Chapter Text
Luego de que la campana había ayudado a desviar la atención de Sanemi, permitiéndole a Genya irse lejos suyo, no se sintió bien como para dirigirse directo al aula y arriesgarse a que cualquiera le preguntaran al respecto. En cambio, había llegado al baño, para así, permitir que todo ese llanto que tanto estaba juntando, saliera de golpe, desahogando toda su disconformidad y pesadumbres por su amor no correspondido.
Estando allí, había pensado en saltarse toda la clase de literatura japonesa y terminar por desechar toda la tristeza, sin embargo, tampoco quería quedar con tan malas notas. Ya, al menos debía salvar su vida escolar y terminar esa etapa con una buena calificación.
Ahora, el profesor Michikatsu le había pedido recoger la tarea que había dejado, como castigo de su retraso. Así que sin problema paso de fila en fila para realizar la acción requerida.
Se había detenido en cuanto llegó a su lugar para sacar sus propios apuntes, y eso fue aprovechamiento para el chico de mechones azules en hacer preguntas a su amigo.
—¿Qué demonios, Tenya? ¿Por qué llegaste tan tarde? No es usual de ti. Al menos me hubieras avisado si habías pensado en faltar y hubiera hecho lo mismo.
Los ojos glicinia del más alto ruedan en pesadez. Cuando obtiene su cuaderno para juntarlo con los demás, espera a que Inosuke le de el suyo, lo que sorpresivamente le da.
—Debe ser el fin del mundo como para que hayas hecho alguna tarea.
—Si, como sea. No me cambies el tema, ¿qué te pasa, eh?
Él no responde, en cambio, solo golpes con levedad la cabeza del de rostro fémino, haciéndolo gruñir. Fastidiado de no haber conseguido respuesta alguna.
Pero aún así, sabe que al más alto le pasa algo.
Luego de que el hombre de cabellos largos le indique al azabache que apunte la tarea en el pizarrón, la clase termina, los estudiantes conversan entre sí en lo que esperan a que el siguiente profesor llegue.
Con eso, Inosuke no duda en acercarse al otro y seguir insistiendo.
—¡Genta! ¡Ya dime! —Le sacude al tomarlo de sus hombros— No me engañas, te paso algo, y exijo saber.
—¿Para qué? No creo que sirvas de ayuda si me está pasando algo.
—No lo sabrás si no me dices.
Hashibira hace qué le mire, y este a regañadientes, accede, aunque intenta no mirarlo fijamente, no quiere que su compañero le vea con los ojos rojos de tanto llorar.
Y por supuesto, Inosuke lo logra notar.
—¿Estuviste… llorando? —La voz del chico más bajo oscurece, haciendo que Genya se tense poco a poco, en lo que ahora el otro frunce el ceño— ¿Quién fue?
—Inosuke-
—¡¿Fue el loco de matemáticas, verdad?! ¡Ahora sí te rechazó! —Intenta levantarse de su lugar— ¡Que hijo de pu-!
—¡O-Oye, ya! —Genya se apresura en tomarlo del brazo, pero no se sientan nuevamente, pues optan por irse a alguna esquina del salón, dónde nadie pudiese escucharlos— No es como lo crees.
—¡¿Entonces?! Que si me entero que lo sigues defendiendo-
—¡¿Me dejas hablar?!
Ambos se dirigen miradas cabreadas, pero en segundos, Inosuke accede en qué Genya siga hablando.
El pelinegro se toma el tiempo en juntar palabras exactas y claras, no es como que realmente quisiera hablar de esto, no cuando aún podía hacerlo sentir tan sensible, y volvería a caer en lágrimas. No obstante, tampoco quería que su amigo hiciera cosas que pudiese volver más complicado el asunto.
Así que solo suspira, y lo mira, que se encontraba impaciente e irritado.
—Aún no le he dicho a Nemi nada del tema —Empieza, y ya siente que se quiebra, pero muerde su labio para no quejarse— Y no quisiera hacerlo…
—¿Y por qué no, Kenta? Se supone que ya estabas listo para hacerlo.
Inosuke se encontraba genuinamente preocupado, haciendo que Genya mirara hacia la ventana.
—Estaba a punto de decírselo, un poco antes de que el receso finalizara, porque había salido por unos "asuntos" —Apenas y logra hacer las comillas con sus dedos. No estaba cómodo hablando de eso— Pero… lo encontré, abrazando a Kanae-sensei, y… y…
Inosuke fácilmente puede deducir lo siguiente que podía decir, pero por esta vez, decide mantener su boca cerrada, y esperar a que su amigo termine lo que tuviera que expresar.
Aún y si su instinto de alfa estaba que quería evitar que el azabache no se permitiera llorar.
—No me quiere. Él estaba recién terminando de confesarse, un poco antes de que finalizara el receso. Hasta le dió unos chocolates, y obviamente, ella los aceptó.
Para su consuelo, Genya logra evitar que alguna lágrima salga. No quiere llamar la atención en lo absoluto, apenas y pudo hacer que su voz estuviera inaudible para que nadie le escuche.
El salvaje ablanda más su expresión, solo dejando salir un "oh", bastante despacio. Mirando a otro lado para digerir la información recién dada, evidentemente incómodo.
Genya no dice nada, y agradece que el otro no le pide ninguna palabra más. En cambio, solo siente como este recuesta la cabeza en su hombro.
Tampoco él dice nada, pero no era necesario. Genya sabe que es su muestra para dar apoyo en momentos difíciles para sus personas cercanas. También ha visto dar abrazos, pero estos son más especialmente para su novia.
—Sigue siendo un hijo de puta.
Bueno, quizás para él era bastante necesario comentar eso.
Genya solo ríe bajito. Durando lo que pueda en esa posición con el Hashibira, en lo que esperan la llegada del profesor Iguro.
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Sanemi no estaba nada de buen humor.
Realmente no lo está en la mayoría del tiempo, pero ahora se podía sentir el aura del hombre más pesada que en cualquier otro día.
Puede apostarlo, por cómo los alumnos tratan de no mirarlo por tanto tiempo, por miedo a que eso cause que salgan lastimados de alguna u otra forma, hasta hay momentos que ni quisieran respirar, por el miedo a que tan leve sonido pueda ser el punto exacto para que el hombre explotara.
Con manos temblorosas, los cuadernos son dejados encima de los pupitres, ya abiertos en la hoja donde se hizo la tarea encargada del día anterior.
Ni siquiera por haber tenido a aquel profesor por tres malditos años, ellos se acostumbraban a su actitud exaltada y terrorífica.
—Más vale que no haya ningún ejercicio hecho a medias. Si no, les arrojaré la maldita libreta hacia sus cabezas, esperando que sea suficiente para verlas rodar.
Procede a pasar a los lugares a tomar los cuadernos de cada estudiante. Ignorando el hecho de que algunos fueron bastantes atrevidos de mirarlo aunque sea de reojo, unos con ese miedo, y otros hasta con desprecio por su manera de ser.
Obviamente, no le importaba, nunca lo hizo, y mucho menos ahora.
Tomó el último cuaderno, y se fue de regreso a su escritorio, dejó el material a un lado, dónde no irrumpiera su vista; no revisaría nada ahora de todas maneras. Tomó la opción de llevarse los cuadernos, y por ahora les ordenó que hicieran ejercicios del libro, y en caso de que no los terminen, los encargaría para tarea.
Se desploma en su asiento, y deja que su mente vaya vagando entre todo el desastre que lo ha estado atormentando en los últimos minutos.
Si, desde que notó la caja de chocolates que tenía Genya.
No la había mirado tanto debido a que el menor había querido ocultarlo de la vista, y lo habría hecho tan bien, de no ser porque él mismo se encontraba de lo más ansioso por querer calmar su pequeña decepción de ese momento, luego de que el chico se haya retractado con respecto a la propuesta que le había dado el día anterior.
Eso también era lo que lo tenía por los humores para abajo. Había querido con todo su corazón que Genya aceptara; fue una idea bastante considerada por mucho tiempo, mucho más que la opción de ofrecerlo a Kumeno; ha decir verdad, ni había tenido tanta intención de haberlo escogido, como se lo había dado a entender a Genya.
No había sido más que una excusa estúpida, una tapadera de lo que realmente quería, solo que en el momento de haberlo pensado, no lo quería admitir.
Eso que se llama amor.
Porque si, se había enamorado de Genya, mucho, muchísimo. Ninguna persona le hizo sentir como lo hizo él.
Nadie más que Genya lo hacía pensar en calidez, nadie se preocupa por su bienestar como lo hace él, o como siempre tiene las palabras perfectas para que sus humores no sean tan jodidos; no hay nadie con quien Sanemi se deje ser dócil más que con él, o que suspire con solo verlo, haciendo cualquier cosa, en especial, cuando su sonrisa decora su linda carita.
Genya lo era todo para él, y dolía, porque aún y si sus sentimientos no tienen ninguna malicia, la culpa lo hizo retenerse por algún tiempo, porque, teniendo una larga amistad que nació en sus época de inocencias, para que después se fuera deshaciendo por un sentimiento romántico, podría echarlo a perder todo.
El que también llegaran a ser profesor y alumno no ayudó tampoco nada para su seguridad. Aunque por este punto no se preocupa del todo, teniendo dos de sus compañeros de trabajo siendo novios con otros estudiantes, no podría señalarlo en absoluto.
De todos modos, se tomó tanto tiempo de al menos tomar sus sentimientos como una cosa seria, y finalmente, luego de haber dado un paso más a su vida adulta al obtener una casa propia, pateó todas las negativas, para que se permitiera por una única vez que su impulso de idiota enamorado lo manejara un poco, que le diera confianza, y el anhelo de la posibilidad pequeñita de que algo entre ellos pudiera pasar en algún tiempo próximo, o ya que al menos pudieran pasar sus últimos días en el mismo entorno antes que cada quien escogiera su propio camino.
He ahí el porqué había intentado que fuese una opción única para Genya el que sus vidas fueran conectadas en medio de un mismo hogar, pero para su desgracia, quizás se había dejado llevar por la emoción de más, y por eso cayó la realidad de la situación como un balde de agua fría, de que no estaban en la misma página como él habría querido.
Y no está enojado con él, o sabe que no debería. Sin embargo, es inevitable sentirse decepcionado. Pero llega a pensar si no fue demasiado intenso al momento de haberle propuesto todo aquello, que el menor se vio forzado a aceptarlo en primer momento, sin tanto tiempo de visualizar. Que menudo idiota.
Bueno, no había querido estancarse en ese tema. El problema ya no estaba centrado en eso.
Ese maldito obsequio.
No es como si Genya nunca hubiera recibido chocolates antes, aún y debido a su falta de interés en parejas, él ha aceptado con respeto los gestos que les ofrecen, pero normalmente termina compartiendo el contenido a él, o a su tutor.
Así que ¿qué razón tendría para haberselo ocultado?
… ¿Y si su niño ha sido cautivado por alguien más?
De solo pensarlo le revuelve el estómago, porque eso significa que probablemente se estaría alejando de él más pronto de lo que había previsto, vamos que una pareja no es cualquier cosa, te toma el tiempo necesario para brindarle atención total, y a veces, podía hacer que lo demás ya no importara.
No quería que Genya se fuera de su vida, vaya, no quería ni que tuviera pareja, ¿para que negarlo?
¿Pero qué podía hacer?
Tampoco sería capaz de ser egoísta, no si eso significaba que lo dañaría en el proceso, y que lo odiara.
Así que solo queda conformarse con lo que pasara, sin importar lo miserable que probablemente llegaría a ser en algún punto de su vida, la felicidad de Genya era más valiosa para él que cualquier cosa, así que no quedaba remedio alguno.
….
—Creo que estás exagerando un poco.
—¿Sabes? Esperaba otro tipo de comentario, un poco más… Compasivo, o algo que me sirviera para que no estuviera tan hundido en mi depresión.
Deja caer el quinceavo obsequio que le habían dado en ese día uno de los estudiantes de varios grados. Tanto dulce le daría diabetes.
Para su última hora no tenía ninguna clase, lo cual estaba más que perfecto, relajarse en la oficina de los profesores, mientras se quejaba de su absurda situación amorosa, a lado de la profesora Kochou, que le escuchaba, en lo que se daba un retoque de maquillaje.
Y se supone que ella se encargaba de animarlo, pero le miraba con esos dulces rosados orbes, con una mueca acompañada, debido a su intranquilidad de que este no aceptara su punto de vista.
—Lo siento, pero es que te quedas en una sola posibilidad, que ni siquiera está tan comprobada que sea real.
—Vilmente me estaba escondiendo esa cosa —El albino la mira con ferocidad, no molesto con ella, pero su cansancio maneja parte de sus emociones ahora— Él nunca hace eso. Así que lo más seguro es que sea alguien a quien está considerando mucho, de algún problemático y por eso no me quiere decir.
—Tal vez sí, tal vez no. Otra cosa podría ser que solo lo está pensando, más aún no es que lo acepte.
—¿Y por qué ocultarlo de mí?
—Puede que no haya sido el momento de decírtelo, además, él quería hablar primero sobre lo que le pediste anteriormente.
Él ya no dice nada, solo gruñe por milésima vez en el día. Ella aprovecha para dejar el polvo de maquillaje a un lado, y ahora toma un rimel. Su expresión cambia a una más relajada para dicha acción, más no queda así por lo que su amigo había estado diciendo bastante molesto.
—Esto es una mierda. —Después de un rato corto, dice algo, y se cruza de brazos.
—Todo sería más fácil si tú también hubieras dado algún movimiento como esa persona imaginaria —Lo oyó chistar los dientes por su suposición, lo que la hace sonreír un poco— Ya sabes, es San Valentín. Qué mejor oportunidad para una confesión como este día.
Su boca se tuerce hasta formar un gesto de inconformidad. Bien había pensado esa opción como algo fugaz, que Sanemi hubiera tenido las agallas suficientes para aprovechar ese día de enamorados y haberse expresado en medio de todas esas cursilerías que en algún momento consideró una pérdida de dinero.
Pero como ella había dicho, habría sido una oportunidad precisa.
—No esperes mucho de mí. Apenas y pude haberme tomado el atrevimiento de al menos demostrarle mis sentimientos si hubiera querido quedarse conmigo.
—Creo que puedes seguir intentando.
—No soy tan valiente, Kanae, lo sabes.
La chica deja de enchinar sus pestañas para estar un poco más recta, porque sabe que ha entrado en un espacio donde pocas veces el albino habla de ello, por el simple hecho que era algo que consideraba un defecto; su miedo.
También sabe que sus sentimientos le habían traído bastante conflicto consigo mismo, y podía entenderlo; básicamente, se había enamorado de su mejor amigo, y "hermano menor".
Aún así, Kanae nunca juzgó. Porque al final, nadie controla de quién se enamoran o no, ella sabe perfectamente eso. Lo apoyó desde que abrió su corazón para sí, y cuando también quería hacerlo para Genya, y había deseado con sinceridad que él lo lograra.
E intentaría que siguiera aferrándose a eso, aún y si la negatividad del hombre le hacía creer que tenía todas las de perder.
—Has demostrado en muchas ocasiones que serías capaz de hacer lo que sea por él, y ahora lo sigues haciendo al rendirte y dejar tu propia felicidad por la suya. Pero no me parece justo, Sanemi.
—No todo puede ser justo en esta vida.
—Pienso que tu situación amorosa no debe ser una de esas. Mereces que tus sentimientos sean escuchados, que él lo sepa.
—Me odiará.
—¿Crees genuinamente eso? Tú, que más lo conoces, ¿piensas que lo haría?
Y se pone a pensar un poco en ello. Genya normalmente se molestaba con él por cosas pequeñas, es decir, no podría comparar el que le haya dejado de hablar por una semana porque el albino se aventó casi la mitad de temporada de un anime que ambos anhelaban ver, a qué posiblemente ya no se sienta bien de su compañía porque su única figura fraternal lo vea de otro modo.
No tenía experiencias con ese tipo de temas, y eso es lo que le aterra más, que las opciones son bastantes inciertas, cualquier cosa podría ocurrir.
El ruido estridente de la campana lo vuelve al presente, comienza a guardar todos los bombones encima de su escritorio, después de todo, hoy no se quedarían a laborar hasta tarde.
Oye cómo Kanae desprende perfume a su lado, pero el aroma es lo suficiente potente para que llegue a su propio lugar, lo que hace que su nariz se arrugue.
Quería quejarse, pero antes de hacerlo, siente como los brazos más delgados se envuelven entre sus hombros y cuello, seguido de la cabeza de la mujer recostada en la mata de cabellos pálidos.
—Quiero que seas feliz, Sanemi. Tus sentimientos no son malos, de hecho, es la cosa más pura que he visto en ti —Ella bromea, y ríe. Sanemi solo resopla— No pienses que mereces menos, para mí, no hay ningún hombre ideal para Genya-kun más que tú.
—¿Y si él no lo ve así?
—Lo dudo muchísimo, pero si ese fuera el caso, entonces se perdería lo increíble que eres.
No está tan de acuerdo con sus palabras. Para Sanemi, no hay nadie más increíble –Y precioso– que Genya.
Así que… Alguien tan increíble como él no podría odiarlo, ¿verdad?
Acaricia los brazos de la mujer, bastante agradecido con sus palabras. En el momento que ella se separa, justo la puerta se abre, viendo a Tomioka, Mitsuri e Iguro entrando a la sala.
—Iguro-kun, Mitsuri-chan —Kanae los saluda a ambos, siendo correspondida de igual modo— ¡Tomioka-kun, hola! ¿Algún plan para esta tarde?
—Uh, saldré con Tanjiro, aunque no estoy seguro a dónde llevarlo. Había creído que trabajaría hoy en la panadería, pero sus padres le dieron el día.
—Seguro fue para que lo disfrute con su pareja —Ella le sonríe tenue, haciendo que el deportista solo desvíe su mirada con un sonrojo, dirigiéndose a su escritorio.
—¿Qué? Eres su cuñada, y ahora te llevas con él.
—¡Calla! —Kochou reprocha a su amigo de cicatrices, aunque no parecía nada incómoda con lo que dijo, ni porque oye las risitas tiernas de la profesora Kanroji, antes de que junto a su pareja, se despidan y se fueran de la sala— Aún no somos pareja, tengo que apenas ir a darle mi obsequio.
—Que de no ser por mí, no le estarías por entregar nada —Fanfarronea el Shinazugawa, quitándole las manos encima suyo.
—Oh, entonces es por eso que no te encontrabas para ver el abucheo que se dió en el receso. —Uzui entraba al lugar ahora, en sus manos, tenía una caja de forma de corazón de color azul grisáceo, y a como veía, la tela era de terciopelo— Unos chicos de segundo se agarraron a golpes, para ver quién era "mejor hombre" para la chica que les gustaba a ambos.
Entonces fue más bien una suerte de no haber estado allí, teniendo que soportar dicho acontecimiento, así que debía agradecer a lo despistada que era Kanae para olvidar el regalo que ella había preparado para Tsutako Tomioka, la hermana de Giyuu, y la chica de la cual su amiga ha gustado desde ya un tiempo.
—Esos mocosos, sabía que no estarían tranquilos para este maldito día.
—Si, fue un desastre total para ellos, la pobre niña ni los quería ver a la cara… ¡Hey, Tomioka! Tus chocolates son casi iguales a los míos.
Sanemi observa a dónde el más alto señaló. Giyuu de su mochila, saca una caja de color azul, que también tenía una forma de corazón, y la tela de igual forma parecía velluda; contenía varios chocolates, y viendolo comparados con los del artista, si tiene una forma similar.
—Me los preparó Tanjiro. Él, Agatsuma, Hashibira y Himejima estuvieron juntos, preparándolos, quizás por eso el parecido.
—En efecto, mi dulzura extravagante me dió estos. Están deliciosos, se ganó otro punto para que sea mi futuro esposo.
—... ¿Dijiste que Genya estuvo con ellos?
Los dos enamorados giran a ver al Shinazugawa, que se encuentra expectante, desde que oyó el apellido de su chico salir de los labios del rígido profesor.
—Eh, si. Tanjiro dijo que los estaba ayudando, pero no estoy seguro si estaba preparando propios. —Tomioka baja el segundo chocolate que pensaba comer.
Sanemi comienza a ponerse nervioso, aunque mantiene su postura serena, a excepción de sus manos que se aprietan, fuera de la visión de los otros docentes.
Intenta aferrarse a algo que lo haga deshacerse de eso, y mira los diseños de las cajas, en silencio; ambas tienen la misma forma, aunque el color azul es de tonos diferentes, y la de Genya había sido rectangular y verde con listón delgado púrpura. Aunque no pudo verificar si compartía la misma textura, como las de sus compañeros.
—Rengoku me dijo que en medio de su clase, Hashibira se levantó y le entregó una bolsa de bombones a la chica Kanzaki —Tengen ríe, sabiendo que esos dos eran pareja, creía que no era necesario que el chico hiciera eso— y bueno, si ese chico incluso le hizo algo a su novia, tal vez tu amiguito también hizo unos para su persona especial.
Bueno, a la mierda.
El malestar de hace horas regresa completamente en Sanemi. Porque, si la caja era de Genya, para otra persona, las cosas cambian completamente.
Todas las pocas posibilidades que tenía, ahora ya no existen.
Kanae le mira, y trata de hablar, pero guarda silencio en cuanto su amigo recarga sus brazos en sus codos, y cubre su cara con las manos, que al mismo tiempo, se enterraban en sus cabellos albinos.
—Supongo que perdí mi oportunidad…
Pero probablemente, nunca la tuvo.
Suelta con desgano. Está lo suficiente apagado como para hacer alguna cosa que mostrara toda su frustración y calvario. Ciertamente había logrado, aunque sea un poquito, de haberse plantado profundamente las palabras que Kanae le había dado.
Y ella lo ve apenada. Los otros dos solo se quedan en silencio. Sabían sobre el enamoramiento de Sanemi, ya sea porque el mismo albino se los dijera, o porque ellos mismos lo descubrieron, después de todo, podía ser evidente el cómo lo trataba exclusivamente a las demás personas.
Incluso Uzui le había tratado de aconsejar en varias ocasiones, que Sanemi llegara al chico más joven con toda seguridad, pero Sanemi simplemente se mostraba fastidiado cuando de Uzui se trataba, en general.
Cómo ahora, que este había tenido que decir eso que lo hizo casi querer tirarse de un edificio.
—Yo y mi bocota.
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Finalizando el día escolar, Zenitsu caminó hacia la sala de profesores. La idea que tenía era esperar al profesor de artes. Sabiendo que este y los demás tendrían la tarde libre, le pareció una buena oportunidad para invitarlo a comer, y festejar el día de los enamorados como se debía.
Pero por mientras, pensaba en cosas, y Genya había sido una de esas.
Estaba ansioso de saber si había tenido la oportunidad de declararse a Shinazugawa, y más la intriga creció cuando miró a aquel último en la clase de hoy.
Tan igual de gruñón, como todos los días, pero Zenitsu pudo detectar que estaba un poco… Raro.
Supuso que al no revisar las actividades que había puesto en la clase para distraer el tiempo había sido suficiente indicio. Cuando Murata las terminó, el docente simplemente lo mandó a la mierda, y le dijo que lo llevara a casa para "rehacer el trabajo", en caso de que tuviera errores.
¿Cómo demonios lo sabría si ese monstruo ni siquiera se tomó el tiempo de revisarlo?
Y es que, por más que ese hombre podría parecerle horrible como persona en general, sabía que para su trabajo lo tomaba bastante en serio; daba muy bien sus clases, y si el alumno se esforzaba en intentar mejorar, el mayor no dudaría en echarle la mano.
Que Sanemi Shinazugawa se negara a brindar la oportunidad a uno de ver en qué la había cagado y corregir, podía ser señal de que algo no estaba andando bien.
Temía que la razón fuera que Genya se le confesara e hizo que terminara en malos términos. De solo tenerlo como una posible opción le consume un poco de miedo, porque sabría lo afectado que estaría su amigo debido a eso.
Así que en cuanto llegó al pasillo donde se ubicaba la sala, tomó su teléfono en lo que esperaba a Tengen. Podría intentar chatear con Genya para preguntarle, o con Tanjiro en otros casos, sabía que podría ser mucho más directo con el pelirrojo que con él, o Inosuke.
Y pensando en aquel loco que tenía de amigo…
—¡Monitsu! ¡¿Qué se supone que haces aquí?!
Zenitsu alzó el entrecejo. Hashibira se encontraba llegando dónde él. Ahora tenía puesta su famosa cabeza de Jabalí, pero podía apostar con los humos que salían de los poros nasales de la máscara que estaba enojado.
—Lo mismo te pregunto, ¿no vas a salir con Aoi-chan? Oí que hiciste el ridículo en la clase de Rengoku-sensei al pedirle a ella que fuera tu San Valentín, se supone que las chicas solo hacen eso.
—¡Ninguna norma o lo que sea me dirá que es lo que debo y no hacer! —Grita, y ni con la máscara el grito amortigua el sonido; peor para los oídos especiales del rubio— A mi Akoi le toca trabajar, pero saldrá temprano, así que podremos consumir nuestra rutina de pareja hasta las 3.
—¿Ru-rutina? Por favor, espero que no te refieras a… —Zenitsu cubre su rostro con ambas manos.
—¡Cómo sea Agutsuki! No me interrumpas, tengo que cobrar asuntos con ese profe loco.
—... ¿Con Shinazugawa-sensei? —Sus ojos marrones se posan en la cabeza de Jabalí, bastante interesado— ¿Acaso le pasa algo?
—¡Si con saber algo te refieres a que el imbécil hizo llorar a Genta, entonces si!
¿Entonces sus sospechas son ciertas? ¿Ese monstruo rechazó a Genya?
—¡¿Por qué?! ¡¿G-genya te dijo algo?!
—¡Te digo luego! ¡Ahora tengo que ir a darle su paliza-
—¡Espérate, animal! —Zenitsu le toma del brazo, intentando que haga alguna locura. Su amigo podía ser bastante impulsivo al momento de actuar.
—¡Suéltame, Zengutsu!
—¡Inosuke, estamos hablando del profesor más desquiciado de la escuela!
—¡Sabes que eso me importa un bledo! ¡No permitiré que se meta con mi manada!
Lo entendía. Si realmente el Shinazugawa no había tenido consideración con los sentimientos de su amigo, entonces realmente no merecía ni siquiera una pizca de respeto.
—¿Oigan, qué les pasa?
Ambos amigos miran en dirección de la tercera voz que se presenta entre los gritos reclamos. Tratándose de Tanjiro, que les miraba desconcertado al encontrarlos en tal situación agresiva.
—¡Gompanchiro, dile a la rubia teñida que me suelte!
—¡ES NATURAL, IDIOTA! —Ofendido, Agatsuma envuelve con un brazo alrededor del cuello del otro para intentar ahorcarlo— ¡Inosuke intentaba hacer una de sus locuras!
—¡Harías lo mismo si estuvieras en mi lugar y fueras menos cobarde!
—¡Ya!
El de cabellos Burdeos logró separarlos a ambos. Tomando a Inosuke de su muñeca, y a Zenitsu de uno de sus hombros. En eso, el chico salvaje se saca su máscara para limpiar el sudor de su rostro, debido al sobreesfuerzo contra el rubio.
—Ahora, ¿por qué inició la pelea? —Tanjiro mira a Zenitsu.
—Inosuke intentaba ir con Shinazugawa-sensei con la intención de golpearlo, así que quería detenerlo.
—¿Por qué? —Ahora Tanjiro miraba hacia el rostro femenino de su amigo no-femenino, con su cejas fruncidas— ¿Te metió de nuevo un reporte? Si es por eso, Inosuke, recuerda que ya hablamos de eso.
El nombrado se queja, estando un poco más tranquilo, deja su máscara a un lado de sus pies, para así cruzar los brazos.
—Bueno fuera que sea por eso, pero no. —Les mira a ambos con recelo— Ustedes estarían reaccionando igual, porque ese viejo estúpido se metió con los sentimientos de Kenta, de una mala manera.
—También estoy preocupado por Genya, cerdo. Además, también ví al profesor bastante raro, estoy ansioso por lo que pudo haber pasado.
Zenitsu trataba de concordar las cosas. Sabía que Inosuke no estaba actuando de la mejor manera –como siempre–, pero tratándose de la misma cosa que los tiene con los nervios de punta, solo le quedaba tratar de razonarlo, o al menos aclarar los detalles, para que, bueno, aquel docente recibiera su pequeño merecido por herir los sentimientos de uno de sus amigos.
No obstante, el único que no estaba de acuerdo, era Tanjiro, más que nada, porque no sabía absolutamente nada de lo que pasaba, y si se trataba de Genya, definitivamente no podían dejarlo con la duda.
—Oigan, necesito que sean claros, ¿sucedió algo con Genya? ¿Y por qué dicen que Shinazugawa-san estaba actuando de forma inusual?
—¡¿Pues qué derecho tiene de hacerlo?! ¡Ese hirió el corazoncito de Tenya! ¡Y todo por preferir a la cara bonita de la profe de mariposas!
—¡¿Así que de eso se trataba?!
—... ¿De qué demonios hablan?
Ambos miran al Kamado, irritados de que no captara el enfado inmediato.
—¿Estás sordo, Monjiro?
—¡Si, hombre! ¡¿No oíste lo que dijo?! ¡El Chucky ese rechazó a Genya porque al parecer, ahora está con la hermosa profesora Kochou!
—¡Pero- ¡¿De dónde sacan esa barbaridad?! ¡Eso no es cierto!
—¡Lo es! Gonyu dijo que los vio bastante acaramelados antes de que el receso terminara, y también que la profe Konoe tenía unos chocolates que ese viejo le dió.
—¡Si, porque los chocolates son un regalo que Kanae-san le dará a Tsutako-san, mi cuñada!
—... ¡¿Qué?!
Tanjiro suelta aire con pesadez, tratando de articular las palabras necesarias para explicarle a sus amigos confundidos sobre toda la situación, con cansancio. No podía creer en el embrollo que se habían hecho.
Sin embargo, Zenitsu deja de poner atención, en cuanto la voz del profesor Shinazugawa empieza a ser captada en su desarrollada audición.
No es necesario pegar el oído a la puerta, incluso estando a una pequeña distancia de lejanía, perfectamente estaba al tanto de lo que hablaba aquel, junto a los otros profesores, incluído su novio.
—Están hablando de Genya…
—¿Huh? —Tanjiro deja de hablar. Ambos le observan confusos, pero solo les toma un segundo para saber a lo que se refiere.
Se acercan y esperan a lo que el rubio diga.
…
—¿Y si esos chocolates son para ti?
Giyuu Tomioka es el primero en romper el silencio que se dió luego del comentario del profesor de artes, con dicha pregunta que iba para Shinazugawa.
—¿Por qué lo crees? —Pregunta Uzui, bastante curioso.
—Que yo sepa, Himejima no tiene alguien tan íntimo como para darle algo como eso, por lo menos no más que Shinazugawa. En los únicos que pienso también son Tanjiro y los otros chicos, pero si tomamos en cuenta esto, entonces solo sería un detalle de amistad, y… No tendría sentido que sea solo uno.
Aquello hace sonreír a Kanae, manteniéndola más positiva. Solo espera que a su amigo también le animara un poco.
—Bueno, en ese caso, falta saber con qué intenciones se los quiere dar a- —El albino de estatura mayor calla en el momento que tiene la mirada desaprobatoria de su compañera encima— Por eso digo que soy más bello cuando estoy callado.
—¿Y si mejor se callan todos? —Sanemi reacciona finalmente, luego de meditar un poco lo que podría estar pasando con su chico. Muestra su rostro poco a poco, aún manteniendo los brazos encima del escritorio— Solo dejen el maldito tema, no me gusta que supongan cosas de Genya que no son.
—Mi intención no es discriminarlo, en lo absoluto —Giyuu se disculpa, y dispone de quitar un poco su semblante sereno a uno más interesado— Sé que no lo conozco lo suficiente, lo último que quisiera es decir algo incorrecto…
—Pues no lo hagas, Tomioka. No hagas parecer que lo conoces más que yo.
—Exacto, tú lo conoces más que nadie. Por eso, solo tú puedes probar lo que Tomioka dice —Uzui se atreve a intervenir nuevamente, esperando que esta vez, no haya dicho nada incorrecto.
Sanemi solo niega y no los mira. Estaba cansado de la situación, no quiere llenarse de lo que pueden ser solo unas lindas ilusiones falsas; las pocas veces que lo hizo solo lo dejaron hecho mierda, más de lo que ya se sentía.
Se separa del escritorio, comenzando a guardar lo necesario en su maletín, ya quería irse.
—Sanemi, solo queremos ayudarte, es probable que no sea-
—¡Nunca les pedí ayuda! Menos a estos dos idiotas. Que sólo con verlos comiéndose la boca a los otros mocosos me dan ganas de vomitar.
Mira por un segundo a los otros hombres, uno intentando no avergonzarse, y el otro de no sonreír orgulloso.
Rueda sus ojos con fastidio. Él admite que les envidia, incluso si antes intentó recriminarlos, solo porque el meterse con un estudiante es bastante cuestionable, pero solo estaba siendo hipócrita, porque no podía obtener algo así con Genya. Nunca lo tendrá.
—Sólo váyanse. Ustedes tienen a alguien allá afuera, yo no, que mal, si, ¿pero qué más da? Lo único que queda es aceptarlo, así que metanse en la cabeza que Genya no me quiere, y nunca me querrá…
—¡¿ME ESTÁ JODIENDO?!
Sanemi quita su vista de su maletín, y al igual que los otros profesores, observan que la puerta es abierta con agresividad por aquel estudiante que el albino consideraba un llorón.
Aunque en esos momentos, solo lograba ver irá, desesperación, y bueno, si, lágrimas, en el rostro de Zenitsu Agatsuma.
—Ze-Zenitsu, ¿qué estás haciendo? —Tanjiro pregunta, temeroso de que su amigo los vaya a meter en problemas.
—¿Por eso estaba mucho más roñoso en la clase de hoy? Casi quería aventar a Murata de la ventana por haber acabado los ejercicios que usted mismo nos puso a hacer, ¿que, todo esto porque piensa que no es correspondido? Déjeme decirle que, para ser el profesor de matemáticas, es un grandísimo tonto.
—¡Zenitsu! —Tanjiro le sujeta del brazo, e Inosuke le sonríe con impresión.
Sanemi se aleja de su escritorio. Se puede sentir esa vibra pesada tan natural en él, así como en su rostro se comienzan a saltar las venas, haciendo que los otros mayores se hagan a un lado del camino, y él termina llegando a dónde su alumno de apariencia amarilla.
—¿Qué te crees, mocoso insolente? Con el derecho de hablarle así a un profesor.
—¡Me creo mucho, fíjese! Si ya estoy cogiendo con uno, que no le pueda gritar a usted.
—Pi..pichoncito…
—No me provoques Agatsuma, o te juro que-
—¿Qué? ¿Qué va a hacer? ¿Llorar? Pues hágalo, si lo hace sentir mejor ¿aunque sabe? Puede que lo que si lo conforte es que Genya es igual de idiota que usted.
—Agatsuma-kun-
—De todos modos, fue más aventado, y usted está insultando a su esfuerzo, como si no hubiese estado casi toda la tarde de ayer haciendo un cochinero con huevos y leche, y todo para obtener los "mejores chocolates que solo su Nemi se merece". Porque si, viejo loco y estúpido ¡esos malditos bombones eran para usted!
—... Mentiroso. —Es lo primero que Sanemi dice al reaccionar.
El chico pelirrojo posa ambas manos encima de los hombros de su amigo de cejas gruesas, intentando que no hiciera ningún movimiento que lo hiciera lamentarse.
—¡CON USTED NO SE PUEDE! ¡Váyase a la mierda!
—Z-zenitsu no miente, profesor. Genya… Él quiere que usted sea su San Valentín.
—¡Así es! Así que de una vaya por esos dulces o si no yo me los voy a comer. —Inosuke resopla su amenaza, mientras cruza de brazos.
Shinazugawa dudaba en creerlo, pero su corazón lo delata con una nueva composición de latidos incontrolados, así también que inevitablemente siente como el aire que pensó que se había ido desde que todo inició, regresa a sus pulmones.
Tanto Kochou cómo Tengen mantienen una sonrisa fascinada. Resistiendo las ganas de sacudir al albino más pequeño debido a lo que se le estaba diciendo.
Y Giyuu…
—Bueno, ¿qué esperas o que?
Empuja a Sanemi levemente, teniendo como reacción la reincorporación de este para mirarlo con impacto, debido al atrevimiento.
Su celular no permite que continúe con la molestia que quería nivelar a la par de sus demás emociones. Tomó esta y revisó, y sus glicinia adquieren un brillo al momento que ve el nombre del contacto el cual le escribió mensaje de texto.
Como su último indicio para tomar una decisión.
"Necesito hablar seriamente contigo. Si aún no te has ido, ¿podemos vernos en el estacionamiento?"
–Genya🍉
Supuso que, los gritos de los mocosos, y las suposiciones de sus compañeros no fueron dichas como algo que de repente se les pudo ocurrir como si nada.
Aunque pudo ser que de nuevo Genya se refiriera a lo que hablaron antes de iniciar el segundo tiempo de clases, parte de ahí, en su pecho, le insistía que de nuevo esperara a que fuera lo que en verdad quería, con él.
—Mierda…
Se da media vuelta, tomó sus cosas y se va de ahí, sin decir nada más.
Aunque Tengen, entre un puchero, se cruza de brazos y se acerca a dónde los estudiantes.
—Bueno, el chisme será para mañana, entonces.
En eso, el más grande ve como una pequeña mata de cabellos rubios y naranjas se recarga en su cuerpo. Tiene pequeñas cosquillas en cuanto siente la nariz rozando uno de sus pechos, así como la humedad, estaba llorando.
—¿Cariño?
—Mi calificación final en matemáticas probablemente dependerá ahora de que esos dos al menos se besen.
La personalidad nerviosa de Zenitsu Agatsuma había regresado.
✿ ♡ ✿ ♡ ✿ ♡ ✿ ♡
Genya lo estuvo pensando mejor.
En todo lo que le quedaba de clases, había tenido una pequeña disputa consigo mismo, justo después de haberse abierto un poco a Inosuke con lo que pasaba con Sanemi; justamente, que le había dicho con una seguridad temporal de que el plan de confesión se cancelaba, y se iría con la costumbre anterior de ocultar sus sentimientos bajo la capa de miedo que tantos años ha tenido.
Bueno, ya no estaba seguro de si era tan buena idea.
Quizás al haber estado a punto de hacer algo que podría cambiarlo todo, había afectado ahora a sus visiones; el miedo de que Sanemi se aleje seguía ahí, pero de cierta forma, ahora creía que probablemente sería bueno para manejarlo.
Además, Tanjiro tenía razón en algo…
"Estar a lado de la persona que amas, y al mismo tiempo guardándote todo lo que sientes, no suena algo justo para ti"
Y no, no lo era.
No quería volver a la misma situación, era horrible; haber tenido que reprimir sus expresiones cada vez que su amor crecía más; muchas noches cuestionando su orientación sexual antes de dormir, o teniendo que esperar a llegar a casa a gritarle a la almohada porque una niña fuera mucho más atrevida que él para coquetearle.
Teniendo que haber maldecido este mismo día en todos los años solo porque quería a alguien con quién tener la dicha de pasarla, ese alguien que era Sanemi, y si las cosas ya no daban como él había querido, entonces solo debía cerrar el ciclo, seguir su vida, superando esos sentimientos, pero de una manera mejor, más correcta.
Además, su Nemi tampoco merecía una amistad llena de mentiras, no para lo que en verdad ha significado, simplemente no. Eso sí que era algo que consideraba muchísimo peor.
Esperaba que esto fuese algo que agradaría a Tanjiro, o también a Zenitsu e Inosuke; Cupido hasta podría al menos darle alguna estrella dorada como premio por haberlo intentado aunque sea.
Ya le había escrito a Sanemi, para que pudieran verse en el estacionamiento, así que ahí estaba con su mochila a un lado suyo, en el suelo, y la pobre caja de chocolates que esperaba y no se encontraran en mal estado de tanto que la ha estado paseando.
En lo que esperaba, estuvo en un momento de práctica para saber que decir; no confiaba mucho en sus capacidades para confesarse a la perfección, después de todo, nunca había tenido experiencias en eso, pero al menos trataría de decir lo más claro posible para que el mayor entendiera.
Pensó también que no debía ser tan detallado en todo. A veces, ser directo era mejor que nada.
Luego quitó esa mentalidad muy lejos de sí mismo. Ha llevado en toda su maldita adolescencia con la carga emocional, casi la mitad de su vida en todo eso, así que no, simplemente no podía solo verlo, alzarle la maldita caja y gritarle un simple y sencillo…
—¡SÉ MI SAN VALENTÍN, POR FAVOR!
Ah, algo como eso.
Genya da un salto bastante pequeño, pero suficiente para haber logrado dejar caer los chocolates. Antes de procesar el grito repentino, una de sus manos se encontraba sostenida por otra llena de cicatrices y venas restregadas entre los nudillos y la extensión del brazo.
Dueño de estas es Sanemi Shinazugawa, que también, su rostro no cabía tanto del sonrojo que se esparcía en dicha zona, pero por más que la vergüenza estuviera atacándole, no apartaba el rostro de su firmeza.
Genya contempló todo eso, lo que se le estaba entregando directamente, no había mucho que pensar si lo miraba en pocos segundos.
Pero lo primero que pudo conseguir a reaccionar fue un malogro.
Porque, el maldito Sanemi aparece así de la nada, espantándolo con tal propuesta, cuando él apenas y lograba reunir todo el valor que poca veces tenía para confesarse, y esas veces habían sido exactamente hoy, y así como ahora, él se había encargado de arruinarlas ¿cómo se atreve?
Su rostro pasó de ser asombrado y desconcertante, a uno más enfadoso. Estaba harto.
El semblante causa en Sanemi un miedo, pensando haberse equivocado una vez más. Quiso incorporarse para pedir alguna disculpa, pero en eso, fue empujado hacia la pared, por lo que un gemido solo fue lo que logró sacar de sus labios.
—Gen-
—¡Cállate, idiota! ¡Arruinaste todo! —Sanemi tragó duro, ¿entonces todo si había acabado aquí?— S-se supone que yo te iba a pedir que fueras mi San Valentín primero!
—... ¿Ah?
Le observa, fuera de lugar, pero aún así, logra tener la esperanza que había tenido desde un principio.
—Te pedí que vinieras por eso, y estaba preparándome demasiado desde el día anterior, para que tú saltes de la nada como maniático y deshagas todo lo que había pensado, eres horrible. Estúpido, tonto Sanemi.
Al fin de cuentas, si había arruinado algo.
Aunque muy diferente a lo que había intentado no hacer, esta vez, Shinazugawa sólo empezó poco a poco a formar una sonrisa estúpida, daba con querer expresar la alegría que le causó el que las cosas esta vez salieran bastante diferentes a los mil escenarios negativos que se había armado en su cabeza.
Y es por eso que de pronto, acabó en una risa fuerte, tan poco inusual en él.
Una risa de alivio, o no sabría si llamarlo así, pero, de alguna manera era liberal. De allí salía todo el mar de emociones que había tenido en las últimas horas, y quizás también, las que tuvo desde la primera vez que miró a Genya con otros ojos.
—Sa-sanemi…
Por parte de Genya, esa acción lo tomó desprevenido.
¿Se estaba burlando? ¿Después de que le haya quitado las palabras de la boca, se atreve a reírse de él?
Si es así, entonces si era un horrible, y quería enojarse con él, pegarle y odiarlo, tanto como odiaba que no pudiera dejar de admirar su risa como idiota enamorado, maldita sea el que sea tan atractivo.
Había querido al menos empujarlo, porque tampoco poseía la fuerza –mental– para siquiera hacerle algún daño, pero que supiera lo decepcionado que estaba de su reacción.
Pero el intento murió como solo un pensamiento. Los brazos del albino fueron mucho más veloces al actuar, atrayendo su cuerpo fornido, pero esbelto, hacia el más grande.
Genya con la cara casi roja, se tuvo que apoyar en los costados de Sanemi. Este último había callado sus risas, porque ahora su boca era opacada por la tela del uniforme escolar del menor al haber recargado su rostro en su clavícula.
—Lo siento, no pienses que esto me causa gracia o así, o b-bueno, tú no, uhm…
Se maldice por su tartamudeo. No era bueno con las palabras, por lo menos no con personas fuera de su zona de confort, y pese a tratarse de Genya, precisamente, en ese tipo de situaciones, era un novato completo. Dios, como un adolescente.
—Solo… Solo quiero que sepas que… estoy feliz por esto, y mucho.
Por otro lado, Genya no sabe qué decir del todo ahora, y la molestia había bajado un tanto, de hecho, ahora estaba igual de feliz, porque el otro no se haya tomado mal lo que sentía; quería gritar de lo bien que estaba pasando, estando entre sus brazos fuertes, sintiendo todo el calor que tanto él le produce, que esta vez no fuera tan solo en un plan amistoso.
Era un momento que definitivamente no quería disipar. Pero, había cierto detalle que no dejaba de calarle en algún punto de su pecho.
—¿Qué… qué hay de Kanae-sensei? —Pregunta, bajando su vista con cierto miedo a su respuesta, que aún haya algo que cambie todo— Pensé que tú y ella están juntos.
—¿De dónde sacas esa mierda? —Dice con seriedad, e incomodidad por esa suposición; separa solo su rostro para mirarlo directamente— Entre Kanae y yo no hay nada. Solo somos amigos.
—Pero… Los ví antes de que tocara la campana del segundo periodo, ta-también dijo que te amaba.
—¿Que un amigo no le puede decir a otro que lo ama?
—¿Y los chocolates?
—Eran para su cita. Salí a esa hora porque fui por ellos a su casa. La tonta los olvidó, debía tenerlos porque ella la estaría esperando fuera de la escuela.
—¿"Ella"?
—Su cita es una chica, ¿no te mencioné que Kochou es lesbiana?
—... No.
De nuevo siente su rostro arder, pero ahora debido a la vergüenza de haber tenido que malinterpretar todo lo que vio, y haberse estropeado él solo su confesión en cuanto la podía decir. Todo porque su sensibilidad y temor optaron por manejarlos antes de verificar mejor las cosas que había visto.
Ni siquiera se pudo permitir festejar internamente porque entonces, el albino no tenía una relación con ella, ni con nadie.
—L-lo siento Nemi, pensé todo mal en vez de al menos preguntar. —Queja, y procede a cubrir su rostro.
Sanemi suspira. Las palabras de Genya alguna forma las puede identificar para sí mismo, no fue el único quien pensó cosas de manera errada.
—Yo tampoco pregunté… —Genya ahora lo miró confuso. Rasca su nuca con cierta timidez— noté cuando estabas ocultando la caja, y bueno… me estaba volviendo loco por creer que alguien más te los había dado, o que tú pensabas hacerlo a alguien más…
—¿La caja…? ¡Ah!
Voltea a ver a la dirección donde dicho objeto había caído hace rato. Tomándolo en sus manos, y contemplándolo un poco.
Está un poco apenado al saber que no había sido tan bueno escondiéndolo, pero bueno, ya no había tiempo para ser cobarde, debía actuar de una vez por todas; tomar esa oportunidad tan valiosa que aún le quedaba para ese día 14.
Sanemi mira esos bombones que los torturaron media mañana, los mismos que en algún momento pensó en querer deshacer de su mente, y ahora… Solo ansiaba tenerlos en sus manos.
Y aquel sentir se elevó en cuanto Genya, con los ojos cerrados, y el rostro aún colorado, simplemente se la alzó con ambas manos temblorosas.
—Nunca me atrevería a darle esto a alguien más —Abre sus ojos, que se encontraban a punto de desarrollar las lágrimas— aún y si me rechazabas, no lo hubiera hecho, preferiría a que se pudrieran solos que comermelos yo mismo, porque esto lo hice para ti, solo para ti. Siempre fuiste tú, Sanemi, el único a quien solo veo, procuro, y con el que quisiera estar para toda mi vida, porque… Porque te amo. A-así que, si esto no es problema para ti… ¡Por favor, acepta mis sentimientos!
No habían sido las palabras que quería decirle, no se acercaba ni a la mitad de todo lo que había contemplado, pero esperaba que al menos fuera suficiente para que el albino entendiera, que no había nadie igual a él.
Nunca amaría a nadie más que a Sanemi.
Tomó unos segundos para que Genya notara el momento que Sanemi tomaba la cajita, la miraba, así también como causaba una sonrisa en él.
Mientras tanto, el albino observaba finalmente con detenimiento dicho obsequio. Su pequeña molestia había sido reemplazada por la felicidad que le causaba el que fuera en verdad suyo.
—Es el mejor regalo que me han dado, hoy y en todos estos años.
—N-no exageres, ni siquiera has probado el dulce…
—No lo digo por los chocolates en sí, sino porque vienen de ti.
Interrumpe, y al igual que el menor, él también estaba rojo hasta más no poder. Pero tampoco podía, y ni quería, quedarse callado. No cuando Genya le ha entregado algo tan valioso, no solo en material, sino en emociones, algo que viene profundo de su persona.
—He estado tanto tiempo queriendo, aunque sea una señal pequeña, de que mis sentimientos no son incorrectos, qué… que tú estás bien con que yo te vea de una manera diferente a la que hemos crecido —Toma aire por algunos segundos, porque era bastante difícil mantener un poco de rigidez, por los nervios, y porque simplemente esto estaba siendo demasiado de lo que había esperado. Pero vale la pena, Genya lo vale y mucho; sonríe ante ese pensamiento— Y ahora, vienes aquí, reuniendo la valentía que tanto a mí me faltaba. Tomaste… Una oportunidad de oro- No, de rosa, tan rosa como este día tan empalagoso, diciendo cosas igual de empalagosas y darme estos dulces que poco tolero, solo… No hay nada que pueda arruinar todo esto, nada podría quitar que soy el hombre más estúpido, pero feliz en este momento.
Genya baja su mirada e intenta no soltar un sollozo, y acerca una mano encima de su pecho, pudiendo percibir los latidos que iban retumbando, casi parecía querer salirse de su lugar, y todo por escuchar todo lo que había querido oír de los labios del Shinazugawa, o lo que nunca esperó, porque tampoco había pensado que el mayor pudiera haber estado casi en el mismo sitio que él respecto a sus sentimientos.
Y las miradas tan suaves que había anhelado que permanecieran aún y cuando expresara su amor, hacían del momento más entrañable, y asegurar fuertemente de haber hecho lo correcto al haber tomado la oportunidad de color rosa, como le dijo él.
Sanemi insiste con sus manos a qué le mire, y vuelven a estar ambos pares de violetas, quietos en el mismo punto. Ahora, las manos del hombre paran a las mejillas del menor, la cual con el solo roce, hace que pueda sentir los pequeños escalofríos en cuanto la cercanía se cortaba.
No se atrevía a decir nada, pero tampoco quería. Era algo que los dos habían esperado por hacer en tanto tiempo. Algo que cambiaría el rumbo de su relación, y que con mucho gusto tomarían la responsabilidad.
Cómo esperaba, Genya era lo suficiente tímido para haber tomado la iniciativa de finalizar la distancia, así que, luego de una miradita fugaz, Shinazugawa apega sus labios a los suyos, con esa delicadeza inusual; con ese amor que casi era inexistente, pero que ya no se acobardaría en mostrarla tan seguido.
La acción se vuelve mucho más cómoda para Genya cuando los pulgares de Sanemi acarician sus poros, justo como al inicio del día; un poco más significativo ahora que estaban de esa manera tan comprometedora. Mientras tanto, él pasa las suyas por la espalda más ancha, Sanemi toma distancia de la pared en la que lo habían acorralado en el inicio, para permitirle esos toques con mayor facilidad.
Fue clara la inexperiencia de los dos, pero con tan solo sentir la suavidad de cada labio fue suficiente para deleitarse y hundirse hacia el otro.
—Te amo, Genya. Te amo y te quiero a mi lado, en todo sentido…
En un momento de falta de oxígeno se separan, pero no lo necesario como para no sentir aún las respiraciones del otro. Ambos entrecerrados ojos se encuentran nuevamente, con el disfrute visual del rojo en sus pieles; con ello se sabe perfectamente la intensidad del amor que Sanemi le otorgaba junto a esas palabras.
Y Genya se muerde el labio recién besado al no querer llorar del todo, por la felicidad que se desprende en el ambiente.
—¿E-eso es una re-consideración a vivir en tu casa? —Esperaba que Sanemi también entendiera que su deseo de vivir juntos era verdadero, que su rechazo no había sido más que el miedo.
—No dejé de hacerlo, y con todos los peros que me pongas, jamás lo haré.
Ahora sí, estaba llorando. Estaba siendo todo perfecto para que le esté pasando en realidad.
—No te haré perder el tiempo, Nemi. Quiero vivir contigo.
Sanemi, con risitas socarronas, usa de nuevo sus pulgares para ahora retirar las lágrimas que estaban empapando las mejillas rojizas contrarias.
—Tan sensible como siempre —Y Genya iba a objetar, pero Shinazugawa lo besa ahora en su frente para evitarlo— Y es así como me encantas.
—M-más te vale, tarado.
Y Sanemi no puede evitar volver a besar esos labios tan lisos, menos cuando se formaban en un puchero bastante tierno que incluso para su duro ser era demasiado para no adorarlo, junto a todo de Genya, incluso ese corazón tan exageradamente blando que solo le mostraba lo precioso que era el chico.
Él se encargaría de demostrar su valía completamente, sin más dudas ni miedos que pudieran interponerse en su camino de que fuera justo con sus propios sentimientos.
Mientras que Genya, parece agradecer internamente, a sus amigos, Cupido, o lo que sea que le fue dando una señal para actuar y hacer un cambio definitivo a sus emociones, y su vida amorosa en general, que al final si haya resultado a su favor.
Tan ansioso, disfrutaba del beso. De ahora en adelante, San Valentín, o cualquier otro día a futuro, ya no sonará tan malo ni desafortunado para él.
