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Sálvame del frío sueño blanco

Summary:

El avión de los Centauros de Ottawa ha impactado tierra, tras un fallido aterrizaje de emergencia. Los restos del avión en llamas, jugadores de hockey esparcidos sobre la fría nieve, la oscuridad de la noche y un aterrador silencio, transportan al capitán de equipo, Ilya Rozanov, a un último cálido recuerdo… antes de perder la fe en aquel juego llamado vida.

Basado en el capítulo 24 de The Long Game.

Notes:

Información de Google: El letargo por hipotermia, es la fase final de la hipotermia severa. Conocida también en la ficción como muerte dulce o sueño blanco. Quién lo padece entra en un estado de somnolencia profunda y confusión mental. Esto lleva a las víctimas, incluso a experimentar un fenómeno llamado Desvestimiento Paradójico, en la que personas expuestas a bajas temperaturas extremas comienzan a desnudarse al tener una falsa sensación de calor antes de morir. Esto, siendo la antesala de un inminente paro cardíaco.

Nota de autora: Cuando digo que esto tiene un final optimista, créanme. Puede parecer todo desalentador, pero al final del camino siempre hay luz. Arrumacos y Hollanov doméstico en el capítulo 2.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter Text

 

 

Una gran bola de nieve impactó el rostro de Shane, con tanta fuerza, que lo hizo caer de espaldas contra la nieve acumulada en los últimos días. Ese idiota que se reía a carcajadas como estúpido frente a él, acababa de atacarlo tomándolo desprevenido. Así que de ese modo, su venganza, fue incorporarse pronto para correr hacia Ilya para derribarlo.

Esa era una mala idea por muchas razones. La primera, porque llya Rozanov era evidentemente más pesado. Segundo, Ilya era un deportista de élite difícil de vencer. Tercero, ser su novio no lo haría tener compasión por él, porque Ilya jamás lo dejaría ganar en algo. Quizás de ahí el nacimiento de esa desbordante atracción y rivalidad competitiva.

Jugar brusco era divertido para ellos y no tenía una clara explicación. Aunque tal vez, Ilya era como un niño pequeño al que había que mantener ocupado todo el tiempo. Ese ruso de ensueño estaba tan lleno de energía caótica, que debía utilizarla de alguna manera.

Ahora mismo, ambos estaban rodando sobre la nieve aparentemente luchando y riéndose. Parecía como si Ilya aprovechara la oportunidad de frotar la pelvis contra la suya a propósito. Shane gimoteó, sintiendo que se estaba medio empalmando. Afortunadamente, varias capas de ropa ocultaban la evidencia.

—Oh —Yuna Hollander abrió la puerta y retrocedió un poco sorprendida, ante el curioso espectáculo de hombres jadeantes y rebosantes de felicidad rodando por la nieve—. Creí que se habían ido hace rato.

—Lo siento —respondió Ilya, levantándose primero y luego estrechando la mano de Shane para ayudarlo a levantarse—. ¿Ocurre algo?

—No —anunció la mujer sin salir de casa—. Suban ya al auto, hace frío.

—Yo no tengo frío —declaró Ilya.

—Pues viéndolos, claramente no —Yuna mantuvo el tono sereno en su voz amable.

—A Shane le gusta jugar con nieve —argumentó Ilya, caminando hacia el auto estacionado con Shane a sus espaldas.

—No es cierto —masculló Shane rencoroso y enrojecido por completo, sacudiéndose la nieve que se le metió en los oídos luego de que Ilya estampara su rostro contra el suelo.

—Y a ti te gusta jugar contra él —comentó casual Yuna.

—Él tiene la culpa, es demasiado bonito —Ilya se subió al auto, pero antes de cerrar la puerta dijo algo más—. Por cierto, gracias otra vez por la comida. El pollo a la parmesana es bueno como siempre.

—Es una lástima que Shane no lo comiera —Yuna simplemente suspiró.

—No lo necesito —refunfuñó Shane, subiendo también al auto convencido de que su dieta actual era perfecta para un deportista como él—. Ni tampoco esa cantidad bestial de helado.

Ilya iba a decir algo burlón, sobre la ridícula dieta estricta de Shane para deportistas de alto rendimiento. No obstante, la mirada asesina que Shane le dedicó, lo hizo desistir de hacerlo. Aquel era un tema ciertamente controversial para Shane, quién iba muy en serio cuando se trataba de rendir al máximo sobre la pista de hielo.

—Adiós, chicos —Yuna se despidió agitando su mano en el aire.

Shane frunció el labio, abrumado como inquieto, pero al final sonrió con calidez mientras agitaba también su mano. Amaba a sus comprensivos padres y agradecía que siempre que tuvieran la oportunidad, ellos consintieran a Ilya, preparándole su cena favorita.

A su lado, Ilya sólo fue feliz en silencio al ver esa sonrisa entre bonitas pecas. Probablemente él nunca se cansaría de admirarlas, ni de amar a Shane, ni a la hermosa familia Hollander de la que estaba agradecido por admitirlo como un hijo más.

—¿Te pusiste duro ahí en la nieve? —preguntó Ilya más tarde mientras conducía, mirándolo de reojo con su peculiar sonrisa torcida.

—Vete a la mierda —replicó Shane, cruzándose de brazos.

—Entonces lo hiciste —Ilya no pudo evitar desear besarlo y en su lugar, se lamió el labio inferior—. Es un buen talento.

—No lo es —masculló irritado, ocultando en vano el calor en sus mejillas pecosas.

Ilya apenas podía concentrarse, pero Shane le hacía las cosas difíciles. En ese momento podría mandar todo a la mierda y tomar su boca con indulgencia como siempre hacía cada vez que estaban a solas. Ilya podría incluso detenerse en medio del camino, como también reclinar el asiento de Shane hacia atrás y mecerse juntos con anhelo, pero aún tenían ese pequeño problema sobre mantener su relación en secreto a los ojos de sus compañeros de equipo, del comisionado de la NHL, de los apasionados fans y del mundo en general.

—En casa puedes besarme —Shane pareció intuir los deseos de Ilya—. Dónde quieras, como tú quieras.

—¿Entonces no te importa si conduzco más rápido?

—No quiero morir antes de llegar a casa —protestó—. Sólo conduce a una velocidad prudente, segura y legal. ¿De acuerdo?

—Te amo, señor que se preocupa por todo.

—Yo también te amo —se quejó—. Pero te necesito con vida, Rozanov.

—¿Qué harás si me muero un día de estos, Hollander? —se atrevió a bromear.

—¡Cállate!

—¿Llorarías por mí? —Ilya hizo un intento por molestarlo, pero incluso él sintió cómo se le apretaba la garganta al pensar en eso—. Oh, ya llegamos.

Él no podría hacerle eso a Shane.

¿Cómo se supone que iba a amarlo en plenitud si él no estaba ahí?

Aquel escenario ficticio, de pronto se convirtió en algo demasiado perturbador y probablemente en su miedo más grande. Por fortuna, ambos acababan de bajar del auto con aparente prisa, así que Ilya no tuvo más tiempo para pensar en eso.

Mantenerse a salvo. Mantenerse con vida. Eran cosas que siempre rondaban en la mente de Ilya Rozanov, cuando pensaba en Shane Hollander.

El amor de su vida.

—Habitación —fue lo único que dijo Shane entre jadeos y besos hambrientos, quitándose como pudieron la ropa, cuando al fin entraron a la cabaña que los recibió.

—Sí, habitación —repitió Ilya, cargándolo sin ninguna dificultad luego de que Shane simplemente se trepara en su cadera sin previo aviso.

Ilya hizo un esfuerzo por ocultar sus ojos húmedos, porque de pronto temió mostrarse demasiado vulnerable. Su propia mala broma repentinamente se volcó en su contra y los ojos le ardían. De momento, concentró toda su atención en llevar a Shane a salvo sobre la cama y lo consiguió. Incluso con algo de ropa puesta era hermoso, Shane siempre lo era. A veces Ilya seguía sin creer que ese maravilloso hombre le perteneciera en cuerpo y alma. Despertar con él, seguiría siendo la mejor cosa que podría ocurrirle en el mundo.

—¿Te vas mañana temprano? —preguntó Shane.

—Sí —Ilya odió confirmarlo—. Pero tomaré un taxi y luego puedo dormir en el viaje por carretera, así que si tú quieres podemos estar despiertos hasta tarde. Ya sabes, tomarnos nuestro tiempo.

—Entonces, ven aquí y no me hagas esperar más —murmuró Shane, con un brillo destellante de real deseo en sus ojos que ardieron aún más cuando Ilya se quitó la camiseta junto al pie de la cama y luego se subió gateando hacia él.

—Por cierto —Ilya se deslizó haciéndose espacio entre las piernas de Shane, hasta que sus rostros coincidieron—. ¿Qué querías que te hiciera cuando estábamos jugando en la nieve?

—Idiota, mi madre nos vio —gruñó Shane.

—¿Tal vez querías esto?

Ilya presionó todo su cuerpo, sobre el de Shane y frotó sus ya endurecidas longitudes. Incluso con los calzoncillos puestos, Ilya sabía que podía llevar a Shane al límite. Realmente se estaba muriendo por tomar todo lo que pudiera de él y atesorarlo como un recuerdo por la eternidad.

—Mierda, sí —jadeó Shane, echando la nuca hacia atrás.

El sonido de la voz estrangulada de Shane, siempre causaba el mismo efecto en Ilya, quién estaba mareado de felicidad y deseo. Su respuesta, fue iniciar un simple vaivén que los hizo jadear a ambos por igual. Era probable que si no se detenían ya, acabarían demasiado pronto y ninguno de los dos quería eso. Gracias al cielo, Ilya se movió y eso les permitió también quitarse el resto de ropa sobrante hasta quedar ambos por completos desnudos.

—¿Quieres meterte bajo las sábanas? —preguntó Shane.

—¿Por qué no? —Ilya no estaba en contra de esa sugerencia, así que fue el primero en hacerlo—. Ven aquí.

Shane se deslizó entre las sábanas, hasta encontrar la piel suave de Ilya que lo recibió entre sus brazos cálidos y confortables. Luego se quedaron mirando una cantidad de tiempo indescifrable, mientras Ilya sólo le acariciaba las mejilla y el cabello con ambas manos.

—Gracias por existir —dijo de pronto Shane y simplemente lo besó.

No era el tipo de beso que Ilya solía recibir de Shane, porque este beso era suave, lento y embriagador como cualquier otra cosa proveniente de él. Pero esto, era más que perfecto. Era increíblemente dulce y es por eso que a Ilya otra vez le invadieron las ganas de no soltar nunca a ese hombre. Era un avaro, porque no creía jamás poder compartir esa parte de Shane con alguien más. Es por eso, que él no podía morir. Al menos no ahora. Lo haría siendo ya una estrella retirada del hockey; un anciano canoso, encorvado y lleno del amor que Shane le brindaría por largos años.

—Te amo demasiado —la voz de Ilya finalmente se quebró y Shane pudo ver lágrimas en sus ojos—. Tanto que me duele.

—¿Ilya? —Shane sintió el dolor en su voz. De inmediato lo abrazó y lo acunó en sus brazos, ofreciéndole todo el consuelo que podría necesitar.

—Mierda, no quiero morir.

—No vas a hacerlo —murmuró Shane en su oído, mientras acariciaba sus suaves cabellos—. Quiero decir, no ahora. La muerte es un proceso natural que todo humano alguna vez debe enfrentar. Pero ahora, tienes todo un futuro por delante.

—No quiero dejarte solo nunca.

—No lo harás —lo tranquilizó Shane, también con lágrimas deslizándose por sus suaves mejillas—. Y el día que ocurra, que no te quepa duda que iré detrás de ti a dónde sea. Estaremos siempre juntos, no importa lo que suceda.

—Gracias por todo, por tantos recuerdos —Ilya susurró con voz suave y herida.

—Gracias por amarme, como yo te amo a ti.

El beso a continuación les supo a felicidad, a lágrimas saladas, a suspiros contra sus bocas y a todo el amor que se tenían el uno por el otro. Ilya cerró los ojos, estrechando con toda su alma al amor de su vida. Tenía tanto miedo, pero de pronto ya no lo tenía. Nada podía estar mal si Shane estaba entre sus brazos. Ilya quería besar y contemplar cada centímetro de Shane Hollander. Nunca podría hartarse de adorarlo.

De pronto, sus ojos se abrieron con debilidad contemplando la realidad confusa y distorsionada. Las llamas del avión de los Centauros en algún momento se extinguieron al igual que los gritos. El frío viento silbó en sus oídos, recordándole que la muerte era real y que venía por él.

Ilya volvió a cerrar sus ojos, deseando regresar con Shane con desesperación. A sus brazos, a su cama, a su adorable cabaña donde tuvo los días más felices y cálidos de su vida. Si tan sólo pudiera obtener algo más de ese calor... podría ser confortante.

Su cuerpo desnudo tendido sobre la nieve lleno de falso calor se encogió, llevándose a los labios el crucifijo en la cadena de oro que siempre descansaba en su pecho. Tal vez ahora podría estar más cerca de su madre y esa idea… lo consoló.

A dónde fuese su alma, él estaría por siempre esperando a Shane Hollander. El jugador de Hockey que conoció dos días antes de navidad y que le hizo experimentar: El verdadero calor de una rivalidad, cuyo amor maravilloso como apasionado lo atesoraría por siempre.

Para siempre.