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Español
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Published:
2021-09-12
Updated:
2021-09-13
Words:
10,121
Chapters:
2/5
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7 Días de Amor / 7 Days Of Love

Chapter 2: Capítulo II

Chapter Text

El silencio que ocupada la habitación esa mañana se rompió con el leve crujir de las sábanas al cambiar de posición sobre la cama en repetidas ocasiones. Tras un par de horas de sueño incómodo, Natsuo comenzó a sentir que la temperatura de su cuerpo aumentaba gradualmente así que se deshizo de su parte de las sábanas que le cubrían apartándolas con la mano y la pierna. Se giró a su derecha y comenzó a percibir un suave aroma a shampoo que inundó sus fosas nasales haciendo que despertara de ese incómodo ensueño en el que había estado parte de la madrugada. Una vez que sus ojos se acostumbraron a la todavía escasa luz de la habitación, pudo distinguir que lo que desprendía ese aroma eran los largos cabellos de Hina regados sobre la almohada y una tenue sonrisa asomó a sus labios. Cerró la mínima distancia que había entre ambos y extendió su brazo para tomarla por la cintura y abrazarla, le besó el hombro que tenía descubierto y le buscó el rostro para ver si no había despertado.
– Veo que sigues teniendo el sueño pesado – dijo en voz baja y volvió a recostarse. Al hacerlo sintió una extraña sensación dolorosa en el estómago pero la ignoró.
La cercanía con otro cuerpo aumentó su sensación térmica, le pareció inusual pero lo interpretó de otra manera y una idea pícara le saltó a la mente. Escabulló su mano por debajo de las sábanas y alcanzó la piel de uno de los muslos de la chica, comenzó a acariciarlo muy suave provocándole un ligero cosquilleo al cual ella respondió moviéndose ligeramente. La leve sonrisa que había en los labios de Natsuo hacía unos instantes, se tornó en una más traviesa al ver la reacción que provocó y siguió dibujando un camino hacia arriba con sus dedos. Cuando llegó a su cintura, suavemente escabulló los dedos por debajo del top de su pijama hasta tocar su vientre; su piel estaba tibia y suave y comenzó a dibujar círculos en ella con las yemas de sus dedos, nuevamente ella respondió al estímulo moviéndose un poco pero eso no lo detuvo, siguió ascendiendo hasta llegar a su pecho, con delicadeza lo tomo en su mano abierta y comenzó a tocarlo, con su dedo medio acariciaba su pezón circularmente y notó como cambiaba a su forma erecta en un santiamén, la reacción en su cuerpo no se hizo esperar, un ligero escalofrío que le erizo la piel la trajo de su sueño profundo a uno superficial donde se percató más nítidamente de las sensaciones y mientras las caricias no cesaban, el naciente placer de ello le arrancó un sutil ronroneo de los labios junto a un “Natsuo” en voz baja. La temperatura de Natsuo continuó subiendo y subiendo pero lo atribuyó al calor del momento, Hina entreabrió los ojos y se llevó la mano al pecho solo para encontrarse con la de su esposo por debajo de sus ropas, entonces sintió como el tibio resuello de su respiración le hacía cosquillas cerca del oído.
– ¿Qué haces?
– Solo le doy los buenos días, Señora Fujii.
Natsuo se pegó por completo a aquel femenino cuerpo y ella se giró ligeramente de manera que a él le fue más cómodo acomodar el otro brazo por debajo de su cuerpo y sin vacilar escabulló la mano debajo de la ropa para alcanzarle el otro pecho y acariciarla a dos manos.
– Mmmh… ahh… esp… espera – como acababa de despertar, la joven estaba muy sensible y pronto sintió un cosquilleo en su intimidad producto de la estimulación que estaba recibiendo – Tu cuerpo se siente muy caliente, Natsuo –.
– Me atrevo a decir que tú eres la culpable.
Hina no pudo evitar sonrojarse no solo a las palabras de Natsuo sino a que su propia temperatura estaba aumentando al igual que su excitación.
De pronto, Natsuo percibió que su nuca y su espalda estaban transpirando ligeramente, “me siento raro” pensó; pero dejó pasar la idea, entonces se detuvo y de un movimiento se posicionó sobre ella apoyado de rodillas y manos a los costados de su cuerpo, pero al hacerlo sintió un ligero mareo que lo tomó por sorpresa.
– Buenos días – Le contestó la joven con una sonrisa y una caricia en la mejilla, pero al tocarlo se percató que de verdad su piel se sentía caliente y sus mejillas estaban algo enrojecidas – ¿Te sientes bien? – el tono de su voz cambió de dulce a serio.
– Sí, solo… no es nada, ¿en que estaba? – y se inclinó para besarla en el cuello y ella soltó una risita al sentir cosquillas.
Hina hundió sus dedos en aquel cabello despeinado que tanto amaba pero cerca de su nuca las puntas estaban húmedas por el sudor. Con la cabeza inclinada el mareo que sentía aumentó y se incorporó de nuevo.
– Natsuo, estás sudando y te sientes muy caliente, no es…
– Me siento mareado y con algo de náusea – La interrumpió y acto seguido se dejó ir de lleno contra su pecho.
– ¡Natsuo!
Hina le ayudó a darse la vuelta y a recostarse. Le puso una mano sobre la frente y la mejilla para comprobar su temperatura mientras lo miraba con una expresión de desconcierto y preocupación.
– Tienes fiebre ¿Te duele algo?
– Todo me empezó a dar vueltas de pronto y creo que tengo náuseas – Natsuo contestó en pausas pues su respiración se había hecho pesada por la fiebre que estaba terminando de establecerse en su cuerpo.
– Traeré el termómetro.
– Agua, quiero un vaso con agua, tengo la boca muy seca.
Ella asintió preocupada y salió de la habitación con rapidez.
Mientras aguardaba, el joven comenzó a sentir que la náusea aumentaba y entonces lo sintió, desde la boca del estómago, ascendiendo por su tracto digestivo hasta la garganta, era el inconfundible reflejo del asco. Se tapó la boca con una mano como reflejo y se dirigió al baño rápidamente, era inevitable.
Al tiempo, Hina subía de prisa con el agua y el termómetro; cuando entró en la habitación y no lo vio, comenzó a llamarlo y fue entonces que lo escuchó vomitando en el baño. Se quedó parada tras la puerta escuchando con expresión angustiada. Hubo una pausa y se oyó el agua del excusado y el abrir del grifo del lavabo.
– ¿Natsuo, estás bien? – Preguntó ella al tiempo que tocaba la puerta pero no escuchó respuesta. Esto la alarmó y giró la perilla para entrar, en eso la puerta se abría del otro lado.
Al abrirse la puerta, se topó con un Natsuo pálido y agotado que muy apenas levantó la vista para mirarla. Salió del baño y apoyó su frente sobre el hombro de su esposa. Esta no se hizo esperar y lo rodeó con sus brazos pensando que por el semblante que tenía iba a desfallecer.
– ¿Estás bien? – Le preguntó preocupada. Él solo negó con la cabeza –Vamos a que te recuestes de nuevo, ¿sí? – El joven se apoyó en ella y regresaron a la habitación.
Una vez que lo ayudó a recostarse, le tomó la temperatura; el termómetro marcaba 37.8°C –Tienes algo de fiebre, traeré la bolsa de agua fría para tu cabeza. Natsuo…lo siento, de verdad – De pronto comenzó a pedir disculpas frenéticamente y con una expresión deangustia en el rostro – Es mi culpa, tal vez estés resfriado por lo de ayer y …–
– Oye, oye, espera ¿de que hablas? No es tu culpa – Natsuo le tomó la mano para tranquilizarla, ella tenía los ojos cristalinos – No creo que esté resfriado, creo que es mi estómago.
– ¿Eh, tu estómago? Pero ambos comimos lo mismo ayer.
– Ahm… bueno, es que, cuando tú no estabas bajé a la cocina por un bocadillo, tenía hambre y encontré unas sobras de sushi y pues... me las comí – Se excusó a medio sonreír.
– ¿Sushi…? Pero comimos sushi hace… ¡4 días! – Exclamó la joven al caer en la cuenta de que podría tratarse de una intoxicación estomacal – Deberíamos ir al hospital – sugirió.
Él negó rotundamente con la cabeza – Estaré bien...creo. Solo necesito algo de medicamento para la fiebre y algo para el estómago y… – acto seguido, no pudo terminar la frase cuando el mareo se intensificó una vez más y las náuseas se hicieron presentes, muy intensas. Dio el salto de la cama a toda velocidad y tambaleándose corrió al baño.
Hina solo se limitó a observarlo, todo fue tan súbito. Nuevamente se paró frente a la puerta del baño y escuchó el alboroto dentro, frunció el ceño en señal de incomodidad mezclada con preocupación y algo de disgusto al escuchar a su esposo vomitar. Nuevamente se escuchó el grifo abierto y la puerta se abrió. Natsuo tenía un semblante terrible.
– Creo que… eso era todo, ahora ya estaré bien – dijo con una voz temblorosa y débil.
Nuevamente se apoyó en la joven para regresar a la cama. Se recostó visiblemente agotado y su respiración era pesada.
– Iré a buscar algo para la fiebre – se dirigió al mueble donde estaban guardados algunos medicamentos de emergencia pero no encontró nada para adulto, se dio cuenta que tendría que salir a la farmacia y regresó para avisarle al enfermo – No hay nada para adulto, solo hay medicamento infantil de la última vez que Haruka se resfrió. Tendré que ir a la farmacia pero… –
– ¿Pero…?
– No quiero dejarte solo.
– Estaré bien, no es como si fuera a morir en 20 0 30 minutos.
– ¡No bromees con eso!
– Lo siento.
Hina salió entonces en busca de la bolsa para el agua fría y echó a andar la cafetera; estaba bien amanecido ya, la luz natural de la mañana se filtraba por las ventanas e iluminaba la casa incluyendo la habitación donde Natsuo se encontraba. Una vez de regreso con la bolsa de agua se la colocó sobre la cabeza – Quédate así mientras regreso, voy a vestirme – él asintió.
Abandonó de nuevo la habitación para arreglarse y salir a toda prisa. Se puso unos jeans tipo pescador que se ajustaban perfecto a su silueta y una blusa a rayas azul marino con verde que combinaba con sus ojos. Se ató el cabello en una cola de caballo alta y fue directo a la cocina, apagó la cafetera y vertió el negro y aromático líquido en una taza, le dio unos cuantos sorbos y con prisa fue hacia la entrada tomando su bolso y las llaves; se sentó en el marco de la entrada para colocarse su calzado, volteó la mirada hacia las escaleras y en voz baja se despidió cerrando la puerta tras de sí.
El tiempo que transcurría mientras se dirigía a la farmacia se le hacía una eternidad, pero de igual manera entre sus pensamientos trataba de tranquilizarse, sabía que preocuparse no era la solución al problema. Cuando hubo salido, con el medicamento en la mano de alguna manera se sintió más segura y respiró más tranquila, ahora debía apresurarse para estar de vuelta, hizo una rápida parada en el konbini para llevar algunas bebidas con electrolitos que lo ayudarían a reponerse del vómito y la fiebre y algo de fruta de temporada para que la comiera en cuanto se sintiera mejor.
Aunque era temprano, el sol ya brillaba y el clima húmedo y caluroso ya estaba sintiéndose, no cabía duda que era pleno verano. Ya de regreso, abrió la puerta y dio el tradicional saludo de regreso, se quitó los zapatos y se apresuró directo a la habitación, abrió la puerta con cuidado y encontró al joven dormitando al parecer, tal como lo había dejado, suspiró aliviada, no parecía haber empeorado. Se acercó en silencio y le tocó la mejilla con la mano, aún se sentía algo caliente y su respiración aún parecía algo agitada por como su tórax subía y bajaba.
– Natsuo… Natsuo… – Lo llamó en voz baja – Ya estoy en casa – Natsuo abrió los ojos y le sonrió ligeramente.
– ¿Cómo te sientes?
– La cabeza todavía me da vueltas y me duele un poco el estómago.
– Toma, esto es para la fiebre y esta otra para el malestar estomacal, te sentirás mejor – le acercó una pequeña charola con un vaso con agua y un par de pastillas.
Natsuo se enderezó lentamente para no marearse de más y cogió el vaso y las pastillas y las tragó junto con el agua y volvió a recostarse.
– También te traje estas bebidas, tal vez te sientas mejor si las bebes en cuanto la fiebre baje. Las pondré aquí para que las alcances fácilmente – colocó 2 botellas en el borde superior de la repisa sobre la base de la cama.
– ¿Hina, puedo pedirte un favor?
– Claro, dime.
– Es sobre el escrito que debo entregar ¿podrías hacerlo tú? Debes mandar el correo antes de medio día a Tsutaya-san.
– Pero…
Natsuo estiró la mano buscando la de ella; Hina la tomó y se sentó a su lado – ¿Estás seguro que quieres que maneje tus cosas del trabajo?
– ¿Por qué no? Eres mi esposa y no hay nadie a quien le confiaría más mi trabajo – profirió tomándole la mano con fuerza.
Al escucharlo, Hina sintió como una enorme sensación de felicidad le inundaba el pecho, recordó de pronto las veces que le dio la primicia de leer sus historias. Esa sensación de halago se le escapó del interior en forma de una enorme sonrisa.
– No te preocupes, confía en mí, no te fallaré – replicó decidida.
– ¿De qué hablas? Solo es mandar un correo – el joven se rio divertido de que se lo tomara tan en serio.
– ¡No te rías, hablo en serio, tus historias son muy importantes para mí! – exclamó con un dejo de vergüenza en el rostro – Oye… ¿Puedo leerla? – preguntó tímidamente.
Natsuo se sonrojó más y no por la fiebre, la historia corta que había escrito tomaba forma no solo con la sugerencia de ella sino que se moldeaba alrededor de ella como una fantasía personal del escritor. Era casi seguro que se daría cuenta de eso – Bueno… si quieres… –
– No, no, si no estás convencido.
– No me malinterpretes, es solo que es algo…ahm…– se aclaró la garganta – ...algo vergonzoso.
– ¿Eh? ¿De verdad? Natsuo eres un pervertido de lo peor – Hina comenzó a molestarlo juguetonamente.
Entre la plática, Natsuo le pidió que se comunicara con Tsutaya y le informara. Comenzó a decirle donde estaba el archivo que debía buscar y el correo electrónico al que debía mandarlo, en medio de eso el joven comenzó a bostezar y le costaba mantener los ojos abiertos, al parecer el medicamento estaba haciendo su efecto y él estaba por quedarse dormido. Hina lo notó y dejó de hablarle, estaba por retirarse para dejarlo descansar cuando sintió como la tomaba de la mano para no dejar que se levantara de la cama, ella le volvió su atención. Natsuo comenzó a hablarle, arrastrando un poco las palabras, tenía que decírselo antes de caer dormido.
– Hina… lo siento. Quería pasar el día contigo, quería salir contigo, quería que esta semana fuera de los dos y no hago otra cosa más que causarte molestias desde ayer. De verdad, lo… – Sus labios se vieron sellados con los dedos de su esposa.
– Shhh, todo está bien, no hay de que disculparse, estas cosas pasan. Además, estás aquí conmigo y no necesito otra cosa por ahora – le acarició en la mejilla y le sonrió con ternura – Ahora, descansa y deja todo en mis manos. Cuando despiertes seguro te sentirás mejor y te sorprenderé con algo de comer – le guiñó un ojo y salió de la habitación.
Natsuo sintiéndose aliviado con las palabras de Hina no opuso más resistencia a su cuerpo y cayó dormido.
Una mirada color esmeralda tras una taza de café observaba pensativa mientras notaba que un gran silencio imperaba en toda la casa. Recargó su cabeza sobre su mano apoyada sobre la mesa y musitó en medio de un suspiro – Extraño a Haruka-chan – se compuso para reprenderse a sí misma – ¿Qué estas diciendo, Hina? Tienes muchas cosas que hacer – se levantó y recogió sus platos del desayuno y fue directo al estudio de Natsuo.
Se sentó frente a la computadora y antes de encenderla cogió el celular de su esposo y buscó en los contactos el de su editor.
– Natsuo, justo estaba por llamarte yo – se oyó del otro lado del teléfono inmediatamente al contestar sin darle tiempo a la chica de articular saludo.
– Lo siento Tsutaya-san, no soy Natsuo. Habla su esposa.
– Oh, lo siento ¿Hina-san, cierto? ¿Qué pasa, como puedo ayudarla?
– Natsuo me pidió que le informara que yo voy a mandarle el correo con el escrito, desafortunadamente amaneció un poco indispuesto y no está en condiciones. Lamento las molestias.
– ¡¿Está enfermo?! ¿Qué sucedió?
– No es nada grave, es un leve malestar estomacal.
– Ya veo. Gracias por comunicarse señora Fujii, estaré esperando el correo. Cualquier cosa se lo comunicaré a usted.
Al colgar, encendió la Laptop, buscó en la carpeta indicada y finalmente lo encontró. Abrió el correo y mandó el archivo. Unos breves instantes después el celular de Natsuo vibró, era un mensaje de Tsutaya: “Lo tengo, gracias” . Hina se alegró al leerlo. Estaba por cerrar la Laptop cuando le entró curiosidad por leer la historia, estaba indecisa pues Natsuo accedió un tanto nervioso, finalmente la curiosidad le ganó y abrió el archivo.
Comenzó a leer y conforme avanzaba en la lectura se dio cuenta del porque el joven escritor no estaba muy convencido de mostrárselo. No solo era su idea sobre su fantasía erótica que le había platicado el día anterior, eran él y ella reflejados en los personajes centrales. Con cada renglón leído comenzó a sonrojarse más y más, la escritura era tan vívida que casi podía sentir cada beso, cada caricia descritos en ella. Su memoria la llevó al momento en que había fantaseado con esa idea, se mordió el labio inferior y sintió una profunda nostalgia en el pecho. Inconscientemente se llevó la mano al cuello en busca de la cadena que contenía sus preciados anillos; era un reflejo el sostenerlos fuerte cada vez que quería sentirse cerca de Natsuo en aquellos días, pero no los encontró más colgando de su cuello, ya no era necesario, ahora estaba junto a ella.
Cuando terminó de leer aún podía sentir un poco de calor en sus mejillas, se recargó en el respaldo de la silla y dio un suspiro, no podía negar que se sentía complacida y se río para sí por ello.
Giró la vista en dirección a su cama y por un instante se quedó en silencio observando.
– Con que, desde aquí me vigilabas y cuidabas todos los días… – exhaló un sentido suspiro – Desearía poder recordar todas las cosas que me contabas desde aquí – en un instante sintió como sus ojos se tornaban cristalinos a punto de derramarse pero no cedió a ello; se limpió el borde externo de los ojos con las manos y respiró profundó – No es momento para estas cosas – se levantó y abandonó la habitación.
Buscando en el móvil algunos platillos que fueran buenos para después de un malestar estomacal, no se decidía por ninguno; fue entonces que le cruzó por la cabeza pedir consejo a su hermana pero no quería molestarla en sus vacaciones o preocuparla con la situación, era una esposa ahora y quería hacerse responsable como tal. Después de pensarlo por un rato, decidió hacerlo, creyó poder manejarlo de forma casual sin contarle nada.
– ¿Hola, Hina-nee? – una voz le contestó la llamada.
– ¡Hola, Rui! ¿Cómo estás?
– Bien, gracias ¿y tú?
– Excelente, me alegra escuchar que todo esté bien ¿cómo está Haruka-chan? ¿se la están pasando bien?
– Sí, acabamos de subir a la habitación, venimos del almuerzo, tenemos planeado salir en un rato. Te aguantaste 2 días en llamar, es un nuevo récord.
– ¡¿Eh?! No seas así – se escuchó una risa del otro.
– No tienes nada de que preocuparte, estamos bien.
– Ah… claro, ya sé que sí ... – Hina hizo una pausa, como su hermana, Rui la conocía muy bien y sospechó de algo.
– ¿Está todo bien en casa? ¿Natsuo?
– ¿Quién es, mamá? – una niña de cabellos rebeldes y sonriente se acercó a Rui preguntando – ¿Es papá? –
– Haruka, espera…
– ¡¿Haruka-chan está cerca!? – Hina exclamó con un tono de alegría delatora.
– Sí, aquí está.
– ¿Quién es? ¿Quién es? – dijo ansiosa la niña.
– Es Hina-nee.
– ¡Hina-chan! ¡pásamela!
– No, ahora yo estoy hablando.
– ¡Pásame a Haruka-chan! – Exclamó Hina.
– Ustedes dos son iguales – Rui suspiró y le dio el celular a la pequeña.
– ¡Hina-chan, hola!
– ¡Haruka, hola! ¿cómo estás? ¿Te estás divirtiendo? – Hina preguntaba muy animada.
– ¡Sí, mucho! Vamos a ir al acuario en la tarde, estoy emocionada ¿Dónde está papá?
– Ah, él… está tomando una siesta ahora.
– ¡¿Eh?! ¿Está dormido? Pero es medio día. Hina-chan, no dejes que sea un holgazán.
– Claro que no, es solo que estuvo frente a la computadora desde temprano y tuvo una ligera jaqueca.
– Ay, papá. Te extraño, Hina-chan y a papá también; ojalá hubiéramos venido todos.
– Yo también te extraño ¿Qué te parece si la próxima vez salimos todos de viaje? ¿Te gustaría?
– ¡Claro! Te paso a mamá, adiós – Haruka se despidió y le entregó el teléfono a su madre.
– ¿Natsuo está dormido? – Ese detalle de la conversación le pareció raro – Es raro que lo haga.
Hina se quedó callada y no tuvo más remedio que contarle – La verdad es que no amaneció muy bien esta mañana. Se levantó con fiebre y algo de vómito, creo que tiene una leve intoxicación.
– … … Ya veo ¿Comió algo en mal estado?
– Creo que ayer comió unas sobras del sushi que estaba en el refrigerador.
– ¿Eh? Pero esas sobras tenían ya 4 o 5 días ¡¿Cómo se le ocurrió?! ¿Pero está bien?
– Sí, ya tomó medicamento para la fiebre y para el dolor estomacal, por eso se quedó dormido. Lo lamento, Rui, no quería molestarte en tus vacaciones y no se lo digas a Haruka o querrá regresarse. Todo va a estar bien.
Rui soltó un suspiro – Sí, supongo que sí.
– Ahm… la verdad es que te hablé, sí para saludar pero quiero pedirte consejo sobre algo que quiero cocinarle.
Hina le contó la receta que había encontrado en la red, Rui estuvo de acuerdo y le dio una lista de ingredientes para comprar y prepararla.
– ¿Quieres que te diga como cocinarlo?
– No, no, yo lo haré, puedo hacerlo – Dijo decidida.
Ambas hermanas se despidieron y después de colgaron. Hina comenzó a dudar si podría prepararlo correctamente así que llamó de nuevo a Rui.
– ¿Y si lo mato? – dijo inmediatamente le contestaran.
– ¿De que hablas?
– ¿A Natsuo, con mi platillo, y si lo intoxico más?
– Bueno, es tu esposo ahora, deberás hacerte responsable si sucede – Rui recibió como respuesta sonidos quejumbrosos y se echó a reír un poco – ¿Quieres calmarte, Hina-nee? Tus oscuros días en la cocina ya quedaron atrás, ya no eres tan terrible. Debo confesar que tu Soba es bastante decente. Solo cuida la sal, no lo pruebes tanto o perderás el sabor.
Su hermana mayor dio un largo y profundo suspiro, se compuso y ya más calmada se despidió nuevamente.
Decidida a hacer su mejor esfuerzo en la cocina por su esposo, salió de nueva cuenta rumbo al supermercado por los ingredientes para que estuvieran lo más frescos posibles.
El calor y la humedad del clima veraniego eran abrazadores y hacían sentir agotado a cualquiera en instantes. Era un alivio entrar a cualquier establecimiento para refrescarse del sofocante calor del exterior. De regreso, Hina se topó con una curiosa escena, un hombre parecía preguntarle algo a la gente que transitaba la calle pero esta no le respondía y parecían huir de él, parecía ser un extranjero por sus facciones, arrastraba una maleta, tal vez un turista. Ella le observaba desde el otro lado de la calle, sintió compasión por el hombre y cruzó la calle para acercarse, lo escuchó preguntar algo en inglés a una señora que lo ignoró olímpicamente y se alejó. Hina lo tocó en el hombro – May I help you? – en cuanto escuchó la pregunta en su idioma, el hombre volteó rápido para encontrarse con una mujer de expresión amable.
– ¿Usted habla inglés?
– Un poco, sí.
Al escucharla, el hombre puso un expresión de alivio en el rostro.
– Gracias al cielo, acabo de llegar y me aventuré por mi cuenta pero ahora no sé como llegar a mi hotel – le sonrió. Era un hombre bien parecido, joven, de cabellos castaños, ojos azules, con una ligera barba.
– ¿Sabe el nombre del hotel o la dirección? – preguntó ella.
El hombre le mostró una tarjeta y en cuanto Hina vio los datos exclamó con sorpresa – ¡Oh, Lo conozco! solía trabajar allí, le ayudaré a conseguir un taxi.
Caminaron juntos hasta una calle principal para conseguir el taxi, en el camino entablaron conversación, el carácter amigable de Hina siempre le había permitido relacionarse fácil con la gente.
– ¿Viene de vacaciones?
– No realmente, es un asunto de trabajo – El hombre la miraba de reojo, no podía ocultar el hecho de que la encontró bastante atractiva a primera vista, su largo y liso cabello castaño recogido dejaba ver la piel de su cuello, tan blanca y de apariencia suave – ¿Vive cerca o la estoy desviando mucho, señorita? Le pido disculpas –.
– Descuide, no es problema – La forma amable en que le contestó y le sonrió, dejó al extranjero prendado por un instante – Aquí será más fácil – llegaron a una calle principal con más afluencia vehicular donde pudieron conseguir un taxi.
Una vez que el chofer se encargó de su equipaje, el hombre se despidió de Hina agradeciéndole por su ayuda; entonces ella le dio la dirección al chofer.
– Todo está listo, disfrute su estadía en Japón – Hina se despidió con una leve reverencia y el hombre, sonriente, la imitó y subió al coche. Mientras el taxi se alejaba, no dejó de mirarla por el parabrisas trasero hasta que la perdió de vista.
Cuando por fin regresó a la casa, estaba exhausta, el clima del exterior era agobiante. Tan pronto como dejó las compras en la cocina se dirigió a la habitación de Natsuo; abrió sin hacer ruido y al entrar lo encontró dormido todavía. Se acercó a él para observarlo y se puso de rodillas al lado de la cama. Era visible su mejoría, sus mejillas ya no estaban rojas y su respiración se escuchaba normal, su semblante también se veía más tranquilo.
Estiró su mano para tocarlo levemente sin despertarlo y sintió que su temperatura ya era normal; se le escapó un suspiro aliviada.
Ese alivio se propagó por todo su cuerpo mientras recostaba su cabeza sobre su brazo y sobre la cama, colocó su mano derecha sobre la de él y se quedó así unos instantes. Sin notarlo se quedó dormida justo cuando Natsuo estaba por despertar. Cuando este tomó consciencia de nuevo, se percató que el dolor en su estómago y el mareo ya no estaban así como la sensación quemante en su cuerpo. Abrió lentamente los ojos para enfocar a su alrededor, cuando bajó la mirada se encontró con una Hina dormida parte en el piso, parte en la cama.
– ¿Hina? – Articuló. Liberó su mano de la de ella con tacto y estiró sus dedos a su rostro apartándole uno de los mechones que grácilmente caían sobre su frente.
El amor se asomó por las pupilas de Natsuo al mirarla en ese instante; cubrió su mano con la suya y la estrechó. Hina, al sentir el cambio de presión en su mano, abrió los ojos y levantó la mirada en dirección al joven, este la recibió con una sonrisa.
– ¿Natsuo? – susurró un poco adormilada. Se incorporó despacio – ¿Cómo te sientes?
– Mucho mejor. Tengo algo de sed – Ella le alcanzó una botella con bebida rehidratante.
Mientras bebía de ella, Hina se recostó a su lado, le rodeó con los brazos y descansó la cabeza sobre su pecho – Me alegra tanto que ya estés bien – .
Dejando la botella de lado, Natsuo se volvió hacia ella y le devolvió el abrazo – Gracias por cuidarme otra vez. Parece que seré una molestia hasta que muera – bromeó.
– Es una molestia con la que puedo vivir – ella le devolvió la broma. – Natsuo… no mueras antes que yo… – De pronto, la broma se tornó seria en sus ojos al mirarlo, se quedó callado y entonces le devolvió la misma petición – Hina… no mueras antes que yo –.
– Pero soy mayor.
Natsuo levantó una ceja y puso expresión pensativa – Muy bien, ya lo decidí – Dijo resuelto.
Era Hina ahora quien puso expresión pensativa – ¿Qué dices? – le sonrió.
– Ya lo decidí. Cuando el momento llegue, me iré contigo.
Cuando escuchó esa respuesta, no pudo evitar evocar el recuerdo cuando de la misma manera le dijo que estaba dispuesto a morir con ella. Hina no pudo rechazar su resolución, sabía que hablaba en serio cada que la miraba de esa manera tan sincera, era una de las cosas que amaba en él.
– Si esa es tu decisión…
Ella solo le sonrió cálidamente mientras buscaba su abrazo con más fuerza.

------------------------------ CONTINUARÁ -------------------------------------

Notes:

La historia tiene lugar justo después del final del manga.