Actions

Work Header

La santidad requerida para pedir matrimonio

Summary:

Pedir matrimonio puede ser más difícil de lo que se esperaba, especialmente si se tiene que guardar la "santidad requerida".

Notes:

¡Feliz cumpleaños a bebé Chifuyu!
No pensé que lo lograría, pero aquí esta, espero sea de su agrado, probablemente tenga algo -bastante- de OoC y modismos mexicanos (¿ups?).

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Chifuyu se encuentra ansioso, no, la palabra no es correcta, está aterrado, sip, esa suena a una mejor descripción de su sentir actual. Había intentado por todos los medios postergar ese análisis en favor de su clara negativa a sospechar y a su excesiva confianza en su novio, pero ya no puede seguir negando los hechos de las últimas semanas. Baji ha estado distante, quizás demasiado, si bien eso en un principio no le pareció extraño, ya que ninguno de los dos es propenso a dar excesivas muestras de afecto en público, en privado son un punto y aparte, o al menos, solían serlo. Pero, últimamente el mayor se aleja ante cualquier intento de contacto que Chifuyu busque provocar y se ha negado rotundamente a tocarlo más allá de la cintura, de hecho, apenas si lo toca.   

El rubio había considerado que se debía a que el otro estaba bajo una presión constante con respecto a la próxima apertura de la nueva sucursal de su tienda de mascotas, pero la inauguración pasó -con rotundo éxito, si puede ser parcial- y Keisuke continuó evadiéndolo como si trajera la peste.   

Ante eso no pudo evitar deprimirse un poco, su otra alternativa era que las cosas entre ellos ya no estaban funcionando correctamente y Kei se estaba tomando su espacio. Sin embargo, también estaban las notas que aparecían cada mañana sobre su celular con palabras como "Te amo" , "Ten un día tan hermoso como tú" o incluso, "No puedo creer que, aunque babeas cuando duermes, todavía te ves precioso", que le hacían dudar de que esa idea fuera la correcta. Todo el asunto lo traía vuelto de cabeza, no comprendía el actuar de Baji y no quería traerlo a colación. Chifuyu siempre se había jactado de comprender el comportamiento del mayor y no iba a empezar a dudar a estas alturas de su capacidad de entender a su novio.   

Por fin, luego de muchas vueltas, llegó a la conclusión de que podían haber caído en el famoso tedio de una relación. El punto en que uno de los dos considera que la relación no representa ninguna sorpresa y es aburrida. Si bien, el rubio estaba contento con la dinámica de su relación y no sentía que esta debiera cambiar en algo, por Baji, Chifuyu le demostraría que estaba equivocado, con eso en mente, comenzó a planear salidas fuera de su zona de confort.  

Kei, salgamos pidió el menor, mientras sostenía el casco de su novio entre las manos y avanzaba con seguridad hacia el rellano.  

¿Hay algún lugar al que quieras ir? cuestionó el mayor, enarcando una ceja ante la sugerencia. Normalmente, sus planes de los domingos consisten en hacer los quehaceres descuidados entre semana y al terminar, ver una película mientras comen pizza o palomitas.   

—¡ Lo hay! ¿Qué esperas? —lo insto, sacudiendo su casco con una sonrisa que no alcanzó sus ojos, dudoso de que el otro le diera una negativa y echará sus planes por la borda.   

¿A dónde vamos? No estoy seguro de estar usando la ropa correcta —claudicó por fin, acercándose a la salida.   

Chifuyu le dio una larga mirada antes de asentir con la cabeza. Baji estaba usando pantalón de mezclilla y una playera semi raída. Le acercó con disimulo sus botas de montaña y salió al aire fresco de la mañana.  

Oh, solo es una cita en las alturas. No te preocupes, vas perfecto —exclamó con seguridad.  
 

.  

 

Sabes, esto no es lo que tenía en mente cuando mencionaste "cita en las alturas" murmuró entre dientes Baji, tratando de ahorrar todo el aire posible y no mirar hacia abajo.  

Chifuyu se maldijo con todo lo que tenía, pero sonrió con una seguridad que no sentía, intentando infundirle animo a su novio antes de continuar avanzando con cuidado, apoyando los pies en el próximo saliente y moviendo los mosquetones con excesiva lentitud, para continuar con su avance por la vía.   

Baji soltó un juramento cuando resbaló en el apoyo de la grapa, quedando sostenido por el arnés y por fin, miro abajo, soltando un pequeño gritito que el menor se encargó de archivar en su memoria, no todos los días podía escuchar a su pareja gritar de miedo. Chifuyu no quería nada más que terminar el recorrido y reírse de lo ridículos que debieron haberse visto, pero ni siquiera iban por la mitad y ya sentía sus brazos entumecidos y las piernas débiles, y aún les faltaban dos puentes colgantes y un salto. En su vida lo volvían a convencer de subirse a una escalada con ayuda de grapas y presas.   

Dos horas después, ambos alcanzaron la cima entre jadeos y extremidades débiles. Suplicando por agua y por bajar esa maldita montaña, de preferencia lo más pronto posible y sin un arnés de por medio.  

Fuyu…  

¿Si? respondió girándose, sonriéndole a duras penas, ansioso por llegar a casa y tirarse a dormir.   

La próxima vez… espero que no haya próxima vez.  

Solo se rió con nerviosismo, descartando el paracaidismo y el salto de altura, quizás los deportes extremos no eran para ellos.  

  

 
 

Su siguiente opción fue un cuarto de escape. Había buscado reseñas en Internet y después de leer las distintas opciones -que no eran pocas-, escogió el escape del castillo de Drácula. La historia del cuarto en cuestión trataba sobre aventureros que terminan perdidos en los bosques cercanos al castillo del vampiro, siendo su única posibilidad de salir con vida del lugar, el ingresar al castillo y asesinarlo mientras duerme para que la niebla alrededor de los bosques se disperse y puedan encontrar el camino de regreso a casa. La historia en sí no le llamaba la atención, porque no era fan de las historias de vampiros, pero varias reseñas del cuarto lo convencieron para intentarlo, ya que se referían a él como una buena opción para principiantes. 

—¿Estás seguro de que en esas cosas no te matan si no escapas? —preguntó su novio, mirando con desconfianza la sala.  

—Descuida, fue lo primero que revisé —señaló, negando con la cabeza antes de casi colgarse de su brazo—. ¡Será divertido!  

Baji suspiró, pero asintió, aún dudoso de ingresar al cuarto.  

El joven que los atendió les informó que tendrían una hora para escapar y que contaban con 3 pistas y un botón de pánico, en caso de sufrir claustrofobia o sentirse agobiados. También les retiró sus celulares y les confió los transmisores por los que podrían comunicarse con ellos. Deseándoles buena suerte, se despidió de ambos, cerrando la habitación donde los recibió la penumbra.  

Una música escalofriante comenzó a sonar, mientras las luces parpadeaban en rojo y la niebla se filtraba, la habitación en cuestión era pequeña, tal vez demasiado y estaba decorada con ramas y hojas, dando una falsa apariencia de bosque.  

—Tenemos que buscar alguna llave o pista, Kei —murmuró Chifuyu, mientras empezaba a recorrer con calma las paredes, buscando dar con algo que abriera la siguiente puerta. 

—¿Algo como qué? —preguntó con perspicacia, imitando su comportamiento.     

—¡Aja! —celebró mientras le mostraba su primera pista, esta consiste de tres imágenes, un triángulo, un rectángulo y un cuadrado.    

—No entiendo, ¿qué hacemos con esto? —dudo, mientras giraba la tarjeta con las figuras, intentando encontrarle sentido.  

—Seguramente debe haber algo con lo que correspondan —dedujo, continuando con su exploración del lugar.  

Les tomó más de 15 minutos decidir que necesitaban una pista y otros 5 en lograr comprender cómo funcionaba el mecanismo del lugar, al final perdieron más de la mitad de la hora solo en el “bosque”. Cuando lograron avanzar a la entrada del castillo, su lógica les había abandonado y solo se dedicaban a mover todo y buscar cosas fuera de lugar. Ya fuera suerte o milagro, la técnica pareció funcionar porque pronto estuvieron frente al ataúd del conde Drácula.    

—Hazlo tú, Chifuyu —pidió Baji, mientras le pasaba la estaca con la que “acabarían” con la vida del ser inmortal.  

Chifuyu paso saliva, acercándose con cuidado al ataúd, su lógica le decía que no había nada vivo allí y que solo era un muñeco inanimado al que se le tenía que colocar una madera en el pecho, pero toda la logística del lugar le había puesto los pelos de punta y que se escuchara una respiración dentro del féretro no le estaba ayudando precisamente a calmarse.    

—Okey… tira de la palanca.  

—¿Voy a caer a un foso de cocodrilos? —bromeó Baji, intentando aligerar el ambiente.  

El menor soltó una risita nerviosa, negando con la cabeza. Su pareja obedeció, tirando con rapidez de la palanca, ocasionando que el ataúd se abriera con un chirrido.  

Un gemido inundó el lugar, mientras la respiración del ser se hacía más audible.  

Matsuno se asomó con cuidado, apuntando la estaca al corazón y apresurándose a clavarla con rapidez. El muñeco gritó y se levantó con una mueca de horror, alzando los brazos como si intentara atrapar a su asesino.   

No pudo evitarlo, grito, ocasionando que Keisuke también gritara y ambos aplicaran la famosa frase de “patitas para que las quiero”. Salieron corriendo, recorriendo cada cuarto que habían pasado para salir al exterior, temblando mientras el equipo del lugar los recibía entre aplausos y felicitaciones.  

—Eso fue demasiado, ese vampiro va a perseguirme en sueños —confesó Kei, mientras se frotaba los brazos, como si estuviera intentando entrar en calor.    

—Al menos logramos escapar —puntuó con cariño, acercándose para abrazarlo antes de que el mayor jugara a la culebra y evadiera el abrazo. El dolor se reflejó en los ojos de Chifuyu pero no dijo nada, sonriendo en su lugar.  

—¿Qué te parece si vamos a casa y comemos un poco de yakisoba? —preguntó el más alto, notando la incomodidad de su novio e ignorando el hecho de que acababa de evitarlo -de nuevo-.   

Chifuyu asintió, abandonando el lugar sin darle otra mirada, tendría que descartar los cuartos de escape de su lista.  

 

.  

.  

.  

  

"Tenemos que hablar. Reúnete conmigo en el viejo santuario a las 11". Releyó el mensaje al menos tres veces antes de convencerse que leyó bien. Sin duda, no era lo que esperaba, no en este día cuando su novio solía sorprenderlo con desayuno en la cama y pequeños detalles alrededor de su apartamento. Ya no le quedaban más dudas, eso era todo. Kei por fin había decidido terminar con él. Quería llamarle a Takemichi y pedirle que se encontrará con él antes de la hora acordada, pero no tuvo valor. No quería que su mejor amigo lo viera llorar cual otaku al final de su manga favorito. Si iba a romperse en pequeños pedazos, preferiría que no hubiera testigos.   

Con unas enormes ganas de llorar, se encaminó al lugar acordado, subiendo las escaleras como quién sube a su muerte, arrastrando los pies.     

Con desconcierto e ignorando su alrededor, distinguió a varios miembros de la Toman antes de toparse con la mirada de la única persona que estaba buscando, ¿Baji de verdad iba a terminar con él frente a todas esas personas? ¿Sus amigos? Su mirada se tornó aguada antes de avanzar dudoso hacía su novio.     

Fuyu... llamó Baji con pánico, dándose cuenta inmediatamente que algo estaba mal.  

No pudo evitarlo, hipo antes de poder decir nada. Porque ¿qué esperaba? Si Baji quería terminar con él eso era todo. Chifuyu no le suplicaría que se quedará con él, no sería justo para el otro, si la felicidad de su amado no estaba más a su lado, jamás podría ser egoísta y pedirle nada que lo perjudicará. Lo ama lo suficiente como para no ser una cadena.     

Cielo, ¿qué está mal? demanda el mayor, sosteniéndolo con fuerza de los hombros, conteniéndose de amenazar a la persona que haya puesto a su amor en ese estado.    

Yo… yo… se vio incapaz de decir nada más.    

Cásate conmigo pide. Las palabras escapando de su boca antes de que pueda contenerlas. Sabe que se está brincando todos los pasos previos y lanzando por la borda todas las semanas de ensayos y preparativos. Pero ver a su novio en un estado tan vulnerable hace que su cerebro sufra un cortocircuito. Nada importa más que quitar esa mirada de tristeza que asola a su chico.   

Por otro lado, Chifuyu está atónito. Esto no es lo que esperaba y sinceramente duda de haber escuchado bien.  

¿Qué? ¿No estás rompiendo conmigo? inquirió sin poder ocultar la sorpresa en su voz. Tiene que estar soñando, seguramente se cayó de las escaleras del santuario y ahora está en coma viviendo su máximo sueño.     

Quieres... ¿quieres terminar? cuestiona Keisuke, demasiado frágil y asustado, a medio segundo de igualar el estado catatónico del otro.  

¡Por supuesto que no! exclama ofendido . ¡Eres lo único que siempre he querido!    

Baji exhala el aire que no sabía que estaba conteniendo.     

Y feliz cumpleaños, mi Fuyu añade, tal vez como una ocurrencia tardía, pero que apenas si puede procesar.  

Matsuno no se detiene. Necesita una respuesta a todos sus interrogantes y la necesita ahora.     

¿Entonces por qué? duda, mientras resiste el impulso de arrojarse a la seguridad de los brazos contrarios y llorar cual Magdalena.   

¿Por qué, qué? Baji no logra seguir el ritmo de los pensamientos de Chifuyu, pero hace su mejor esfuerzo.  

¡Te alejaste! ¡No me tocas! Parecías constipado cada vez que me acercaba más allá de 1 metro de ti explota, revelando todas sus inseguridades de las últimas semanas.  

Estaba guardando la santidad requerida para poder pedirte matrimonio explica solemne, luciendo muy satisfecho de sí mismo.   

¿La qué? —pregunta a medio segundo de que le dé un tic en el ojo, nunca antes había sentido tantas ganas de golpear a su novio por ser un tonto adorable demasiado crédulo.    

La santidad requerida para pedirte matrimonio repite con calma, orgulloso —. Kazutora mencionó que debía hacerlo, y sugirió que el mejor día para pedirlo era en tu cumpleaños. Y ya sé que no podemos casarnos realmente. Pero quiero hacerte esa promesa frente a todas las personas que cuentan.   

Chifuyu había dejado de funcionar, ¿había estado sufriendo por culpa de una broma de Kazutora? Ese tigre hijo de su gata madr-  

Baji-kun no existe algo así... intervino Takemichi con calma al ver la repentina falta de respuesta de su mejor amigo.   

Las carcajadas de Draken y Mikey resonaban de fondo, parecían un par de hienas escuchando el nombre de Mufasa, temblando incontrolables.   

—¡TORA! Voy a golpearte —declaró el menor, buscando al culpable de su sufrimiento. Lo iba a dejar sin descendencia como mínimo.     

El aludido en cuestión parecía estar a punto de ahogarse con su saliva de la risa. No esperaba que Baji tuviera tanto autocontrol… en realidad, no esperaba que su amigo fuera tan idiota como para escuchar sus consejos con respecto a temas eclesiásticos. Aunque, si era sincero consigo mismo, la idea de que Baji se propusiera en el cumpleaños de Chifuyu era una de las mejores que había tenido.   

¿Estás seguro, Fuyu? Han pasado más de 10 años desde la última vez que soltaste un puñetazo en condiciones —. Y no es como si alguna vez le hayas ganado a Tora… agregó para sí —. Pero yo puedo hacerlo por ti, de hecho, estaré gustoso murmuró mientras se tronaba los dedos, preparándose.     

Tú no te metas —ordenó con furia, recordando aquella época en que primero golpeaba y luego preguntaba—. Te salvas porque jamás he podido golpearte, de lo contrario habrías sido el primero, idiota. ¡Me asustaste!    

Sí, mi amor —concedió suscitó, intentando apaciguarlo, aunque fuera un poco, reconoce esa mirada de chico malo y no augura nada bueno para su mejor amigo.     

Ya vimos cómo le va a ir en la vida de casado. ¿Eh? —preguntó Draken, con una enorme sonrisa en el rostro, observando cómo sus amigos soltaban risitas mal disimuladas.     

—¿Qué mierda balbucean? preguntó, girándose para encararlos con el puño en alto.     

—Que la correa está bien puesta —gritó Mikey, sin tapujos.      

"Si, mi amor" —corearon los miembros fundadores de la Tokyo Manji, haciendo señales de beso y corazones con las manos.     

—Hijos de su... Para que lo sepan, eso no es verdad, nuestra relación es igualitaria —se defendió, conteniendo las ganas de lanzarse a golpear a sus amigos como antaño, que ya son adultos hechos y derechos y ahora el calentamiento es necesario antes de poder lanzarse a golpear a todos, que los esguinces y contracturas son cosa seria.    

—A ver, detén a Chifuyu —reta Mitsuya, sonriendo conocedor, negando con la cabeza.   

Keisuke se volvió para toparse con la mirada de su novio. Una mirada, una mirada le bastó para saber que frenarlo no era una opción, su prometido parecía amenazarlo con cambiar de respuesta como se atreviera a interponerse.     

—Por eso digo que yo confío en que ganarás, cariño. ¡Ve por él! —ánimo, mientras sus amigos aullaban de risa. Por otro lado, Mitsuya y Takemichi le daban los santos sólidos a Kazutora.   

El rubio sonrió, lo que solo sirvió para embobar a Keisuke y aceptar que, si bien no le gustaba ver a dos de las personas más importantes para él pelear, Kazutora se lo merecía. Si las cosas no iban a favor de Fuyu, siempre podía cobrárselas después. Oh, claro que se las cobraría después, maldito tigre bastardo, pero primero, recuperaría esas semanas en abstinencia con su hermosa pareja.   

—Tienes tres segundos para correr —advirtió Chifuyu a Kazutora, levantando 3 dedos, sonriendo con superioridad.  

—¡Ha! Ni con eso me alcanzarás, Matsuno se burló, negando con la cabeza, aunque por dentro estaba sopesando sus probabilidades de llegar a su motocicleta y escapar hasta que se le hubiera pasado el coraje al otro.  

—¡Tres! —gritó antes de lanzársele encima.   

Por supuesto, a Kazutora no le dio tiempo de correr, cayó cual saco de patatas con el rubio encima. Se estaba preparando para el golpe inminente, cuando sintió que le tiraban con fuerza de ambas mejillas.   

—No. Vuelvas. A. Dar. Ideas. Para. Mi. Cumpleaños. Tigre. Idiota. —dijo, puntuando cada palabra con un tirón más fuerte a cada ocasión.   

—No pensé que ese idiota me creería —se defendió entre pucheros, resistiendo el impulso de sobarse las mejillas—. Lo siento, Chifuyu -no parecía sentirlo en absoluto-. ¡Felicidades por la inminente boda!     

Matsuno rió antes de levantarse y extenderle una mano a su amigo. Debió esperar una jugarreta así de él. Ya se lo cobraría más adelante, si algo puede describir a Matsuno es su paciencia. Tora pronto se enfrentaría a la idea de ser burlado por un Hanma demasiado impaciente.  

Por favor, no seas un padrino de mierda —ordenó, pasándole el brazo por los hombros, atrayéndolo hacia sí en una tregua.   

¿Asumes que voy a ser tu padrino? Que atrevido, Chifuyu —se burló, palmeando el hombro contrario, sonriendo con alegría.   

Quisieras, yo tengo buen gusto y elegiré a Takemichi, pero dudo que Kei escoja a alguien más. Aunque quizás con un poco de persuasión...   

¡Chifuyu! ¡Por supuesto que acepto! interrumpió Hanagaki con lágrimas en los ojos, a punto de aplaudir encantado.   

¿Ves? Takemichi sabe aceptar proposiciones intervino Baji, señalando al pelinegro que ahora estaba siendo acosado por su novio y su mala disposición para ver a Takemichi en el altar sin que fuera Mikey el que estuviera parado junto a él . No como otros murmuró muy enfurruñado su ahora prometido al caer en cuenta que su novio no había dado una respuesta aún, simplemente había asumido su respuesta.    

Chifuyu negó con la cabeza, acercándose con rapidez a su futuro esposo, lanzándose a sus brazos con la plena confianza de que iba a atraparlo. Kei siempre lo atrapa.   

¡Te amo! ¡Te amo! ¡Te amo! —coreo, obsequiándole un beso esquimal—. Y quiero seguir repitiéndolo por el resto de nuestras vidas. ¡Gracias por elegirme! Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, Baji Keisuke.   

Baji olvido por completo el discurso que había preparado para la ocasión. El susto que le había dado que su novio y él no estuvieran en el mismo carril casi le había parado el corazón.   

Lamento haber dejado que el idiota de Tora me convenciera. Gracias por aguantar esta estupidez. Prometo que voy a compensarte.     

No hay nada que compensar, Kei —murmuró, cerrando los ojos, disfrutando de la dicha del momento.   

Es en ocasiones así, cuando Keisuke sabe que ha tomado la decisión correcta. Que ha elegido bien.    

Hincando la rodilla en el piso. Finalmente revela la sortija que tiene grabada una frase que los define. ¿Lo compartiremos? Aunque claro, eso Chifuyu aún no lo sabe, pero lo descubrirá más tarde -aunque probablemente no le haga feliz verlo quitarse el anillo- sabe que es un detalle que va a fascinarle, especialmente cuándo sepa lo que dice su propio anillo.    

Matsuno Chifuyu, ¿me harías el tremendo honor de casarte conmigo?     

¡Sí quiero! —exclama con amor, observado como su novio, ahora prometido, desliza en su dedo anular la sortija, y por fin, las lágrimas que lleva conteniendo todas estas semanas, encontraron la salida.   

 

.  

.  

.  

 
 

31 de octubre. Esa fue la fecha que eligieron para la boda, ambos querían reemplazar aquel amargo recuerdo de hacía ya 15 años con un momento feliz e inolvidable.  

Sus amigos estaban reunidos, vestidos impecables de traje. Cosa rara que no se había visto desde la boda de Pah y que a Chifuyu no dejaba de sorprenderle a pesar de los años que habían pasado de la última vez que todos habían usado su uniforme de la Tokyo Manji.     

La ceremonia en cuestión se había realizado en un jardín que Emma había encontrado no hacía mucho y que a Chifuyu le había fascinado apenas había puesto un pie en el lugar, destronando así al resto de los salones visitados y modificando varios planes de último momento. Sin embargo, Kei solo sonrió y asintió ante sus caprichos, lo que le había granjeado una noche bastante interesante.   

En estos momentos, el menor giraba entre risas bailando con sus amigos, sonriéndole a todo aquel que se acercaba a felicitarlo, había sido complicado separarlo de Kei, pero al final entre todos habían logrado convencerlo de que en su luna de miel lo tendría todo para sí y que compartiera un poco, entre risas y puntas de las orejas rojas, los ahora esposos se habían separado.  

El sonido de la cristalería al chocar llamó la atención de todos los presentes, deteniendo el baile y la música.   

Quiero proponer un brindis —anunció Baji, mientras sostenía una copa de vino en sus manos.   

Chifuyu se gira inmediatamente hacía la voz de su ahora esposo y sonríe al conectar sus miradas, apresurándose en conseguir su propia copa.   

Hace ya 17 años que encontré a la más maravillosa persona, en ese momento, casi juré que había agotado la suerte de toda una vida, ya que no había forma de que pudiera merecerle en mi vida, sin embargo, parece que no fue así porque hoy en día ese hermoso, valiente, leal y uff, mejor corto aquí o se van a poner celosos, hombre permanece a mi lado y tengo el privilegio de llamarle esposo. Espero que sea así hasta el final de nuestros días. Chifuyu, creo que te lo he dicho suficiente a lo largo de estos años, pero no me cansaré de repetirlo, te amo y gracias por quedarte con este desastre. ¡Por mi hermoso novio!  

—¡Por él hermoso novio! —corearon los presentes entre risas y silbidos, avergonzándolo más en el proceso, haciendo que casi se ahogue con su vino. Takemichi a su lado palmeó su espalda, divertido y complaciente.   

Kei lo busco después de eso, salvándole de las burlas cariñosas que empezaban a presentarse, llevándolo a través del laberinto del jardín, para poder llegar a su centro, alegando que sus amigos bien podrían sobrevivir sin ellos unos cuantos minutos y que, en todo caso, los números de emergencia estaban a la mano.   

—¿Fue como esperabas? —preguntó acercándose, apretando su cintura con cuidado, estableciendo un ritmo lento que podría traducirse más en mecerse que realmente bailar.  

—Fue todo —confesó, apoyándose por completo en él, suspirando feliz—. Gracias por tenerme, Baji-san.  

Keisuke rió con disimulo, captando el tono juguetón de su esposo y su intención de molestarlo, sin embargo, no cayó.  

—Sabes, eso podría volverse confuso, no puedes dirigirte a mí por tu apellido, ¿eh, Baji Chifuyu?  

El menor enrojeció, pero asintió extasiado, el apellido se había vuelto algo más que compartían.  

—¿Lo compartiremos? —preguntó, acunando su rostro.  

—Lo compartiremos —declaró antes de sellar la promesa.    

“Para siempre”.  

Notes:

¡Gracias por leer!

Chaos~