Chapter Text
Desde un principio, el día de los enamorados no era una fecha que fuese una prioridad para Genya Himejima.
Cuando era un niño, se le consideraba mucho más aburrido, es decir, por supuesto, el amor de pareja no era una cosa para una mente infantil, no si no venía con material para su propio beneficio, por lo que arreglos florales y cartas decoradas con brillantina, definitivamente tampoco eran algo que quisiera en lo absoluto. De hecho, ni siquiera tenía la idea de que el 14 de Febrero era una fecha para celebrar.
Ahora siendo un adolescente, la cosa no cambiaba mucho, salvo si las razones del porqué a Genya simplemente le va y le viene, ya eran un poco más diferentes que cuando antes.
Es más, ahora podía decirse que lo detestaba, solo un poco. Peor sería tanto.
Aún e incluso ahora sus hormonas adolescentes han estado presente en cierto tiempo, pero bueno, no servía mucho cuando su timidez le hacía una mala jugada en la cual expresarse con claridad, específicamente cuando se trataba de chicas en su entorno.
Sin embargo, fuera de todo ese pequeño detalle, también había llegado a tener a alguien en específico, quien ocupaba su cabeza las 24 horas de la semana, y que probablemente hacía mucho más sencillo ponerse un poco en el lugar de toda la gente ansiosa por el día de los enamorados.
Alguien quien lo hacía comportarse como el simple colegial enamorado que era.
Sanemi Shinazugawa, el causante de todo.
El monstruoso profesor de matemáticas de su instituto. Un hombre que se toma bastante en serio la materia que imparte, por lo que no tiene piedad contigo si de errores se trata. No permitía segundas oportunidades, por lo menos no para evitar las clases extras en verano. Si en la primera te jodiste, pues te jodiste.
Para muchos era un hombre sin corazón, pero para Genya, era más que eso, realmente.
Podía decir que incluso lo conocía mucho antes de la escuela, desde que él y Gyomei, su tutor, se habían mudado a un apartamento en la ciudad de Tokio, cuando Genya tenía tan solo 5 años. Siendo bien recibidos por la familia Shinazugawa, que fueron sus vecinos por un tiempo, y los cuales les ayudaron mucho para adaptarse a su nuevo hogar de ese entonces.
He ahí como Genya y Sanemi se cruzaron, este último teniendo 10 años, no le fue impedimento relacionarse mucho con el menor; fue el primer amigo que Genya había tenido en su vida, y también la única referencia de un hermano mayor. Su amabilidad y atención, así como la protección, entre otras cualidades agraciadas que el niño de cabellos blancos le brindaba incondicionalmente, fueron lo que hicieron para que el pequeño Himejima le tomara un gran apego emocional, que ni con las perspectivas erróneas de los demás sobre la persona de su Nemi , desharía en lo absoluto.
Para su… posible desgracia, el amor que pretendía ser sólo hasta ese punto bajo, había evolucionado, precisamente cuando estaba entrando a la etapa de la pubertad, ese sentimiento amoroso que le costó asimilar hasta que ingresó a preparatoria.
Genya había desarrollado sentimientos amorosos por Sanemi, y a decir verdad, era un problema en totalidad, ¿por qué, de todas las personas, tenía que ser con quién tenía más como una fraternidad?
¿Eso se podría considerar incesto indirecto? Genya se sentía peor de tan solo pensarlo así.
Y por más que quiso retirar ese enamoramiento, no lo logró. Menos cuando tenía a Sanemi en casi la mayoría del tiempo, frente suyo, restregando su aura dominante y agresiva, con una voz que con una simple palabra, ya te tenía; y bien, Genya sabía que era para precisamente eso, tener la atención de todos para que no perdieran ni un detalle sobre sus clases problemáticas, pero demonios, no podía evitar pensar en otras cosas, en qué otras formas podía aquel hombre tenerlo a su merced-
Si, así de jodido era la cosa con él.
Sus celos también podían ser un problema, que le restregaran a sí mismo ese detalle, el cómo su pecho se oprimía, y su estómago se revolvía al ver a cualquier estudiante enamoradizo de Sanemi pegados a él como plagas, y tampoco era muy de su agrado como este podía bien llevarse con la profesora de biología, Kanae Kochou, y no le gustaba, porque la mujer era increíblemente linda, pero por eso mismo es que temía que en algún momento Shinazugawa pudiese llegar a quererla de otra forma.
Estar enamorado era lo peor.
Y es por ello que ahora sentía cierto repudio al San Valentín. Tener que soportar parejas por doquier, que no tenían problema con demostrar su amor; que en su mayoría le resultaban muy bien las cosas con las personas que querían, algo que, muy en el fondo, él también quería que pasara.
Que, así como Sanemi lo aceptó cariñosamente como amigo, y un hermano menor más para él, también lo hiciera así como una pareja.
Vaya, hasta sus amigos tenían más suerte en el amor que él, además de que también se habían relacionado con dos de sus profesores. La envidia le picaba cada vez que podía ver los gestos acaramelados que se daban Tanjiro y el profesor Tomioka, así como las peleas que terminaban en besos sigilosos en el salón de artes que fácilmente podía ver venir de Zenitsu y el profesor Uzui.
¡Incluso el salvaje de Inosuke tenía novia! Simplemente absurdo.
Le fastidiaba San Valentín, no le gustaban las parejas felices.
Odiaba no poder simplemente expresarle su amor sinceramente a su Nemi, sin que el temor al rechazo y que toda su relación se arruine le invadiera la cabeza como remolino sin fin.
Así que, solo le queda soportar otro año más, y probablemente los que le seguían, inundado en medio de toda su amargura y sus anhelos que se aferraba a callar.
✿ ♡ ✿ ♡ ✿ ♡ ✿
—¡Salganse de una vez! ¡Y la jodida tarea la quiero bien hecha!
Fue el último grito que Genya escuchó desde los pasillos de la escuela, manteniéndose a un lado, para que la estampida de los estudiantes de primer año no le hicieran algún daño.
Se acercó al aula de dónde salieron, quedando completamente solo dicho lugar, por lo menos de alumnos.
Se encontró al profesor de matemáticas sentado en su escritorio, estirando los brazos para hacer flexiones en cortos pasos, debido al cansancio y estrés que le generaron aquellos chicos. Sus ojos se mantuvieron cerrados en el momento de las acciones, por lo que no notó aún la presencia del pequeño Himejima.
Genya tragó un poco de saliva, intentando no soltar algún sonido indebido por la manera en que esa imagen brindada por el mayor le provocaba inmediatamente.
En su mente quiso culparlo, ¿por qué cualquier cosa que hiciera le parecería un indicio de sensualidad?
—¿Cuál fue tu última clase?
Preguntó Shinazugawa en cuanto logró percibir la presencia del chico, con tan solo oír los pasos tenues que para él ya era bastante reconocible.
—Uzui-sensei. —Genya se golpeó mentalmente, esperando que ningún rubor delatara su sentir— De hecho me pidió que te avisara que te esperaba temprano en la entrada de tu casa.
—Maldito aprovechado. —Bajo sus brazos, para ahora, arrastrar su mano por encima de su cabello albino— Al idiota se le descompuso el auto, así que en estos días se ha estado yendo conmigo.
—¿Pensé que se estaría yendo con Rengoku-sensei?
—Mi casa queda más cerca de la suya. Por ende, se aprovecha de la piedad que le estoy dando y así darle el aventón.
Se levantó, aunque solo para recargarse en la orilla del mismo escritorio. En cuanto al menor, este se adentro por completo al salón, quedando mucho más cerca del docente.
—Supongo que es una ventaja de que ahora vivas solo. —Opinó Genya.
—Será para él. Que fastidio tener que levantarme más temprano para que el idiota no asuste a la gente que va pasando por ahí, creerán que es un loco indigente, apostando a como viste.
Genya no lucha para ocultar su risa. De todos modos, Sanemi sabía lo ligero que aquel tomaba sus expresiones altaneras. Y tampoco es algo que le desagrade.
—Aquí es donde la cosa real es que te preocupas por él.
—No sé como sacas esa conclusión. —Gruñe Sanemi, manteniendo su seriedad de cuando está en medio de los otros mocosos— Por mi que el imbécil se pierda en un bosque.
—Tal vez, pero después irías a buscarlo por tu cuenta porque la culpa te llegaría. —Comenta, sin miedo ni dudas para hacerlo. Aún y cuando la severidad del contrario se acentúa en su rostro— Eres bastante bueno, aunque esa no es tu intención, o si quieres verlo como si fuera lo contrario. Es algo que no podrás quitarlo de tu ser.
Y también, eso es algo que definitivamente, hacía que lo amara más de lo que quisiera.
—¿Por qué lo haces sonar como si fuera algo malo? —El albino soltó quejido debido a que podía sentir como sus mejillas teñían parte de su rostro.
—Eso ya depende de ti.
Le sacó la lengua, a lo que el albino solamente respondió al gesto con atraerlo, envolviendo un brazo por su cuello y con la mano libre sacudir los cabellos oscuros, causando risas y quejas en aquel, a lo que el mayor le siguió, divertido. Sin la importancia de mantener una severa imagen a como lo hizo hace momentos con los demás chicos.
Estos momentos eran los que más hacían feliz a Genya. Lo que lo hacían sentir bastante confortante y afortunado, además del significado que eso tenía para ambos.
Que todo ese intenso carácter de profesor se podía bajar con la simple presencia del chico más joven, toda esa relajación solo podía expresarlo con él, a comparación de cualquier otro estudiante de su edad.
Él era especial. Es así cómo lo hacía sentir Sanemi.
Las miradas afectuosas también eran una cosa, cómo justo ahora estaba sucediendo; el albino detuvo sus movimientos, y pasó a una actividad mucho más blanda, fijando sus ojos color violeta a los más claros del Himejima, a su vez que lo tocaba de las mejillas sonrosadas que mantuvo. Sanemi pensaba tontamente que se debía al calor por haber retenido su cabeza en su brazo tan bien ejercitado.
Pero la cosa era otra, y es que Genya ya no podía verlo de otra manera que no fuera enamoramiento. Le daba mucha pena.
Trató de hallar algún tema de conversación, antes de que pudiese haber algún momento que con la simple vista delatara lo que estaba sintiendo.
—M-mañana es San Valentín. —Vaya manera de esquivar la situación. Por ello se maldijo internamente— ¿Algún plan que tengas como uno de los pocos profesores solteros de la academia?
Shinazugawa soltó un resoplo, parpadeando lento. Sus manos poco a poco bajan de los poros a los hombros del menor.
—Estresarme por el escándalo que armarán los mocosos por las declaraciones cursis y las notas de detención que les tacharé por el PDA descarado que se restregarán por la maldita boca, suena a un plan. —Terminó por separarse. Fue hacia el escritorio nuevamente para tomar sus cosas, que no eran más que un maletín y algunos marcadores para el pizarrón— Vámonos, si duro otro segundo aquí me dará una jaqueca.
Genya rió. Junto al albino, salieron del aula. Se resistió a tomarse la molestia de borrar los ejercicios del pizarrón. No quería hacer esperar al mayor.
—¿No fue un buen día para ti, Nemi?
—¿Que dije sobre llamarme así en la escuela? —Le vio con una de sus cejas diminutas alzadas, recibiendo un gesto de disculpa del menor— Y bueno, sin ofender, pero que pregunta tan estúpida, todos los días son pesados hasta el infierno. Tener que soportar adolescentes que parecen niños de kinder… —Se frotó el rostro exasperado, y gimió quedito— Y mañana estarán peor.
—No creo que vaya a ser tan malo... —Como alguien que tampoco la pasaba tan bien en el día de los enamorados, sus palabras contenían una pizca de hipocresía— ¿Ni siquiera las cartas o regalos de tus admiradoras son algo que te ponen de buen humor?
Bueno, probablemente estaba siendo bastante hipócrita.
—La mayoría son chicas que no tienen idea de lo que quieren realmente en su vida, así que no creo que tampoco sepan en lo absoluto lo que es el amor en sí. —Mordió su labio al querer no sacar la risa, pareciendole algo gracioso que fuese él quien estuviese hablando de ello— Solo tienen hormonas alborotadas. Ya se les pasará.
Genya esperaba que fuera eso realmente. Y no es como si él no hubiera pensado que podía ser su caso con Sanemi, después de todo, el mayor era básicamente la única referencia que tenía para muchas emociones que ha tenido en su corta vida.
—Pero bueno, tampoco es como que esté para algún noviazgo ahora. —Las palabras fueron casi como un alivio y decepción para el azabache— Tengo asuntos más importantes en los que pensar, como mi trabajo, o mi propio hogar.
—Oh, si. Dijiste que le propondrías a Kumeno-san vivir contigo, ¿lo hiciste?
—Me cambio los planes antes de siquiera mencionar palabra alguna —Rió, y Genya se confundió un poco— El idiota quiere pedirle matrimonio a su novia, de hecho, mañana es cuando le dará el anillo.
—¡Ah, qué buena noticia! —Genya expresó su felicidad por el hombre mencionado, sonriendo genuinamente. Pero segundos después, su mente vagó hacia el tema anterior— Pero… ¿Entonces con quién vivirás? No quiero que sigas sintiéndote incómodo.
—Gen, ya te dije que no te estés comiendo la cabeza con eso, no es como que sea algo grave.
—¡A-aún así! —Sonrojó avergonzado, cubriendo su boca por haber alzado el tono, se disculpó— Tu bienestar completa es importante para mí. Solo… Solo quiero que estés bien.
Sabía lo difícil que había sido para el albino hacer distancia de su madre y hermanos pequeños en un principio, incluso ahora seguía siendo algo extraño, llegar a una casa en donde no estaría inundada de gritos, risas, o cualquier ruido que le hiciera verificar que estaba en compañía.
Pero bueno, había sido un paso más en su vida adulta, además de que por un lado, lo encontraba necesario para su propio crecimiento emocional.
El único problema es que no le gustaba mucho la idea de estar completamente solo.
Es por eso que Genya ha estado al pendiente –más de lo que ya– en cómo se siente el mayor en respecto a su casa. Ha pasado ya un año, pero sabía que para el albino sigue siendo un reto sin completar.
Y podrá pasar todo un siglo, aún así, siempre estará atento a Sanemi.
—Si que eres bastante sensible, eh. —Se burló, luego observó como el menor miraba a varios lados, y después, hizo que su mano apuntara en un puño hacia su brazo— ¡Oye! Hay cámaras, ¿sabes?
—No me importa. Te lo merecías.
Sanemi rueda sus ojos, nada más. Cualquiera que lo viera, estaría bastante estupefacto de que no mandara a volar al chico en el primer intento de agresión.
—Bueno, si tanto te preocupas por mí, podrías irte a vivir conmigo.
—... ¿Estás bromeando?
Si era así, estaba siendo una broma de mal gusto para sus sentimientos.
—¿Por qué mierdas lo haría? —Sanemi se tornó a su rigidez. Estaba hablando en serio— Tú quieres independizarte, ¿no? también dijiste que querías escoger una universidad de la ciudad, y mi casa sería la más cercana, así no te dificultas con el transporte.
—P-pero te dije que aún me quiero tomar un año sabático, y quiero trabajar primero y ahorrar lo que pueda para ello.
—La oferta sigue en pie de todos modos. Incluso puedes moverte desde antes —Aclara, sin siquiera dudarlo— El dinero no es problema, en lo que te adaptas entre el trabajo y tu tiempo, puedes darme de tu parte para despensa, lo demás estaría cubierto por mí.
—Pero… Nemi…
¿En verdad su amigo estaba ofreciéndole eso?
¿Podría vivir con él? ¿Estar más cerca suyo? Bien, no iba a negar que había tenido pequeña ilusión con eso en varios momentos, incluso antes de saber que su enamoramiento era una cosa en serio. Estar a lado de Sanemi la mayoría del tiempo. El iniciar y terminar cada día junto a él…
Pero ahora, él no estaba soñando, ¿verdad?
—Bueno, mira, si quieres piénsalo. Sé que suena repentino, y probablemente aún no pensabas en hacer ese movimiento, está bien —Frota un poco su nuca— y entiendo que sea una molestia ahora para ti, luego de tener que soportarme en la escue-
—¡N-no! ¡Quiero hacerlo! —De nuevo su rostro había tomado un rubor total. Que vergüenza— M-me refiero… A que si, me gustaría vivir contigo. Sólo… solo espero y que está decisión no sea precipitada para ti, o que te arrepientas después-
Una mano con la fuerza suficiente fue posada encima de su cabeza, sujetándola con firmeza, para después, revolver los cabellos oscuros.
—Si tú no tienes dudas, yo menos. A mí me gustaría mucho que estuvieras conmigo.
Y Genya tuvo que cerrar demasiado su boca para no dejar salir algún suspiro embelesado.
Las manos fueron a cada hombro del chico más joven, y los dos volvieron a fijar sus miradas del mismo color
—Aún así, me gustaría que lo pensaras más, y tienes que hablar con Himejima sobre esto ¿de acuerdo?
Genya asintió. Sabía que su tutor estaría tranquilo con la idea, después de todo, se trataba de la persona que ha cuidado también de su hijo adoptivo.
Y tal vez, hacer caso por primera vez a sus deseos no sería tan malo, ¿verdad?
Porque, si no llegaba a tener a Nemi como algo más, estaría bien pasar tanto tiempo necesario a su lado, por lo menos, antes de que el mayor llegue a conocer a alguien más.
¿Sería eso suficiente para calmar a su amor no correspondido?
✿ ♡ ✿ ♡ ✿ ♡ ✿ ♡
No, definitivamente no sería suficiente.
Se despidió de Sanemi en cuanto se tuvo que ir a la sala de profesores, aún había labores que ellos debían hacer, además de que el director Ubuyashiki les había propuesto trabajar una hora extra para que mañana tuvieran libre después de clases por San Valentín.
Con eso ya dado, Genya se fue de la escuela para dirigirse a su hogar, aunque al final, optó por parar a un parque cercano para pensar en la conversación que había tenido con Shinazugawa, procesando el hecho de que, graduándose, ambos tomarían casi el mismo rumbo.
Y bueno, pensándolo ahora mejor, sin que su mente soñadora lo estuviera dominando en su cabeza, creía que la idea no sonaba mejor del todo.
¡Se supone que debía arrancar su enamoramiento de sí lo antes posible!
No podía seguir estancado en la misma situación amorosa y problemática que lo ha hecho sufrir entre decepciones y amargura durante toda la maldita adolescencia, no era bueno para él, ni para su amistad con el mayor. Que vivieran juntos solo haría peor la cosa. Debía dar el alto ahora.
Pero inevitablemente, era débil.
Él seguía queriendo eso. Estar con Sanemi, poder ver cada gesto que hace, oírlo decir cualquier cosa, incluso si solo se tratasen de gruñidos frustrados y exhaustos; Quería seguir sintiendo sus caricias afectuosas, al momento que también lo veía, todo eso que alimentaba su corazón inquieto.
—Esto está jodido… —Se cubrió su rostro. Intentando contener sus ganas de soltar las lágrimas. De por sí se sentía patético estando en esta situación, como para que la gente a su alrededor lo viera llorando.
Pero era demasiado, ¿quien fue el imbécil que le pintó la idea de que el amor es un sentimiento tan hermoso?
Cansado de todo aquello, estaba por soltar el primer sollozo, hasta que oyó como los gritos de Inosuke y Zenitsu iban incrementando de lo poco a poco que se acercaban al árbol más cercano de dónde se encontraba sentado.
… Espera, ¿qué hacen ellos aquí?
Miró hacia la dirección de dónde se encontraban. Los dos mencionados, junto a Tanjiro Kamado, caminaban entre gritos, con bolsas de mandado en sus manos.
—¡Ya te dije! ¡Ni siquiera deberías estar aquí tú! ¡Así que deja mi chocolate en paz!
—¡Qué mal agradecido eres, Zenichi! ¡Y eso que fui yo quien lo compró! ¡Merezco un pedazo al menos!
—¡YO NI SIQUIERA TE LO PEDÍ- ¡GYAAHH!
Agatsuma chilla. El chico de hebras azules se había encimado en él, comenzando a morder el brazo donde sostenía la bolsa. Pidiendo entre gritos la ayuda de su otro amigo.
Familias, personas ejercitándose, y demás gente dirigen sus miradas en la pequeña intervención de adolescentes, haciendo que las mismas madres alejen a sus hijos de estos.
—¡Oigan, por favor! No tenemos mucho tiempo. Estamos limitados para- ¡I-INOSUKE, BASTA! ¡LE SACARÁS SANGRE!
—¡AYUDAAAAA!
Qué escándalo. Pensó Genya, algo fastidiado. Se levantó de la banca y fue alcanzando a los otros, y directamente se dirigió a tomar sin tanto esfuerzo a su amigo salvaje.
—¡Ya deja de hacer estupideces, animal! ¡Estás espantando a la gente!
Tanjiro tomó del brazo lastimado al rubio, que se encontraba aún entre lágrimas, intentando apaciguar el dolor de las mordidas que el otro le había logrado dejar.
—¡Maldito seas, cerdo!
—¡Eso te pasa por ser un avorazado! —Bramó Inosuke, aún siendo sujetado por Himejima.
—¡El chocolate ni siquiera será para mí, imbécil!
—Inosuke, desde un principio dijimos que íbamos a comprar cosas para hacer chocolates de San Valentín, por supuesto que significa que no lo comeremos nosotros.
Cuando el de rostro ameno había bajado sus reacciones alertadas, Genya se atrevió a soltarlo, empujándolo lo suficiente para que aquel tropezara casi al suelo.
—¡Oi! ¡¿Qué te pasa Gonta?!
Después de que los otros se calmaran, ahora miraban al chico más alto.
—Oh, Genya. Que sorpresa verte por aquí —Comenta el pelirrojo confuso, pero con una sonrisa suave.
—Lo mismo digo, pensé que ya se habían ido a sus casas, en especial tú, con eso de que le ayudas a tus padres con la panadería. —Genya se dirige hacia el chico de los aretes.
—Pedí permiso para tomar libre hoy —Tanjiro alza su bolsa de mandado— Como mencioné antes, hicimos algunas compras para mañana.
—Oh —Genya se sonroja un poco, pero al ver que el rubio se pone del mismo modo, suelta una sonrisa ladina— Ya veo, supongo que quieren ser de lo más dóciles para Tomioka-san y Uzui-san.
—¡No lo digas así! —Zenitsu se cubre su rostro, sintiéndose ultrajado. Tanjiro sólo se limita a reír nervioso, más no negando ese hecho.
—Llevas casi dos años con Uzui-san ¿Por qué te apena? —Genya cuestiona.
—¡Porque con ese idiota nada es fácil! ¡Es bastante irritable y estúpido! Muy estúpido.
Y eso desde un principio también era una curiosidad para el azabache, que su amigo de cabellera rubia y su profesor de artes hayan terminado juntos. Ambos en primera, se la vivían tanto de gritos y peleas, que Zenitsu perjuraba mucho su desagrado por aquel hombre, con toda envidia por tener a muchas chicas a su alrededor, y el profesor de cabellos albinos que se burlaba de él por lo gracioso que parecía.
Pero bueno, ahí lo está viendo a él, tratando de proteger de las garras de Inosuke, el chocolate que estaba dispuesto a preparar para ese hombre que ahora era su pareja.
—Entonces no sé porque sigues con ese mequetrefe, Monitsu. Podrías aprovechar tu tiempo mejor con darme-
—¡Ya te dije que no te daré nada! ¡Anda! Toma tu dinero. —Grita, en lo que saca los billetes de su pantalón, sin siquiera saber si era la cantidad exacta.
—Si, Inosuke. Será mejor que no te comas el chocolate de Uzui-sensei. Zenitsu apenas y puede considerar regalarle algo sin morir en el intento.
—¡Tú no te burles de mí! ¡Hago lo que puedo! —Le recrimina Zenitsu al azabache, más rojo, aunque no se sabía si seguía siendo por vergüenza, o por enojo.
—Lo sabemos, Zenitsu. Lo sabemos…
Genya terminó por sonreírles divertido. Estaba feliz, tanto por el noviazgo de Zenitsu, cómo por la de Tanjiro también; la relación de éste último con el severo profesor de gimnasia también había sido algo sorprendente, aunque no le costó tanto el saber porqué. El pelirrojo tenía una personalidad tan cálida que podía hacer sentir cómodo a cualquier persona, o ponerlo mucho más feliz, así como veía que lo era Tomioka Giyuu.
Su sonrisa se borra, debido a que llega un sentimiento malicioso de celos, por no tener algo como lo que ellos tienen.
—¿Genya? ¿Sucede algo?
La voz ligera de Tanjiro lo sacó de sus pensamientos. Balbuceo un poco, tratando de formar alguna palabra coherente.
—No, yo… So-solo pensaba en lo de ustedes con los profesores —Se encogió de hombros— Es lindo que tengan a alguien con quién compartir mañana que es 14.
—... Lo dices como si no fueras a hacer lo mismo.
Zenitsu frunció una de sus cejas gruesas, confuso, mirando a Hashibira, que fue quien soltó la suposición.
—¿De qué hablas? —Los ojos ámbar apuntaron al azabache por un instante, y después a su amigo de mechones azules— Genya no está saliendo con alguien.
—¿Cómo de que no? ¿Qué hay del profe loco de mate? Duh.
—Qué.
Genya sintió las miradas desorientadas de Tanjiro y Zenitsu, lo que le puso tan nervioso, como temeroso porque Hashibira, de algún modo, delatara algo de que pasaba en realidad con él.
Pero, bien no era un secreto para el grupo lo de Genya y sus sentimientos. Él mismo se los había confesado, pero también había dejado en claro que era algo insignificante, que se iría superando con el tiempo; claro, cuando él ciegamente pensó que también sería así.
Pobre idiota.
—¿Estás… estás en una relación con Shinazugawa-sensei? —Pregunta Tanjiro, sorprendido, pero algo maravillado. Genya solo procede a sonrojarse.
—¡N-no! ¡Inosuke solo es tonto!
—¡Oye, no me insultes! —De nuevo, Inosuke incita a pelear, pero esta vez, Tanjiro es quien lo sujeta— siempre los veo juntos, eres bastante meloso con él.
—¡¿De qué hablas, animal?! ¡No soy meloso! ¡Y N-nemi y yo somos amigos! —Himejima no podía con la pena.
—Pues qué raros amigos se llevan así. Hasta puedo ver la ganas de besar-
—¡Inosuke! —Tanjiro intentó abrir su mochila con una mano, sacó de ahí una bolsa casi vacía, pero parecía con un bulto pequeño— Mira, comete esto.
El salvaje no se lo pensó nada, tomó la bolsa en cuanto la miró y olfateó lo suficiente para comprobar que se trataba de un panqué. Sacándolo para comenzar a devorar.
En lo que Zenitsu comenzaba a recriminar por lo asqueroso que estaba siendo su amigo al comer, Genya caminó hacia el árbol cercano a ellos. Sintiendo cada vez más fastidio en ese día, y por su situación en general.
¿Qué tan obvio ha sido? Cómo para que incluso Inosuke supiera que seguía atado a lo que sea que Sanemi le ofreciera. Aunque Zenitsu y Tanjiro no han dicho nada sobre saber al respecto.
Puta madre. ¿Y si Sanemi ya lo sabía también?
Cuando estaba por sentarse recargado en el tronco, notó como Tanjiro se acercaba hacia su dirección.
—¿Genya, estás bien? ¿Te deshidrataste o algo? Oh, tengo agua que recién compré-
—No, no, estoy bien, o… Bueno…
Al ver lo afligido que se encontraba el de peinado mohicano, Kamado no dudó en sentarse a su lado. Segundos después, miró como sus otros amigos se acercaban poco a poco a ellos.
—Sé que Inosuke puede ser algo pesado, más cuando dice las cosas sin consideración, pero no lo hace con intenciones de molestar en serio.
Inosuke no pareció haber escuchado de ello, más bien, prosiguió en ingerir el pan por completo, mientras dejaba migajas por el césped. Genya solo rió, negando rendido ante su comportamiento desvergonzado.
—El problema no es él, sino lo que dijo —Hizo una mueca pequeña. Dudando un poco si liberar de una vez lo que lo ha estado molestando en estos… Últimos años— Es que, no fue del todo una mentira.
Zenitsu deformó su rostro hasta expresar un poco disgusto.
—¿Entonces te sigue atrayendo ese monstruo con la cara del muñeco diabólico? , entonces sí es un gran problem- ¡GYAAH!
Una botella había sido estrellada en el rostro del rubio. Genya se la había arrebatado al chico de los aretes para hacerlo.
—¡Te he dicho que no le digas cosas a Sanemi!
—¡Lo siento, pero es lo que es! Nunca tiene piedad conmigo o cualquiera, ni siquiera contigo, maldita sea.
—Si, pero eso no lo hace un monstruo, así que cállate.
Tanjiro rió por lo bajo, no quería que Zenitsu se ofendiera por el hecho de que no le estaba ayudando a obtener su punto, aunque tal vez sea así; tampoco creía que aquella actitud hiciera que su profesor de matemáticas fuese alguien insensible.
—Por algo a Genya le gusta.
El mencionado gruñó con ligereza, más rojo de lo que estaba antes.
Pero bueno, ya no servía nada negar nada.
—Estoy… estoy enamorado de él desde la secundaria. —Ahora que lo decía, en voz alta, y a otras personas, le era inevitable sentirse un poco –Bastante– tímido de repente, incluso si se trataba de sus mejores amigos— A-aunque al principio no lo quería admitir, y luego pensé que solo se trataría de algo pasajero. Un simple crush .
—Eso mismo dijo Kentaro del profe Tapioka. —Inosuke había recién terminado de comer el pan, lamiendo los restos que le dejó alrededor de su boca. Tanjiro cubre su rostro con una mano, vergonzoso por la declaración del otro.
—Bueno, aquí la diferencia es que lo mío no terminará de la misma manera. —Opina Genya en resoplo, deshaciendo lo poco que le quedaba de ánimos.
—¿Por qué? ¿Te rechazó? —Pregunta Tanjiro luego de quitar su retraimiento.
—Él no lo sabe aún… Bueno, pienso en nunca decírselo. Porque vamos, es obvio que Sanemi no me mira de la misma manera. Siempre fui como su hermano menor ¿cómo podría cambiar eso?
—El piromaniaco de Artes veía a Monitsu como un degenerado mandilón, y ahora hasta los calzones le qui-
—¡¿Puedes dejar de exhibir nuestras relaciones privadas en medio de un parque público?! —El rubio chocó sin fuerza hacia la mejilla de Hashibira, recibiendo un jalón de cabello de su parte.
Tanjiro iba a intervenir, pero el suspiro pesado del azabache le capta su atención. Observa cómo abraza sus piernas y oculta su cara entre estas, por lo que opta por ayudar un poco al chico en su situación de amor.
Y luego de tratar de buscar una solución, piensa en las palabras anteriores que les comentó.
—Bueno, en primera, ni siquiera has sido sincero con él respecto a lo que sientes, y creo que sería bueno que lo fueras. A veces las suposiciones no son realmente como parecen. —Pensó un poco más— Y en segunda, tú lo conoces, y dices que él es una persona bastante amable, e incluso yo lo he visto, como te trata fuera de clases, o hasta en su aroma, suele estar cálido cuando está cerca tuyo.
Ah, si, el buen sentido del olfato que tiene el Kamado. Por ende, su pecho siente esa misma calidez, cómo la que dijo él, al creer que el albino realmente se siente cómodo a su lado.
—Lo que quiero decir —Tanjiro prosigue— es que, te corresponda o no, las cosas deben de salir bien. No temas a qué te rechace, él no podría ser malo contigo, no para hacerte ver mal.
—¿Y si lo incomodo? S-sé que él nunca haría o diría algo para hacerme sentir mal a propósito, pero tampoco quiero que finja que todo estará bien si no es así… —Sus ojos cristalizan con sutileza— ¿Y si ya no le gusta la idea de que viva con él?
La inseguridad a veces puede ser algo terca, más cuando se trata de Genya, que por esta misma es por la cuál se mantiene en silencio respecto a lo pasaba con el Shinazugawa.
Y ahora, que recuerda el detalle sobre la propuesta que se le hizo, hace que dicho sentimiento se intensifique un poco más. Porque, tanto sabe que no debería, pero aún así, él quiere ir con Sanemi.
—¿Vivir con él…? ¡Oh! ¿Shinazugawa-san te propuso qué te mudaras con él?
El Himejima asiente, aunque sin tanto entusiasmo como parece tener su amigo.
—Me lo comentó esta tarde, antes de salir de la escuela. Dijo que en cuanto me graduara, podría irme con él…
—¡P-pero eso es bueno, Genya! —Tanjiro le sujeta de los hombros— Eso significa que él quiere tenerte cerca por mucho más tiempo.
—Si, y probablemente lo eche a perder si me digno a confesarle mi amor —Frunció su ceño. Ahora solo apoyando un brazo en una de sus rodillas alzadas— ¿Es que no ves la gravedad del asunto? Si él termina por rechazarme, haré bastante incómoda nuestra amistad, y de seguro buscará la manera de evitarme durante el tiempo que estemos en la casa, o peor, que ya no quiera que me vaya con él.
—¿Y si no es así? —La expresión del chico de aretes se modifica a una más serena. Queriendo remarcar lo que le esté diciendo— Genya ¿no te has puesto a pensar que la razón por la que quiere que estés a su lado, es porque a lo mejor, busca que su relación se profundice?
Ahora que lo comenta, ni siquiera se le cruzó en algún momento pensar en ello, aunque fácilmente dió por hecho que esto fue porque su primera opción no estará disponible, así que lo probable era que a Sanemi le fue una idea fugaz pensar en él como su roomie.
—Nemi pensaba en pedirle primero a su amigo Kumeno que viviera con él, pero mañana él quiere pedirle matrimonio a su novia, así que… Supongo que quedé como segunda opción.
—¿Por qué? ¿Él te hizo creer así?
Genya hace una mueca, por supuesto que no lo hizo. De hecho, podría describir más a qué casi le insistía a qué mentalizara la situación, el albino estaba contento con la idea.
Pero mala suerte que las oscilaciones de Genya se mantenga ahí, pegada como alimaña, haciéndole ver lo que podía ser la "realidad".
—N-no lo sé, pero, ¿qué más da? Lo que parezca no dice mucho. —Desvía su mirada— Además, él no está interesado en tener un noviazgo con alguien…
—¿Y acaso no piensas en hacer algo para cambiarlo?
—¿Y qué podría hacer yo?
—Declararte.
—¡Ya te dije que no!
Tanjiro trata de calmarse, pero apenas baja su euforia. Estaba bastante ensimismado en la situación de su amigo que simplemente no cree que debería dejar este asunto en nada, no cuando las posibilidades pueden estar en altos niveles. Él también quiere que Genya sea feliz con su amor adolescente.
—Tal vez al igual que tú, tiene miedo, o quizás aún no sabe del todo lo que en verdad quiere. Puede que lo piense mejor en cuanto vivan juntos —Alzó una ceja— o que te puedas confesar primero.
—¿Y sigues, cabezón? —Se queja, un poco hastiado del tema, y su molestia aumenta en cuanto oye una risa del Kamado— Tanjiro, esto es en serio…
—¡También lo estoy siendo contigo! —Le tomó de ambas mejillas, haciendo que fijen rostros, el azabache sonroja— Creo firmemente que tienes una gran oportunidad con el profesor, o que a menos Shinazugawa-san es lo suficiente maduro para aceptar tus sentimientos, en plan amistoso, o de pareja.
El Himejima rezonga, dejando que sus hombros liberen esa tensión que se ha estado acumulando por todo lo que han hablado, tocando las manos del pelirrojo para quitarlas de su rostro con suavidad.
—No dejarás de insistir hasta que le diga ¿verdad?
—Hasta que lo consideres. Tampoco está bien obligar a la gente a hacer algo que no quiere. —El pelirrojo suspiró, cambiando su porte relajado a uno más severo— No quiero que sufras, estar, literalmente, a lado de la persona que amas, y al mismo tiempo guardándote todo lo que sientes, no suena algo justo para ti.
Él mismo sabe eso perfectamente, pero ahora que lo escucha de su amigo, suena bastante… Deplorable. En verdad, no era una buena opción, y sabe que de superar ese amor no se lograría así.
Aprieta el agarre de su pierna. Repasando todo lo que se le dijo, y lo que le quieren hacer entender: No debe tener miedo, o al menos no dejar que éste domine sus sentidos por completo, y que, el hecho de que las cosas no funcionen, no significa que será el fin del mundo.
Sabe que Tanjiro no diría cosas solo porque sí. Siempre tiene el veredicto para todo, dice lo necesario, aún y cuando pueda no ser lo que uno quiera escuchar; prefiere ser sincero y firme antes de dar una falsa ilusión.
Así que ¿estaría bien intentarlo por primera vez?
Probablemente Cupido se cansó de ver tanto resentimiento en felicidad ajena debido al fracaso de su propia vida amorosa, que se apiadó del ridículo enamoradizo, y le estaba echando la mano, escupiendo entonces esa nueva vida que podía tener con Sanemi, así eso lo incitará a sí mismo hacer movimiento alguno para completar todo lo que quiere, o al menos tratar.
—¡TANJIRO, GENYA, YA DIGANLE QUE SE VAYA!
El rubio irrumpe la mente vagando del Himejima, a lo que hace que vea que Inosuke intentó una vez más quitarle la bolsa que contenía el chocolate y demás ingredientes.
Kamado, luego de tomar aire para recobrar la paciencia que casi se le apagaba, se puso de pie y fue a jalar al salvaje para separarlo.
—Ya, ya. Nos vamos, se está haciendo tarde, y no puedo llegar después de las 8 de la noche.
—¡Quiero chocolate, Gompanchiro! No seas egoísta y dame tú.
Genya repite la acción del pelirrojo en levantarse, se cuelga su mochila, apretando un poco al sostenerla.
Aún está nervioso y poco dudoso, pero lo ha pensado, y quiere hacerlo. Espera que las palabras de Tanjiro sean suficientes para mantenerse en el lado de los indicios positivos de cualquier resultado.
Mira por un momento a los tres chicos, obteniendo una idea repentina.
—¿Puedo… puedo acompañarlos? —Las mejillas se tornaron carmesí, mostrándose cohibido— Quiero preparar chocolates para Sanemi…
Con oír eso, Tanjiro no puede evitar emitir un leve grito por la emoción, sabiendo perfectamente lo que su amigo quería dar a entender, así como tener en cuenta la decisión que tomó.
—¿Al menos a ese tipo le gustan los chocolates? ¿Cuáles? ¿Los amargos, como su coraz-
—Zenitsu —Ahora, es Tanjiro quien le proporciona un pequeño golpe en el brazo del rubio –Antes de que el Himejima lo hiciera–, obteniendo, por supuesto, un chillido en objeción— ¡Puedes venir! Podemos pasar a la tienda a comprar más chocolate para que hagas tu parte ¡Tengo dinero de sobra!
—No es necesario, yo tengo algo guardado para comprarlo —Apresura en decir el azabache.
—¡Kenta, también compras chocolate para mí!
—¡¿Por qué sigues aquí?! Tu presencia es innecesaria, al menos Genya va a hacer algo.
—¡Cállate Agutsuki! ¿me excluyes solo porque no soy gay como ustedes?
—¡Paren ya los dos!
El pelirrojo casi rebasa el límite de su paciencia, así que procede a ponerse en medio de ambos amigos peleoneros para evitar otra ronda de golpes. Mientras eso, Genya lamenta un poco, siguiéndoles el paso por detrás de los tres.
