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Anhelos y suspiros

Summary:

Cuando Maggie, una joven de 25, recibe un llamado telefónico con la oferta de trabajar como camarera en un evento benéfico de un hotel de lujo, jamás pensó el impacto que podría tener en su vida el haber aceptado.

Michael, lidiando no sólo con el peso de la fama, sino además las acusaciones que lo llevaron a una angustia profunda, acepta asistir a un evento benéfico en el corazón de Los Ángeles, sin saber cuánto cambiaría su vida con ello.

Ambos comienzan una historia, sus vidas se cruzan y nada volverá a ser lo mismo, porque cuando hay amor la vida tiene más color, anhelos y suspiros.

## Ambientado en la era Dangerous!

Notes:

Chapter 1

Summary:

Hola gente hermosa, este es mi primer fic del fandom y la verdad estoy muy ansiosa, no sé si tendrá buen recibimiento, espero que sí, sobre todo que ahora en el 2026 se estrena la Biopic de Michael! ¡¡¡Qué emoción!!! En fin, este fic está ambientado en el era Dangerous, la verdad no se si tendrá muchos capítulos, pero los que tenga espero los disfruten, muchas gracias.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

Febrero de 1994. Los Angeles.

 

Maggie

 

Hacía un frío del demonio. 

Estábamos a mitad de febrero y el viento aún era insoportable. Agradezco que mi jefe me permita usar pantalones y no falda en mi horario laboral, sé que existen jefes poco empáticos que disfrutan del sufrimiento de sus empleados. 

Trabajo de camarera en un pequeño restaurante a la orilla de la carretera en los Ángeles, y si bien se veía pequeño, nunca estaba vacío, la gente frecuenta mucho las calles y las carreteras por lo que un local de comida al paso es una parada ideal de descanso. 

– ¡Pedido de la mesa 6 listo! - gritaron desde la cocina.

– ¡Ya voy! 

Cuando era más joven, más inocente, veía un futuro quizá más prometedor, quizá estudios o forjar una carrera sólida. A mis 25 años no hay mucho por hacer, toda la vida desde los 18 años trabajé de camarera y la verdad no me quejo, es agotador pero nunca faltan los chismes y eso a mi me gustaba.

Le serví el pedido a la mesa 6 y me fuí a la cocina, era tarde y estábamos a punto de hacer cambio de turno. 

– Ya acabó tu turno, descansa Maggie. - me dijo mi jefe.

Samuel era dueño del restaurante, un hombre mayor y canoso pero de sonrisa amable, fue quien me recibió para trabajar como camarera y no puedo estar más agradecida de tenerlo como jefe, es amable, empático y muy comprensivo.

– Adiós Sami, descansa también. - a Samuel no le gusta que lo traten de “usted” o de “señor”, se siente ofendido, dice que se siente mayor.

A pesar de no tener una profesión o carrera, ser camarera me ha permitido tener mi vehículo y arrendar un pequeño departamento, quizá no en el barrio más lujoso de los Ángeles pero sí en un barrio decente, así que no me quejaba. 

Me enrollé mi bufanda mientras salía del local y me subí a mi auto. Mientras colocaba en marcha el vehículo vi lo tarde que era, estaba oscuro. Eran las 11 pm de un viernes y lo único que quería era dormir, afortunadamente no tenía que trabajar los fines de semana, beneficios de ser empleada tan antigua y llevarse bien con el jefe. 

Apenas cerré la puerta del departamento sentí como el teléfono fijo sonaba.

– ¡Te tengo una oferta! - fue lo que escuché apenas descolgué el teléfono.

– ¿Cómo estás Ana? Yo muy bien, gracias por preguntar. - respondí sarcásticamente.

– Te vas a morir con lo que te voy a contar. - a Ana le importaba un bledo todo, era directa y sin escrúpulos, amaba eso de ella.

Agarré la silla de la cocina y la acerqué para sentarme mientras la escuchaba.

– Hay un evento benéfico mañana y pasado mañana, será algo grande. - contaba con emoción. – Necesitarán muchísimos camareros.

Ana era mi mejor amiga desde hace 5 años, juntas logramos independizarnos mientras compartimos departamento y gastos, ahora no vivíamos juntas pero nos veíamos con mucha frecuencia. Ella trabaja en un hotel de lujo en uno de los lugares más bonitos y caros de los Ángeles, era camarera también. 

– Sabes que no me gusta trabajar de camarera en Hoteles. - le dije.

Y era la verdad, si bien pagaban muchísimo mejor, el trabajo era más pesado, los jefes eran terribles y el ambiente era estresante. Trabajé una vez en el hotel de Ana para un evento, y lo odié.

– ¡Pero es diferente ahora! Osea, seguirá igual de explotador y esclavizador, ¡Pero habrán muchísimas celebridades! - trataba de convencerme. - ¡Muchísima gente importante!

– Ana…

– Ese día los chismes serán jugosos, solo imaginatelo Maggie, habrán tantas celebridades y podremos verlos en su estado natural, ¿Te los imaginas? ¿Cómo serán? ¿Serán groseros? ¿Serán amargados? ¿Será como lo pintan en televisión?

Si Ana lo colocaba desde esa perspectiva, entonces sí era un poco tentador.

No era una persona que leía o veía los chismes de la televisión, pero sí me encantaba saber las historias de la gente, me gustaba saber facetas que las personas no muestran ante la gente pero que sí existían. ¿Iba a hacer algo con ese chisme? No, solo me gustaba saberlo.

Era muy chismosa.

– ¿A qué hora es el evento? 

 


 

– ¡Qué nervios! - susurró con emoción mi amiga.

Estábamos en un salón enorme que en ese momento estábamos ocupando como sala de descanso, éramos muchísimos camareros, demasiados, el evento debía ser enorme. No le pregunté a Ana.

Estaba un hombre, el coordinador, y una mujer que era la encargada de los camareros, ambos nos explicaban a todos nuestras labores, nos distribuían y nos recalcaban no fallar, mantener la calma, y lo más importante, no sorprenderse con los invitados del evento.

Le dieron muchísimo énfasis a esto último, resulta que lo que dijo Ana era verdad, este evento era una gala benéfica destinada a los niños de África, gran parte de lo recaudado será donado a fundaciones en el otro continente, donde se movilizarán los recursos y se harán las gestiones para que a los niños no le falte la comida y la ropa, incluso fomentando la adopción. Sin duda una causa muy linda, y los invitados serán los protagonistas.

Quienes asistirán serán personas muy importantes según nos explicaron, personas muy famosas del mundo del entretenimiento. Y por lo mismo debíamos ser profesionales, no gritar, ni pedir autógrafos. Nada. 

– ¿Quién crees que va a asistir? - le pregunté a mi amiga mientras caminábamos hacia la cocina, pronto comenzaremos con el cóctel.

– No lo sé. - dijo mientras nos entregaban bandejas de cóctel. – Pero no te alejes mucho de mí, te voy a necesitar.

– ¿Para qué? - pregunté confundida.

– Para chismear. 

La adoraba. 

Nos repartieron por todo el lugar, estaba finamente decorado, el espacio era gigante, contaba con el salón de baile, la terraza, las mesas y las sillas. Todos los espacios eran enormes.

A medida que pasaba el tiempo noté rostros conocidos, Lionel Richie y Whitney Houston eran algunos de los más famosos. Había otras celebridades que las había visto en pantalla pero no recordaba sus nombres, muchos eran petulantes. Increíble como la fama y el dinero cambian a las personas, no a todas, pero sí a muchas personas.

– ¡Maggie! - me susurró fuerte Ana. – ¿Esa es Elizabeth Taylor?

– ¡Carajo! - se me escapó una grosería, y es que una de las actrices de cine más importantes de la industria estaba aquí, pisando el mismo suelo que los terrenales. 

– Siento que voy a gritar. - exclamaba Ana, y es que entendía el sentimiento. – Detesto no poder pedir una foto o autógrafo.

– ¿Tendrá los ojos violetas? - 

– Ya se desmintió eso, pero son unos ojos grises muy bonitos. - me respondió mi amiga. 

Y fue cuando íbamos camino a buscar más cóctel para repartir que lo escuchamos, era un escándalo y gritos. 

En un evento de este tipo donde se reúnen muchísimas celebridades era lógico que hubiera fans y paparazzis fuera del hotel, y cada que ingresaba una celebridad se escuchaban los gritos de la gente desde afuera.

Pero los gritos que se escuchaban ahora no eran como los anteriores, eran escandalosos, eran gritos desesperados, como rogando por una mirada, como si tu vida dependiera de ello.

Ana fue la primera en verlo, me apretó tanto el brazo que pensé que me lo arrancaría.

– Me voy a desmayar. - fue lo que dijo ella mientras trataba de calmar su respiración.

– ¿Quien? - pregunté mientras trataba de ver, en la entrada se aglomeró una cantidad ridícula de gente.

– ¡Michael Jackson! - Casi gritaba.

Ahí estaba, era alto y de ojos grandes, cabello rizado suelto pero peinado. 

Era guapísimo.

– Me voy a desmayar. - volvió a repetir Ana.

– ¡No aquí! - y me la llevé en dirección a la cocina.

Ana era fan de Michael Jackson, lo amaba, asistió y se endeudó para verlo en varios de sus conciertos, estaba loca por él, era una fan histérica. No quiero imaginar el sufrimiento de verlo y no correr a abrazarlo.

– Me voy a desmayar. - volvió a repetir.

Yo no era tan fan, me gustaba muchísimo su música, creo firmemente que será el artista que marcará un antes y un después en la historia de la música, disfruto escuchar y bailar sus canciones, pero no pagaría para verlo en un concierto. En parte porque también no tengo tanto dinero, no puedo darme ese lujo.

– Me voy a- la interrumpí.

– Siéntate primero. - La senté en el suelo cerca de la cocina, noté que Ana no era la única afectada, habían muchos camareros impactados. 

Debía ser horrible ver a tu artista favorito y no poder pedirle una foto, un autógrafo o tocarlo.

– Toma. - le dí un vaso de agua que se tomó de un trago.

– Quiero llorar. - me dijo la pobre con emoción en sus ojos.

– Respira. 

– ¡No estaba preparada para ver al amor de mi vida en mi trabajo! 

Me reí, adoraba que Ana fuera tan dramática, aunque sé que parte de su exageración era verdad.

– Vé al baño, refrescate la cara por que tenemos que volver al trabajo, podrás seguir viéndolo pero necesitas estar calmada o de lo contrario te van a echar.

La pobre fue al baño mientras yo continuaba con lo mío, en la entrada seguían llegando más celebridades y la noche prometía ser larga.

 


 

Ahora yo iba a desmayarme.

Los pies me dolían muchísimo, a las camareras se les exige una presentación impecable. Y tacones.

Tacones. Los odiaba.

No me mal entiendan, son hermosos, estéticamente se veían muy bien, pero cuando debes usarlo casi la mitad del día, todos los días, entonces ya no eran tan agradables. 

A lo largo de la jornada nos han dado descansos, podíamos descansar donde quisieramos mientras no fuera de vista a los invitados. Así que encontré un lugar perfecto. 

El lugar era una pequeña terraza, había un banco de madera y el balcón que daba directo a la ciudad, estábamos con un poco de altura así que la vista era agradable, sobre todo de noche. Lo encontré explorando este lado del hotel, era en el área de mantenimiento por lo que estaba vacío, ideal para quien busca el silencio. Ya había estado en este lugar en dos ocasiones, descansar aquí era agradable. 

Abrí la puerta y sentí el viento, si bien hacía frío, era una sensación agradable con el calor dentro del hotel, era refrescante.

Ni siquiera me detuve a mirar si había alguien, nadie venía a este lugar y además estaba silencioso. 

Sin pudor me saqué los tacones y solté un suspiro de satisfacción al sentir el frío en mis pies, fue un alivio instantáneo.

 


 

Michael

 

Era sofocante.

No disfrutaba de los eventos, entendía que como artista debía de asistir a ellos, debía mostrarme ante las cámaras y el público, hacer acto de presencia. Pero la realidad es que no me gustaba.

Prefería hacer las donaciones desde el anonimato, sin el peso de mi nombre de por medio, realmente no me gustaba cuando debían documentar eventos como estos, era falso.

Frank lo recomendó y si bien yo tengo la palabra final, sé que él entiende y maneja más estos asuntos, debía considerar aparecer en este tipo de eventos, aparecer ante la gente y mostrar este lado caritativo ante las cámaras, sobre todo en este tiempo. 

Las acusaciones por las que me demandaron me destruyeron, me quebraron y rompieron partes de mi que no sé como recogeré. Si bien se llegó a un acuerdo extrajudicial y la familia Chandler ya no hablará más del tema, las revistas, los tabloides y la televisión sí lo hacen, y cada vez que escucho esas palabras, esas acusaciones, me rompe el corazón. 

Frank es un manager despiadado, es increíble en su trabajo y una persona muy objetiva, me hizo ver que necesito mostrar más, necesito aparecer más. Así que eventos como estos eran ideales. Por supuesto realicé mi donación generosa, pero detestaba que tuviese que ser todo tan público.

Me sentía sofocado, necesitaba un respiro.

Por eso me hallaba curioseando en los pasillos del hotel, Bill me va a matar cuando no me encuentre, el pobre sufre mucho.

Esta área era de mantenimiento, lo noté por las puertas con las insignias. No sabía cuánto tiempo llevaba allí, probablemente me están buscando, pero necesitaba un respiro, necesitaba salir del bullicio. 

Y de tantas puertas que abrí, encontré un balcón, era una pequeña terraza. La vista era hermosa, las luces contrastando con la oscuridad de la noche abrazaba el alma, era reconfortante.

No quería sentarme, llevaba demasiado tiempo sentado en el evento, preferí apoyarme en el muro que estaba paralelo a la puerta, estaba un poco lejos del balcón pero podría de igual forma disfrutar de la vista. 

La brisa era agradable, el silencio reconfortante. Es justo lo que necesitaba para mi mente ansiosa.

No pensar, dejar la angustia de lado, olvidar por un momento todo y solo sentir el viento. Nada más. 

Y la paz no duraría mucho. 

Lo primero que escuché fue el portazo, alguien abrió la puerta con urgencia. Me alerté ¿Me siguieron? ¿Cuántas personas? ¡Y estoy solo! 

Podía mostrarme seguro ante la gente, pero la realidad era que dependía mucho de Bill y mi equipo de seguridad.

Y aunque el portazo fue escandaloso, la persona que entró estaba en calma.

Era una mujer, una camarera por la ropa.

Para mi sorpresa ella no me miró, no giró a mirarme, fue directo hacia el balcón. 

Y se sacó sus tacones.

Jamás había visto a una mujer suspirar de tanta felicidad por sacarse unos tacones. 

Vi como se estiraba, como se masajeaba los hombros y las piernas para aliviar la tensión en sus músculos.

Y luego se sentó en el suelo.

Estaba un poco impactado, nunca había visto a alguien ser tan expresivo con la forma en que descansa, en mi entorno todos eran controlados, eran unos pocos los auténticos, quienes no buscaban una reacción en mí. 

Ella se sentó en el suelo y dejó sus pies colgando entre las rendijas del balcón, apoyó su frente con la estructura del balcón, y se quedó allí, quieta y disfrutando del viento.

Me sentí un acosador, como invadiendo su momento, pero no sabía cómo hacerme notar, tampoco quería hacerme notar. Mi fama solo empeora todo.

Pero no podía quedarme allí eternamente callado.

Y cuando estaba apunto de hablar para hacerme notar, suena su teléfono.

– Estoy en descanso. - incluso con el cansancio en sus palabras, se podía delatar lo armoniosa que era su voz. 

Era tanto el silencio de la noche, que podía escucharse lo que la otra persona decía al otro lado del teléfono. 

¿Dónde estás? ¡Me acaban de dar mi descanso! - decía una voz femenina desde el otro lado del teléfono.

Me entró un poco de pánico, no sé cómo será la reacción de esta mujer, pero cuando hay más personas y estoy yo, sin el afán de ser egocéntrico, todo se vuelve caótico. Adoro a mis fans, los amo, son la razón de lo que soy, pero no puedo lidiar con ellos sin seguridad.

– No te voy a decir. - dijo ella, y me volvió el alma al cuerpo.

¡¿Qué hice?! 

– Ana, te conozco, si te digo donde estoy entonces vas a traer más gente y no puedo lidiar con tantas personas ahora mismo, siento que si tengo que hablar con alguien más voy a romper algo.

No seas exagerada, ¡Dime dónde estás! 

– Olvidalo. - le respondió.

Se que está mal escuchar conversaciones ajenas, pero no sabía cuándo hablar, además, era un poco divertido escucharla. 

No seas así, ¡Juro que no llevaré a nadie!

– No te creo, te conozco y sé lo sociable que eres, así que no. - no podía ver su rostro, pero estoy seguro que estaba conteniendo su risa. – Este lugar es demasiado tranquilo, seré egoísta y lo disfrutaré sola.

Tacaña. 

Era agradable, esa normalidad en una conversación, era refrescante presenciar eso. Yo no podía tener eso.

Eres la peor amiga del mundo.

– Yo también te amo. - se notaba la risa en su voz.

¡Mentiras! Si me amaras me dirias donde estas y podríamos disfrutar juntas de nuestro descanso. 

– Vete al diablo. - ahora se reía. – No me vas a convencer. 

Escucharla reír y el tono de la conversación pudieron conmigo, traté de contenerla pero no lo logré, se me escapó una risa, pequeña pero notable en el silencio de la noche. 

Ella quedó estática, quieta como una estatua, y luego volteó rápido su rostro. 

Jamás había visto unos ojos como los suyos.

Su rostro era afinado, labios suaves y rosados, mejillas llenas y unos ojos grandes y redondos.

Dios, el color de sus ojos eran como los témpanos de hielo, eran de un celeste que nunca había visto, tan claros y expresivos, jamás había visto ese color, esos ojos. 

Era bellísima.

Vi cómo su rostro se deformaba poco a poco, pasó de la sorpresa a la conmoción, luego a la angustia.

¿Maggie? - se escuchó desde el otro lado de la línea. 

– Tengo que colgar. - dijo con apenas un hilo de voz.

Colgó y se quedó allí, sentada en el suelo mirándome. No sabía qué hacer, ni qué decir.

Y como si le hubieran apretado un interruptor, ella rápidamente se levantó y buscó sus tacones.

– ¡Dios, qué vergüenza! - decía mientras se colocaba uno.

– Espera..- traté de calmarla.

– ¡Porfavor no le digas a mis jefes! 

¿Qué? 

– ¿Qué? - dije.

Vi como trataba de colocarse el otro tacón, pero con el temblor en sus manos se le escapó y rodó hacia mí.

– No me huelen los pies, lo juro. 

Siento que no es lo adecuado reírse de las desgracias e inseguridades de una dama, pero no pude evitarlo. Ella era un poco graciosa.

Noté como su expresión se relajaba un poco.

– Tranquila. - dije mientras le entregaba su otro tacón. 

Esta vez, pese a los temblores en sus manos, pudo colocarse el tacón. 

– Por favor, no les digas a mis jefes. - volvió a decir lo mismo, no entendía.

Toda mi vida fui famoso, jamás tuve privacidad al salir de mi casa, nunca pude disfrutar de la playa, de un centro comercial o el cine sin que la gente me notara, por eso mismo me desconcertaba y no entendía lo que me estaba diciendo. 

– No entiendo. 

– Me pidieron explícitamente no descansar donde hubieran invitados, ¡Y además me saque mis tacones! Dios, qué vergüenza… 

No sabía qué decir.

Así que me reí, un poco por los nervios, y un poco por la situación. Que ella se preocupara que yo pudiera acusarla con sus jefes era divertido, esperaba otra cosa. 

Un autógrafo, que me pidiera un abrazo, una foto. No eso.

– No te preocupes, no te voy a delatar. - aún me reía, pero la calmé.

Ella dió un gran suspiro mientras tenía la mano en su corazón. Era un poco dramática la forma en que se expresaba. Me agradaba.

– Muchísimas gracias, quiero conservar este empleo los días que me quedan.

Sus ojos me tenían hechizado, completamente hipnotizado, eran tan expresivos. 

– Me retiraré para que puedas seguir disfrutando del lugar, lamento la interrupción. - dijo ella, y con ello rompió el letargo en el que estaba. 

Antes de que pasara de largo hacia la puerta la tomé del codo deteniéndola. 

– ¡No! - ella se giró rápidamente a mirarme, sus ojos… Concéntrate Michael. – No es necesario.

– Pero tú estabas desde antes y- la interrumpí.

– Hay suficiente espacio para ambos. 

Se quedó en silenció, mirándome, se notaba la confusión en su rostro, podía ver claramente como no entendía nada.

– ¿No te molesta? - preguntó con voz suave.

– ¿Compartir? - traté de aligerar el ambiente.

– La compañía.

 Ella era muy consciente, y empática. 

Cederme su lugar de descanso, el lugar donde puede sacarse los tacones con libertad y sin preocupación, cederme este espacio para que yo pudiera estar en tranquilidad. 

Eso removió algo en mí.

– Me gustaría, de hecho.

Notes:

Espero que les haya gustado, va tomando forma como quiero en mi cabeza así que estoy contenta, lamento los errores ortográficos, prometo mejorar. ¡Tengo tantas ideas! ¡Nos vemos en el siguiente capítulo!