanto la chica le indicaba cuál sería el número de su habitación y le daba varios folletos sobre las diversiones que podría encontrar tanto de día como de noche.  

 

—Iré a tomar una ducha y luego… —Harry miró los folletos, una gran fila de discotecas se extendían por todo lo largo de la playa, habían muchas que tenían nombres prometedores. Sonrió con satisfacción y enrumbó a su cuarto, no quería perderse la primera noche de diversiones; aunque claro, primero tendría que avisarle a Hermione.  

 

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—¿Qué quiere decir cambio de planes? —gritó Hermione, observando la cara de Harry en la chimenea. 

 

—No quería incomodar a tu amiga y…  

 

—¿Has ido con algún chico?  

 

—No, mis amigos tienen que trabajar y yo prefiero estar solo. Además, solo me quedaré una semana; luego pienso hacer lo que me dijiste, ir al gimnasio del Club y que vean que estoy entrenando pese a la suspensión y eso.  

 

—¿Y exactamente dónde te quedarás? 

 

—La conexión flu aquí es mala, Hermione —Harry se movió un poco —, salúdame a Ron, nos vemos en una semana.  

 

Hermione entrecerró los ojos mientras Harry desaparecía.  

 

—¿Qué pasó? — preguntó Ron, entrando a la sala mientras mordía una manzana.  

 

—Tu amigo hará que pierda la cordura —rumió Hermione.  

 

—Pensé que era tu amigo también, ¿no dijiste que hasta lo querías como a un hermano? —Ron se sentó en el sofá y la jaló de una mano.  

 

—No lo sé, Ron, creo que aquella fue una afirmación demasiado apresurada porque nunca he tenido hermanos y al paso al que vamos, terminaré matando a Harry.  

 

—No seas tan drástica, Harry seguro que no hará nada malo —le dijo él, abrazándola un poco, ella se relajó entre sus brazos y Ron deseó, de corazón, que Harry no hiciera nada estúpido esta vez.  

 

—Sí, tienes razón —asintió Hermione, suspirando profundamente —, Harry no hará nada malo esta vez.  

 

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—¿Es que acaso has perdido lo poco de razón que te quedaba? —increpó Theo, mientras agitaba las manos.  

 

—No entiendo a lo que te refieres —negó Draco, mientras seguía metiendo cosas en la pequeña maleta.  

 

—Sabes perfectamente de lo que hablo —Theo metió la mano a la maleta y sacó un traje de baño bastante diminuto —¿Es en serio? 

 

—¿Qué? —preguntó Draco quitándole la prenda de las manos —, no me haría daño un poco de sol.  

 

—Tú odias el sol. 

 

—No es cierto.  

 

—Sí, sí lo es, igual que odias la arena y a Nick, por eso vas a ir a arruinarles el paseíto romántico.  

 

—Yo no arruino nada. Ni siquiera sabía que estaría allí.  

 

—¡Por Merlín, Draco! —escupió Theo, levantando las manos y caminando hacia la puerta. Draco se preguntó si es que se terminaría dando de golpes contra la pared o algo así.  

 

—Theo, en serio que te estás volviendo un poco dramático.  

 

—Nunca pensé ver a Draco Malfoy, quien tronando los dedos puede conseguir a quien quiera, arrastrado por un tipo que está enlazado y que además lo ha rechazado.  

 

Draco se sonrojó un poco y se metió al baño a sacar los implementos de aseo que podría necesitar para evitar ver a su amigo.  

 

—Eso no es cierto.  

 

—¿Qué parte? —increpó Theo, entrando al baño y observándolo a través del espejo, —¿qué te vas persiguiendo a Milo? ¿Qué te rechazó? ¿Qué está enlazado?  

 

—No es mi culpa que Milo quiera tener algo conmigo —argumentó Draco, tomando sus cosas de aseo y volviendo a la habitación —, tampoco que esté cansado de su enlace o que sea infeliz con Nick.  

 

—Draco —Theo detuvo el andar de su amigo tomándolo de un brazo y haciéndolo girar para verlo a los ojos —, eres demasiado bueno como para él; eres mejor que todo eso.  

 

—Theo…  

 

—Yo sé que duele cuando te terminan y que no estás acostumbrado a ello, pero debes superarlo. Ir a buscar arruinarles el fin de semana no es la forma de superarlo.  

 

Draco entrecerró los ojos. 

 

—Milo estaba a punto de dejar a Nick para quedarse conmigo; algo pasó, algo debió haber sucedido para que sea obligado a permanecer junto a alguien que no ama.  

 

—Dudo mucho que Milo pueda amar a alguien alguna vez —respondió Theo, con tono duro.  

 

Draco lo miró con rabia y se soltó.  

 

—Gracias por tu consejo. Ahora quiero que te vayas porque tengo muchas cosas que hacer.  

 

Theo observó a Draco por un instante y suspiró vencido.  

 

—Por lo que más quieras, no vayas o te vas a arrepentir.  

 

Draco ni siquiera lo miró y continuó empacando.  

 

—De acuerdo, como quieras, pero no digas luego que no te advertí.  

 

Theo se fue y azotó la puerta de la habitación al salir. Draco no perdió ni un instante en pensar en lo que su amigo le decía, terminó de empacar, tomó el traslador y salió rumbo al jardín para evitar que las protecciones de la Mansión afectaran el traslado.  

Ya en el jardín, Draco se puso el maletín al hombro y tomó el traslador que le había dado su secretaria; por aburrimiento levantó la tarjeta que venía con el traslador en forma de moneda con el logo del Ministerio. 

 

-Se pide al “trasladado” que se ciña a los horarios establecidos, el traslador no acepta ninguna demora.  

-El traslador es inmune a hechizos de duplicidad, triplicidad y cualquier otro que intente replicarlo. 

-Los hechizos que tiene el traslador son de un solo uso y rastreables.  

-El traslador está creado para la cantidad de pasajeros solicitado (indicado en el reverso de esta tarjeta), el intentar cargar más magos o brujas generará serias consecuencias que van desde el que nadie, ni siquiera el número pagado, se traslade, hasta escindirse y daños severos.  No hay reembolso en cualquiera de estos casos.

-El servicio de trasladores UK-Magic no se responsabiliza por ningún daño generado en el equipaje al no acatar las normas de uso del Traslador internacional de Primera Clase.  

Que tenga buen viaje y no olvide comprar con anticipación su retorno de ser necesario.

  

 

—Realmente tienen poca imaginación para escribir instrucciones —murmuró Draco, un instante después el traslador emitía la luz azul que indicaba que en treinta segundos se activaría.  

 

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Draco abrió los ojos cuando sintió que su cuerpo dejó de moverse, por un instante, como siempre que tomaba trasladores internacionales, se sintió desubicado, pero la señorita, con una sonrisa radiante, que le extendía la mano para saludarlo, lo ayudó a reaccionar. 

 

—Bienvenido, señor Malfoy, qué agradable es tener su visita durante estos días —le dijo la mujer, hablando rápidamente —, Omar se encargará de sus cosas, sírvase una copa mientras se registra —insistió la mujer, mientras un hombre vestido de blanco acercaba una bandeja con una copa que contenía un líquido blanco con pedazos de piña alrededor.  

 

—No, gracias —negó Draco a la bebida y esta, junto con el azafate, desaparecieron inmediatamente.  

 

—¿Alguna bebida o comida que desee entonces? 

 

—No, ninguna, solo deseo ir a mi habitación, gracias —replicó Draco con un ligero dolor de cabeza, pese a los muchos viajes que hacía, no era bueno viajando largas distancias, lo bueno era que esta vez podía descansar antes de ponerse en movimiento.  

 

—Por supuesto, por supuesto —aunque era un poco cruel, a Draco le parecía fascinante la forma en que la gente se ponía cuando no podían complacer a alguien que tenía demasiado oro —, lo llevaremos a su habitación inmediatamente. Encontrará que tenemos además en el botiquín del baño un surtido de pociones para todos los males ocasionados por viajar.  

—Genial, pero traigo mis propias pociones —masculló Draco. La señorita que lo atendía pareció perder el ánimo ante su respuesta, pero igual mantuvo la sonrisa mientras se perdía de vista.

 

Su habitación era amplia, con ventanas grandes y cortinas pesadas, que se abrían con solo un toque en la pared. Desde su ubicación, el pent-house, podía ver toda la playa y parte de otra isla en frente. La isla en la que Milo y Nick se hospedaban. El mar se movía suavemente y de haber sido otra la situación, hasta le habría parecido interesante.  

 

—No cenaré, que nadie me moleste hasta mañana —le dijo Draco a Omar, que había dejado las maletas en el centro de la habitación e iba abriendo las puertas que daban al baño, a la habitación y al comedor.  

 

—Sí, señor, como usted diga.  

 

Draco esperó a que el hombre se fuera para cerrar todas las cortinas, con un pase de varita ordenó sus cosas y se quitó la ropa. Un buen baño y una noche de sueño era lo que necesitaba.  

 

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Harry tomó de un solo trago la copa de whisky que había pedido, reconociendo que no era tan bueno como el que vendían en Inglaterra y luego pidió una botella de cerveza helada. Hacía demasiado calor y él no estaba tan acostumbrado. Además la temperatura se incrementaba con los cuerpos semidesnudos que se movían a un solo ritmo en medio de la discoteca.  

Dio dos tragos a su cerveza y caminó con calma hasta colarse entre los cuerpos calientes; pronto estuvo bailando al ritmo de la música electrónica, mientras se refregaba contra uno que otro cuerpo.  

 

Nada diferente a estar en Inglaterra, pero con la diferencia de que aquí no lo perseguirían los medios para tomarle fotografías. Era un alivio que la fama no pesara tanto allí. O eso creyó.  

 

—¿Oye, tú no eres Harry Potter? —dijo una voz a su espalda, Harry giró y sonrió un poco petulante; si bien no le gustaba que la gente se le acercara por su fama, eso no se aplicaba a cuando quería follar.  

 

—Sí, ese mismo soy yo —asintió Harry.  

 

—¿No se supone que deberías estar en casa descansando para ver si este año haces que los Chudley Cannons se lleven la copa? —le increpó el chico; a Harry le pareció que ya no se veía tan guapo.  

 

—Estoy suspendido —replicó Harry, alejándose un poco, mientras el chico hablaba con dos chicos más y lo señalaba; los tres negaron con la cabeza.  

 

—Malditos entrometidos —rumió Harry. Pensó que lo mejor era irse hacia el otro lado de la discoteca.  

 

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Draco, pese a querer descansar, se había despertado a las cuatro de la mañana, y  había sido imposible volver a dormirse. 

 

Había caminado descalzo por el pent-house y se había instalado en la sala, había abierto las cortinas de par en par y había observado como el cielo iba cambiando de color. Su mirada estaba fija en el hotel que quedaba en la isla de enfrente, donde Milo y Nick dormían y por primera vez se preguntó si es que no estaría yendo demasiado lejos con el tema de Milo. Pansy le había dicho que estaba obsesionado. Que la bronca que le tenía a Nick había hecho que viera las cosas de manera desproporcionada.  

 

El cielo terminó de aclararse y todo se volvió luminoso y caliente. Normalmente no le gustaba el sol, pero en ese momento, viendo la playa, le pareció que no era tan desagradable en realidad.  

 

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 Harry caminó balanceándose por el pasillo, mientras tarareaba una canción que había escuchado en la discoteca, por primera vez en tiempo se regresaba solo después de una noche de fiesta. En el fondo se sentía demasiado desanimado por ello, pero quería creer que eso no lo afectaba para nada de nada.  

 

Empujó la puerta y tardó un poco más de la cuenta en abrirla, un hombre anciano asomó por una de las puertas y le dio una mirada desaprobatoria.  

—¿Qué? —increpó Harry, mirándolo de mala manera también —¡Estoy suspendido! Eso quiere decir que puedo hacer lo que se me venga en gana —dijo en voz alta, y antes de que el anciano contestara, se metió en su habitación, azotando la puerta.  

 

Se lanzó sobre la cama sin siquiera intentar quitarse la ropa y quedó privado casi inmediatamente. No había sido una buena noche.  

 

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Draco caminó por la arena, sintiendo extraña aquella sensación en sus pies. Por un lado habían parejas y personas solas tumbadas en la arena, sobre toallas o camillas, disfrutando del sol; también habían niños corriendo por todos lados, gritando y riendo mientras sus hombros se ponían rojos. Draco esperó que el hechizo de camuflaje no le fallara mientras seguía avanzando; era casi medio día y le había costado mucho encontrarlos, pero al fin los vio, con las manos entrelazadas, dormitando sobre dos camillas bastante pegadas, con sus diminutos trajes de baño, la sombrilla apenas cubriendo sus rostros, sus pieles se estaban tornando doradas.   

 

Draco apretó los labios y caminó hasta encontrar una camilla cerca de ellos; un mozo, vestido de blanco, se le acercó y le preguntó qué deseaba servirse. Pidió varios tragos, que fueran traídos de uno en uno conforme los fuera acabando y luego de asegurarse que la sombrilla cubriera el total de su cuerpo, se dispuso a observar a Milo y Nick, aguantándose lo doloroso de la escena.  

 

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Harry abrió los ojos cerca de las tres de la tarde, la cabeza le dolía demasiado y se sentía completamente descompuesto. Corrió al baño y vomitó lo que al parecer era cerveza ácida. Se apoyó en el lavabo y se mojó la cara. Su cuerpo se sentía tembloroso, mientras observaba su reflejo en el espejo, sudado, pálido y enfermo; eso, por alguna razón, lo hizo recordar… pensar en él y se sintió más enfermo aún.  

 

Negó con la cabeza, intentando alejar de su mente esos pensamientos. 

 

—Tal vez en las discotecas de la isla de enfrente me la pase mejor —se dijo, mientras se dejaba caer en la cama nuevamente.  

 

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Dos días después, Draco estaba cansado; un dolor permanente se había instalado en su cabeza, y algo apretado en su pecho no le dejaba respirar la mayor parte del tiempo. Theo tenía razón, era tonto y se había dejado engañar, enamorar y luego maltratar de aquella forma tan vergonzosa.  

 

Cuando Nick y Milo se habían enlazado, un año atrás, Draco no había esperado ese tipo de situación, todo había empezado como una pequeña venganza, un coqueteo sin deseos de llegar a más, solo lo suficiente para hacer que Nick se molestara ante la idea de su flamante esposo, Milo, prendado de Draco Malfoy; sin embargo las cosas se le habían escapado de las manos.  

 

Nick y Draco se habían conocido en la escuela de negocios; luego de Hogwarts y de la guerra, y siempre hubo enemistad entre ambos; no del tipo de con Potter, por supuesto, esta era diferente, se sentía diferente. Ambos estaban siempre en los mismos grupos de trabajo y competían por las notas, ambos se sonreían, pero también ambos sabían que a la primera oportunidad tratarían de sacar ventaja.  

 

Aun así, Draco pudo ocupar el primer lugar al graduarse, seguido por menos de medio punto, por Nick; y después de la Escuela de Negocios continuaron fingiendo que eran amigos.  

 

Nick se había mudado a Holanda, de donde era su madre, a administrar los negocios de ese lado de la familia, por lo que Draco lo había perdido de vista, sin embargo, dos años atrás volvió a Inglaterra, para hacerse cargo de los negocios de su padre también, y vino con Milo; casi al llegar anunciaron su enlace. Draco no había reparado en Milo hasta el día de la boda, cuando lo conoció, y le pareció guapo y sobre todo, le pareció que no le era indiferente. Eso dio pie a la “fantástica” idea de coquetear con él un poco para sacar de sus casillas a Nick.  

 

Unas semanas después, Draco, contra todas sus convicciones, estaba en un hotel con Milo, comprendió porque Nick era tan celoso y porque había tenido tanta prisa en enlazarse con él; Milo era genial en todo: era guapo, educado, rico, inteligente, apasionado… Draco empezó a sentirse confundido y trató de no escuchar aquella vocecita que le decía que estaba metiéndose en un lío demasiado grande y continuó citándose con él, ya no para molestar a Nick, sino para pasarla bien, o eso se decía cada vez que aquellos sentimientos extraños lo embargaban.  

 

Milo y él habían estado juntos durante demasiado tiempo, y Draco al final había confesado que estaba enamorado, y Milo había correspondido a esos sentimientos, durante mucho tiempo habían hablado de planes a futuro, de escabullirse algunas semanas lejos de Inglaterra, hacer viajes a islas lejanas… Pero el tiempo pasaba y nada cambiaba realmente, hasta que Draco se hartó y le dio el ultimátum. Lamentablemente Milo no había reaccionado como él había esperado. 

 

Draco se había sentido tan destrozado, pero aun así no rogó, no hizo nada más que darse la vuelta, con la cabeza en alto, y marcharse a casa. Aunque luego no pudo con sus sentimientos, tenía que saber por qué Milo lo había cortado de pronto.  

 

Y es así como contrató a un detective privado que le dio una gran cantidad de información; aparentemente Nick y Milo estaban pasando por una gran etapa de enamoramiento, saliendo todos los días a bailar, a comer, al teatro… pasando tiempo juntos.  

 

Draco no podía dejar de pensar en si es que Nick le estaba haciendo algo a Milo para que de pronto lo olvidara, y aunque había pagado bastante oro por averiguarlo, hasta ahora todo parecía indicar que Milo actuaba así porque simplemente se le daba la gana.   

 

Finalmente tuvo que aceptar que todos sus amigos habían tenido razón todo el tiempo; Milo nunca había tenido intención de dejar a  Nick, solo había estado jugando con él.

 

Draco pensó que mejor era ir a casa y recoger los pedazos rotos de su corazón para empezar a olvidarlo, pero no se le apetecía todavía marchar, menos con la gran cantidad de veces que su padre había tratado de contactarlo y que él había ignorado. Seguro que estaría furioso.  

 

Y así decidió que podría aprovechar la última noche en las Islas Vírgenes, total, luego vendría una gran cantidad de problemas y no había nada mejor que una buena borrachera para empezar a olvidar.  

 

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Harry se miró al espejo y evaluó su aspecto, durante las tardes había estado corriendo por la playa, y durante las noches había estado de juerga, pero no se la pasaba bien porque se seguía encontrando con gente que lo miraba feo y le decía que debía ir a casa a asumir su castigo en lugar de andar ligando.  

 

Harry nunca antes había sentido ese tipo de presión, si bien es cierto había sentido presión por ser “el niño elegido”, o por haber matado a Voldemort, ese tipo de presión era diferente, en los clubes que frecuentaba la gente nunca lo había mandado a casa a descansar, ni siquiera luego de los muchos escándalos que tenía desde hacía poco más de un año, todo lo contrario, ellos parecían celebrar cada nuevo titular. Al parecer la gente que estaba en la isla se tomaba la suspensión de manera más seria, sobre todo porque eso estaba haciendo perder puntos a los Chudley Cannons, era como si el equipo le quisiera dar una lección pese a que les costara mucho a ellos mismos.  

 

Pero Harry se sentía incapaz de parar. Había algo que lo hacía moverse cada noche libre hacia las discotecas, a la búsqueda de cuerpos calientes y deseables, de encontrar pasión y algo de placer… Ni siquiera la psicobruja del equipo había podido con él y había declarado que era demasiado insolente como para siquiera poder hablar como adultos. Harry se había divertido mucho con los colores en el rostro de la mujer mientras él explicaba lo fantástico que se sentía meter la polla en el culo de un ansioso muchacho, en medio de un cuarto a media luz y con olor a sexo y látex.  

 

Decidió que se veía bien y que era momento de conocer otra de las discotecas, la del hotel más caro de Jost Van Dyke, una que era subterránea y desde donde se podía apreciar el océano. Se la habían recomendado desde su llegada, pero se había distraído en otras tantas discotecas. Tan solo esperaba que en esa discoteca no hubiera tantos fanáticos de los Chudley Cannons como al parecer había en las islas. 

 

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Draco bajó las escaleras y un letrero color arena y luminoso lo hizo detenerse “château de sable” y pensó en que tal vez el dueño de ese hotel era francés. 

 

En cuanto la puerta se abrió, el sonido de música electrónica a todo volumen lo recibió, recordó, mientras se adentraba en aquel lugar poco iluminado por lo azul del océano, que llevaba demasiado tiempo sin hacer ese tipo de cosas.  

 

La barra era blanca y tenía forma de una concha marina gigante, había una gran cantidad de chicos y chicas tras ella, haciendo malabares mientras servían las bebidas que la gente iba pidiendo.  

 

Al fondo de esa barra se podía ver un gran castillo de arena, parecía un palacio muy antiguo y los detalles eran fantásticos; al otro lado podía ver el océano, iluminado por una luz potente, los peces revoloteaban mientras la gente bailaba frente a ellos.  

 

—¿Qué te sirves, guapo? —le preguntó una chica con el cabello ensortijado y muy largo. Draco sonrió apretadamente y señaló hacia una de las estanterías —un buen whisky y, no te ofendas, pero si me lo sirve él —esta vez señaló hacia uno de los chicos que servía tragos y que con una sola mirada lucía gay —, sería fantástico.  

 

La chica sonrió y se inclinó hacia Draco.  

 

—No te ofendas, pero mi novio no es gay, y de todas maneras, no nos dejan liarnos con los clientes.  

 

Draco se sonrojó violentamente, mientras la chica sonreía con satisfacción y le servía un whisky con hielo.  

 

—Tengo hasta los sentidos oxidados —negó, mientras se alejaba de la barra y caminaba hacia la pista de baile, tratando de encontrar un buen sitio donde sentarse y apreciar el espectáculo; habían parejas heterosexuales, pero también habían chicos gay que pululaban por los alrededores.  

 

Se acomodó cerca de los sillones privados y altos, le gustaba allí porque la música descendía hasta un nivel aceptable, seguramente pensado para que las parejas o los grupos pudieran conversar con tranquilidad. Dio un trago a su whisky y sintió como su garganta y su pecho se quemaban conforme el líquido bajaba a su estómago; inmediatamente pensó que mejor hubiera ido pedir cerveza, no bien lo pensó, una botella de cerveza helada apareció delante de él. Draco dejó un par de monedas sobre la mesa y estas desaparecieron, tomó la botella helada y le dio un largo trago, sintiéndose mucho más fresco. Luego de dar una vista más, decidió que ese sitio era perfecto, podía ver a toda la pista de baile, seguir la música y relajarse, hasta que escuchó sus voces…   

 

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Harry dio un trago al aguardiente cuyo nombre ya no podía recordar y siguió bailando por un largo rato, solo y apartado del centro de la pista, su mirada se perdía entre los grupos  de peces que se movían sin parar allá afuera en el océano, se preguntó si es que ellos allí podrían escuchar el sonido de la música y si les desagradaba. 

Un chico guapo, pero que no era de su tipo, se le acercó y trató de ligar con él, Harry aún no estaba tan borracho como para acceder a cualquiera, así que negó con la cabeza, apartándose un poco. Siguió bailando otro poco más, y nuevamente el chico apareció delante de él. Harry frunció el ceño y volvió a negar con la cabeza.  

 

La tercera vez que el chico se acercó, Harry le preguntó si es que acaso no sabía quién era él.  

 

—Por supuesto, guapo, claro que sé quién eres, Potter —le respondió el chico, poniendo las manos de manera demasiado confianzuda, sobre sus caderas. 

 

—Y si sabes quién soy, sabes que maté a Voldemort —el chico tuvo la decencia de mostrar incomodidad por el nombre —, con un solo hechizo, ¿no te da miedo colmar mi paciencia? 

 

—¿Me estás amenazando? —le increpó el chico con voz dura.  

 

—¿Tú qué crees? 

 

—Todos saben que eres bastante fácil, no veo porqué te quieres negar, después de todo, qué más te da, solo seré uno más de los cientos que dicen que pasaron por tu precioso culo.  

 

Harry apartó las manos del chico y por un instante estuvo a punto de levantar la varita, nadie osaba hablarle así y salirse con la suya; sin embargo la imagen de Hermione, aprendiendo a hacer hechizos de tortura y practicando con él, lo hizo detenerse y negar con la cabeza.  

 

Hermione estaría orgullosa de mí, se dijo, mientras se inclinaba para susurrarle al chico.  

 

—Será lo que digas, pero yo escojo, no dejo que los demás me escojan, y ahora déjame en paz.  

 

El chico lo miró con rabia y Harry pensó que mejor era largarse de allí, pese a lo que Kenny le había dicho, ese viaje estaba resultando una porquería.  

 

Caminó hacia la salida, o por lo menos hacia donde él creía que era la salida y tuvo el presentimiento de ser perseguido, giró y lo vio, esquivando a algunos que bailaban y tratado de alcanzarlo.  

 

—Me lo estás poniendo difícil —dijo hacia el cielo, mientras trataba de apretar el paso, y entonces chocó con alguien.  

 

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—No me vengas con tonterías, claro que está aquí, he visto su cabeza platinada más veces de las necesarias durante estas vacaciones —increpaba Nick, su voz chillona se dejaba escuchar aún sobre la música de la discoteca.  

 

Draco sintió que el color se le subía a las mejillas y deseó desaparecerse, pero en un lugar así no se podía.  

 

—Nada de eso, mi amor —dijo Milo con un tono de voz que hizo que Draco se estremeciera, mi amor, de la misma forma en que Milo lo llamaba a él en la cama —, ya te dije que Malfoy solo fue un error, alguien que insistía demasiado y algo que no sucederá de nuevo.  

 

—Pues parece que tu error está persiguiéndote por medio mundo —continuó Nick, y Draco casi lo podía imaginar mirando alrededor.  

 

No se suponía que ellos estuvieran allí, ellos iban a tener una romántica cena en la habitación, no una noche de fiesta.  

 

—Draco no está siguiéndome, no haría algo así, y si así fuera, mi amor, qué importa, yo solo tengo ojos para ti y para nadie más, y lo sabes. 

 

El silencio le indicó a Draco que seguramente se estaban besando. Maldiciendo su suerte, se puso en pie y caminó lo más rápido que pudo hacia la salida, no necesitaba esa humillación, no necesitaba eso para nada, por más que quisiera a Milo, no lo valía.  

 

Caminó rápidamente hacia la salida y entonces escuchó la voz de Nick llamándolo, se giró rápidamente, más que nada por costumbre que por realmente querer hacer notar su presencia, y entonces su cuerpo fue empujado y su culo dio de lleno en el suelo.  

 

—Mierda —jadeó con fastidio, mientras se quitaba a alguien de encima.  

 

—No te atrevas a amenazarme así —decía un chico alto y delgado, pero Draco no le hizo mucho caso, se preocupó más bien de Nick, que venía seguido de Milo, que tenía esa mirada de superioridad que en algún momento había deslumbrado a Draco.  

 

—Lo siento —dijo una voz hacia Draco, mientras el chico con el que había chocado se ponía en pie.  

 

—¿No que no había Malfoy alrededor? —increpó Nick, Draco no supo si a Milo o a él.  

 

—Es que no he venido solo —decía en tanto la voz a sus espaldas, Draco volteó rápidamente y jadeó al ver a Potter a su lado; este también lo miró y entonces, por primera vez en más de quince años de conocerse, sin intercambiar una sola palabra, estuvieron de acuerdo en algo.  

 

Draco se enganchó del brazo de Harry con rapidez.  

 

—No sabía que estaban aquí, Nick, esta sí que es una gran coincidencia, ¿no?; hola, Milo —saludó con toda la frialdad posible.  

 

—Te lo dije —decía en tanto Harry, sonriendo un poco —, vine con alguien.  

 

El chico los miró de mala manera y se dio la vuelta rumiando.  

 

Harry, por apoyo moral, se quedó junto a Draco.  

 

—Debes estar bromeando —dijo Milo, Nick le dio una mirada interrogante.  

 

—¿Me dirás que no estás aquí siguiéndonos? —preguntó Nick a pesar de todo.  

 

—Y yo porqué tendría que seguirlos —Draco jaló a Potter más cerca —, tengo otras maneras de entretenerme… maneras mucho más placenteras —agregó.  

 

—¿Con él? Pero pensé… —Milo se detuvo, seguramente dándose cuenta de lo mucho que estaba comprometiéndose.  

 

—Sí, conmigo, por supuesto —sonrió Harry de manera arrogante.  

 

—¿Me dirás que no has venido por Milo? —le preguntó Nick.  

 

—Claro que no, es más, hasta podría creer que ustedes nos han seguido a nosotros…

  

—¿Cómo te atreves? —le increpó Nick. 

 

—Oh, vamos, Nick, espero que no me guardes rencor, fue algo tonto —dijo Draco, ignorando a Milo —, ya sabes cómo es, cuando las cosas se te ponen fáciles es difícil negarse, sin embargo aburren rápido… —Draco sonrió un poco más —, y ahora si nos disculpas, Harry y yo estamos algo apurados.  

 

Nick asintió lentamente y Milo pareció un poco desconcertado, aún así Draco no les dio tiempo a decir nada más y rápidamente jaló a Potter hacia la salida de la discoteca.  

 

—Wow… entre todos los que conozco…  

 

—Quién lo hubiera dicho —asintió Draco, dándole la razón a Potter.  

 

—Bueno, gracias entonces… ese tipo se estaba poniendo pesado y no quería hacerle daño. Además Hermione me lo tiene prohibido.  

 

—Imagino que escándalos es lo último que necesitas… por cierto, ¿no deberías estar en casa descansando o algo así? ¡Te han suspendido tres semanas, hombre! 

 

—¡No, tú también no! —negó Harry —, porqué todos me dan la lata con eso.  

 

—Porque es noticia, las travesuras del vencedor del peor mago de todos los tiempos… a todos les interesa, incluso hay lugares donde apuestan cuánto tiempo pasará hasta tu próximo titular de escándalo.  

 

—Pues eso solo me hace sentir mejor —replicó Harry con voz herida.  

 

—Vamos, no te lo tomes a mal. Mira, yo también te agradezco que me hayas rescatado de esa incómoda situación.  

 

—¿Y esos quiénes eran? ¿También te acosaban? 

 

—La sola idea de Nick y acoso me da nauseas, Potter —negó Draco —, no, era un… Milo, uno de los chicos, es un ex amante, es algo incómodo, la verdad.  

 

—Ya…  

 

Harry y Draco se miraron un instante, ambos estaban en las puertas de la discoteca y aun podían sentir suavemente el zumbido de la música. 

 

—Esta isla no es tan divertida como me habían contado —dijo entonces Harry —, y he estado por todos lados, la gente parece solo recordar que he sido suspendido y me quieren dar consejos acerca del tipo de vida que debo llevar.  

 

Draco pensó que decirle que él también estaba de acuerdo en que Harry debía parar el ritmo, pero supuso que no era lo más adecuado, en lugar de eso negó. 

 

—Yo tampoco la he pasado nada bien y mañana regresaré a casa; esta noche quería divertirme.  

 

—Igual yo… también creo que volveré a casa mañana. 

 

Ambos comenzaron a subir las escaleras, hacia la salida, pero entonces a Draco se le ocurrió una idea.  

—Oye, Potter, ¿Has ido al Bella Vida? —preguntó Draco —, me pareció un buen sitio para pescar una borrachera.  

 

Harry sonrió de oreja a oreja.  

 

 

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Una larga hilera de pequeños vasos en fila adornaba la mesa redonda y pequeña, habían tantos que ya daban dos vueltas a la mesa y ellos parecían no querer dejar de beber.  

 

—Es el Karma —argumentó Harry —, mientras levantaba la mano para que dos vasos más de ron se aparecieran. Le dio uno a Draco y levantó el otro en señal de brindis.  

 

—Explícate —exigió Draco, correspondiendo al brindis y tomando el contenido del vaso de un solo trago.  

 

—Eres putamente guapo y sexy, y puedes tener y usar a quien se te dé la gana, te tenía que tocar uno que te hiciera sufrir por todos los que has hecho sufrir.  

 

—Hablas muy coherentemente para tener encima quién sabe cuántos vasos de Weasley.  

 

Harry soltó una carcajada.  

 

—De ron, no de Ron —explicó y entonces fue Draco el que rió. 

 

—Tal vez no tan coherente —aceptó Draco —, y entonces, ¿cuál es tu historia?  

 

—¿Mi historia? —preguntó Harry confuso. 

 

—Recuerdo cuando te contrataron, todos los diarios hablaban de ti, parecías tan correcto y esmerado, y luego… de un tiempo a esta parte te has desbocado… y sé que no es la fama, porque tú no te dejas afectar por ella, has sido famoso toda la vida.  

 

Harry miró hacia Draco un instante y luego hacia la pista de baile, su historia era tan íntima y complicada…  

 

—¿Por qué no bailas conmigo? 

 

—¿intentas seducirme? —le retó Draco.  

 

—¿Te dejarías seducir? —preguntó Harry, quien no había exagerado al decir que Draco era sexy, era como le parecía en ese momento. 

 

—Tal vez…  

 

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—Estábamos bien —continuó Harry, arrastrando las palabras —y luego él dijo que no era lo que realmente quería… el muy hijo de…  

 

—Oh… —Draco negó con la cabeza, lo cual le representó un gran esfuerzo, sobre todo porque todo parecía moverse de una manera inusual. —¿Dónde… cómo llegamos aquí?—preguntó confundido.    

 

—No sé —Harry también miró alrededor, pero pronto perdió el interés en averiguar nada, se había puesto un poco triste.  

 

—¿Sabes qué pienso?, que todo eso de estar con alguien apesta —Draco se puso en pie y miró hacia el mar oscuro —, eso de parejas… bufff son estupideces y nada más. 

 

—Pero se está bien —negó Harry, levantándose y tomándolo de los hombros —, se está bien.  

 

—Hasta que el bastardo te engañe, te diga que no eres suficiente o algo así —Draco se acercó un poco más a Harry. En el fondo podía escuchar las olas del mar y también el eco de la música electrónica.  

 

—O algo así —hizo eco la voz de Harry.  

 

 

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—Sabes, Potter, no eres tan odioso como parecías  —dijo Draco, arrastrando un poco la lengua y abrazado a Harry, ambos se movían lenta y torpemente al ritmo de una canción en medio de una pista de baile de alguna discoteca con mucha arena.  

 

—Creo que el que tenía fama de más odioso eras tú —le acusó Harry, riendo suavemente al ver la expresión de desconcierto de Draco.  

 

—Acusaciones infundadas, cualquiera que se oponía a dejarte hacer lo que se te viniera en gana era un odioso  —refutó Draco, soltó una risita cuando tropezó con los pies de Harry y casi cae al piso. Harry lo sujetó más fuerte de la cintura. 

 

—No te me vayas de las manos —le murmuró Harry, pegándose junto a él.  

 

—¿Ahora sí estás coqueteando conmigo? 

 

—Y descaradamente —aceptó Harry, inclinándose para darle un beso en la nariz. 

 

—No creas que con palabras bonitas lo vas a lograr. 

 

—¿Y entonces qué quieres? ¿Te pido que te enlaces conmigo? 

 

Draco soltó una carcajada, Harry lo apretó más contra su cuerpo y Draco pensó que no era mala idea, después de todo, ese cuerpo se sentía tan bien contra el suyo... 

 

 

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—Ves esa hilera de allí —le señaló Harry, jalando un poco más a Draco. 

 

—Ajá —Draco tiritó un poco y se pegó más al cuerpo de Harry —, hace mucho frío para ser una isla del caribe.  

 

—Nahhh es el viento de no sé qué y el haber estado dentro... ¡Vamos para allá!  

 

—¡Potter! —Draco escuchó su voz distorsionada; el muy imbécil los había hecho aparecer frente a la hilera de casas blancas y celestes. —Serás tonto... no puedes aparecerte así como si nada...  

 

—Sí, sí puedo —Harry sonrió con suficiencia y dio un par de pasos hacia una de las casas, pero su estado y la inestabilidad de la arena le hicieron perder el paso y caer, se llevó a Draco con él y el resultado fue estar entre la arena y el delgado cuerpo de Draco. Se sintió reconfortante.  

 

—Vaya... esto es acelerar las cosas —murmuró Draco, apoyándose con las manos a los lados de la cabeza de Potter y mirándolo fijamente, la iluminación de la playa hacía que pudiera verlo claramente.  

 

—Draco —suspiró Harry, levantando un poco el rostro y sujetando a Draco de la cintura.  

 

—Nunca me habías llamado así...  

 

Harry se mordió el labio inferior un instante. 

 

—No suelo llamar por el apellido a alguien cuando nos estamos acostando.  

 

—Supongo que tienes razón, estamos acostados —aceptó Draco y se inclinó para besarlo.  

 

Y entonces una figura apareció delante de ellos. 

 

—¿Qué están haciendo?, ¿adelantando la luna de miel? —dijo la voz de una mujer.  

 

 

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Un zumbido lo hizo removerse en la cama, sentía como si todo el equipo de los Chudley Cannons lo hubiera agarrado a patadas. Se movió un poco, tratando de encontrar una posición cómoda para poder morir en paz y sintió el cuerpo tibio de otra persona. Parpadeó y vio los cabellos rubios esparcidos sobre la almohada.  

 

—De entre todas las mierdas que he hecho… —masculló, aun así, se acomodó mejor contra el cuerpo de Malfoy y cerró los ojos.  

 

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—Diantres —jadeó Draco, mientras se sentaba de golpe y empujaba a quién fuera que estuviera durmiendo con él, corrió hacia el baño y vomitó. Su cuerpo tembló y sintió demasiado frío. Se sentía demasiado enfermo.

 

—Resacas… nunca son geniales —dijo una voz a sus espaldas. Draco se puso en pie e hizo pasar el baño, mientras se daba la vuelta.  

 

—¿Potter? 

 

—¿Malfoy? —remedó Harry.  

 

—Oh… mierda —masculló Draco, poniéndose una mano en la frente.  

 

—Deberíamos dormir un rato más… luego nos sentiremos mejor —le dijo Harry. Draco soltó una exclamación al notar que ambos estaban desnudos.  

 

—¿Por qué estás desnudo delante de mí? 

 

—Por la misma razón que tú lo estás, idiota —le increpó Harry, que no tenía muy buenos resacosos despertares.  

 

—Oh….  

 

—Vamos, volvamos a dormir, ¿por favor?  

—¿Por qué no te vuelves a dormir a tu cuarto y me dejas en paz? —increpó Draco. Harry arqueó una ceja mientras Draco cerraba la puerta del baño con fuerza.  

 

—Me importa poco tu opinión —decidió Harry y se metió nuevamente a la cama, sonrió un poco cuando Draco se metió en la cama también y dejó que el sueño lo envolviera nuevamente.  

 

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Cuando Harry abrió los ojos nuevamente ya estaba todo oscuro y la resaca casi había desaparecido, dejando solo un pequeño dolor de cabeza, casi imperceptible.  

 

Se sentó con cuidado y sintió dolores que no había sentido desde hacía demasiado tiempo, se preguntó qué tan loca había sido la noche anterior; Malfoy seguía durmiendo a su lado y Harry sonrió.  

 

—Tal vez la próxima vez pueda no emborracharme tanto y recordarlo mejor, seguramente que fue fantástico.  

 

—Yo siempre soy fantástico, Potter, pero es cierto, tampoco puedo recordar casi nada de anoche —asintió Draco, sentándose y observando a Harry desnudo.  

 

—Bueno… seguramente fue genial, al menos tendremos un interesante recuerdo de la isla —comentó Harry mirándose al espejo de cuerpo entero y abriendo los ojos un poco al ver algunas marcas en su hombro y pecho —¿te gusta morder?  

—Un poco —admitió Draco, sonrojándose y levantándose, le dolía todo el cuerpo, sobre todo “aquella parte”  y se sentía demasiado débil. 

 

—Tal vez podamos cenar, de todas maneras ya hemos perdido los trasladores para llegar a Londres.  

 

—Puede ser, pero… Potter, esto que ha pasado, entre tú y yo…  

 

—¿Sí? 

 

—Eres consciente de que solo fue…  

 

—¿Algo pasajero?

 

—Ajá —respondió Draco.

 

—Bueno… anoche me follaste —murmuró Harry, sin dejar de sentirse extrañado por haber dejado a Draco hacer eso. 

 

—¿En serio? —Draco pensó que había sido al revés, pero se abstuvo de comentarlo —, el punto es…  

 

—Que no quiere decir nada, que tú y yo… —Harry entrecerró los ojos y levantó su mano izquierda, había un brillo allí que había llamado su atención; un anillo plateado y discreto había aparecido en su dedo anular.  

 

—¡Potter! —chilló Draco desde el baño, descubriendo el mismo anillo en su mano —¿Qué mierda…? 

 

—¿...hicimos anoche? —completó Harry, alcanzando a Draco en el baño y viendo también el mismo anillo en la mano del rubio.  

 

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Continuará...