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El día que los Beatles se separaron

Summary:

—¡Deberíamos hacer una ceremonia espiritual! —dijo—. Un ritual. Para que puedan resolver sus problemas. ¡Volver a juntarse!—

Tanwa suspiró.

—Sucha, no es momento de rituales. Deberíamos reunir a toda la comuna y despedirlos como es debido.

—¿Y por qué no ambas? —sonrió Sucha—. Primero, un ritual de despedida con todos. Luego una manifestación espiritual con nuestra hermana Yoko Ono —dijo, guiñando el ojo.

 

O: Tanwa y Sucha descubren que los Beatles se separaron. Primera entrada de mis fics de las aventuras hippies de Tanwa y Sucha 🤗

Notes:

Work Text:

 

Tanwa recogió un periódico arrugado que encontró en la acera frente a su tienda y lo llevó adentro, sacudiendo el polvo. La mañana avanzaba lenta, el aire aún espeso con el olor a incienso y licor sobrante después de la fiesta que habían tenido la noche anterior en Echoes of Euphoria.

Se movió detrás del mostrador, escuchando el sonido de Sucha enjuagando botellas y tarareando para sí mismo, cuando de repente, su batido de mango —su único desayuno— se le resbaló de la mano y se estrelló contra el suelo.

Tanwa no se inmutó. Estaba mirando fijamente el titular del periódico escrito en inglés.

 

“John Lennon abandona los Beatles.”

 

Sucha escuchó el alboroto y rodeó el mostrador, curioso por el sonido del vidrio rompiéndose. Encontró a Tanwa congelado, mirando al vacío, aferrado al periódico como si lo hubiera atacado personalmente.

—¿Qué pasó? —preguntó Sucha, tan tranquilo como siempre.

Tanwa no habló. Solo extendió el periódico hacia él.

Sucha lo tomó y, al leer, su rostro palideció.

—Esto tiene que ser más propaganda occidental —murmuró, dando una calada a su porro—. Quieren desestabilizar la conciencia colectiva. John Lennon nunca haría esto. Paul no lo permitiría... —siguió incrédulo —. ¿Es Día de los Inocentes? ¿Nueve días después?—

Tanwa permaneció inmóvil. Luego susurró, serio y en voz baja:

—Deberíamos reunirlos a todos. A todos nuestros amigos.—

Quería manifestar su duelo, despedirlos. Pero Sucha, eterno optimista, tenía una mejor idea.

—¡Deberíamos hacer una ceremonia espiritual! —dijo—. Un ritual. Para que puedan resolver sus problemas. ¡Volver a juntarse!—

Tanwa suspiró.

—Sucha, no es momento de rituales. Deberíamos reunir a toda la comuna y despedirlos como es debido.

—¿Y por qué no ambas? —sonrió Sucha—. Primero, un ritual de despedida con todos. Luego una manifestación espiritual con nuestra hermana Yoko Ono —dijo, guiñando el ojo.

 

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Tanwa no estaba  del todo convencido, pero ayudó a Sucha de todas formas. Construyeron un altar en el patio usando portadas de vinilos de los Beatles, varitas de incienso y una cantidad sospechosa de frutas que Tanwa no sabía de dónde había sacado Sucha. Le preocupaba un poco que los vecinos los regañaran otra vez.

También pintaron una flor gigante en el centro del patio. Sucha había reunido madera para la fogata que iría en el medio, y Tanwa lo observaba colocar la última rama en el recipiente.

—¿Crees que esto realmente funcione? —preguntó Tanwa, dando una calada a su porro.

—No sabía que eras tan pesimista —bromeó Sucha.

—¡No soy pesimista! ¿Pero cuándo fue la última vez que una banda como los Beatles volvió a unirse? ¿Acaso funcionaron nuestros rituales para The Astrambons?

—¡Sí funcionaron! Pudiste tocar con Prasert, su vocalista. ¡Más bien deberías darme las gracias! —dijo Sucha, chocando las palmas para limpiarse las manos—. ¡Listo!—

Tanwa dudó.

—No sé, Sucha. Quería buscar a Trin hoy y...—

Se detuvo. Una gallina entró al patio, cacareando.

El porro cayó de la boca de Sucha y este dio un salto.

Se miraron a los ojos.

—Es una señal —dijeron al unísono.

Esa noche se celebraría el ritual. Y su nueva amiga, Yoko Ono la gallina, los ayudaría a reunir a los Beatles.

 

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Mucho después, Tanwa y Sucha yacían en el suelo del local, con los brazos llenos de letras de los Beatles garabateadas con marcador. Rodeados de humo de incienso y discos esparcidos, sus ojos se cerraban poco a poco. Los demás ya se habían ido.

Trin había desaparecido sin decir adiós. Tanwa lo había buscado toda la noche, pero eso ya era algo que el Tanwa del futuro resolvería. Encontraría otra forma de llegar a él, como siempre.

Sin aviso, Yoko Ono la gallina entró al local batiendo sus alas. Tanwa hizo una nota mental para hablar luego con los vecinos sobre sus animales.

Se incorporó, tomó su guitarra y empezó a tocar los acordes de Here Comes the Sun.

Sucha se movió.

—Me gusta cuando tocas —dijo—. Mi propio concierto privado del vocalista de Moonshine. Y con Yoko Ono — añadió, observando a la gallina picotear un insecto extraño en el suelo.

Tanwa sonrió y se acercó. Quería ser optimista, como Sucha. Pero habían cosas que aún le dolían en momentos como ese.

—Supongo que todo termina, y al final, todos se van —dijo en voz baja.

Sucha lo miró detenidamente. Tanwa siempre hacía el papel de despreocupado, intentando repartir alegría —con su banda, sus discos y su fachada divertida—. Pero Sucha sabía cuánto miedo le tenía a los finales. A que lo dejaran atrás. Al abandono.

Tomó la mano de Tanwa cuando la música de la guitarra se detuvo y le pasó el porro.

—Puede que los Beatles se hayan separado —dijo—, pero tal vez nuestra amistad sea la verdadera banda.—

Tanwa rió.

—Tenemos mejor ritmo. Y una gallina. Ellos nunca tuvieron una gallina.—

Tanwa rió de nuevo y le apretó la mano. De todas las personas en su vida, Sucha era la única constante. Si podía confiar en que alguien no lo dejaría, era él.

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