Actions

Work Header

Rating:
Archive Warnings:
Category:
Fandoms:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-02-28
Completed:
2026-03-02
Words:
166,423
Chapters:
38/38
Comments:
3
Kudos:
4
Hits:
257

God of Ragnarök (Entre humano y dios)

Summary:

Gerard, un humano normal que por un extraño suceso llega a Asgard, donde lo recive, poco amistosamente, Heimdall, el Centinela de los æsir. Él le enseñará la fántasia y la magia de los Nueve Reinos. No solo se enamorarán, si no que se verán envueltos en una guerra entre deidades y grandes fuerzas. La realidad les superará, deberán elegir entre el deber o la emoción y todo cambiará para todos.
Juntos vivirán muchos altivajos, aprenderán a ser mejores y ha vivir el amor y la amistad de una forma sana.

Notes:

Aclaraciones para futuros capítulos: en esta historia Brok y Sindri no son hermanos, son un mantrimonio rancio y ya. (siempre he sentido que los hicieron hermanos para "contentar" pues me parece una relación contruida en el romance que se censuró al final.)
Týr no es hijo de Odín y por lo tanto no tiene ningún lazo de sangre con Thor o Heimdall, etc. En el juego nunca se menciona y aunque hay especulaciones por la propia mitología, no en todos los mitos Týr es hijo del Padre de Todos.
Por lo que no hay incesto en este fanfic.

Chapter 1: Primer día

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

En casa. 
Es verano y fuera parece que llueve fuego. Con un suspiro cogió la mochila, las llaves, se puso las pequeñas gafas de sol y rezó a cualquier dios que estuviera escuchando.
—Por favor, quiero sobrevivir a llegar a la estación.

Y en marcha bajo el sol atronador conectó los auriculares al móvil y con la ayuda de la música de su grupo favorito le volvió un poco la alegría al cuerpo para acelerar el paso y no perder el tren. Caminaba con prisa aún sabiendo que su amigo llegaría en el último segundo para cogerlo. Le envió un mensaje que decía: de camino, y este le envió un sticker de un gato saltarín. 
Descendió toda la calle hasta el parque, atravesó el paseo para viandantes, que ningún coche respetaba, y bajó las escaleras hasta la estación, para su sorpresa no estaba tan sudado como imaginó que terminaría; lo que lamentaba era no haber cogido una goma para recogerse el pelo.
—Bueno, para ir guapo hay que sufrir. —pensó picando el billete.

Salió al andén para esperar al tren. No había mucha gente, eso era bueno, el gentío le agobiaba mucho. Miró la hora en el móvil, eran las 16:43, según el horario, el tren llegaba en dos minutos, pero todos los presentes sabían que eso no era verdad, renfe nunca llegaba a tiempo. Al rato recibió un mensaje, ya llego, decía. Gerard empezó a mirar hacía fuera de la estación a ver si vislumbraba a su amigo, hasta que vió un pegote rosa caminando a toda prisa hacia la estación de tren.
A su amigo le hacía mucha gracia el contraste que tenían, pues él vestía de rosa, con colorines y pomposo, el otro de negro, con pulseras de pinchos, los ojos maquillados excentrícamente y el pelo le llegaba por debajo del pecho; dando la sensación de scary dog, pero nada más lejos de la realidad, si le gritabas era probable que se pusiera a llorar.
—Valentín, qué cabrón. —dijo con media sonrisa pues acababan de anunciar el tren. 
Se saludaron a lo lejos y esperó a que se acercara.
»Tienes una flor en el culo.
—Holiwis. —dijo risueño a la vez que llegaba el tren—Vamos primero a la tienda de ropa, ¿vale?
—Claro, y si quieres, antes de ir a por los cómics, vamos a por bubble tea. Qué me apetece muy fuerte meterme un buen té matcha.
—Sí, sí.—cantó entusiasmado entrando en el tren y buscaron un lugar donde sentarse.

El vagón no estaba muy lleno y pudieron sentarse juntos en el espacio de cuatro asientos, Gerard siempre a la izquierda. Ding ding ding, sonó la alarma de cerrando puertas. 
Valentín se acomodó a escuchar música, su amigo apoyó la mochila entre sus piernas y sacó su cuaderno para dibujar en el trayecto. 
—No lleguemos muy tarde a casa, ¿vale? —le dijo a Valentín y él asintió.
—¡Ah! —se le iluminó la cara—¡Te he traído una cosa! 
Se sacó un pequeño objeto del bolso y se lo dió con mucha ilusión.
—¿Un gato feo? —preguntó Gerard al verlo.
Valentín se rió con fuerza y pena. Era un intento de una figura de un gato hecha de arcilla, con unos ojos y boca dibujados a boli.
—Lo he hecho lo mejor que he podido.
—No, no. Si me encanta. Gracias. —lo miró un rato riendo y lo guardó en la mochila.
Cada uno siguió a lo suyo hasta llegar a su parada. 

Salieron de la estación y cruzaron la calle esquivando a la aturullada gente de la ciudad, dirección a la tienda de ropa alternativa. El colorido chico daba saltitos de felicidad contándole sus amoríos y el otro lo escuchaba con atención contento de verlo tan alegre.

Después de comprar un par de cosas que Valentín quería, tomaron el tan esperado té con tapioca.
—Ya tengo entradas para el concierto, iré con Martín y Sonia, qué ilusión. —contó Gerard en un monótono que no aludía a la alegría que realmente sentía, le costaba controlar la entonación, pasaba de gritar a susurrar—Pienso ponerme orejas de elfo y ser el elfo más gótico del lugar.
—¡Pasame muchas fotos, Ger! 
—Sí, sí. 

Caminaron a la tienda de cómics. Estaba bastante llena, cosa que agobió a ambos pero en seguida se entretuvieron buscando las mejores lecturas. 


***


Los dos amigos pasaron una tarde agradable, compartieron con el otro todas sus obsesiones y temas de interés. Gerard estaba contento, había salido de casa, que eso ya era un logro para variar, se había comprado dos cómics y el segundo libro de una saga que se estaba leyendo.
Cargados pero contentos con lo que habían comprado volvían de pie en el tren, a estas horas siempre iba a reventar de gente y era imposible sentarse. Valentín intentaba entretener a su amigo para evitar que le inundase la ansiedad. Gerard jugaba repetitivamente con sus dedos para calmarse.

Llegaron al pueblo, estaba atardeciendo. 
—Y sin llorar. —dijo orgulloso
—El mejor. —asintió Valentín. 
—Te acompaño, ehh, que me queda de camino, mitocondrio. —Gerard adoraba los apodos raros.
—Chachi, citoesqueleto. 

No hablaron mucho en el camino, estaban bastante cansados y cada uno escuchaba tranquilamente su música disfrutando de la compañía que se daban. Al llegar a la casa de Valentín, Gerard saludó a su perro y se despidió para retomar el camino a la suya. Le quedaban unos quince minutos andando hasta llegar, quizá veinte, pues con el cansancio del sol, el gentío y las mil cosas que llevaba en la mochila empezaba a arrastrar los pies. 
Llegó al paseo y lo subió hasta llegar al parque, a esa hora estaba precioso, en el centro había un camino de tierra con arcos de flores moradas, la luz del sol bajo atravesaba el arco deslumbrando parte del camino. Se paró unos segundos a admirar aquello.
Paseó despacio bajo las flores, contemplándolas, hasta entrar a la altura donde la luz bañaba el camino, se llevó la mano a los ojos preguntándose si debía volver a ponerse las gafas de sol.
Vislumbrado y sin ver nada dió un paso adelante, el corazón le dió un vuelco al tener la sensación de haberse saltado un escalón, más no había tierra, suelo ni escalón y el pié cayó. Quiso recular el peso hacia atrás sacudiendo los brazos pero ya estaba cayendo.

Caía o tal vez flotaba, era difícil saberlo, lo único que podía ver era luz, una extraña luz rodeándole. Un silencio absoluto lo rodeaba, gritaba sin escucharse, pero gritaba.
Tras unos instantes que le parecieron eternos sintió como si chocara con algo suave, como si atravesase una cortina de agua. 
Vió la luz del sol, el mar y la tierra, escuchó los pájaros, la brisa y sus gritos. 

Ahora sí que caía.

Aterrizó en el mar, tragó agua y tardó unos segundos en poder pensar. La cabeza le retumbaba, oía latir su corazón. Estaba muy hondo, por suerte la mochila flotaba y lo estaba arrastrando a la superficie. Empezó a nadar hacía arriba con frenesí, se quedaba sin oxígeno. 

Dió la mayor bocanada de aire de su vida, tosía y le costaba respirar, tal vez del miedo y la ansiedad o de haber tragado agua o del impacto, quizá todo a la vez. El agua estaba en calma, empezó a chapotear dando vueltas mirando a su alrededor, había visto tierra al caer, no debía estar lejos, al fin la vió y comenzó a nadar. Le pesaba la ropa y temía por sus objetos electrónicos, así que se quitó la mochila y la alzó. 
Nadar con zapatos era más difícil de lo que pensaba. Ya casi llegaba a la orilla de rocas, vió que arriba de un acantilado había como un poblado de casas medievales, concretamente de arquitectura nórdica. 
«¿Vikingos?» 

Como pudo salió del mar y se tiró de rodillas en la roca. Tosió, escupió y empezó a escurrirse el agua del pelo y la ropa jadeando. Si no tenía un ataque de ansiedad ya pronto lo tendría. 
Miró a su alrededor con cara de no entender nada, y cuando creía que la situación no podía empeorar, venían hacía él varias personas que parecían haber salido de la nada, a un ritmo alarmante y armados. No parecía que fueran a socorrerlo. 
Con rapidez se puso de pie y recogió su mochila. Lo rodearon alzando sus armas, le hablaban, pero él no entendía nada, no conocía esa lengua. Habían hombres y mujeres, todos se veían bastante fuertes y enfadados, los ojos les brillaban de un tono morado, como si estuviesen encantados, todos ellos tenían una gruesa línea negra pintada en la cara, y no lucían muy saludables, la piel la tenían pálida, como si estuvieran muertos y portaban extrañas armaduras de cuero. Pensó que parecían salir de un rol en vivo.
Dió vueltas sobre sí mismo hacíendo un gesto de calma, mientras giraba vió como alguien iba apartando a los guerreros, era diferente al resto y aunque se le veía joven, se notaba que estaba al mando. Vestía con una camiseta larga tradicional nórdica de color blanco con perfectas decoraciones doradas y algunos refuerzos en cuero; iba despacio, como si el asunto no fuera con él. Cuando se acercó descubrió que tampoco era “normal”, sus ojos eran rosas y brillaban de una manera que parecía que tuviera dos luces sinuosas. Su expresión era de entre asco y enfado.
—¿Se puede saber quién eres tú y cómo has llegado hasta aquí? —preguntó bruscamente.
—Bueno yo…
—No, no, calla. No tienes ni idea, ¿verdad? —dijo cortándole a media frase—al menos tu nombre si lo conocerás, ¿no?
—Gerard, me llamo Gerard. —susurró mirando asustado a su alrededor—¿Dónde estoy? Y ¿quién eres tú? 

El joven hombre que tenía delante suspiró y lo analizó lentamente de arriba abajo con los brazos cruzados.
—Esto es Asgard, chico y yo su guardián. —hizo una pausa como si esperase que el intruso lo reconociera o supiera de qué estaba hablando—¿Qué tienes la cabeza llena de serrín? ¡Sois testigos, un humano que no sabe quién soy! Fascinante… —dramatizó dirigiéndose a sus soldados. 
Hablaba gesticulando mucho, era muy teatral pero no agradable ni lo pretendía, su tono era cortante y sus dientes eran de oro, cosa que perturbaba mucho a Gerard.
»Soy Heimdall.

 

 

 

 

Notes:

Esta historia es un Selfinsert algo descarado, solo quería narrar cómo sería ir a uno de mis videojuegos favoritos con sus aventuras y estar con Heimdall, por supuesto.
Dibujar no me fue suficiente así que aquí mi primer fanfic. Espero que quién lo lea lo disfrute tanto como yo escribiéndolo.