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Language:
Español
Stats:
Published:
2024-07-21
Words:
1,476
Chapters:
1/1
Kudos:
21
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4
Hits:
196

Tácito

Summary:

Los Milkovich tienen sus propias maneras de demostrar apoyo entre ellos.

No la mejor manera, pero es su manera. Están un poco jodidos, después de todo.
...
Acá los familiares más cercanos de Mickey le demuestran como aceptan que es gay, aun cuando él no. pequeñas escenas creadas durante la tercera y cuarta temporada.

Work Text:

“Entonces…”

Iggy se estira sobre el viejo sofá, tratando de parecer despreocupado. Levanta su cerveza, llevando sobre sus labios antes de seguir.

“Te gustan los chicos”

Hay un silencio ensordecedor después de eso. Iggy jamás lo admitiría, pero por un segundo se arrepiente de haber dicho eso. Mickey jamás fue uno para el encaramiento, después de todo, pero no es un cobarde y se atreve a mirar a su hermano sobre la botella mientras le da un largo trago.

Mickey tiene esa mirada, con las cejas elevadas y los ojos muy abiertos, esa que lo hace parecer un demente enloquecido. Él lo encuentra adorable más que intimidante, incluso divertido, aun cuando sabe lo agresivo que se puede volver su hermano pequeño.

“¿disculpa?”, dice, sonando tan incrédulo como puede.

Iggy no puede evitar sonreír con sorna, entretenido por el descaro.

“Ya sabes, ¿en general te gustan los chicos o es solo el pelirrojo?

La expresión de Mickey enseguida se cierra. Sus cejas se fruncen y lo mira con odio. Cualquier persona normal estaría intimidada. No, Iggy, por supuesto, ha crecido alrededor del mocoso el suficiente tiempo para saber cuando realmente es una amenaza y cuando un espectáculo.

A Mickey siempre le ha gustado ser dramático.

“Jódete, imbécil”

Ah

“Entonces solo es el pelirrojo”, concluye.

Mickey no lo duda, le arroja una cerveza aún llena en su dirección, pero no este concentrado y esta termina estrellándose contra la pared. Él inclina la cabeza, volviendo a darle un trago a su propia bebida, lamentando silenciosamente el desperdicio.

 

 

Sandy mira al pequeño niño en sus brazos. Aún es un poco torpe para sostenerlo adecuadamente. La madre de Royal insiste en que lo cargue, la mujer mayor habla sobre que es sano para el bebé y toda la mierda de la buena crianza.

Ella no puede decir mucho, no está familiarizada con nada sobre la crianza en general, y duda que la casa de acogida sea lo que uno describiría como crianza o sano, en todo caso.

Pero lo odia. Lo odia profundamente, así que decide dejar al niño en la cuna y gira para mirar a su primo.

Es más sano, piensa.

“Para ser alguien que se va a casar, luces como una mierda”

Mickey le responde con una seña obscena, de esas que le sacan una sonrisa, ella se siente mejor ahora.

“Vete al infierno”, él muerde.

Una risa sale de su pecho, de esas que no salen hace mucho tiempo.

“No tienes que hacerlo si no quieres”, murmura.

Su primo la mira un segundo, como si lo pensara, antes de ver a su lado. Hay un sabor amargo en su estómago cuando sus ojos se dirigen al bebé. No está lista para una conversa de ese tipo.

“Me iré al infierno si me acompaña el lindo pelirrojo que te tiras”

Es trampa, lo sabe, lo ve incluso cuando Mickey retrocede como un perro apaleado. Después frunce el ceño y gira el rostro.

“Y un carajo, no me estoy tirando a un hombre”, sale con menos fuerza de la que seguramente pretendía, pero Sandy finge no darse cuenta.

Los Milkovich son buenos pretendiendo.

 

 

“¿Te estabas cogiendo a mi novio falso?”, Mandy pregunta.

Trata de que no suene acusador, solo una pregunta normal. Ella culpa al alcohol en su sangre y la coca que se acaba de meter para tomar el valor. También al hecho de que Mickey esté un poco alcoholizado.

Mickey siempre ha sido un buen bebedor.

Su hermano mayor le lanza una mirada. No hay enojo ahí, ni un poco de rabia. Pero él le da un trago al whiskey barato que ha comprado. Últimamente bebe mucho. Mandy lo odia, lo odia tanto como odia a la prostituta rusa que sea ha apoderado de la habitación de Mickey.

“Está bien, sabes, no me molesta”, se encoge de hombros, restándole importancia al asunto.

Mickey hace una mueca incómoda, arroja la botella vacía al jardín y toma otro. Es su turno de hacer una mueca. Sabe que es su tercera botella del día.

“Nunca imagine que serías el chico secreto de Ian”, dice entonces, porque aún no lo cree.

Hay una sorpresa inicial que aún no supera, no concilia la idea de Ian y Mickey. No su duro y áspero hermano, fuertemente homofóbico, saliendo con la lindura de Ian, el chico más amable que conoce. Es tan extraño.

“¿vas a seguir molestándome con mierda o me dejarás beber en paz?”, su hermano muerde.

Ella parpadea, sorprendida, porque él suena molesto. Realmente molesto. Ella se cabrea entonces, porque, mierda, era su jodido mejor amigo.

“¿Sabes que?, jódete, Mickey”, ella grita, levantándose de las escaleras en el porche, “a mí también me abandono solo porque fuiste demasiado cobarde”

Mientras entra escucha la fuerte respiración de su hermano.

Por un momento, Mandy, cree que él va a llorar, se detiene en la puerta, pensando si debería  regresar. Mickey siempre fue su único consuelo en su casa de locos, es justo que ella pueda ser el suyo, pero lo conoce mejor, él jamás la dejaría hacerlo.

 

 

Colin empuja el fajo de billetes contra el pecho de su hermano pequeño. No tiene que prestar mucha atención cuando Mickey lo recoge, no mientras sube a la vieja camioneta.

Acaba de terminar un trabajo de tráfico de armas con un grupo pequeño, nada grave, nada que pueda fastidiar su libertad condicional.

Cuando Mickey termina de contar el dinero, arranca, lejos de la basura del otro lado del río. Generalmente es divertido. Mickey siempre sabe ser gracioso o groseramente burdo después de un trabajo. Ahora está callado.

Mira alrededor de las calles, las luces brillantes y los terribles sonidos de la ciudad.

“Últimamente no he visto al pelirrojo por la casa” menciona, no es que le importe, de hecho, a él no, pero…

“¿Ya no están saliendo?”

La camioneta hace un movimiento brusco cuando su hermano pisa el freno, hay un ligero latigazo que hara que su cuello duela como el demonio por días antes de que se detenga correctamente.

“¿Qué mierda?”

Mickey gruñe, sus nudillos volviéndose blancos al rededor del volante.

Colin levanta una ceja.

“Solo decía, no te enojes”, Dice, fácil. No tiene que ser gran cosa. Mickey no debería hacer un drama de eso.

Su pequeño hermano resopla mientras hace ese gesto nervioso que lo acompaña desde niño cuando algo lo incomoda; muerde su labio y suelta una risilla burlona. Colin lo comprende entonces, que su hermanito no sabe cómo manejar la situación, casi puede ver su mente a una milla tratando de resolver el problema rápido. Mickey siempre ha sido algo para las ideas.

“¿hablas del jodido novio de Mandy?”, él responde entonces, siendo áspero y contundente, haciéndolo ver como una acusación real.

Colin piensa que no necesita la mierda, no la quiere.

“Mandy, correcto”, reconoce falsamente.

Mickey parece conceder la tregua, asiente y acelera. No conversan después de eso.

 

 

Mickey se muerde los labios, puede sentir el sabor metálico de la sangre donde ha mordido el suficiente tiempo para lastimarse, pero él no puede evitarlo, mira a Iggy y Colin en la mesa.

Ambos desayunando cómodamente mientras Mandy se sirve su propio desayuno. Esto será incómodo, no quiere decirlo o incluso saber sus opiniones realmente, pero él sigue haciendo negocios con estos bastardos.

“¿no tienen nada que decir?”, pregunta, fingiendo desinterés.

Sus hermanos mayores levantas la mirada, sin dejar de meterse el tocino a la boca. Eso le molesta más, no puede evitar golpear la mesa, la sangre le hierve.

“Vamos”, los incita.

Sus uñas se clavan en la palma cerrada, puede sentir su pulso acelerándose. Pero él está preparado, no importa que tan molesto este, él puede golpear a cualquiera de sus hermanos. Sería difícil, Iggy puede ser fácil de derrumbar, pero le gusta el juego sucio y Colin es más rápido que él para dar el primer golpe, probablemente lo deje levemente conmocionado.

Sus hermanos se miran entre sí, terminando de pasar sus bocados.

“Nada”, dicen al unísono.

Él no está preparado para eso. Aprieta los dientes. No les cree una mierda.

“Si tienen una mierda que decir ahora...”

“Cielos, Mickey, relájate”, Mandy lo empuja mientras sirve su propio plato, “nadie está diciendo nada, a nadie le importa un carajo.”

Mickey los mira incrédulos, sus ojos yendo de un lado a otro sobre la mesa. Suelta el aire que no sabía que retenía, se mueve incómodo, porque, un carajo, él no está preparado para la aceptación silenciosa.

“Toma asiento, idiota”, Iggy dice, una sonrisa burlona en sus labios.

Lo hace, porque está muerto de hambre después de correr por toda la ciudad buscando a Ian. Mandy empuja un plato frente a él, y Colin le pasa su propia taza de café, asintiendo en su dirección. Todo parece demasiado surrealista para Mickey.

Niega con la cabeza y mete un pedazo de pan a su boca.

Solo, la familia es familia, carajo.