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DENT EN DENT © vkook

Summary:

Desesperado por recuperar el trono que le fue arrebatado, Jungkook se ve en la obligación de formar una alianza con dos vampiros muy particulares.

Chapter 1: Prólogo

Chapter Text

—¡No dejen que escape! ¡Su futuro rey se los ordena!

Aunque el corazón de Jungkook estaba más que roto y su pobre mente estaba hecha un caos con todo lo que había acontecido no hacía más que pocas horas, se las ingenió para correr en medio de la noche alrededor de los vastos jardines del palacio, esquivando casi milagrosamente las lanzas que iban en su dirección y siendo considerablemente más veloz que los guardias reales que lo perseguían.

Nada de eso debió pasar.

El simple hecho de ponerse a reflexionar era suficiente para que quisiera parar y que le atravesaran dolorosamente el corazón; sin embargo, diversas emociones lo detenían de desistir de su vida. Estaba experimentando una mezcla de dolor, rabia, desilusión y... ¿Por qué no? Tal vez también bastante rencor.

Por increíble que sonara, en ese mismo momento, lo que lo mantenía con vida eran los mismos sentimientos negativos que, a su vez, hacían que quisiera acabar con los momentos tormentosos que su propio padre se había encargado de proporcionarle de una manera vil y traicionera. Algo en Jungkook cambió esa noche y para mal.

Había recibido diferentes clases y lecciones a lo largo de su vida. Una de ellas, le advertía que jamás debía ingresar al gigantesco bosque que adornaba los laterales del hermoso y majestuoso castillo. Le habían dicho que aquel era un lugar indigno de su presencia, que estaba hechizado y que, si apreciaba su vida y se preocupaba por el futuro de su gente y del reino, jamás centrara su atención allí. Mucho menos debía poner un pie. Una simplona mirada podía llevar a catastróficas consecuencias.

No obstante... ¿Qué tanta amenaza podía representar un bosque cuando tenía a un montón de guardias reales siguiéndole el paso? Justamente porque apreciaba su vida es que debía entrar allí.

Y no se lo pensó. Siquiera titubeó.

Se perdió en medio de los anchos troncos de los árboles que le daban la bienvenida a la humedad, el frío y la oscuridad. El corazón le palpitaba rápidamente y sus pulmones empezaban a quedarse sin oxígeno, obligándolo a tomar grandes bocanadas de aire por la boca, misma que se percibía seca y jadeante. Le dolían las piernas, la parte baja de la espalda y, por supuesto, las incontables heridas que le habían proporcionado en la espalda con aquel látigo de espinas. Asimismo, le habían roto el labio y tanto su torso como su rostro presentaban una cierta cantidad de hematomas.

—¡Príncipe, vuelva aquí!

¿Cómo se atrevían esos bárbaros a llamarlo "príncipe" y luego a condenarlo bajo ningún fundamento? Todo Jungkook estaba hirviendo.

Su posición lo convertía en una persona activa en otro tipo de deportes, pero no precisamente en el de las carreras. Prontamente empezó a sentirse peor y, no bastándole al universo con apreciar la gran traición de la que había sido víctima, también hizo que una de las lanzas le alcanzara el muslo derecho, consiguiendo que el muchacho de tan solo dieciocho años cayera en la hierba y el lodo que se había originado producto de la suave llovizna más temprano.

Iba a gritar, mas se limitó a sacarse gran parte de la camisa blanca de manga larga a botones que tenía casi perfectamente acomodada por debajo del pantalón y se metió el trazo a la boca, dejando a su vez una buena parte del abdomen al descubierto.

Esa presentación apestaba si consideraba su verdadera posición en el mundo y en aquel castillo que le había dado la espalda.

Miró los alrededores. A su lado había un pequeño canal que, tal parecía, conducía a un acantilado que daba a un gran lago. A su izquierda, árboles y oscuridad; a su derecha, después de cruzar el canal, más árboles y oscuridad.

—¡Quédese ahí!

Los guardias se acercaban y Jungkook tenía que tomar una decisión. Debía examinar rápidamente toda la situación e irse por la que no lo dejara tan mal. Su pierna estaba lastimada, él tirado en el suelo y los guardias mandados por su traicionero padre a punto de agarrarlo para convertirlo otra vez en la marioneta destinada a maltratos y golpes.

Tenía que ser un poco descarado y temerario como para arrastrarse a la punta del canal y dejarse caer al vacío, y Jungkook estaba dispuesto a eso.

Sin embargo, arrastrarse era para gusanos.

Inhalando profundamente, el muchacho sacó fuerzas de donde no las tenía, se puso de pie en medio de gemidos de dolor y saltó en una sola pierna hasta el borde. Siquiera se permitió mirar el abismo al momento de tirarse.

«Si es mi fin, lo aceptaré de esta manera, pero no moriré en manos de necios que osen cuestionar y minimizar mi lugar en este mundo», fue el último pensamiento de Jeon antes de caer al agua, perder la conciencia y tocar fondo.

En medio del sueño que lo impregnó, recordó por momentos cómo se estaba sacudiendo y cómo un par de curiosos y únicos ojos se acercaban desde la superficie.

Heterocromía y una forma almendrada. Ojos preciosos, tan atractivos como malvados. Uno de ellos era tan rojo como la sangre y el otro parecía poseer el azul del cielo en verano, el más bonito, despejado y claro de todos.

Luego, nada importó.

¿Por qué debería importar la vida cuando lo único que tienes, es lo mismo que constantemente busca deshacerse de ti?