Actions

Work Header

Destinos forjados

Summary:

Aquí la muerte está sentada en la mesa, esperando a comer a sus anchas. Aquella noche en la que me convirtieron renací en un mundo obscuro, donde criaturas místicas juegan por poder y autoridad, debo sobrevivir a mi manera, dentro de obsesiones, secretos oscuros. Entre la posesión de Armand y Lestat, con el genuino tacto de Marcus Paulo lleno de romance oscuro.
⚠️Contenido adulto/darkromance/OC centered/temas sensibles
Los personajes pertenecen a Anne Rice. Marcus Paulo y el desarrollo de esta historia son de mi autoría.

Notes:


Imagen del prota y portada jajajaja

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: Voraz encuentro

Chapter Text

Yo soy un simple mortal, bueno lo era, tenía 25 años cuando uno de los vampiros más célebres de su especie Lestat de Lioncourt se fijó en mí un día sin nada especial. Llegué de costumbre a las 11 de la noche a mi casa, no tenía prisa ya que mi familia estaba de viaje, así que no tenía porqué dar explicaciones sobre mi llegada. Todo estaba singularmente en calma, una que al instante me dió miedo, porque ni mi gato ni perro salieron a recibirme como de costumbre.
Al prender la luz estaba sentado como si fuese su casa, quieto y con una sonrisa de victoria al verme entrar. Yo no tenía miedo típico, sino que estaba teniendo que les hubiese hecho daño a mis mascotas. Entonces con la calma más extraña de mi ser pregunté si había hecho daño.
—JAJAJAJA entras a tu casa y te encuentras a un extraño, y preguntas por unos animales?—se carcajeaba con entusiasmo ante mi pregunta.
—Si, no importa qué hagas con los bienes o a mi, pero mis queridas mascotas sería un horrible crimen, señor.
Lestat estaba entusiasmado ante su respuesta, esperaba lo de siempre, pero encontró algo peculiar.
—No te preocupes, pequeño, simplemente hice que se durmieran.
—Espero que sea verdad —suspiró ante su declaración—bueno señor, no entiendo cómo entró a mi casa si hay varias barreras con candado, pero debió equivocarse de casa, o colonia, porque no hay dinero aquí si es lo que busca.
Lestat levantó una ceja mientras una sonrisa divertida salía desde lo más profundo.
—No quiero tu dinero, ni cosas materiales, yo soy un vampiro, vengo a cenar.
—Lo siento no es quincena, y si usted señor "vampiro" quiere comerme, mi sangre es de lo más común y muy líquida, probablemente no le agrade del todo— contesté de lo más risible pues estaba escéptico por sus palabras — si es así entonces deje tomar algo antes de, creo que había refresco o sidra, qué vendría bien para acompañar mi final?
Lestat estaba muy extrañado por esa situación, debido a que no entendió porque no lloraba o pedía que no me matara, sin embargo aquí en México la muerte está sentada en la mesa desde que nacemos, y es tan cotidiana que no queda de otra que reír para no caer en la locura. Así que con toda la calma del mundo, aquella con la que aceptas el destino de una trágica enfermedad, saqué una botella de sidra y por la hospitalidad de mi educación, le ofrecí al que sería mi verdugo un poco, claro en el único vaso de vidrio que mi humilde morada poseía, Lestat entendió que probablemente sería más divertido charlar con la cena antes de proceder, porque su paso por el país era breve, aunque su postura reflejaba una aire de superioridad cuando vio servir las bebidas.
—No hace falta decir, señor...—hice un gesto de intriga con mi mano, para que pudiera presentarse.
—Lestat de Lioncourt —contestó mientras alzaba su cabeza de manera orgullosa.
Asentí aguantando las ganas de reírme de sus gestos, pues parecía un francés de esos que suelo encontrar en mis investigaciones históricas. Pensaba que tal vez era un extraño sueño febril, como había entrado, su manera de ser una diva aunque su presencia fuese una violación a cada etiqueta de buenas costumbres. Su persona era peculiarmente atrayente.
—Entonces usted es un vampiro, una criatura mística y sin posibilidad de ser real? O es un simple hombre que entra sin invitación a casas ajenas?—procedí a beber un trago.
—Ah un escéptico de lo sobrenatural, me gusta mucho ver sus caras cuando descubren la verdad—lo dijo en un tono altivo y soberbio.
—Claro, yo soy un hombre de lógica y ciencia, estimado Lestat, porque creería yo en esos cuentos?—contesté calmado.
—Bueno, entonces como explicas que entè a tu casa?—dijo en tono victorioso porque no había respuesta razonable.
—Probablemente no cerré debidamente la puerta y el portón.
Comencé a reír, yo estaba demasiado ocupado buscando si tenía alguna arma, puesto que mide más de 1.80, cosa que me daba desventaja física, yo un adulto de 1.58, que pesa 45 kg, frente a él sería muy fácil morir rapido, ademas, el pequeño detalle que soy un hombre trans, uno que no tiene tanta fuerza, porque siempre he sido huraño, sin mucho interés en el ejercicio, más que el que te mantiene con buen fisico. Aquella noche mi mente veía las posibilidades reales de salir con vida, aunque si no lo hacía, esperaba que fuese rápido. Supongo que en el duelo de miradas intensas, pudo adivinar mis pensamientos, mostrándose demasiado tranquilo.
—Así que no me tienes miedo?
—Bueno tener miedo en el sentido tradicional no, en el de supervivencia tampoco, pero en el sentido de no saber que quiere, si tengo un miedo considerable, señor Lestat.
—Eres gracioso pequeño humano, probablemente apenas tienes 18, y debes sentirte muy maduro.
—Bueno señor Lestat, soy un hombre hecho y derecho, tengo 25 años, bien vividos si hoy decide que es mi último día—le sonrío divertido, pues la verdad, yo tengo demasiados problemas mentales.
Me levanté despacio para darle más sidra, y cuando iba a tomar su vaso me sujetó la muñeca, creo que tengo hambre, pensé que realmente no tenía mucho que ofrecer. Ante este pensamiento me respondió divertido que yo era su cena, me alarme, confieso pensé que me atacara de manera íntima, pero mi sorpresa fue mucho cuando me mordió la muñeca, sin querer solté una risa. Lo cual le tomó demasiado con sorpresa.
—Te da risa?
—Bueno señor Lestat, no es como que la gente vaya por ahí recibiendo mordidas todos los días, aunque veo que realmente me sacó sangre—veo un poco preocupado mi herida.
—Jajajaja vaya eres extraño.
—Yo? ¿El que acaba de recibir la mordida de alguien más?—dije sarcásticamente.
—No sé si eres alguien valiente o idiota—pero me caes bien pequeño.
—Gracias, supongo—le di un gran trago a mi sidra.
Comenzamos a charlar casi toda la noche, y si siguió mordiendo varias veces, dijo que si aguantaba otro dia me daría el don, no entendía nada, pero él es demasiado atractivo y envolvente, no podía negar que esa situación estaba muy excitante, ya que siempre he sido un aficionado del BDSM, el dolor y placer no eran para nada ajenos a mi. Asi que intrigado pregunté que era ese don, me describió que sería uno de ellos, un ser inmortal, un depredador nato, me reí y acepté, por un momento quedó confuso.
—¿Qué? ¿Cuáles son tus reglas de la apuesta? Dime las condiciones porque yo no me voy a echar para atrás.
—Ah, no? Quieres apostar, vale, hagamos una apuesta, yo comienzo a hacer el ritual y si tú Aurelio, gritas de dolor yo te dejo morir, pero si no gritas dejaré que te conviertas en mi compañero, aunque quejidos leves y suaves puedes hacerlos, me excitan—dijo con un tono juguetón y altivo.
—No recuerdo haber dicho mi nombre— lo miré con desconfianza— y como sé que lo que dices es real?
—Bueno puedo enseñarte alguno de mis poderes—replica un poco molesto mientras prende un cigarro con su mano sin usar encendedor, abrir varias puertas y finalmente poniéndose a mi lado con una velocidad sobrehumana.
No puedo decir nada, porque mi mente está tratando de procesar lo que acabo de ver, buscando alguna respuesta lógica, ante mi confusión él se ríe.
—Acepto, para mi es un ganar-ganar.
—Está bien, veamos cuánto aguanta este pequeño cuerpo.
Resoplé ante sus palabras, intentaba minimizarme, como si no fuera un adulto por mi estatura.
—Aurelio, voy a drenarte lo suficiente para que estés al borde de la muerte, después te daré de mi sangre, pero, es un veneno que duele como nada en este mundo, y ya dicho que pasa si ganas o no, podemos empezar cuando digas
Ante sus palabras pensé un momento, me levanté y busqué la botella de tequila que tenía mi madre guardada para eventos especiales. Un shot fuerte y cargado fue el detonante para decirle a los ojos, estoy listo. Él me indicó que me acercara, no mentiré un tanto temeroso estaba, no sabía a ciencia cierta que iba a pasar, pero no sería la primera vez que casi me iba al otro lado.
Me recosté con cuidado en el sillón, él mordió por mi cuello, esa mordida si dolió mucho más que las del resto de mi cuerpo, comencé a sentir como mi cuerpo se quedaba sin fuerza, mareado y sudando frío, mis ojos apenas podían mantenerse abiertos, un suspiro salió de mí. Lestat vio que era el punto exacto, donde la línea de la vida y la muerte es difusa, por lo que con su uña se abrió la muñeca y me la acercó con un poco de prisa, bebí casi instintivamente, mi cuerpo sintió todo el dolor que en pasé en mi vida, pero aguanté, pensé en todas las veces que tragué mis lágrimas para levantarme al trabajo, todas las veces que me humillaron, o cuando mi masculinidad era puesta en duda, todo el mismo coraje que usé para vivir, soltaba una que otra queja, pero no grité, mi lengua fue la pobre víctima de mi resistencia; el tiempo era difuso, no recuerdo si fueron horas o días, solo que Lestat estaba ahí, saboreando la victoria por momentos. No sabía si estaba alegre por perder la apuesta, o porque superé sus expectativas, pero recuerdo perfectamente su sonrisa.
Cuando no soporté más perdí el conocimiento, y mis ojos pesaban, luché cuando al abrirlos me percaté que Lestat estaba ahí, sonriendo curioso, expectante, y tal vez orgulloso que siguiera con vida.
—Vaya, Aurelio, debo admitir que no cualquiera logra hacer lo que acabas de superar, ya eres un vampiro, mi vampiro.
Yo apenas comprendía la magnitud de que significaba que era suyo, pero si comencé a apreciar mis nuevos sentidos, oía todo, hasta el pensamiento sutil de mi vecino, sentía mi corazón y el de Lestat a voluntad. Mi respiración no podía controlarla ahora podía percibir hasta el más mínimo átomo. Si, estaba encantado, maravillado que ignoré su presencia,
—Así es pequeño, todo eso que estás experimentando es parte de tu don, el que te he regalado, soy tu creador, eres mío.
No respondí, trataba de averiguar si podía mover algo con mi mente.
—Te estoy hablando—me dijo mientras dirigió mi rostro con sus dedos hacia él—me perteneces ahora, nuestro vínculo es inquebrantable, único y eres mi compañero.
—Si, amo, perdona por no escucharte, estaba tan absorto en mis nuevas habilidades—le contesto en un tono sereno y meloso.
Después de escuchar esas palabras Lestat se arrojó sobre mí, mirándome con deseo, y una intensidad que solo alguien ansioso por comer puede mostrar
—No te preocupes pequeño, entiendo que este conmocionado ante el don que acabo de regalarte—lo dijo con voz profunda y seductora, sus labios comenzaron a besar mi cuello, bajando lentamente hacia mi pecho, desabrochó rápidamente mi camisa topando con mi binder— que es lo que tienes aquí?
—Un binder, se usa para poder aplanar el pecho, querido Lestat, podría desabrocharlo por favor, llevo todo el dia apretado con él—dije con una voz calmada y angelical.
Su sonrisa no se hizo esperar y lentamente me quitó el binder, dejando en descubierto mis pequeños pechos, y con una complicidad mutua el juego comenzó. Sus manos recorriendo lentamente mi ser, y yo mordisqueando mientras contemplaba aquel ser tan maravilloso, oh de verdad, podrá ser una diva, rey del drama y narcisista, pero su físico, ese rostro tan varonil, el cabello rubio que juega con sus hermosos ojos azules que te seducen a la apostasía. Un porte juguetón y seductor a toda regla; no niego que me deje llevar erróneamente pensado que podría zafarse de él rápido, que fe de erratas me metí en mi alma.
Bueno estaba diciendo que jugamos un rato a las caricias y mordidas, pero su sed no podía parar ahí, me enseñó un buen beso francés, mis piernas pedían a gritos que por favor comenzara de una maldita vez el arte de dominar. Aunque me da pena admitirlo en voz alta, nuestros cuerpos se fundieron toda la noche, arriba, abajo, de posiciones tan vastas que haría sonrojar al mismo Marqués de Sade. Una combinación letal de estar a su merced, de sangre, de gemidos de besos, todo en una escena que aún logra sonrojarme. De esa parte no puedo quejarme, le di una buena lección de rendimiento, uno que solo provocaba que me deseara a su lado intensamente.
Cuando nuestros cuerpos pararon por agotamiento, y no por aburrimiento, nos tomó unos instantes recuperar algo de aliento; nos miramos en una complicidad que no puede ser comparada con nada. Me dijo que si de verdad entendía que yo no iba a separarme de él; en ese instante de confusión mental no me hizo ruido, creí que era una especie de orden que estaba gustoso en poder llevarla a cabo. Me dijo que tomara un poco de mis cosas y ropa porque debíamos irnos lo antes posible, lo cual —no puedo decir razón lógica de que no me lo plantee dos veces— dejé todo para seguirlo, algo… algo que no soy yo; lo seguí sin pensar ni reflexionar en mis deseos quería estar con él, pensé “ahora debo quedarme a su lado, de cierta manera me salvó”.